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Archivo para Febrero, 2010

Pero Rosiña, hombre, no seas terquiña… bo

Sábado, Febrero 27th, 2010

Rosiña, no le des más vueltas, has metido la gamba y esta vez no en la boca acompañada de un buen ribeiro. «Gallego en el sentido más peyorativo de la palabra… ». Hombre, es como si yo, Rosiña, te digo que «eres tonta en el buen sentido de la palabra». Y mira que busco y rebusco y el castellano es rico eh, como la gamba, la otra, pues nada, que no encuentro «tonta» en el buen sentido de la palabra… y mira que he buscado.

Pero Rosiña, que escribes un comunicado pidiendo disculpas y ya está, que nosotros los gallegos te somos unos santiños, que siempre hemos ido por el mundo trabajando duro, siempre nos han querido y sabemos perdonar, que somos buena gente. Pero también están los de tu partido, que trinan, hombre, que se han pateado Galicia lloviendo por esa pistas intransitables de dios, mojándose los pies, con las papeletas en la mano, con el paraguas, el chubasquero… y vas tú y se te escapa eso y ¡¡¡ hala !!!, como diría Rolía: «Adiós ríos, adiós fontes, adiós.. », que para mí que como vivía en Padrón lo decía por la inundaciones, no sé, pero lo tuyo es una inundación de críticas. Yo lo digo por tí, que a mí ya me dirás lo que me importa coger el voto ese, darle de tacón, pero un buen taconazo, y poner cualquier otro nombre o tirarlo a la papelera, que más bien es lo que suelo hacer

Si el asunto es que no tienes tiempo no te preocupes que lo hago yo. Mira, corta y pega, que es muy fácil: «Ante las críticas por mis palabras sobre el gallego, pido disculpas y, en cuanto mi agenda me lo permita, viajaré personalmente Galicia para pedir perdón públicamente”. Ya ves, 26 palabrejas de nada en menos de 15 segundos. Si quieres le añado «esa tierra maravillosa por la que siento un gran cariño», que solo son 10 más…. como quieras. Rosiña 10, que te veo en 0, no bajes puntos hombre. También, es que eres un poco terquiña… bo. Anda, corta y pega antes que en Galicia practiquemos todos el tiro de tacón. Un beso

Ni Pulitzer ni Nobel, yo quiero….

Martes, Febrero 23rd, 2010

No lo voy a negar, yo siempre tuve una ilusión: que un Ayuntamiento me dedicara una calle, sería la culminación de mi existencia, de mi vida como periodista. ¿El Pulitzer?, nada; el Premio Nobel de Literatura, bagatelas; hombre el de Medicina, por ejemplo sí, que tiene que ser un punto llegar a la cumbre de una profesión sin saber nada, como otros muchos. Como digo, mi ilusión era una calle; pero luego le medité un poco y lo de la calle mejor que no, que me conozco, que soy muy terco y todo el día ocurriría lo mismo: «¿Adónde vas?, a mi calle; «¿quedamos en algún sitio?, en mi calle; «¿tomamos algo?, en mi calle; «¿pero si en tu calle no hay bares?», pues nada, no te preocupes que ya saco yo algo de casa, pero no solo las bebidas y los pinchos, que si os ponéis así… el comedor entero, mesa, sillas y si es preciso el chinero… pero en mi calle.

Y esto en plan individual porque en el institucional estaría todos los días con informes al Ayuntamiento. La calle esta sucia, las aceras están mal, hay poca luz, el paso de peatones no se ve, el… por lo que seguro que sabiendo esto, el Ayuntamiento pensaría: «¿Dedicarle una calle a este tío?, ni hablar, no será mejor una plaza, pero de toros y a ver si lo empitonan?».

Pues he descubierto que no quiero ni calle ni plaza, salvo la de abastos, que a veces tengo un hambre… Mi mayor ilusión sería… ser un clásico, sí, un clásico, como esos que citan en la radio cada cierto tiempo, y eso sí que es la inmortalidad. Sí, lo tengo claro, mi existencia estaría plena si un día voy en el coche (y el día de mañana mis tataranietos en avioneta) y de repente, como en esos programas de música dedicados Mozart o a Beethoven, con esa alegría que tienen esos locutores, dijeran con esa parsimonia y tranquilidad que les caracteriza y casi con eco: «Y ahoraaaaa, vamooooossss a leeer la opussss 435 (prefiero obra, pero sin Monseñor Escrivá dice opus, pues opus, que tampoco por eso vamos a discutir), de Manuel Amadeo Guisande, El caracol descerebrado, con foondoooo de la orquestaaa de Polonia, bajo la batuta de Rooomaaan Polanlekeskiiiii. Se trataaa de una piezaaa que el autooorrrrr escribió en su blogggggg Al fondoooo a la derechhaaaa…».

Bueno, bueno bueno; yo escucho eso en la radio y lo primero que pienso es si estoy vivo y si lo estoy y voy en coche… lo paro en la autopista, en una curva, en un cambio de rasante, lo cruzo y al primero que pase o derrape le digo: «¿¡¡¡¡ Pero usted ha oído, usted ha oído !!!!?». Y si termino en comisaría, no es que termine, sino que empiezo y si voy al juez igual: «¿¡¡¡ Pero usted ha oído, usted ha oído? !!!», y como si voy a la cárcel… mi existencia ya estaría completa.

Oye, pero lo mismo que yo tú, por que tú, pongamos que eres cirujano, entonces el locutor diría: «Y ahoraa, vamos a escuchaaarrr la sinfonía del bisturiiií azul en marchetooo alegratooo en la operación varicéseneaaa (opus 22.333 de, imagínate que te llamas Luis Gutiérrez) Luis Gutiérrez, con arregloooooos de Varcormiff Blas» Pero esto es aplicable a todo. ¿Tu eres chapista o amada de casa… pues nada: «Aahoraa oiremooos el concierto de balleta y orquestaaaa con el título Julian Julian no manches que te mato, de Margaaaa Galaannn con adapataciónnn de Sarnikog con los cooorrooss de Gadobospoool».

Te lo juro que yo escucho eso de «vamooooossss a leeer la opussss 435 de Manuel Amadeo Guisande, El caracol descerebrado, con fondooo de la orquestaaa de Polonia, bajo la batuta de Rooomaaan Polanlekeskiiiii» y ni Pulitzer, ni Nobel, ni premio planeta, ni satélite, ni estrella, ni calle, ni plaza, ni avenida…. que si estoy vivo muero, y si no muero… no hombre, no, que muero, si lo sabré yo.

¿Pero la Eurovisión no era una óptica?

Viernes, Febrero 19th, 2010

A mí la verdad, lo de la Eurovisión no me importa mucho, más bien nada, la tenía tan olvidaba que hasta pensaba que ni existía y que ahora Eurovisión era una multinacional de oftalmología que se de dedicaba al estudio de la vista, que con tanta vista que tenían terminaron vendiendo gafas, que es más negocio, creo, no sé pero como que lo veo venir. Pues no, por lo visto la Eurovisión es el concurso ese en el que se canta y que lo más entretenido son las votaciones. El «guayominí, guan point….la espain, catre points». Y el letrerito del país que sube y baja, que vuelve a bajar y vuelve a subir que no veas porque de repente Bielorrusia te da la máxima puntuación y todo dios se mira en casa como diciendo: primero, dónde está Bielorrusia y, segundo, pero qué pasa con Bielorrusia.

Y es que somos así. Un país nos da la máxima puntuación y como no nos suene mucho ya empezamos con los mosqueos en vez de estar agradecidos. Y Portugal, que siempre nos vota porque son vecinos y si este año, por ejemplo, no lo hace, ya agarras un cabreo y hasta miras el mapa para ver si Portugal se ha separado físicamente de España, se ha hundido, o la arrastró un tsunami mientras te da el toque tipical hispanis de… «esos portugueses…».

Joé, para un año que no te vota después de miles de ediciones que sí lo hizo… vaya rebote. En cambio Noruega (que ya me dirás tú lo mucho que sabes de Noruega) te da un punto porque no sabe qué hacer con él para no mosquear a nadie en plan: «¡¡¡ Hala !!!, este voto para Spain, que está allá, en el quinto bemol… ». Pues resulta, que para un condenado día que te da un punto… a tí te da otro otro punto, pero raro que no veas, y entonces hasta estás por comprarte unos esquís, mirar viajes a Oslo, ponerte un gorrito de lana, guantes, bufanda…. vamos, que te llega a dar el patético voto Italia, y si hace falta te haces de la Cosa Nostra, que somos así de venados y arrebatados

Y claro, como ahora en Europa somos más, pues más mosqueos; pero es normal porque hace poco más de 60 años aún estábamos todos a tortas, pegándonos unas puñaladas traperas que flipas, como para que ahora no, venga… como para que ahora vayamos todos de coleguillas y pelillos a la mar, que joé con los pelillos a la mar, que en la Segunda Guerra Mundial hubo más muertos por metro cuadrado que 40 ataques de Pearl Harbor.

Y ya ves, un simple programa de la tele, y de la noche para la mañana te haces un estratega de la geopolítica internacional… Sentado en un sofá en el que no te entra el culo, con una cerveza en una mano y en la otra un bocata de chori, mientras gritas… «¡¡¡ no quedan spaguetis de la mañana !!!!», tú a ordenar el mundo. Y empiezas: «Ya verás como ahora Francia vota a Reino Unido y a nosotros nada, como siempre, y no le da a Alemania por lo del nacismo». Y toma geostrategia, Francia no de la nada a Reino Unido, a Alemania la máxima puntuación y a nosotros la segunda.

Y tras un mordisco al bocata de Revilla en tanto la cocina ya huele a espaguetis, nueva andanada. «Rusia no le da a Croacia, pero sí a Turquía por lo del petróleo, y a Polonía, que siempre tuvieron muy buenas relaciones». Y es alucinante, lo del «petróleo de Turquía»… lo dices por no quedarte callado ¿no?, porque claro, tú todos los días te vas a negociar la subida del oro negro a los Emiratos Arabes… Y lo de «las buenas relaciones de Rusia con Polonía», porqué, porque se te ocurrió, porque son las 11 de la noche, que es cuando te da la mala, ¿o es que ahora eres un súbdito polaco fugado que vive en Estepona…? ¡¡¡ Anda !!!!, justo todo lo contrario. Rusia le da los máximos puntos a Croacia, ni uno a Polonia y nada a Turquía pero… de qué hablas de Linchesten que no participa. ¿Estás seguro que lo que fumas es tabaco, que no le han echado nada a los espaguetis…? ¡¡¡ Dios !!!!, y lo peor, lo peor, los niños alrededor oyéndote, que por lo visto eres el cabeza de familia…

Nada, y termina el concurso y tú tan tranquilo para la piltra diciendo: «Pero cómo iba a ganar España con esa tontería… »; y si gana… «es que el tema tenía una calidad…, bua», joé pero es que también en un día ya sabes hasta de valores musicales… Te lo juro, yo creo que es mejor prohibir la Eurovisión, pero ya, antes de que nos volvamos locos.

GANO DANI…ahora ALFREDO PARDO Y LOS PREMIOS AUDIOVISUALES
Los colegas de Dani entraron a saco en el blog y me pideron que les diera cancha y les ayudara. No los conocía de nada pero me cayeron simpáticos y, aunque solo sea por simpatía y…. GANO DANI. ENHORABUENA.

Por otra parte, nuestro amigo Alfredo Pardo Hermida con su cortometraje O LABERINTO ARIO, sabrá esta semana si ha sido seleccionado entre los 24 cortos que disputan cuatro plazas para la final de los Premios Maestro Mateo de la Academia Galega do Audiovisual, que se fallará en el mes de abril. Suerte a ambos y un orgullo que sean amigos del blog.

Tuve un sueño más raro…

Martes, Febrero 16th, 2010

Esto de los sueños es complicado porque no sabes bien si lo que sueñas es lo que piensas tú o si son ideas de otro que te las mete en la cabeza precisamente aprovechando que estás dormido, que hasta eso puede ser. En fin, yo no me hago responsable de este artículo y si hay algún psiquiatra que quiera dar una explicación que se levante del diván y se ponga a ello porque yo…. ni flores.

Y lo que voy a contar es que soñé que era dictador. No, si a mí tampoco me gusta ser dictador ni lo soy, joé, qué quieres que le haga pude soñar que era ascensorista, trapecista o tornero fresador; pero no, soñé que era dictador, para que te voy a engañar, hay lo que hay. Pero la verdad es que no me preocupa porque sé que era un sueño ya que llegué al despacho oficial a las 6 de la mañana y no recuerdo yo eso de levantarme tan pronto desde que salí de la incubadora. Definitivamente, no era yo; bueno ya lo explicará el psiquiatra, si se sale del diván.

Total que mi primera decisión de Estado (yo Manuel Guisande, no, el dictador del sueño, que quede claro. Ya verás cómo no va a quedar claro, ya verás); bueno pues fue pedir un café con leche bien cargado y unas tostadas con mantequilla salada. Luego hice un repaso de cómo estaba el país, lo que me llevó tres cuartos de hora, y si te soy sincero hasta me sobró tiempo porque estaba que no veas, y entonces llamé a los ministros.

Fue alucinante, me vieron y dijeron: «¿Y usted ahí?», a lo que respondí, «nada, que soy el dictador, pero solo por unos días». «Yaaah», dijo uno así como con una sonrisita; pero les lancé tal mirada que ya los otros no se plantearon nada más y uno dijo balbuceando: «¿Y cómo quiere que le llamemos?», «señor dictador está bien», respondí secamente.

Así que tras las presentaciones, me levanté porque hablo mejor de pie, (según el sueño porque sentado me quedaba callado) y pregunté: «Miren, hay algo que no comprendo, acabo de leer que hay otros 17 gobernantes…. ¡¡¡ otros 17 como yo !!!. ¿¡¡¡ Quiénes usurpan mi puesto y cómo es posible que hasta ahora hayan podido pagar a todos, a los parlamentos, a los funcionarios…. y además hay 17 televisiones públicas que dan pérdidas !!!?»

Y aquí yo, bueno yo Manuel Guisande, no, el dictador del sueño (que quede claro, no va a quedar, no va a quedar que me lo huelo) dio un golpe en la mesa y dijo. «Supriman todas las televisiones, compren un descodificador de TDT a cada español y regálenselos, que con el gasto de dos teles públicas pagamos los aparatos, ven más programas y mejores. Así ya empezamos a ahorrar. Bueno, y los 17 gobernantes esos, como supongo que son muy listos, que vuelvan a sus trabajos de antes».

«¿Y qué hacemos con todos los funcionarios que sobran?. Y además están los casi 300.000 sindicalistas liberados», dijo el ministro de no sé qué, que tampoco él sabía mucho qué era lo que tenía que hacer. «¿Libequé?», pregunté. Y al final lo comprendí: cobran y no trabajan. «Pues nada, ¿no organizan cursillos para trabajadores?». «Sí», dijo el ministro de Trabajo, que la verdad tenía una pinta de no pegar clavo en su vida…. pero bueno era el de Trabajo, «pues que empiecen ellos mismos a dar ejemplo. Todos a hacer cursillos. Los 300.000, sí los 300.000 liberados esos, todos, y meta también un millón de funcionarios de los que no hacen nada; o sea, de los afiliados a los partidos, de los de carné, que seguro que los otros dos millones son necesarios y mucho».

Yo veía (el dictador) que los ministros estaban alucinando, no decían ni mu, lo que me envalentonó, y les dije: «Ven, sin las autonomías y bien organizado esto sobra dinero para formación, para crear empresas… por cierto que empiecen cuanto antes a invertir a contratar a parados y suban las pensiones, hombre, que es una vergüenza como tienen a los mayores, que han trabajado toda su vida y ahora….». Oye, increíble esto de ser dictador, flipante, todos los comprendieron al segundo y no hacían más que coger notas y más notas en sus cuadernos.

Y en esas estaba cuando me dice el ministro de Interior «¿Y el problema Vasco?», «¿cuál es el problema Vasco?», pregunté. «Que quieren la independencia», contestó. «Pues nada, un referéndum, y si sale que no, pues nada, que se aguanten y si sale que sí, pues se recorta con millones de macrotaladradoras el País Vasco, les damos millones de remos, y como allí hay mucha afición a las traineras, unos a estribor y otros a babor, los empujamos mar adentro y que se apañen. Y los que quieran quedarse rellenamos el País Vasco con nueva tierra y ya está, que una cosa es la ideología y otra el territorio, que antes de que estuvieran los vascos ya había aquí terreno ¡¡¡¡ y eso no lo quita ni Dios !!!!».

Bueno…… fue lo decir eso de «¡¡¡¡ y eso no lo quita ni Dios !!!!», que le debí dar tal énfasis a la frase que nadie se inmutaba, hasta que el ministro de Educación dijo: «Y está lo de la enseñanza y la lengua». «¿Pero qué pasa?», pregunté. «Que parece que nadie quiere hablar castellano», contestó uno. «¿Y qué quieren hablar entonces?», cuestioné extrañado. «Pues unos gallegos, otros vasco, catalán… bable». «¿Pero no saben castellano?», pregunté. «Sí, pero quieren…». Me estaban hartando, la verdad, así que expliqué muy enfadado: «Pues todos chino, que es el futuro, y mientras no se aprenda el chino que cada uno hable lo que le pete pero la lengua oficial desde hoy es el chino para que no haya problemas».

«¿Alguna pregunta más?». Y como nadie decía nada, los animé para que me explicaran qué había que solucionar. Como persistían en el silencio comenté. «Miren, tengo una pregunta, ¿qué es eso de las deslocalización de las empresas?». Uno me miró temblando y lo calmé diciéndole, «pero no tiemble hombre, que así no arreglamos nada». Entonces dijo, «pues que hay empresas que se van a otos países porque la mano de obra es más barata y así ganan más y… ». Bueno, fue oír eso y la que monté. «O sea, ¿¡¡¡¡¡ que por ganar más dan trabajos a otros cuando aquí hay paro…!!!!? esos son unos caras, unos impresentables, que se dejen de tonterías, de deslocalización, bonita palabra, que traigan las empresas y mañana mismo que se presenten en mi despacho, que se van a pasar un mes en el paro a ver si se autolocalizan mentalmente».

Bueno, bueno…. hubo un silencio que ni yo mismo daba crédito. Y luego continué: «Y aquí, según revisé antes de que ustedes vinieran, hay una partida que pone “otros gastos”, pero caramba con los “otros gastos”, son millones y millones». Nadie decía nada y como veían que me iba a enfadar, uno dijo: «Son gastos de representación, tarjetas de crédito para comidas y cenas, viajes, coches oficiales, escoltas para la protección de personalidades…». Aquí me reí, «¿pero ustedes creen que estos son personalidades, que les interesa a alguien…?». Todos comenzaron a reírse, pero como yo era dictador y no quería confianzas, dije: «¡¡¡ Silencio !!!». «Sí, lo ahorramos todo, ¿verdad señor dictador?», dijo otro. «En efecto, y no se olvide de los millonarios sueldos vitalicios esos», respondí pausadamente a la vez que en tono amable explicaba: «No puede ser queridos ministros, que unos ciudadanos tengan cuatro casas, cinco coches, barcos y otros casi ni un techo donde vivir». «Vale, subimos los impuestos a los más ricos un 10%?», dijo el ministro de Economía. Lo miré y debió ser tal la mirada que rectificó: «Bueno, mejor un 40% y ya había pensado yo en quitar eso de los sueldos vitalicios, que tiene usted mucha razón señor dictador», dijo finalmente haciéndome la pelota, que los hay que hasta aprovechan un golpe de Estado. «Dios, qué banda», pensé.

Habían pasado dos horas, los ministros habían dado las oportunas instrucciones, se habían acostumbrado a mi presencia (a Manuel Guisande, no, al dictador. Me juego lo que quieras a que no va a quedar claro) y aquello era casi una fiesta porque al hacer las cuentas, con lo que se ahorraba, el ministro de Sanidad podía invertir un 20% más; el de Cultura un 15, el de Industria un 35 y el de Trabajo hasta un 50% y el de…. entonces desperté. Qué sueños tan raros e ilógicos tiene uno a veces ¿verdad?

DEDICACION ESPECIAL
Este artículo va dedicado especialmente a toda esa gentuza que vive de quienes trabajamos y de los que tienen ahora, pero solo ahora, sus ilusiones rotas porque están en el paro. Animo, nadie dijo que la vida fuera fácil

Los delgados pudimos ser gordos

Viernes, Febrero 12th, 2010

Estoy convencido, pero totalmente convencido, que muchos de los que somos delgados pudimos ser gordos o, por lo menos anchitos, normalitos vamos. En mi caso, por ejemplo, no hay quien me lo quite de la cabeza que si ahora mido 1,80 y solo peso 70 kilos la culpa estoy casi seguro que en principio fue mía, pero que después colaboró toda la familia…. fijo.

No tú, que también de tipo hilo vas servido, pero yo recuerdo que cuando era pequeño y se hacían aquellas excursiones familiares en coche, cuando ya no entraba ni de canto la tortilla de patata y había un hueco, yo decía todo ufano con mis pantalones cortos: «Ahí entro yo». Y no me digas cómo, pero entraba. Y claro, lo que en principio fue como una experiencia personal, una especie de reto, al final terminó siendo una costumbre familiar. «¿Y el niño, dónde va?» Y el niño (o sea yo) que era el último en entrar, pues decían: «Ahí bien cabe» ¿¡¡¡¡ Pero cómo que «ahí bien cabe», quién mejor que yo sabe si entro o no….!!!!?. No había forma.

Y hasta tal punto llegaron a saber lo que ocupaba, sin medirme eh, sin medirme, que estoy convencido que cuando se hacía un viaje, primero se sentaban todos, luego las maletas y al final… pues yo, como si fuera una bolsa de plástico o algo así. Y no creas que mi familia lo hacía por maldad, no; lo hacía por costumbre, como hinchar las ruedas, echar gasolina o parar para estirar las piernas (ellos) porque yo estiraba todo.

Y lo curioso es que no decía ni mu, y con una resignación más propia del Concilio de Trento allá iba yo estrujado en una esquina sobre las piernas de alguien, medio estirado tocando el suelo, con el cogote pegado a la ventanilla mirando para arriba, de día, de noche…. vamos, aún no había ido el hombre y la Luna y te lo juro que yo medio arqueado en cualquier sitio del coche había visto el satélite ese más veces que cualquier tipo de la Nasa. Por eso cuando Kennedy dijo aquello de «en esta década llegaremos a la Luna»… por no preocupar a mi familia, de verdad, pero aquello me sonó a como que ya lo había vivido, pero callé, los vi a todos tan ilusionados con eso de salir de la estratosfera….

Y todo hay que decirlo, que porque mi padre no se dedicaba a los negocios, pero si quisiera pudo forrarse, que si pudo…. llega a hacer entonces un convenio marco con los Bomberos para situaciones de emergencia e iba yo a estar aquí dándole a la tecla del ordenador, sí hombre. «Oiga, que un vecino se ha dejado las llaves en casa y hay un ventanuco medio abierto por el que a lo mejor…». «Na, que pallá vamos con el niño». «Oiga, que aquí hay una tubería obturada que parece que….», «nada, que ya está el niño con un hierro aquí en la mano». «¿Y usted cree que el niño podrá…», «¿éste?, este es una fiera, que ya estamos llegando, no sé preocupe, ya verá ya verá como es el chaval, ya verá». Y el chaval, (o sea, yo también), no es por presumir, pero a los 12 años, a los 12, que lo tengo todo calculado, podría haber retirado a toda mi familia de trabajar y a varias generaciones consecutivas, y hasta si me apuras cotizar en el Ibex, porque mira que no era yo un tipo escurridizo… bua que si era.

Claro, y tu dirás, ¿y qué tiene que ver esas situaciones que son más propias de un contorsionista con estar delgado?; pues mucho porque yo estaba en época de crecimiento, de dar el estirón, y lo di, pero a lo alto y no a lo ancho porque ¿cómo lo iba a darlo a lo ancho si siempre tenía el estómago y las vértebras aprisionadas como los pies de las geishas en medio de bolsas, cestas o maletas dentro de un utilitario?. Y claro, cuando se te aprisiona el estómago se te empequeñece, y al empequeñecérsete el estómago…. pues…. pero si hubo días, hombre, que comía una miga de pan y creía que era una laconada, qué más quieres que te diga. ¿70 kilos?. Pues 70 y gracias.

DANI, EUROVISION, MENUDO FOLLON
Pues nada, que hay un chaval que se llama Dani y han entrado todos sus fans en “Al fondo a la derecha” y, en los comentarios, tenéis el enlace de la canción. Esta temporada el blog es de ellos. Buena gente, han montado un lío… que hagan lo que quieran… yo les dejo. Que le voy a hacer, están como cabras, pero buenas cabras, simpáticas. Siempre, mi-tu-nuestro-blog

Así escribo un artículo, incluso el 100

Martes, Febrero 9th, 2010

Pues contestaré a varias peticiones que recibí por correo interno; pero en menudo lío me metí neniño, explicar ahora (que acabo de hacer el artículo número 100) cómo los escribo, que si me apuras casi tampoco yo sé exactamente cómo tanta tontería puede salir de debajo de esta sesera, pero trataré de explicarlo a ver si soy capaz y si tu puedes sacar algo en limpio, que además me acabo de duchar. Porque a la hora de escribir, no digo que tengas que estar inspirado, que tampoco esto es tan complicado; pero sí animado porque escribir algo con tintes humorísticos, por ejemplo tras un velatorio… pues como que no, salvo que seas tonto, que mira por dónde yo creo que podría hacerlo, que tengo calidad de parvo sobrante y más de más.

Pero vamos a lo que vamos, que sino no comenzamos. La cuestión es, ¿por dónde empiezo a explicar ahora todo este follón de cómo escribo un artículo, y lo que es peor, lo expondré bien para que se entienda?. No, seguro que no; pero tengo una idea, justo eso, empecemos por la idea. ¿Y cómo surge la idea, cuál es el proceso porque el que a la mente viene algo y te dices… «pues sí, voy a escribir sobre eso»?

Pues esto de verdad que es un misterio; no me digas cómo, de repente se me ocurre escribir de algo que por lo general son cosas de la vida, sencillas, cotidianas; pero reconozco (y esto no es ningún mérito, sino más bien una tara) que siempre vi la vida con una perspectiva distinta, sobre todo observando y fijándome en cosas un poco absurdas; aunque no siempre, claro, que entonces estaría en un psiquiátrico, que todo se andará.

¿Y cuándo surge esa idea?, pues sinceramente en los momentos menos pensados; algo que miras, algo que dice la gente, que lees, un comentario… aunque a veces, es cierto, tienes como una sensación de que se te va a ocurrir algo, no sabes qué pero lo notas. Y claro, cuando tienes una idea la apuntas (si tienes bolígrafo y ganas) y al llegar a casa la meto en una caja y si es en el periódico, en otra. Y claro, pero clarísimo vamos, que un día vas a la caja, coges una nota y te dices: «¿Pero qué pone aquí?. Y empiezas… patata o paleta… o pelota; carreta, no, careta.. caricia…; morir o moler… no, morder… sí morder ¿pero morder qué?». Y al final resuelves el enigma y sabes perfectamente lo que escribiste: «El niño juega con una pelota / un coche casi lo atropella pero lo acaricia / un perro muerde un neumático». Perfecto, ¿pero qué diablos tiene que ver la pelota, con el coche, con la caricia y el neumático?. Y me rio yo de los crucigramas y los jeroglíficos, por que le vas dando vueltas pensando lo que quiere decir, a ver si te acuerdas del día, de algo, y a veces; pues eso a veces sí y otras, patada a la condenada nota y a ver si la próxima lo pones más clarito paspán.

Pero curiosamente, cuando descifras lo escrito, o te acuerdas, o surge una idea, esa es la primera parte del artículo y el siguiente pensamiento es el final. ¿Y cómo sigo después, sabiendo cómo empieza y cómo termina, porque por el medio, como los bocadillos, hay que meter algo? Pues esto es un entretenimiento porque realmente lo difícil es la idea (el principio y el final), ya que el resto va surgiendo y vas haciendo un esquema mental con tres o cuatro ideillas menores. Y este esquema lo suelo hacer en tres sitios, cuando me acuesto, cuando es fin de semana y duermo la siesta y cuando me baño; o sea, que lo mío es la plena horizontalidad, vamos que de pie solamente para que baje la idea por la cabeza y me tumbe, que si no… nada. Y una vez con el artículo más o menos en la mollera, allá voy al ordenador y con la página en blanco empiezan las manías. Primero, un cigarrillo; después poner un título en arial y en negrita del cuerpo 16; centrarlo, luego escribir las dos primeras líneas a 1,5 de espacio y despacio.

Y entonces empiezo y pasa algo que te lo juro que ni yo mismo lo entiendo. Comienzo con la idea y como si alguien estuviera dentro de mí, de repente se me ocurre una bobada, pero es como si no fuera mía, sino como si me la dijera otra persona y hasta me rio yo solo. Y en serio que no es la primera vez que se me llenan los ojos de lágrimas de reírme por una solemne estupidez. Entonces, tras el disparate (no te suicides), sigo con el esquema, con esa ideas sueltas y así hasta que pongo el final, que casi siempre es lo que pensé al principio. Pero lógicamente no siempre sucede así, porque hay días que te pones a escribir y… nada, pero nada de nada, ni esquemas ni historias, y entonces lo mejor es retirarse y no volver a intentarlo porque cuando el día está de no… está de no. Pues como cuando llueve, llueve y llueve, joé, que llueve o no lo ves.

Pero los artículos, aparte de las paranoias propias de cada uno, tienen una técnica o, al menos, unas normas que deben seguirse. Han de ser «redondos», «cerrados», en el sentido de que el principio y el final han de tener una relación (quizás es por eso por lo que siempre se me ocurre el principio y el final, de tantos que he escrito) y luego han de ser, al menos en mi opinión, más bien cortos porque un desierto de letras no hay quien lo lea ya que por lo general no se tiene tiempo y ver tanta letra, como te echa para atrás. Vamos ya te echa para atrás escribirlo… como para leerlo. Dios, qué noble soy.

Otra cuestión es el ritmo, que el artículo tenga una sonoridad en sus párrafos, que para los que en alguna ocasión hemos escrito poesía nos sale de una forma bastante natural, y quizás lo más difícil técnicamente es enlazar esas ideas, esos párrafos, lo cual se va haciendo con la práctica, pero diría que esto es lo más complicado ya que a veces esas ideillas es difícil relacionarlas y conjuntarlas sin que se note que esa unión está forzada.

Luego hay otro problema, digamos mental. Escribes una frase con un doble sentido, lo que llamamos un guiño al lector, un toque de ironía, y te preguntas: «¿Y la gente lo entenderá o lo escribo de una forma más evidente?» Y esto, pues depende de cada uno; personalmente prefiero que no sea muy evidente, a riesgo de que haya lectores que no lo capten, pero me gusta más la insinuación que lo obvio: o sea, más el bañador que el bikini, por poner un ejemplo y por llevarme un par de broncas de alguien que me llamará machista, que estamos que ya no se puede decir.

Y por último hay otra cuestión más. Cuando terminas de escribir el artículo lo repasas. Y entonces puedes hacer dos cosas: o lo dejas más o menos como está, o lo vas cambiando. Si lo dejas tal cual, con mínimas correcciones, es más natural, como si hablaras, más de tú a tú, mientras que si te pones a hacer muchos cambios o a buscar y rebuscar otras palabras… entonces el artículo pierde frescura y se parece más un tratado o a una entretenida nota del BOE. Yo prefiero no hacer muchas virguerías, como el bistec, vuelta y vuelta y tira palante, que tampoco eres un genio de las Letras so papón y no vas a marcar un hito en el mundo de la Literatura Hispana.

Bueno; pues después de todo este proceso en el que inviertes unos 30 minutos, desde que te pones ante el ordenador hasta que te dices «ya está y que sea lo que dios quiera», solamente queda publicarlo y esperar a que alguien no te diga: «Pues chaval, tanta historia para tamaña chorrada… ». Y lo peor es que dices: «Pues sí, sí». Dios, qué noble era. Y no os mareo más porque estaréis hartos de tanta explicación, pero así es como escribo los artículos, de los que espero que saquéis algo en limpio porque si no… pues nada, que me vuelvo a duchar y empiezo de nuevo. Si hombre.

¿DOS PREGUNTAS?

-¿Cuál es el artículo que recuerdas que más te gustó?
-¿Qué crees que es más fácil a hacer reír o llorar?

No le des más vueltas, es un milagro

Miércoles, Febrero 3rd, 2010

Todos hemos vivido e ese milagro. ¿Y cuál es?. Vamos a ver. Estás trabajando con o sin ordenador, apuntando con el único lápiz que tienes en casa unas anotaciones en un papel, en un momento dado te levantas para ir, por ejemplo, a la cocina, y cuando regresas, te lías nuevamente con el trabajo, vas a hacer un apunte y…. ¡¡¡ milagro !!!: ¿Dónde está el lápiz que lo tenías entre los dedos hace tan solo unos segundos?. Perdón por la expresión, pero acépteseme como licencia literaria que es la primera frase mal sonante que escribo en casi cien artículos, pero es que cuando esto ocurre no hay otra: ¿Pero dónde cojones está el puto lápiz?, ¿pero si lo tenía aquí hace nada, aquí mismo, aquííííííi….? Y entonces comienza una historia alucinante y desesperante.

Como si en vez de buscar un lápiz estuvieras tratando de desentrañar el móvil de un crimen no solamente te levantas de la silla, sino que empiezas con un soliloquio interminable en cámara lenta en fase autoconvencimiento: «Fui a la cocina, cogí un vaso, después abrí el grifo, luego…» y mientras lo vas diciendo en voz baja o para tí mismo vas caminando hacia la cocina como si no quisieras dejar ninguna huella, ni un rastro, silenciosamente, despacito, mirando a un sitio y a otro, escudriñando cada centímetro de la casa, cada milímetro, buscando el condenado lápiz.

¿Y realmente miras? Joé que si miras, excepto en la disquetera del ordenador, porque sabes que ahí no entra el lapicero… yo en estos casos he mirado hasta en la nevera y en el congelador con una comedura de coco total, diciéndome: «Pero si no cogí nada de la nevera», pues aunque sabes perfectamente no has cogido nada de la nevera la abres igual porque hasta crees que sin darte cuenta, a lo mejor, como un zombi, la pudiste abrir, que hasta ese punto de confianza tienes en ti, que lo mismo crees que has abierto el frigo como la lavadora, la secadora o el friegaplatos.

Y mientras buscas y no encuentras, como los sabuesos detectives te dices: «He pasado algo por alto», y nuevamente empiezas a hacer el mismo, pero el mismísimo recorrido, desde la silla hasta la cocina, examinándolo todo palmo a palmo y a lo tonto llevas ya más de media hora rebuscando mientras tu mente te dice: «¿Pues deja el lápiz y coge un bolígrafo, que tienes de sobra?».

Ay!, este es el gran misterio que encierra este milagro. No me expliques, pero no sé qué fuerza interna hay que te vuelves terco terco y no me digas porqué, tiene que ser ese lápiz. No te vale un bolígrafo, no; ni un rotulador, tampoco, ni si me apuras otro lápiz, noooooo; ni aunque te trajeran la fábrica entera, tiene que ser justo ese, ese lapicito y no otro hombre, que así estas de tozudiño.

¿Pero si es igual un boli? Sí, parece igual a efectos laborales, de efectividad; pero a efectos mentales, psiquiátricos, que realmente es lo tuyo, pues no; porque si no es ese lapicillo… pues no vale, que así te has puesto de mulo y llevas más de una hora sin pegar clavo, que en el fondo es lo que quieres.

Y cuando sucede esta situación solo caben dos soluciones: la más excepcional, la que llevas a cabo cuando este prodigio ya casi no lo es porque forma parte de tu vida y dices: «Milagro, se perdió el lápiz», y entonces coges lo primero que escriba; o, la más habitual, cuando llevas ya casi tres horas con la mente ocupada en el lapicillo ese, alguien que acaba de entrar en casa y te encuentra tirado en el sofá, comenta en plan sorpresa: «Anda, mira que gracia, el lápiz se sostiene en el borde de la pantalla del ordenador». Y entonces te levantas como un rayo, que total no sé para qué, supongo que por curiosidad, porque currar, lo que se dice currar no ibas a currar más, que si lo hicieras eso sí que sería otro milagro.