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Archivo para Marzo, 2010

La Nasa, la patata y, desgraciadamente, desgraciadamente… siempre yo

Lunes, Marzo 29th, 2010

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Os lo juro que es más fácil llevar cualquier artefacto a la Luna o a Marte que plantar patatas, ni lo dudes. Es que si envías un aparato a cualquier planeta todo está milimétricamente calculado, estudiado, analizado, controlado; pero la patata… dios que descontrol

Tu por ejemplo eres el jefe de operaciones de un vuelo espacial ¿no?, pues no, no lo eres, qué vas a ser… Vale, lo eres, pues te llega un tipo con ojos rasgados que nació en China y que sabe de lentes de aumento que no veas y te dice: «Mire, aquí tiene la lente infraestelar que quería para la exploración marciana, con un zoom de 1.000 X 100.000.0000, un centímetro de diámetro y 1,10 miligramos de peso».

Claro esto te lo dice el paisa este después de haber estudiado durante 20.000 años lentes y más lentes y es el único en el mundo (claro, parvos no hay tantos) que decidió analizar la estructura molecular de los incrementos de visión en relación con los campos magnéticos y su aplicación en la estratosfera con polvo cósmico. ¿Quién estudia todo esto en el mundo, a ver quién lo estudia, listo más que listo?, pues, uno, solamente uno; ¿y quién es ese uno?, pues Chin Pintin Tin, el pavo ese de los ojos rasgados.

Pues bueno, va el jefe de operaciones y a lo mejor, porque ya se comió la hamburguesa, dice: «Vamos a pesarla», y allá van un tipo con bata y con unos guantes blancos y 30.000 tíos detrás en plan procesión Semana Santa con la lente en una cajita de cristal a un aparato que puede llamarse medidor subacuántico preatómico de estabilidad infinita.

Pesan la lentilla de las narices y… no da los 1,10 miligramos previstos sino 1,12. Entonces el tal Chin Pintin Tin dice al jefe de operaciones: «Ve esa zona oscura en el borde, es grasa humana; alguien por un descuido la tocó y la grasa humana en la Tierra, teniendo en cuenta las condiciones atmosféricas, la gravedad, la densidad de la sedimentación acuosa y la gravitación solar a hoy, 30 de marzo, siendo las 17.05 horas, supone que aumente el peso en… ».

Y te saca el tío 2.000 folios con dos bemoles, te asegura científicamente que la grasilla esa si se limpia queda la lente en 1,10 miligramos… Y dicho y hecho, se limpia con otro artilugio que nada tiene que ver con el Cristasol… y tío 1,10 miligramos, clavao, alucinante. Y lo mismo el que idea las antenas, el radar o las ruedas para que la maquinita de marras circule por suelo marciano o por Ferrol, qué más da.

¿Y por qué ocurre todo esto?, pues porque todo esta milimetrado, calculado, estudiado, medido y supermedio y porque la base o fundamento son los números, las matemáticas, una ciencia exacta, tanta como que yo no dejo de fumar así me maten. Pero en el asunto de la patata no hay matemáticas que valgan porque… ¿cuándo se planta? El 30 de marzo… antes de Jueves Santo, después de Jueves Santo, entre el Jueves y el Viernes Santo… cualquier día aunque no sea Santo… antes de la primera procesión del Silencio, después, cuando la luna es llena, cuando es cuarto menguante, medio creciente… ¿pero estamos hablando de la patata, de un parto provocado o de una reunión para jugar a la ouija…?

Entonces descubres que en esto del tubérculo, al no haber nada exacto… ni te cuento. Vas a un bar y te dicen: «¡¡ Qué !!, ¿plantaste ya?», y contestas que no, que según tu maestrillo-vecinillo lo harás la próxima semana. Y entonces el tío te mira y te dice: «bo, ya nada». Y te preguntas «nada qué», pero no es una «nada qué» normal, es un «nada qué» de los nervios, más o menos un «¡¡¡¡¡¡ Nada quééééé !!!!». Y te responde, «que ya no te salen las de cedo (temprano)». ¿Qué cedo, qué temprano?, si yo solo quiero patatas.

Y luego, el experto te dice que hay patatas que se plantan antes y que… «¿y los tomates?», te pregunta, y cuando comentas que más tarde, añade que «depende del tipo que quieras, porque algunos son de cedo» y te dices «¿cómo que el tipo que quiera… ¡¡¡ también los hay de cedo !!!?
pues la roja, la de siempre, la de toda la vida… esa de rodajas». Y descubre que hay como 4.000 variedades y ya cuando llegas a la cebolla te lo esperas, y no falla, «¿pero qué plantas, cebolla, cebollino, cebolleta?». «Joé, la que pica, la de siempre, la que cortas y lloras… ¿o es que aquí también hay de cedo?».

Y mientras el tipo se ríe, te lo juro que en ese momento te da ganas de retirarte de la agricultura, coger de lanzallamas y arrasar con toda la huerta o hacerte el harakiri y decirle al de bar: «Por favor, antes de que me suicide, me podría dar un bocadillo… ¿que de qué?, pues de lo que quiera, de patata, de cebolla o cebollino, pero cedo, digo pronto, que éste tío, este tío me mata».

EXPOSICIÓN DE JACINTO RUIZ
Mi compañero y periodista Jacinto Ruiz, expone del 31 de marzo hasta el 4 de abril, su primera muestra pictórica en Equiocio, en Ferrol. Este es uno de sus cuadros

No me lo creo, un año en una aldea

Miércoles, Marzo 24th, 2010

(Alucinante, no murió nadie)

Como te lo cuento, antes de instalarme en la aldea, lo más verde que había visto en mi vida tal vez fue la película El último tango en París, la luz de los semáforos y en Estados Unidos y por un instante un par de dólares, que es el tiempo que te duran en cuanto los sacas del bolsillo… Bueno sí, miento, también la chaquetilla esa que ponen al que juega al golf y gana el no se qué de no sé dónde, y esos chavalines que van en moto con gafas oscuras y botas de cuero (no, chupa con clavos todavía no) y tienen esa manía de empapelarte con multas.

Yo, la verdad, cuando comencé esta aventura campestre no estaba muy seguro de mí, pero confiaba plenamente en la sioux (mi mujer) y pensaba que malo sería que de sus raíces y del paso de no sé cuantas generaciones por la reserva india no le quedara en las venas y en el cerebro algún conocimiento innato sobre cómo subsistir en medio de la Zoología y la Botánica.

Además, suponía, que si sus ancestros habían sobrevivido siglos y siglos en una tipi (tienda) malo sería que en una casita de piedra, con buen tejado, lareira y estufa de leña no resistiésemos un año o como mínimo hasta que llegara la ambulancia con los goteros para todos. Por si acaso, sin que ella lo supiera, yo (muy previsor) llevaba un mechero, (sí, ya sé, de Cadena Cien, cierto, pero mechero, joé) no fuera ser que tuviéramos que hacer fuego con palos y aún estuviéramos ahora dale que te dale y en vez de manos ya tuviéramos muñones.

Reconozco que contaba con ciertos aspectos positivos para iniciar esta vida pseudosalvaje, pues hasta los 11 años había vivido en pueblos; pero otros no lo eran tanto pues también había estado en San Sebastián, Vigo y A Coruña donde lo más verde que había visto era el césped de los jardines, que incluso bien pensado hasta fue contraproducente pues no se podían pisar, ya ves.

¿Que qué fue lo primero que hice al llegar a la aldea?. Nada, dios qué noble era. Bueno, nada no, analizar y estudiar profundamente la situación; pero por lo visto lo del análisis y el estudio no es importante por estos lares y bastante más lo es coger el sacho y a lo bestia pelearte a palos con la tierra. Pasados unos meses, cuando mis vecinos empezaron a plantar me animaron en esa milenaria tarea que hasta entonces solamente había visto en la tele y en algunos cromos. Así que pertrechado con los más simples aperos de labranza que un profesional de la hierba pueda imaginar, me puse en faena.

Un día, un día solamente bastó para que me desfogase para toda la vida, y mis vecinos, al percatarse de mi completa nulidad, como que les entró… no sé cómo te diría, que les llegué al corazón, aunque yo la verdad que tengo para mí que lo hicieron por los niños, para que no pasaran hambre, vamos me da que el asunto va por ahí… una especie de Cáritas rural, más o menos.

El caso es que al cabo de una semana ya tenía una pequeñita huerta y sí, amigos bloglectores, lo recordaré toda la vida. Lo primero que creció fue una lechuguita, y fue tal la emoción que llamé a toda la familia; cogimos la sin par planta, la adobamos con vinagre, aceite y sal y entre los seis que somos nos la comimos. Ni qué decir tiene que no dio mucho en cantidad, sí en alegría, y fue el despertar de un apetito voraz de las pequeñas bestiecillas, por lo que como por ahora aún no crecen bocadillos en la huerta, completamos a la solitaria lechuga con varios tacos de jamón y chorizo.

Y ahora, transcurrido un año sin necesidad de haber llamado a la ambulancia, aunque hubo momentos que no sabía si estaba en Galicia en el Everest por tanto temporal y borrasca…, vuelta a empezar. Ya a gritos me han dicho hace unos días que hay que plantar patatas, por lo que en estas dos semanas me voy a dedicar al tubérculo. Lo bueno de la patata (y os lo voy a decir en secreto) es que se planta con una facilidad pasmosa, e igualmente te quedas pasmado del curre que da cuando hay que recogerla, porque tío, hay que cavar y cavar que no veas, que solo quiero recoger y no fugarme pero…

Y es por eso por lo que estos días mis vecinos se preocupan porque creen que ando como ído; pero no, realmente lo que ando es pensativo mirando por la zona a ver si encuentro para el día de la recolección unos bueno bíceps, pero unos buenos porque yo con estas ancas tipo rana… pues no, claro que a lo mejor la sioux controla, al fin y al cabo la patata vino de allí y quizás ella… no sé, la verdad que me veo haciendo pesas, a pesar mío, claro

Para navegar por Internet es esencial…

Jueves, Marzo 18th, 2010

Para aprender cómo funciona Internet, pero de forma perfecta es fundamental una cosa, pero fundamental; vamos que sin eso no puede ser: que el ordenador no sea tuyo. Como sea tuyo la fastidiaste, seguro, pero fijo, y te quedarás frustrado en medio de un mundo fascinante; pero si el aparatejo de marras es del Ayuntamiento o la Diputación y lo utilizas en una biblioteca o vas a un Ciber, por ejemplo… bueno, aprendes que alucinas y te adentras en el mismísimo futuro, en la cuarta dimensión, en los agujeros negros del saber con una valentía, con una alegría y una ignorancia internáutica …

«Está seguro que quiere… la web puede contener… ». Tú lees eso en la pantalla de un ordenata de cualquier institución y hasta te entra la risa. «¿Qué si estoy seguro?, bo», y te repites: «¿Pero que si yo estoy seguro Mr. Google, yo, Alberto Peláez?», anda, segurísimo, te creces, pinchas con el ratón y ¡¡ hala !!, hacia el más allá informático, hacia otra dimensión del conocimiento y a descubrir cosas increíbles. Sí, increíbles; lo mismo puedes llegar a una página que hablan de la posibilidad de viajar un día dentro de microorganismo por las entrañas de la tierra o una de Japón en la que se abren y abren a su vez páginas y más páginas como si estuvieran repartiendo cartas de póquer, y no es que navegues, es que vuelas.

Pero claro, esto si el ordenador no es tuyo, que hasta si te pones puedes escribir con los pies y poner los acentos con el codo; porque como sea tuyo, eso de navegar…. nada, y volar… ni un aleteo, chaval, ni uno.

Y fíjate lo que son las cosas, cómo cambia todo, porque si es tuyo y te dice lo mismo: «Está seguro que quiere… la web puede contener… », ya casi te da un sobresalto; lo de contener lo que contienes es la respiración y al ratón lo acaricias porque no vaya a ser que el animalejo adquiera vida propia y acceda él solito al sito y lo escaralle todo. Y hasta tal punto te afecta el pasmo coronario que si hay alguien a tu lado le preguntas nervioso cómo diablos puedes salir del lío en el que te metiste y hasta mentalmente ves entrando al técnico en casa llevando la CPU o PCU, o como le llamen al cacharro ese, y a lo mejor termina destrozándotelo y te cobra un pastón por algo que nunca sabrás que hizo, ni él, claro.

Sinceramente; esto de la informática, de la Red y de los ordenadores, que yo lo mezclo todo como si fuera un pisto, realmente es un placer, un entretenimiento; bueno, la repera. Y si será la repera que yo pincho y pincho y repincho y hasta he descubierto que Internet tiene vida propia; de verdad, como si fuera algo humano, un ser terrenal, un ser vivo, con sensibilidad, con sentimientos, con alma y hasta con creencias religiosas, o por lo menos eso percibo en mi ordenador porque a veces me dice: «La página expiró», y de verdad que cuando leo eso de «expiró»… es que me da unas ganas de hacer un entierro; no sé, de rezar o poner una flor en la pantalla…

En las aldeas hay un nivelón…

Lunes, Marzo 15th, 2010

(Cosas que pasan cuando de la ciudad te vas a vivir al campo sin tener ni idea)

Las ciudades, los pueblos y las aldeas son muy diferentes; pero yo me quedo con las aldeas… vas a comparar. Aquí hay un señorío, una categoría que ni te cuento. Tú en una ciudad no eres nadie y si alguien pregunta por ti lo que suelen decir es: «Sí, hombre, ese que viene y se sienta siempre al final de la barra… sí, que siempre anda con folios….. a ver, ese que… ». Nada, que nadie se percata de ti; puedes pasarte años y años yendo a tres o cuatro sitios que para el resto de los mortales eres un desconocido aunque te hayan visto miles de veces.

Y en los pueblos… en los pueblos el asunto es distinto, te conocen; pero en algunos casos, la verdad, que para conocerte así… «¿Viste al bichiño?». Y el bichiño no es otro que un tío al que un antepasado, en la época de los visigodos, más o menos, por lo que hablan, le picó un día un bichejo mientras sachaba y de ahí (ponle varios siglos para atrás) a todos les quedó lo de bichiño y con el bichiño morirán él, su hijo, su nieto, y su bisnieto si llega a tenerlo. «¿Viste a zapatos?»…. uno que tuvo una tienda de calzado, «¿y a cafés?», qué te voy a explicar… Y así más o menos se llaman todos los habitantes del pueblo a los que cuando si no se hace referencia a su actividad suena como a menosprecio, a poca cosa, como «Chuchi», «Mililto» o «Maca»…

Pero en la aldea…. en la aldea es otra historia, vas a comparar; en las aldeas hay un nivelón… Tú preguntas por Luis, el superalbañil de Oza, y te dirán: «Sí, Luis de Vilachá», que suena a alta alcurnia, con esa «de» intercalada… como los duques de Lugo pero juntos ¿sabes?. Y como Luis de Vilachá está Juan de Ciencasas, que suena a expedicionario con Cristóbal Colón, pero no, es encofrador, y como mucho lo que más ha descubierto es que hay una crisis que no hay quien compre un ladrillo; Alberto de Piñeiro de Vales o Juan de Torrelavandeira, que no son historiadores pero por lo que cuentan cuando uno era electricista y el otro escayolista perfectamente podían serlo; o Juan José de Quistilán, que como se duerma Benedicto XVI le quita el papado en un plis plas. La verdad que en las aldeas hay una categoría… bueno todos menos yo, al que llaman «El periodista» o «Guisande», pero te imaginas que dijeran: «¿Viste a Guisande de Piñeiro de Vales?»… tela.

Claro que en esto siempre hay quien lo supera todo porque es gente que es conocida por todos los habitantes y no hay que hacer referencia alguna ni al pueblo, ni a la ciudad, ni al lugar ni a en qué trabaja ni nada, como así me comentó un compañero (José Antonio López de Alba), que estando de delegado de La Voz de Galicia, en Viveiro, conoció a un tipo que era el más popular del Ayuntamiento y de otros concellos. El hombre era ex guardia civil y todo el mundo sabía de él porque le llamaban «El alma». ¿Por qué al ex guardia civil le llamaban «El alma»?, muy sencillo, porque se había salido del Cuerpo.

¿ Jubilarse a los 67 ?, tu padre

Jueves, Marzo 11th, 2010

Estos se creen que vamos de pardillos: Se juntan en un salón con una moqueta que alucinas y entre tostadita y cafetito, el chaval de turno, llamado ministro, que gana un pastón, sueldo vitalicio y que no sabe cómo resolver el desmadre económico de cenas, comidas, fiestas, cohes oficiales y visas de 100.000 como él, dice: «Hala, ponemos a los 67 la edad de jubilación». Sí, hombre, si, y con 67, si te parece te subes tú al andamio, picas piedra en la carretera, llevas la bombona de butano hasta un quinto sin ascensor o descargas un camión de cajas de Coca-Cola ¿vale?.

Pues por mi chavalín como si la edad de jubilación la pones a los 70, 80 o 120 años, como las autopistas, porque yo a los 65 (cuando ya estemos todos empastillados de la cabeza a los pies, pero totalmente barbiturizados) le doy una patada a la medicación y me vuelvo esquizofrénico, pero esquizofrénico total; nada de eso de «es un poco raro». ¿Un poco raro?, te vas a enterar tu, la Seguridad Social y algún experto en psiquiatría lo que es ser raro, pero raro raro y lo que va a ser (como se dice en Galicia) aturarme, aguantarme.

Yo ya me veo a los 65 años, y solo un día después de haberlos cumplido, entrando en el periódico en una mañana hipersupersoleada de julio y el director que se me acerca y me dice: «Guisande podrías hacer un reportaje sobre… », y yo respondiendo: «¿Guisande yo?, como quieras; pero mira ¿por qué la luna es de color verde y azul?. Espera un momento que salgo que hoy no la vi y creo que es azulada».

Y dicho y hecho, salgo y vuelvo llorando porque no la he visto; o sea, porque no la he visto azulada, sino tirando a naranja y un naranja muy chillón. Y al segundo día (si es que llego al periódico), me voy derecho al director y le digo, aunque sea la una de la tarde: «Sal, sal, mira como la luna hoy sí es verde azulada… mira, y tienes suerte que hay cuatro astronautas jugando al subastao y uno lleva boina».

Y al tercer día, bueno al tercer día ocupo el despacho del director y según entre le espeto en medio de una trasposición cerebral: «Mira, Guisande, podíamos hacer un reportaje sobre porqué la luna no es ni roja ni verde ni azulada y averigua por qué el astronauta de la izquierda no arrastró… ».

Y al cuarto, vamos al cuarto, si es que alguien es capaz de acercarse a mí, me dan la baja definitiva. Y no me extrañaría que conmigo se viniera en plan daños colaterales el director, fijo; algún subdirector; los médicos que me examinaron, un par de compañeros; tres de seguridad a los que convencí para hacer prácticas de fuego cruzado a tiro limpio y un ensayo general de estrategia paramilitar en plan cuerpo tierra por todo recinto del periódico, y con ellos también alguno de rotativa al que también convencí y desarmó la megamáquina impresora porque los rodillos por donde pasa el papel son geniales para aplastar la masa y hacer empanadas y hemos hecho una de chipis, dos de bacalao y una más de berberechos.

Y entonces sí, con un papelillo que pone «baja definitiva por esquizofrenia aguda… » a casita, calentito, abrigadito, con mi ordenador, mi MP3, mis pelis, mi lareira, mis árboles frutales y a las 12 de la mañana, ni un minuto más ni uno menos, la pastillita verde; a las 6 de la tarde, la azul; a las 10 la roja y a sobar rezando: «Cuatro esquinitas tiene mi cama, y chaval de la moqueta, al curre no voy porque no me peta».

Y mientras cierro los ojillos como un santiño oigo la radio y escucho cómo de un mes a otro «increíblemente» el número de bajas en la Seguridad Social se ha multiplicado por 300.000 por esquizofrenia aguda. ¿Jubilarse a los 67?, sí hombre, tu padre.

Los Óscar, el cine… perjudicial para la salud

Lunes, Marzo 8th, 2010

Si ya lo dice el título de este artículo, el cine es perjudicial para la salud, pero muy perjudicial, aunque como todo tiene algunas cosas buenas, pero en general… malo, malo, y los Óscar… prefiero ni hablar, que por ahí empieza todo.

El cine, para los que nunca hayan ido, es como una habitación, pero muy muy grande, unos 200 metros cuadrados, rodeada sin luz por todas las partes menos por una llamada pantalla o isla. Y en la pantalla hay imágenes de personas que se mueven, que hablan y que te pueden hacer reír, llorar o dar miedo.. bueno, incluso dormir.

El cine es eso, como una sala de sensaciones. Ponen una película de risa (que por cierto a mí nunca me hacen gracias), y la gente ríe y hay colas para ir a reír, pero las hay incluso para ir a llorar, que también es ganas de gastar porque mira que no hay entierros preciosos para amargarte pero… cosas del ser humano, que está como una peonza. Y si esto es el audiovisual un día seguro habrá el olfatolateral, en el que entras y huele que te huele; el gustolateral, con chupa que te chupa o el tactolateral, toca que te toca.

Claro, y visto así, esa habitación de emociones… pues mal mal no está; ríes… feliz; lloras… te desahogas; pasas miedo o terror… pues ya sabemos quienes están tan pasados que se gastan 7 euros para sufrir… pero lo peor del cine, lo que a mí me da realmente miedo es cuando veo salir a la gente; pero no miedo, no, mucho miedo, pero mucho.

No sé tu, pero yo he visto salir a gente del cine y sale como zombis, callada, caminando despacio, sin rumbo, como alelada, y en la acera de la calle… joé en la acera… en la acera de la calle yo he visto de todo: fumadores que están por meterse nicotina en vena, que aspiran un cigarrillo tras otro; tipos que van caminando como anestesiados, a la izquierda o a la derecha, se paran y dicen: «pero el coche no lo tengo aquí» o susurran: «Pero si no vine en coche» y hasta hay quien recupera la consciencia y exclama: «¿¡¡¡ Qué coche !!!?, pero si no tengo coche».

Como cabras, pero es más; en varias ocasiones he visto a grupos de gente que van caminando, de repente se paran y uno comenta en voz baja: «¿Y ahora qué hacemos, adónde vamos?», y de verdad que no es la primera vez que me separo porque con esos caretos no sé si van a tomar algo, a sus casas o a matar a alguien.

Auténtico pánico me dan estos que salen del cine. Mis amigos dicen que exagero, yo también, pero cuando paso cerca de uno, si puedo miro los horarios y si veo que es la hora del final de la sesión y que van a salir cambio de acera o me escapo. Porque, además, ¿tú sabes cuanta gente que sale del cine medio inconsciente muere atropellada porque no se entera ni por donde ni adonde va? Cientos, miles… ¿que no hay estadísticas?, claro que las hay, vamos que si las hay, si hay estadísticas de todo… no va a haber ahora de esto, pero no lo dicen porque para acabar con el paro nada mejor que ir al cine, que entran 200 y (yo lo sé) muere atropellados 50. ¿Que no?. Ya verás, ya verás como si esto sigue así ponen el cine gratis y cada mes los Óscar; lo que pasa que el Gobierno no lo dice, hace que no se entera, pero bueno que si se entera, pero esa es otra película. Sí, tú vete al cine, vete al cine. ¿Avatar? Sí, Avatar, Avatar, a matarte.

Me forro fijo; el negocio… mi aldea

Jueves, Marzo 4th, 2010

Pues ahora resulta que sachar, cortar toxo o tirar de una vaca es Cultura; pues mira por donde, me han abierto los ojos y alguna dioptría. Si ya sabía yo que en mi aldea había un algo que no entendía muy bien qué pero que había algo. Y le daba y le daba vueltas y sabía que había, que había algo pero no caía y no caía… pues ahora lo tengo claro, pero clarísimo.

Y tan claro lo tengo que voy a dejarlo todo, pero cuando digo todo es todo, absolutamente todo, y me voy hacer empresario. ¿Y a qué me voy a dedicar? Pues a eso: a la Cultura. Voy a poner una alfombra roja de terciopelo por toda la aldea, en los laterales unos cordones de terciopelo rojos sujetos cada dos metros por unos postecitos con borlas doradas, en plan Xunta de Galicía, pero con un euro, separados unos de otros unos dos metros, y ¡¡¡ Hala !!!… a vivir

¿Y de qué voy a vivir?. Pues muy sencillo; hago excursiones, se bajan de los autobuses chavales de todas las ciudades del mundo mundial, a unos setenta metros de la entrada de la aldea, les pongo a cada uno unos cascos en las orejas según el idioma y a conocer el intramundo.

Y así, con los casquillos en las orejillas, los chicos oirán con voz clara de huevo made in Iberia: «Por favor, se ruega silencio, apaguen los móviles y no hagan fotos. Acaban de llegar a Trancarantelo, un lugar en el que…. A la izquierda pueden ver a Dionisio con el sacho quitando patatas. Observen, observen ahora cómo se acerca a las lechugas y con esas curtidas manos coge una por la parte inferior y la arranca de un golpe seco; no tirando, no, sino de un golpe seco. Miren nuevamente que va a sacar otra y ahora con otra técnica ancestral, rebanando el tallo con un cuchillo. ¿Han visto?. Este proceso se lleva haciendo desde tiempo inmemorial, cuando… ».

Y así, a los tres metros otra parada. «Percátense a la derecha. Esa mujer con el gorro de paja se llama Maruja; lleva con ese caballo más de veinte años y en unos instantes observarán cómo le da agua. Por favor, por favor, júntense un poco más para que puedan apreciar todos con el máximo detalle como el animal, que repito se llama caballo, inclina la cabeza formando con el cuello un arco perfecto y sorbe el agua del cubo. Vean que las crines… ». Y mientras miran, unos carteles portadas por guapas chicas que digan en varios idiomas «silencio», «silence», «schweigen», «خبأت قلبي في», «calla, carallo»

Tras unos minutos, cuando el cuadrúpedo se lo ha bebido todo, continúa la visita cultural: «Por favor, no se asusten, ese hombre que grita es Gelito. No se preocupen por lo que diga. Si escuchan por ejemplo ¡¡¡¡ cajoenros, qué marea de xenteeee !!!!, o ¡¡¡¡ arreostias, canto nenooo !!!!, no se alteren, son expresiones propias de los lugareños, que brotan espontáneamente y se retrotraen a una cultura milenaria que forma parte de….».

«Por favor sigan a las indicaciones de las simpáticas azafatas, que ahora vamos a ver unos animales llamadas vacas, de las que se obtiene un líquido conocido por leche». Y tras ir todos sin hacer ruido alguno por la alfombra roja…. «Estamos en la casa de la familia Caseto, un icono de la sociedad rural gallega. Ahora, Elena, cogerá las ubres del animal. Fíjense detenidamente en la posición del caldero y como la ubre la inclina de tal forma que haciendo unos movimientos acompasados sobre la mama en un ángulo de… ».

«¡¡¡ Ahhhhh !!!». «Silencio por favor, silencio por favor. Como decíamos, eso que acaban de ver es leche, y la leche es…. y la forma en que la familia Caseto la obtiene de la vaca se ha transmitido de generación en generación, siendo más de… ».

«Por favor sigan todos juntos sin separarse y se ruega el mayor silencio para no alterar las costumbres de estas personas y de la aldea, una sociedad que está catalogada en su conjunto como Patrimonio de la Humanidad. Esperamos que la visita haya sido de su agrado y que animen a otras personas a conocer este singular paraje. Aquí, a la derecha, se encuentra la casa del Periodista, como observarán las ventanas están cerradas ya que no se encuentra en casa, lo cual suele ser habitual, pero pueden dejar aquí en ese cestillo un euro, que es el precio de la visita. También pueden por un módico precio llevarse unos pins que representan los típicos aperos de la branza de las gentes de la zona: el sacho, la azada, la fouciña, la guadaña, el jalleto, el raño o el rastrillo».

¿Que si estoy seguro de hacerme empresario?, vamos, mañana, pero mañana mismo compro la alfombra, joé que si la compro… aunque no sea de terciopelo.

Los ciclones gallegos no son como los norteamericanos

Lunes, Marzo 1st, 2010

(Esas cosillas que pasan al casarte con una norteamericana)

Yo comprendo que para los norteamericanos esto de los huracanes es una gran preocupación porque cuando les avisan que va a llegar uno, como que me da que a los ancianitos se les cae la dentadura postiza, los negros se ponen pálidos, los pálidos negros y en la calle aparecen varios miles de peluquines, muletas, bastones, sillas de ruedas; y todos, aunque sea a rastras, a toda pastilla casa a pertrecharse y si es preciso dentro de la nevera y a rezar, que lo de orar, tío, lo bordan, con una fe…. buah

Yo lo entiendo, porque allí un ciclón es eso, un ciclón-mogollón, y una vez que pasa hay como 100.000 tíos que se han quedado sin casa, otros 7.000 que tienen que ir a buscar el coche a las Malvinas, unos 3.000 que se fugan y búscame Macarena, y unos cuantos que aprovechan el tsunami para hacer surf hasta Japón, que con tal de batir récordes y ser pioneros…. lo que sea.

Pero aquí… vamos, aquí, teniendo en cuenta que los consejos que te da el Alto Comisariado Civil con mando en plaza es que quites las macetitas de la ventana, que no pases por debajo de ningún balconcillo y que si sales en coche conduzcas con mucha precaución… pues lo de aquí, comparado con lo de ellos es un airecillo, el erutillo de un bebé más o menos.

Por eso el sábado (para quienes no lo saben mi mujer es de Ohio, ohio al dato) y como tiene ascendencia militar…. pues ni que fuéramos marines preparando la Operación «Nadie va a morir, Jhon». Y así, de repente, al entrar en casa me encontré con comida para un regimiento, botellas de agua mineral, latas, no sé cuantas velas y una linterna como para iluminar la catedral de Santiago.

Te lo juro que si entro y veo a mi mujer con uniforme de Mayor y en vez de bolsito floreado un subfusil, un plano de la casa con puntos azules en donde cada uno tendría que parapetarse y un kit de supervivencia no me extrañaría porque estaba todo tan perfectamente organizado…. hasta pensé que no era mi casa… impecable, pero im-pe-ca-ble.

Yo ya estoy acostumbrado a estas diferencias culturales entre los USA y los gallegos, pues un hijo de ella, Christopher, que es francoamericano, está aprendiendo a bailar la muiñeira en el colegio…. sí, eso del punta tacón, que más te voy a contar. Pero cuando pregunté que porqué tal abastecimiento, porque aquello parecía el cuartel general de una avanzadilla en Afganistán, Veneatra Paynther (la de Ohio) dio unas instrucciones precisas, concretas y muy claras de lo que había que hacer cuando llegara el tifón, que yo no entendí ni una porque me cogió tan de repente la inesperada instrucción paramilitar que lo único que pasó por mi cabeza fue: «A que ahora se le va a ocurrir tapiar todas las ventanas con maderas a martillazo limpio, a que se le va ocurrir, a que se le va a ocurrir». Y mientras arengaba a la tropa yo me veía subiendo por unas escaleras, un martillo en la mano, unos tablones que no hay dios que aguante con ellos y a lo bestia ¡¡¡ zas y zas y zas !!! hasta la extenuación con camisa de cuadritos.

Ante tal preocupante pensamiento traté de explicarle que en Galicia los ciclones… eso, traté de explicarle; porque la Mayor Paynther se puso en comunicación directa vía satélite con su familia en Estados Unidos, no sé si para despedirse o para pedir órdenes directas del Pentágono, a la vez que escuchaba la radio mientras yo entraba en facebook para saber segundo a segundo qué ocurría en tanto el ciclón se acercaba a nosotros. Al final, el ciclón en la aldea no hizo nada de nada, los pajarillos siguieron con su trino tan felices ellos, Maruja y Virtudes salieron para charlar un rato y hasta las vacas pastaron como todos los días y miraban de reojo mosqueadas porque tenían hambre. Lo sé porque para mí que me lo dijeron. Ya sé que dicen que las vacas no hablan, pero para mí… por lo menos una sé que lo dijo seguro.

Bueno, el caso es que no sé si en los próximos meses habrá más ciclones o incluso un tornado, pero te lo juro que si alguien quiere un curso de adiestramiento acelerado con armas convencionales para hacer frente a una eventualidad así, ni Cuartel General de las Fuerzas Armadas, ni la Academia Militar de Zaragoza ni el Centro de Intervención Rápida de los Geos, ahí no aprendes ; que yo sepa solo hay un sitio con garantías y con una hoja de ruta, mi casa, y disciplina férrea, la Mayor Paynther.