Lo de Rodribico fue mucho
Viernes, agosto 6th, 2010Como se suele decir cuando alguien ha asistido a un acto en el que él no estuvo, en este caso a la presentación de los cuentos de Rodribico en La Coruña… «cuéntame lo todo, cuen-ta-me-lo- to-do». Pues todo todo, más o menos, te lo voy a relatar porque por momentos he vivido inmerso en la ciencia-ficción.
Y ese «todo» empezó hace varias semanas, cuando mis colegas de radio, televisión y prensa me inundaron materialmente con llamadas para que no me preocupara, que le darÃan publicidad al asunto este del pajaruelo, que para eso están los amigos. Y que si le dieron publicidad; de un dÃa para otro me encontré saliendo por las ondas hercianas, recibiendo más llamadas que Obama y mis vecinos de la aldea, como si estuviéramos en guerra, conectando la radio y buscando el dial un dÃa en una emisora y otro en otra para dar con el enemigo; o sea yo.
Pero claro, uno, el asunto de escribir lo lleva bien; lo de la radio lo he superado; la TV es un marrón y lo de hablar en público… mi cruz. Y es raro, porque no entiendo con lo extrovertido que soy como me bloqueo, pero para animarme me decÃa: «Esto es el primer paso hacia el Nobel». Dios, que noble soy y, sobre todo, qué parvo. Cinco libritos y ya con estos aires, que con apenas 70 kilos un vientecillo me desnuca sin caer al suelo.
Total, que allá fui a la presentación fumando cientos de cigarrillos, mascando el filtro como si fuera chicle, echando humo por las orejas como una vaporeta, con sudores sin tener frÃo, con escalofrÃos sin tener calor, tembloroso sin tener parkinson y en blanco sin tener alzheimer. Y por momentos no sabÃa muy bien si iba a presentar un libro o me habÃa retrotraÃdo en el tiempo con la historia esa de la memoria histórica e iba a directo pero directo al paredón.
A medida que me acercaba a la carpa donde tenÃa que hablar notaba las pisadas, cómo mi mujer la sioux me agarraba de la mano y tiraba de mà como cuando con 3 años me llevaban al cole, y hasta hubo momentos que levité y descubrà que en un minuto andas la tira porque en un plis plas ya estaba en la carpa.
Y al llegar, en segundos, amigos que me saludan, otras personas que me felicitan y otros que me miran. Y yo allÃ, solo ante el peligro, porque aunque estés con quien sea, realmente estás tú solo, soliño, pero que muy soliño. Y como soy gallego y esto de la soledad lo llevamos muy mal, con mis ojillos y la mente perdida miraba al infinito mientras tres cadenas de televisión me iban a inmortalizar, y nunca mejor dicho porque estaba a punto de patearla allà mismo y convertir Rodribico en un best seller a tÃtulo póstumo, pero best seller porque morÃa, no por otra cosa, claro.
Y ya veÃa yo al dÃa siguiente una marea de jóvenes contratados por la editorial en plan años veinte recorriendo las calles de España gritando libro en mano: «¡¡¡ Compre, compre !!!. ¡¡¡ Los cuentos del único autor que murió en la presentación !!!, ¡¡¡¡ compre compre !!!!. ¡¡¡ Y con el libro, la grabación de la única palabra que pronunció. Compre compre !!!». Y como dicen que hay mucha envidia, pues los de la competencia periodÃstica en grandes titulares: «El imbécil de Guisande muere al presentar un cuento impresentable».
Y como los periodistas somos asÃ, pues la CBS, otro tanto: «El español que murió al presentar el libro, casado con una de Ohio». Y como el mundo es un disparate y hay mucho polÃtico aprovechado, pues: «Creada una comisión del Ministerio de Educación para estudiar la obra del difunto Manuel Guisande», y luego… «el presidente de la comisión dimite por el trabajo Ãmprobo y pide que se aumente en 5.000 más sus ayudantes que los 2.779 que tiene no le llegan».
Y entonces amplÃan la Facultad de Historia para acoger la obra del fiambre de Manuel Guisande y …. «Dos obreros muertos al caer de un andamio en la construcción de la ampliación mientras leÃan las aventuras de Rodribico» y aprovechando tal luctuoso acontecimiento y coyuntura, un tal Afgerson Green que publica el libro: «Manuel Guisande, el escritor maldito». Y… y en estos callados en interminables soliloquios me hallaba inmerso cuando escuché: «Y ahora cedo la palabra a Manuel Guisande».
Y te lo juro que estuve por decirle: «No hombre, no; por Dios, quédese usted con ella buen hombre, que seguro que usted…». Y hablé un poquillo, lo justiño; paro después, junto con Xosé Tomás (un genio de la ilustración) leer un cuento y que él fuera haciendo los dibujos sobre un tablero.
Asà que para animar a los niños, para que vieran cómo se crean los personajes, hicimos que se acercaran a la mesa presidencial, que se sentaran en el suelo y les expliqué que para empezar a escribir un cuento hay que tener como mÃnimo una idea. Entonces con una pequeñita linterna que llevaba oculta en la mano, me puse cabizbajo en actitud pensativa y, al encender la luz, se produjo un griterÃo de los niños diciendo: «¡¡¡¡¡ La idea, la idea !!!!!; pero para que vieran que no siempre lo primero que se te viene a la mente es lo bueno, la luz se fue apagando de forma intermitente mientras veÃa sus ojuelos y la boca abierta.
Asà que les comenté que tenÃa que volver a pensar y. de repente…. ¡¡¡¡ La luz!!!!. Y fue ver los niños la luz y de nuevo un griterÃo que no veas: «¡¡¡¡ La idea, la idea, la idea !!!!». Y tras acabar el cuento…. a firmar los libros, y fueron tantos los que firmamos que además de agotarse todos los que habÃa en la Feria (unos 300) tuvimos que abandonar la carpa donde se hizo la presentación y hacer las dedicatorias en los bancos de los jardines para dejar la instalación al siguiente escritor…. y, asÃ, queridos amiguitos, como lo que presenté fueron cuentecitos… colorÃn coloradito este artÃculo está acabadito. Gracias.
