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Archivo para Noviembre, 2009

Pero estás enfermo, muerto o eres un paranoico

Sábado, Noviembre 28th, 2009

Hay cosas que no cambian. ¿Tienes un poco de catarro? Pues nada, te tomas una aspirina, y como nuevo; que te duele la espalda… pues algo habrá en la farmacia que te mitigue el dolor; un poco resfriado… un antigripal; pero tienes un bulto… pues si tienes un bulto no me digas por qué ya piensas que tienes cáncer.

En la historia de la Medicina hay miles de enfermedades que se manifiestan con un bulto, pero tres o cuatro mil, que pueden ser cualquier cosa; una pequeña infección, una imperceptible contractura, un pelo que crece hacia dentro… pues no, tú que de Medicina lo máximo que sabes es leer el prospecto donde pone «dosificación», y aún así te olvidas de cuando hay que tomarlo, estás convencido de que tienes un cáncer y que te vas a morir.

¿Y qué haces?, pues si tienes pareja le dices señalando el bulto: «¿No notas que tengo algo aquí?». Y tu tocas y dices: «Pues no, no noto nada especial». «Pero toca, toca». Y vuelves a tocar y dices, por decir: «Sí, quizás». «¡¡¡ Pero cómo que quizás !!!» (que hasta parece que estaba deseando tener el bulto) «¡¡¡ si se nota muchísimo, toca toca !!!». Y entonces al día siguiente te dice: «Pues mi amiga Mari Luz dice que sí, que se nota».

Total, que al cabo de una semana todo el edificio te ha manoseado el bulto menos quien tiene que tocártelo: el médico. Pero como ya estás en total paranoia no quieres ir al especialista para que te mire, porque estás empeñado en que te va a decir: «Le quedan dos meses»; pero además tu estás convencido que no va a ser una muerte normal, no, tu, que te crees especial, estas seguro que va a ser la peor muerte del mundo desde la invención del helado, y de ahí no hay quien te apee

Y así pasan las semanas y yo estoy convencido que al mes, vas por la calle y todos tus vecinos piensan: «Mira, ahí va el del bulto». Y como sigues sin querer ir al médico ya te adentras en el mundo de la paranoia. Si tienes hijos crees que es la última vez que los vas a ver; si observas un pájaro (que eras un bestia y lo que más recuerdas de ellos era cuando los acribillabas a perdigonazos en la aldea de tu abuela) pues ahora crees que cantan de maravilla y en un acto de remordimiento pides perdón a Dios por las salvajadas que hiciste; hasta los árboles los encuentras distintos; las plantas; las flores… menos a tu marido o esposa, que sigue sin notar mucho el bulto… todo es maravilloso.

Así que un día, no ya por el bulto, sino porque no te aguanta ya nadie, ni tu familia ni los vecinos del edificio ni los de la calle donde vives, pides cita para el especialista. Y allá vas, medio temblando, notando tus pisadas, inseguro, con frío en el cuerpo aunque haga 58º a la sombra. Te sientas en la consulta y esperas que te toque el turno y cuando entras, con una cara de esquela que no puedes con ella, le dices en voz baja: «Es que tengo un bulto».

Y te desabrochas la camisa, que con los nervios casi no eres capaz de coger el botón, te sacas la camiseta, y entonces el médico te mira, te toca y en menos de un minuto te dice. «Nada, la típica grasilla acumulada por la edad. Le voy a dar una cosa, la toma y en tres días… listo. ¡ Ah !, y no lo toque, no lo toque». «¿Qué?», dices susurrando, aunque lo has oído perfectamente mientras vas recordando todas las manos de tus vecinos. «Que no lo toque».

Y cuando llegas o llega a casa y le preguntas que le dijo el facultativo, responde: «Nada, una grasilla». Entonces, para animarla, dices tú: «A ver, me dejas ver. Pues sí que parece que… ». Y ahí, después de soportar casi dos meses el supuesto cáncer, de oírle no sé cuantas penalidades y de decirle que fuera al especialista, vas, te animas, tocas el bulto y oyes un megaestratosférico grito que te deja sordo: «¡¡¡¡¡¡¡ Que no lo toques, que no lo toques !!!!!!!!!». Jóe que carácter.

¿Que la Naturaleza es sabia?, venga ya

Miércoles, Noviembre 25th, 2009

Eso de que la Naturaleza es sabia…. será para ti, pero creo que a todos nos ha hecho una gran faena. Te miras al espejo, de frente, de lado y hasta si quieres con otro detrás para tener una perspectiva distinta ¿y qué ves? Pues te ves a ti ¿Y cómo te ves? Pues ahí está el problema. Seguro que hay alguna parte de tu cuerpo que no te gusta. Es posible que tengas una nariz un poco prominente, unos labios demasiados gruesos o finos o unas orejas un poco grandes; es decir, eres un cúmulo de pequeñas perfectas imperfecciones.

Y aquí está el asunto. Si la Naturaleza fuera sabia, o al menos quisiera hacerte un favor, en vez de unas orejas un poco grandes que tratas de disimular con un peinado que ni que lo estudiaran en Oxford, pues tendrías unas que midieran tres o cuatro metros. Sí, tres o cuatros metros; y lo que en principio sería una desgracia familiar porque al ponerte en la incubadora habría que colocar otras dos al lado para las orejas, con el tiempo verías que no.

Es cierto que pasarías algunos meses practicando el pliegue y despliegue de orejas y que en el colegio se reirían un poco de ti, pero eso… bagatelas. En cuanto tuvieras un poco de maña doblándolas y desdoblándolas y te pusieras un buen gorro calado para disimular… chaval, tienes la vida solucionada, pero más que solucionada.

Así, como quien no quiere la cosa, irías de plató en plató de televisión, te harían entrevistas y en un momento dado, en el escenario, ante un público expectante, sacas de sombrero y ¡¡¡ chass !!! lanzas las orejas al suelo y a los tres o cuatro minutos, después de una intensos aplausos, pasas por taquilla y a cobrar. Pues justo en vez de cobrar, y porque la Naturaleza no es tan sabia, tienes que pagar a un especialista en estética para que te las recorte y casi a tijera para que te salga más barato.

Y lo mismo digo de las orejas que, por ejemplo, las pestañas, que no me dirías que no te contratarían si las tuvieras de dos metros, te pones boca abajo y, como una escoba, con movimientos acompasados de los párpados limpias todo el plató…. un chollo. Pues no, eres la perfección de las imperfecciones y sin un euro, y después dicen que la Naturaleza es sabia…. venga ya.

Y de profesión… rajar

Lunes, Noviembre 23rd, 2009

Qué pasa cuando por ejemplo se produce un accidente de tráfico de un autobús de pasajeros en el que hay heridos, cuando cae una grúa por un fallo mecánico en un barrio y también hay contusionados o cuando un barco de recreo casi se hunde… pues además de acudir al lugar las cadenas de televisión, los plumillas y las radios, siempre aparece un personaje que a mí me tiene intrigado, pero mucho, y que como quien no quiere la cosa, en un instante se arroga un cargo: Portavoz.

Y los hay de dos tipos, el accidental, el que estaba allí, y que cuando hablas con él solamente te dice a gritos: «La grúa estaba mal, la grúa estaba mal, la grúa estaba mal» y por mucho que le preguntas de ahí no se apea el plasta de tío, y el profesional. Este, aunque el suceso haya ocurrido hace tan solo media hora, se sabe lo que pesaba la grúa, la fuerza que tenía, cuanto podía cargar, la longitud de la pluma, la potencia del motor, la tensión de los cables y hasta hace cábalas de la causa del siniestro… un crack..

No me digas de dónde salen estos tipos de personajes, pero hay portavoces para todos los gustos: de defensores de los anuncios contra las buenas costumbres, de los amantes de las lentejas castellanas, de la liga antianuncios en televisión, de los protectores del oso pardo o del lince ibérico. Y sí, hombre, sí, que todos estamos de acuerdo en preservar al oso pardo ese y al lince ibérico, pero como que me da que quien es un lince eres tú y quien realmente te protege es más el felino que tu a él.

Y es que a veces uno piensa: ¿Y de qué vive este amante del lince o del oso pardo que se pasa el día de cadena en cadena de televisión y de radio en radio, lo mismo a las 10 de la mañana que a las 11 de la noche, o de conferencia en conferencia?. Pues de eso, vive de portavoz, como si fuera una profesión, y hasta no me extrañaría que hubiera una especie de mafia en este asunto.

Que ocurre cualquier cosa en Almería, como por ejemplo que han aparecido muertas diez medusas, hecho gravísimo donde los haya, pues la banda, (porque para mí que es una banda), decide: «Venga Luilli, a Almería, toma este tocho de libro del mundo marino y por el camino te chapas la vida de todos los animales gelatinosos que te encuentres y cuando llegues… a rajar eh, a rajar y a rajar en defensa de la medusa. ¡¡¡ Animo chaval !!!».

Y el chaval; o sea, Luilli, llega a Almería y por arte de magia parece en todos los medios de comunicación hablando de las medusas como si viviera con ellas todos los días, aunque realmente el tal Lulli tiene un piso en Albacete. Y como esto de la comunicación crea una especie empatía, pues desde Almería hasta A Coruña, parla que te parla de las medusas. Que ocurre un incendio en Guadalajara…. pues otro portavoz que se va para allá a defender el alcornoque o los rastrojos como planta autóctona, lo que sea; un animal herido en Taramundi… otro que embarca hacia el mundo del raje.

Quizás es que yo sea un poco egoísta, puede ser, pero a mí, la verdad, tanto altruismo me sorprende porque nadie duda, por ejemplo, que los guacamayos rojos, muy parecidos a los loros y que están cerca de exterminarse, tienen su gracia; pero de ahí a dedicar toda tu existencia o parte a saber cómo anida, cómo procrea, cómo cría o deja de criar, qué come o deja de comer, lo que mide y deja de medir o lo que pesa y deja de pesar la condenada ave….. me resulta raro, y como hay tanto avispado que no está en vías de extinción, pues como que entre tanto listillo y subvención me da que aquí hay mucho portavoz encerrado.

Lo que pasa al enamorarse de una árabe (primera y segunda parte)

Miércoles, Noviembre 18th, 2009

(ALGUNOS CONSEJOS POR SI UN DÍA TE ENAMORAS DE UNA ÁRABE)

Esto de enamorarse es una historia y nunca se sabe dónde salta la liebre, que quede claro que la liebre soy yo y solo yo; lo digo para que no haya mosqueos tontos, que empiezas con una palabra inocente y se termina con un tratado comecocos que no veas.

Bueno, pues a lo que iba. Mira que no hay chicas en Galicia, en Andalucía, en Cataluña o en Miranda de Ebro, pues cuando tenía 20 años ¿dónde crees tu que me enamoré? Y no hablo de la sioux, la maravillosa aborigen con la que me casé, que sus ancestros vivían en una reserva bajo una tienda, y no precisamente de comestibles, no.

Pues para una vez que decido ir a Marruecos, voy y me enamoro de una joven, Imaine El Omari, a la que conocí en invierno y, no te lo pierdas, en una playa, que es lo má logico en invierno, claro, conocer a alguien en la playa. ¿Y en qué lugar?, pues en la localidad de Kenitra, a unos 50 kilómetros de Rabat y donde años más tarde me enteré que estaba el mayor centro penitenciario de Marruecos; que es donde yo tendría que estar, que cuando me dejan suelto….

Y claro, como ella era árabe y yo gallego, pues sino llega a ser por el francés aún estaría ahora haciéndole señas y señas para decirle «Hola». Pero el caso es que cuando te enamoras de una persona de otra cultura siempre pasa algo y si con este artículo alguien puede sacar algo positivo… pues mi amorío arabesco habrá valido para mucho más de lo que me imaginaba.

Tras conocerla (estaba con dos amigas en la playa paseando y yo con buen amigo e ingeniero de Dragados Juan Miguel Pérez Rodríguez) comencé ya con el primer choque de civilizaciones pues las invité a tomar algo y no, las mujeres árabes no van a ninguna cafetería ni restaurante, salvo que se casen y, claro, era muy pronto esposarse por mucho que me apeteciera en ese momento un refrigerio. Así que después de varias horas hablando me dio su dirección para que le escribiese cuando llegase a España. ¿Iba yo a esperar?, naturalmente que no, que uno es muy pasional y al día siguiente cogí mi coche, aparqué a unos 40 metros de su casa y allá me fui y llamé a su puerta.

Las mujeres árabes tienen fama de tener unos ojos grandes y preciosos, preciosísimos, y es cierto; pero los que vi nada más abrirme la puerta eran más que preciosos, eran impresionantes, pero impresionantes de grandes, tanto que parecían que iban a salirse de las órbitas.

Una joven que no era Imaine me cogió del brazo, tiró de mí como si fuera una servilleta de papel y me metió a toda prisa por unas callejuelas. Y allí, entre unas paredes blanquecinas como mi mente me explicó que nadie en su sano juicio (juicio árabe y siendo hombre, se entiende), va buscar una chica a su casa y menos si es extranjero. Que eso por cierto ya lo había notado yo, que nadie paraba de mirarme, pero me lo corroboró y fue un detalle, que siempre está bien que te lo digan aunque todo un país te mire y tú aún tengas dudas.

El caso es que no recuerdo otras cosas que me dijo, pero por la cara que ponía y por sus descomunales ojazos intuía que como que me iba a caer una de esas leyes raras que te dejan frito de por vida y que la única forma de evitarla es precisamente ser un estratega, yendo al meollo del asunto, a un país musulmán y vivir de por vida con un burka, que viene del árabe «¿..;.-/-. )&,?¿¿^^`.??», creo. Una ruina, pero al menos estás vivo hasta que te tengas que cortar el pelo y quitarte el prêt-à-porter ese.

A lo que íbamos, pronto descubrí que la joven de los ojos como melones era la hermana de mi amore y me explicó que si quería hablar con ella, el mejor sitio era en el mercado a la hora de la compra. Y allí me tienes, entre melocotones, naranjas Y limones habla que te habla durante horas porque hacer la compra en Marruecos es casi una profesión ya que es cuando las mujeres pueden estar más tiempo fuera de casa.

¿Y qué haces tras la compra, que te queda todo el día y te has recorrido más de 2.000 kilómetros y has visto más veces los limones que a tu amada, que era a quien realmente ibas a visitar aunque ya dudas si sería al cítrico?

SEGUNDA PARTE

Pues si con la que joven que te enamoras tiene hermanas y quieren ayudarte, con suerte podrás verla a media tarde en algún lugar lejano bajo la atenta mirada familiar para seguir hablando y hablando, que no está mal, que eso une, cierto es, pero que llega un momento que mi francés no da más de sí o no quiere darlo y…. No me digas que esto no es amor hombre.

¿Y qué hacía por la noche (o puedes hacer) cuando Imaine se iba a casa? Pues como estaba enamorado como una perdiz no hacía nada especial; bueno sí, salía a tomar unas copas, que me rio yo de que no se bebe alcohol, será del 90, porque del otro… y sobre todo pensaba en los limones, había visto tantos…. pero tantos tantos…

Total, que al cabo de un año de viajes y más viajes empecé a vivir una situación curiosa, como una doble vida surrealista. En Marruecos era un enamorado y en la frontera (cuando iba a España) estaban seguros de que me dedicaba al tráfico de hachís porque nada más ver el pasaporte con tantos sellos de ida y vuelta los funcionarios casi me desmontaban el coche. Y cuando me preguntaban porqué visitaba tanto el país alauí y les decía que «me enamoré y salgo con una chica», como que me daba la sensación que hasta el perro policía se reía de mí.

Y no lo entendía; mientras todos cruzaban la frontera y casi no reparaban en ellos, yo casi pasaba más tiempo en la aduana con la Benemérita que con mi cuore. Y pensaba: «pero si ven tantos sellos y creen que realmente soy traficante y nunca me han pillado ¿no les iría mejor ir a por otro más fácil y dejarme como un caso imposible?». Además, me decía: «Si como creen he pasado tantas veces, eso significa que nunca he traficado con toneladas, que si fuera así con un viaje sería suficiente ¿entonces por qué no se dedican a buscar a los capos?». Y también cavilaba: «No, si al final voy perder el ferry en Ceuta y aún me voy hacer narco de verdad para pagar el billete y entonces sí que me van a pillar, que soy yo muy inútil para esos chanchullos».

Pues nada. Y estoy seguro que en ocasiones aquello era para ellos como un reto, que ya podía pasar frente a ellos un tipo con una bandejita en plan «¡¡¡ Vendo, vendo, vendo choco y galletas, anisetes y almendradas, cocaína y aspirinas !!!» que lo que realmente les importaba era cogerme. Y siempre igual: ventanilla que bajas, pasaporte que enseñas, perro que se acerca y Guisande que se apea y fumando espero el hachís que yo no llevo.

De verdad que los cánidos nunca me llamaron mucho la atención, pero vi tantos perros en la aduana oliendo y reoliendo mi coche como si le estuvieran haciendo la ITV… Y que conste que tengo dos chuchos porque una norteamericana no puede vivir sin perros y su banderita de marras y barras. Ya sabes, que un día arde mi casa y allí salgo yo en el Telexornal o en la TDT o en Youtube entre cenizas con el perro palleiro en brazos y supongo que la bandera americana detrás, una música de héroe y mezclando «Yes we can» con «cajoenros, podemos».

Pero vayamos al sucedido; pasado cerca de un año… sí, amigos bloglectores, después de casi 365 días, de unos cinco o siete viajes, de ser considerado traficante y muchas cartas de amor. Después de conocer a esa chica que no era integrista pero sí íntegra, como yo…. llegó el final. No había ni Facebook, ni tuenti ni retuenti. Imaine siguió estudiando, no volví a ver a mis amigos (como Hasmish); me da que el pastor alemán sigue sin decir ni palabra de la lengua teutona, y yo… pues yo me adentré en el mundo del periodismo y sí, en efecto, me harté de soñar con limones. Un beso Imaine.

¿Y cuál es tu duda existencial?

Domingo, Noviembre 15th, 2009

A mí ya me gustaría tener esa duda de, por ejemplo, cuando vas a comer a un restaurante, plantearte: ¿carne o pescado?, o si vas a ir a un sitio decir: ¿en coche o en autobús?, y cuando regresas decidir: en coche. Pues no, va el rarito del Guisande y su planteamiento existencial en un lluvioso día de noviembre es: ¿Qué es más placentero estornudar o bostezar?.

Y yo, que soy muy sincero y noble me pregunto: ¿Pero es que se puede ser tan parvo como para tener esta duda metafísica con la que está cayendo; pero hijiño, es que no tienes otras preocupaciones en la vida?. Y lo peor es que hasta me contesto y digo: «Sí, las tengo». Y no sé si el eco o un amigo que me habla o la conciencia, pero oigo: «Chaval, estás fatal, pero fatal fatal».

Pues el asunto es que como no encontraba una solución a este dilema del bostezo y el estornudo, entonces me dije: Pues nada, ¿me voy a preocupar yo solo?, si hombre; para algo están los amigos y voy a compartir este desasosiego y sufrimiento con los bloglectores y a ver qué dicen, porque yo no lo tengo claro. Y no lo tengo claro porque el estornudo, por ejemplo, no se puede provocar, surge, a no ser que te eches esos polvillos de Carnaval en la napia…. pero no es lo mismo.

Un estornudo, pero un buen estornudo, en el silencio de una sala repleta de gente no hay quien lo pague, es una auténtica gozada y verás a tantas personas que te miran y te clavan sus pupilas en tu pupila azul que hasta pensarás que estás en un banco de ojos.

Además, cuando estornudas no es solo uno, sino que por lo general son dos o tres, y si eres un tipo con suerte hasta cuatro y cinco, cogiendo aire, bajando la cabeza y cerrando los ojos con una satisfacción… Y cuando crees que esto es lo más de lo más, te dices: ¿Y bostezar?. Pues también tiene lo suyo, hombre, que si te empeñas, abriendo y cerrando la boca despacito como un pececillo, lo puedes provocar.

Además este placer, curiosamente, lo puedes compartir ya que tiene un efecto dominó porque como alguien te ve, al poco rato, si te fijas, abrirá las mandíbulas como nunca te pudieras imaginar que existen bocas tan grandes, tan inmensas.

Pero el bostezo, si lo que buscas es la felicidad total, lo puedes acompañar desperezándote, estirando los brazos hasta que te llegan a la estación espacial MIR y doblando el cuerpo como un arco. ¿Estornudar, bostezar? Y como no atisbo solución alguna, estas disquisiciones tan trascendentales me recuerdan (aunque no tienen nada que ver con el bostezo y el estornudo) a una que decía mi amigo Gumersindo Villar, otro filósofo de la estupidez, con el que me identificaba plenamente, claro. Pero él, sin embargo, llegaba a conclusiones más o menos acertadas.

Así, un día que me encontró un poco apagado, como tristón, tras charlar un rato para animarme me dijo a modo de conclusión argumental mientras me agarraba por el hombro: «Mira Guisande, el vacío existencial es terrible; pero el estomacal, el estomacal no ha quien lo aguante». Dios, que hambre me entró y que razón tiña.

Y a tí que te da más placer ¿estornudar o bostezar?

¿Pero cómo diablos se mata un ratón?

Lunes, Noviembre 9th, 2009

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Contra los ratones, la verdad no tengo nada personal; hombre, profesionalmente no niego que me hubiera gustado entrevistar al Ratón Pérez, pero es difícil porque como a tus hijos se les cae un diente muy de vez en cuando… justo pillarlo esa noche… Así que un día pensé, si me arranco toda la dentadura y cada día pongo uno, malo será que no logre esa exclusiva. Pero también a la vez me dije, pero si dejo el periódico y me dedico a la Televisión o a la Radio, qué hago, empiezo un informativo diciendo: «Losf Filatas Sofmalífs…». No.

Y esto de los ratones viene a cuento porque en casa tengo tres; dos están controlados, pero muy controlados, que son los de los ordenadores; pero hay un tercero que me tiene desquiciado. Lo he visto más de veinte veces y el tío parece un autobús; no porque sea grande, sino porque siempre hace el mismo recorrido y las mismas paradas hasta llegar al fregadero para beber agua, supongo, que aún no he podido hablar con él.

Y en confianza me tiene desesperado porque cada dos o tres horas, en la tranquilidad de la casa, de repente oigo a grito pelado a los niños: «¡¡¡¡ ahí está ahí está, ahí ahí, mátalo, mátalo !!!!». Y te lo juro que de los sobresaltos he chocado con la cabeza en el techo varias veces; ellos dicen que no, que es imposible, pero para mí que sí, porque me duele la testa, pero quizás sea por los gritos.

No sé, el caso es que como además soy el hombre de la casa (eso creen los inocentes) pues tengo que acabar con el ratón sea como sea, como si yo hubiera nacido para matar ratones como el aficionado que está esperando a que abra la temporada de caza con la escopeta ya en la mano. Y es que incluso te aconsejan y te dicen: «¡¡¡¡ Dale con la pala, con la pala, dale, dale !!!!». Para finalmente decirte con cierto aire de fracaso: «Se te escapó». «¿¡¡¡¡ Cómo que se me escapó ¡!!!?», piensas, «¡¡¡¡ desde cuándo el ratón es mío….. !!!!»

Y de verdad que esto es una locura y una paranoia, porque también de vez en cuando dicen: «¡¡¡¡ Ahí está, ahí está !!!!»; si hombre, la Puerta de Alcalá porque lo que ven es un trozo de madera en la lareira, una ceniza, una sombra… y hasta pienso si estos niños se colocan con algún alucinógeno o el campo les sienta mal…. no sé

¿Pero cómo puedo deshacerme del roedor?, pues llevo dos semanas intentándolo. Primero compré un veneno que se llama Ratipón, pero, macho, para mi ratón el Ratipón este ni que fuera un bombón, se lo come a paladas y no la espicha. Y no digo que este veneno sea malo, sino que a lo mejor mi ratón ha sufrido ya una mutación genética y el Ratipón para él es placer de dioses. Además, como viene en bolsitas, a mí me da que cree que es un regalo o algo así.

La siguiente fase fue poner la típica trampa con el queso, que teóricamente al comerlo salta el rudimentario sistema y ¡¡¡¡ plasss !!!, lo aplasta, lo ahoga, lo machaca, lo tritura, lo decapita, lo descabeza, lo estruja… perdona por ser tan bestia pero es que le tengo unas ganas… Pues tampoco. Entonces compré otra en la que teóricamente se mete por un agujerito y también un hierrito lo destroza, ni así; y no sé como hace el tío, que se come todo lo que le pongo y ya lleva, además del queso, casi dos lonchas de jamón y un tarrina de foigrás.

Como el asunto es ya una cuestión personal, me hice con una trampa para topillos, que es un tubo. El animalejo puede entrar por los dos extremos, levanta una tapita de metal, pero luego no puede salir porque la susodichita tapita queda cerrada; bueno, pues que me lo explique el inventor del artilugio porque mi ratón entró se comió lo que le puse y salió. Entonces me hablaron de otro sistema, cola; sí, un pegamento que lo echas en una tabla y cuando va a comer se queda pegado. Pues pegado me quedé yo al ponerlo, manchándome las manos y frota que te frota con agua y jabón durante media hora para sacar aquella porquería pastosa.

Como no es cuestión de cambiarse de casa he decidido poner la bolsa de la basura cerca del fregadero, atar una cuerda al cierre, esperar y esperar y cuando entre… ¡¡¡¡ zas !!!! tiro de la cuerda y atrapado. Es como ir a pescar, pero en vez de relajado, con una tensión que no veas, con un mosqueo… el normal, como para aplastarlo, ahogarlo, machacarlo, estrujarlo, triturarlo, decapitarlo, descabezarlo, descuartizarlo… de verdad, me tiene frito, y los niños más, que a este paso ya no sé a quien matar

Como me dé un arrebato… no salgo más

Viernes, Noviembre 6th, 2009

Yo no sé ; pero como este país siga así, me encierro en casa y no salgo; palabra, no salgo más. Me importa un bledo si un alcalde se hace el harakiri, si un maremoto llega hasta Guadalajara o la fusión de las cajas de ahorros. Bueno la fusión no, la fusión esa me interesa mucho en cuanto al proceso porque me autofusiono y me retiro; y nada de a un monasterio, que hay que levantarse a las seis de la mañana y no hay túnica que aguante ese frío.

Nada, me encierro en mi casa y se acabó. Y lo tengo todo estudiado, pongo una valla electrificada alrededor de mi casa con una altura de 40 metros, pero no por temor a que pueda entrar alguien, no, sino por si me da un arrebato y tengo intención de salir al mundo real / irreal en el que ahora estoy, y con una descarga de 400 voltios al tocar la alambrada creo que será suficiente como para que me quede lelo y anestesiado una semana.

Y además voy a contratar seguridad privada, entre doce y quince tíos, más o menos, pero en vez de mirar para la calle, para que vigilen mi casa, que rastreen cada día toda la finca, palmo a palmo, por si en un momento de desesperación se me ocurriera hacer un túnel, como los de la pelis, para salir al exterior.

Y ya puestos a ello voy a instalar 700 cámaras repartidas por todas partes, pero vigilando el interior, claro, para que me localicen por si quiero hacer un espectacular plan de evasión aprovechando lo que tengo en la aldea: la vaquiñas, las lechugas y las patatas, que cuando la cabeza empieza a cavilar uno no sabe qué puede discurrir. Que a lo mejor, no me digas cómo, soy el primero que se fuga en el interior de una vaca

«Anda Guisande, sal», supongo que dirá algún amigo desde la verja. «Que no, que no salgo». «Venga, hombre, si ya llevas un mes…», «que no, que no». «Pero Guisande…», «pesadito eres, que no». Y para que me dejen en paz, como a los monos del zoo, a los que vengan les diré: «Anda, tírame los cacahuetes y el tabaco y a ver si me traes un mechero, que no veas cómo tengo las manos de frotar tanto palito para encender un cigarrillo…».

Y lo juro, que si este país sigue así, que me huele que a va a seguir y por mucho tiempo, me encierro y lo dejo todo: el trabajo, mi mujer, los hijos, los perros, el coche, la tele, el móvil…. menos el tabaco y la siesta… todo. Y el blog, bueno el blog… no sé, mientras no me habléis de lo que pasa fuera… pero a la mínima… el blog también.

Y tú ¿cuándo te encierras?

Ella, el amor, el olor, tu y yo

Martes, Noviembre 3rd, 2009

Las mujeres, cuando se enamoran, se vuelven…. no sé, como tontas; nosotros no, nosotros no nos volvemos tontos, nosotros somos tontos. Y esto viene a cuento porque mi mujer, desde que la conocí, siempre me dijo que le encantaba el olor de mi cuerpo. «Ya ves, se ha enamorado, una tontería temporal», pensaba yo. Pues no, no me digas porqué y mejor que sea así, desde que hace cinco años me casé dice que no necesito echarme colonia, que mi piel huele muy bien y yo me dejo ir porque así… bien.

Y hasta pienso que tengo suerte porque si fuera caníbal (ella, que podría serlo, porqué no) yo ya no estaría aquí escribiendo, que se empieza por oler la piel, un mordisquito cariñoso y terminan chupandote los huesecillos. Por eso está genial eso de los Derechos Humanos, sobre todo para los que midiendo 1,80 no llegamos a los 70 kilos y un viento te puede llevar desde A Coruña a Barcelona en plan ida y una bofetada en plan vuelta.
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Total que estaba yo tan feliz pensando que más que un ser humano era un perfume natural hecho hombre; vamos, un caso único en el mundo, y que el día de mañana, pues como los santos, repartirían mi cuerpo en trocitos metidos en botecitos, cuando un día me dijo: «Qué mal hueles». Y como notaba que no me estaba muriendo le pregunté que qué decía y me volvió a repetir. «Hueles muy mal, ¿qué has hecho?».

Le comenté que nada especial, que había estado trabajando en la huerta, plantando unas lechugas y recogiendo unas patatas. Entonces ella se quedó pensativa (ya se sabe que los norteamericanos… o los ayudas o no tienen capacidad de reacción) y al verme sudoroso, dijo casi a gritos como hubiera descubierto algo: «¡¡¡ Ya entiendo, has trabajado !!!>.

Entonces llegó a la conclusión (yo en un segundo y sin ayuda, bueno hombre) que olía mal porque había trabajado, sí trabajado; es decir, que según ella no pego golpe y cuando hago un esfuerzo físico pues atufo, normal, como todo el mundo. Pero claro, le expliqué que sí, que tiene toda la razón, que cuando hago un esfuerzo apesto, pero que ser periodista tiene su curre pero que darle a una tecla del abecedario en el ordenador no cansa, que si sudas no es por un esfuerzo físico, más bien será psíquico porque no tienes ideas, sufres y….. yo no sufro, y no digo con esto que sea listo, ni mucho menos; los hay listos, pero listos listos, ¡¡¡¡ buf !!! listísimos, si te contara…

Y dime, ¿cómo es el listillo de tu clase?