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Archivo para octubre, 2009

Gracias, pero siempre

sábado, octubre 31st, 2009

Podría escribir muchas ideas que rondan por mi cabeza, todas esas bobadas y no tan bobadas que te hacen y me hacen sonreír porque a mí también me sorprenden cuando se me ocurren; pero no puedo. Es como cuando veo algo injusto, no puedo callarme, es imposible. Y es imposible que siguiera escribiendo algo en el blog, otro artículo, como si fuera un día más, como si todo lo que viviera estos días no tuviera importancia.

No puede ser así, pueden más mis sentimientos. Este artículo no es de humor, es de agradecimiento, de un agradecimiento infinito, incapaz de explicar con palabras; palabras que incluso son difíciles de escribir porque los ojos se me llenan de lágrimas. Con vuestras felicitaciones habéis hecho que el niño que soy y llevo dentro sea todavía más niño y más feliz, inmensamente feliz. Porque cuando escribo no es para el aire, ni para un grupo, ni para “la gente”; es para tí, para esa persona que sé que está detrás de la pantalla del ordenador aunque no la vea, que sé que está en su trabajo, en su casa, que vive soltero, casado, en pareja con hijos, sin hijos… que tiene como yo sus problemas, sus preocupaciones, que a veces está triste y otras alegre, que se siente solo y también acompañado, que siente, vive y hace sentir y vivir.

Esto para mí es más que escribir, y es verdad, lloro y me emociono porque sois capaces de llegar a lo más profundo y lo que más puede desear cualquier persona, sentirse querido. Siempre estaré aquí, frente al ordenador, y aunque no te vea, solamente puedo decirte: Gracias, pero muchas gracias siempre. Tu amigo Guisande.

Qué bonito debe ser tener ideología

jueves, octubre 29th, 2009

Uno más o menos se va conociendo, más bien menos que más. Por ejemplo, yo nunca tendré de esas chancletas que metes el dedo gordo por el medio de una cintita. ¿Por qué? porque para mí son incómodas. Seguro que tampoco tendré rodilleras. ¿Por qué? porque nadie las lleva (normal ¿no?); pero también sé que nunca tendré de esos pantalones vaqueros elásticos que se te pegan a las piernas y te las dejan como si fueran fideos. ¿Por qué? porque «señor juez aún no he cometido ningún delito».

Y según vayamos subiendo por mi corpamen seguro que nunca utilizaré lentillas porque soy incapaz de meterme un dedo en el ojo, sin embargo tú puedes tenerlas y a pares porque yo para meter el dedo en el ojo de otro tengo una facilidad que no veas.

Y siguiendo hacia arriba, curiosamente sé que nunca tendré una ideología; pero no sé porqué no la tengo y, mira por donde, me encantaría. Y es que me ilusionaría porque si tienes una ideología piensas menos, ya naces con esas teorías que te metieron en la cabeza desde que vieron tu ecografía y casi seguro que vayas a ser feliz.

Y yo no tengo culpa. Uno nace alto o bajo, gordo o flaco, rubio o moreno, listo o bastante tonto … pues yo nací sin ideología, y qué le voy a hacer… como además no se compra… Yo sería feliz saliendo por la mañana de casa y al primero que viera comerle el coco y dale que te dale hasta convencerlo o que se vaya (pensando tú que lo has captado) aunque la realidad sea que se ha ido porque eres un plasta, pero como no te enteras… Y llegas a casa exultante pensando que has hecho algo importante por la causa.

Además, si tienes ideología tienes donde cobijarte porque si hace frío, calor, llueve, nieve o te aburres dices: «¿Y a dónde voy?». Pues a la sede, a la sede de lo que sea excepto la de Río de Janeiro, claro, y allí no solamente no pasas frío ni un calor agobiante, sino que incluso puedes seguir con tus teorías ideológicas creyendo que haces algo; porque eso es lo importante, pero en todo, en la vida misma, no hacer nada y creer que haces algo. Es genial, te lo digo por experiencia.

Yo, la verdad, iba decir que la ideología es como la fe, la tienes o no; y es así porque yo tengo fe, pero mucha, en un día, tener ideología. Oye, la vida que rara es ¿verdad?

¿Y tú también tienes este problema o soy yo solo?

Pues sí neniño, como te lo dis, USA hasta controla el pis

lunes, octubre 26th, 2009

(Este artículo forma parte de la serie de un viaje a USA. Sep 2009)

Si hace unos días me refería a cómo los estadounidenses consiguen que sus niños se cepillen los dientes utilizando la tecnología; para que dejen los pañales estos tíos hasta tienen un sistema. En Estados Unidos, por lo que se ve, las madres cuando van al parque con sus pequeños no se preguntan si es a los dos años, a los tres o tres y medio cuando hay que acostumbrarlos a utilizar la bacinilla. Quizás hablen de la situación en la Casa Blanca, de la crisis monetaria o las relaciones internacionales, porque lo que es del pis… Para qué, en USA, casi se puede decir que los pequeños dejan de hacerse pis cuando los padres quieren. Sí, cuando quieren; lo mismo en enero que en mayo, en junio que en agosto y lo mismo un lunes que un sábado, a mediodía que a las tres de la tarde. Vamos, todo controlado menos ellos.

¿Y cómo lo hacen?, pues con lo que más conocen y dominan, con lo de siempre; sí, con eso, con la tecnología. ¿Pero puede existir algún tipo de aparato para que un niño deje de orinarse y que ya no utilice pañales? Pues la misma pregunta me hacía yo hasta que lo vi. Y en este caso fue también Kylian, el hijo de mi amigo Kevin, el protagonista de lo que para nosotros es considerado una hazaña y de llamadas telefónicas a toda la familia.

Un día estaba hablando con Kevin y de paso surgió este tema tan hogareño cuando dijo: «Mañana o pasado deja los pañales». Al decirlo de forma tan categórica me asombró y le pregunté: ¿Por qué estás tan seguro que mañana o pasado?. «Porque ya compré el aparato». Con gran curiosidad le dije que me lo enseñara. Fuimos a la habitación de Kylian y allí estaba el artilugio.

Si te soy sincero, a primera vista no parecía nada especial, era de plástico como muchos orinales de los que se venden aquí. Al tacto era de plástico, nada fuera de lo común; al oído, como no escuché nada; y al olfato… pues que no era plan y decidí no utilizar ya otros sentidos. Entonces Kevin fue al baño, trajo un vaso de agua, lo echó en la bacinilla y, neniño, aquello sí que era otra cosa. ¡¡¡¡¡ Pero qué cosa !!!!.

Como si fuese magia, alrededor del orinal comenzaron a encenderse luces de coores a la vez que se oían todo tipo de canciones de Disney y, por supuesto, la del Séptimo de Caballería, que por cierto me aparté en una especie de autorreflejo, por si las moscas. Me quedé absorto, pero a la vez pensé si funcionaría con Kylian, porque una cosa es la teoría, en plan instrucciones en varios idiomas que nunca lees, porque aunque las leas no las entiendes, y otra la práctica.

Así que cogimos (yo diría que raptamos) al pequeño, lo pusimos sentado en el singular orinal, fuimos a por dos vasos de agua y echamos el líquido elemento de uno a otro para que se animara. Al rato, Kylian hizo pis, se encendieron las luces, comenzó a oír la música, miró para abajo a ver qué pasaba y lo único que hacía ere reír y reír. A partir de ese día, cuando estaba en casa, el renacuajo tenía un juego más, los padres un trabajo menos y yo continuaba con un alucine permanente desde que pisé aquél país. Y entre Sexto y Séptimo de Caballería pensaba: «¡¡¡¡ Qué tíos estos USA , hasta eso lo controlan !!!!».

El 30 cumplo 51, alucino por colores

jueves, octubre 22nd, 2009

flipo_colores

Los niños USA y los cepillos de dientes

martes, octubre 20th, 2009

(Este artículo forma parte de la serie de un viaje a USA. Sep 2009)

Los estadounidenses tendrán, como todo país, sus defectos; pero en lo que es cuestión de tecnología, son punteros hasta límites insospechados. Por ejemplo, ¿cómo hacen los americanos para que un niño se acostumbre a cepillar los dientes?, ¿a base de límpiate los dientes porque… o vete al cuarto de baño que sino… ?. No, los norteamericanos no emplean ni un posible castigo ni teorías bucodentales; tiros sí, pero broncas… ni una. Entonces, ¿qué utilizan?; pues lo que más conocen, o a lo mejor incluso lo único que conocen, la tecnología. ¿Y cómo la utilizan?, pues vayamos a un caso práctico y real.

Estaba un día en Beark Creek (Texas), en la casa de mi amigo Kevin, cuando vi a su hijo Kylian que de la boca le salían luces. Sí, le salían luces como si en vez de boca y niño aquello fueran los fuegos del Apóstol. Pensé que, como me acababa de levantar y era bastante temprano, y los periodistas lo de levantarse pronto… pues como que no, creí, digo, que estaba soñando.

Pero no, no estaba soñando, Kylian tenía luces de colores en la boca, muy luminosas, como si se movieran. Así que me acerqué a él y, en efecto, de entre sus dientes salían todo tipo de destellos. Terminó de cepillarse y entonces pude comprobar de qué se trataba. Era un cepillo de dientes; pero un cepillo muy especial porque al agarrarlo y apretarlo suavemente, por todo el aparatejo se encendía minúsculas lucecillas durante un minuto.

Después me explicaron que habían comprobado, vaya usted a saber quién, seguro que algún sesudo grupo de científicos de una Universidad de Oklahoma o de Iowa, que si un niño se acostumbraba a cepillar los dientes durante un minuto lo haría toda su vida; pero para ello hay que acostumbrarlo ¿y qué mejor forma que atraerlo con un cepillo que al presionarlo se enciendan luces de colores y que el renacuajo se sienta feliz al verlo y que lo identifique con limpiarse los dientes?.

Y así era, Kylian todos los días, más que un niño parecía una sesión de fuegos de artificio, con destellos para aquí y para allá, como la iluminación de Navidad. Vamos, que en Estados Unidos eso de utilizar el palillo… pues igual que el tema de los periodistas, y madrugar… como que no.

Sí, se llamaba James, era de la CIA, un profesional

lunes, octubre 19th, 2009

Yo, Gervasio de la Fuente e Indiragoyen, del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Baranda (Vitoria), como médico personal de Manuel Guisande, y ante su insistencia y terquedad de cumplir con el blog, le autorizo a hacer un artículo, pero lo más breve posible debido a su delicado estado de salud tras la situación ocurrida hace unos días con James, un agente de la CIA, por un artículo publicado sobre el Pentágono. Para que se comprenda perfectamente la situación en que se encuentra mi paciente es preciso, antes que nada, entrar en este enlace. Y sin saberlo… resulta que creo empleo

Puesf fasó lo queg teniaf gue pasar. LLefgó James y por suerfee fue atentof y me dio del ootro lagdo de la gara, regspetando la ofdodoncia. ¿Qué gomo vino?. Todosf ofucurrió rafidamente, muy rátpido. Una cofa no quita otra, lofg del Fentágono fon unos profesionales. Hayfg queg reconocerlo.

Bues eftaba fumando un cigarrillo en fasa cuando alfien llamo a la fuerta. Abrí y un hombre me difo: “Ferdone, es que hace mal tiempo ¿fuedo refudgiarme afí un momenfog?” Le dejé fasar. Llevaba un chubasguero verdef y una gorraff calada hagfta los ofjos. La verdaf gue me sorprendiógl porque no sé gue hacía cun chubasquero cuando hafía un galor de achigchararrse, pero como fai fegente tan rara…

De refente oif un ruifdo y for un eglespefejo vif como se bajaba la crefamallera del chubasqguero, que sonaba gomo un tren ya que le llegraba hasta lof piesg. Cuando se incorporó meg encontré a tipo foven, de unos 25 finco años, rufio, perfecgamente trajeafdo, chaquefta color azul cielo, con cornata azul haciendo juego. Delf folsillo sacó como forv arte def magia unas gafas ogscuras y me digjo. “Soy James, de la FIA, es for lo de la brase esa de Bomba, aftentagdo… ufteg ya sabe”. “Ya veo”, le congtesté. “Donf James _ dije fara ganarme su confianza_ for favor ya sé a lo que fiene. La endodoncia está en el lagdo derecho, nof se olvide”.

Y muyg poroforesional (quef confte que yo ayufdé lo mío), puse laf cara, sacó una mano del bolsillo delf fantalaónf, tan grandef confo una plaza de toros y me arreogf una osdia…. Caí alf sfuelo perof porf suerte nof del lagdo de la endodoncia. Me ayugdog a lefgvantargme y se disfculpó difiendo. “Tan pogco fue tan fuerte”, a lo que le respondí: “No fé, será que foi muygh deglbil”.

Fese al fuertefte dolorf le preguntef si conofía Galicia. Como dijo que nosf le ensegueñé la groona de Oza, quedó enfantado. Y cuando eran lag dos y y media me difo: “Vamosf, le invigvito af comer”, a log quefg le contefté. “No, fí for mí efancado, pero entra la endodoncia y la ofdia que ha me ha dado…”. “Ferdone”, respondió muyg amable. El se fomó una marisfcada y yos me fasé la comida hagciendo gárgaraf en el lafdo de efndodoncia y conf una folsa de hielog en la otra nejilla. Fue una comida inolffdiable. Fueno degjo afí el afrtífulo por frecipción fagultaftivaf. Una brafo a todosf, nosf og preocugpeis que voy mejoranfndfo mucho.

¿Por qué los espaguetis no son un vicio?

jueves, octubre 15th, 2009

En un artículo publicado en este blog (El niño y la mirada), decía que con mi padre, además de llevarme muy bien, supe que era precisamente eso, mi padre, cuando un día me dijo: «Hay una cosa que no comprendo». «¿Qué?», le pregunté. Y a continuación añadió: «Que el vino vicie…. normal, ¿pero que la calvicie?». Desde entonces, contaba, nunca necesité, para estar seguro de que era mi progenitor, ni acudir al Registro Civil, ni mirar el Libro de Familia ni hacerme la prueba de ADN. Lo que hice, que fue casi igual, fue el DNI y, la verdad, me pareció hasta demasiado.

Pues si ya estaba seguro, vamos segurísimo, ahora no tengo ni una pizca de duda porque creo que desde el más allá de la muerte, que supongo que lo que habrá será otra, he tenido una revelación paterna que me decía: «Hijo mío, los espaguetis no son un vicio», y yo sé perfectamente que este pensamiento metafísico y trascendental solamente puede provenir de él y que me la ha transmitido por esa intangible vía de consanguinidad.

Y entonces me asaltó la duda, ¿por qué los espaguetis iban a ser un vicio? Y aquí empezó el problema porque aunque presté tanta atención que me crecieron las orejas, no escuché respuesta alguna, ni tan siquiera una revelación casual en forma de pista interpretativa.

Y como tengo este problema, que es pensar, cavilé. Pues es una pena que no sea un vicio, que está el paquete a menos de un euro, mientras el tabaco está a 3, la cerveza a 1,40, el vino depende, el bingo supongo que a más, y la ruleta ni te cuento. Y es que al final descubres que los placeres, lo que te gusta, lo que te satisface, es lo caro; y de lo que estás harto, pero harto harto, barato. Porque mira lo feliz que seríamos todos si los espaguetis fueran un vicio; pues no, no son un vicio, hombre, es el último recurso cuando no hay nada en casa, cuando no se tiene ganas de cocinar absolutamente nada o cuando quieres llenar el estómago de 4.000 tíos, y para colmo pocas variantes tiene el condenado fideo: tomate y queso. Tristísimo.

Claro que para llegar a esta conclusión tardé varios días, y por el camino quedaron otros pensamientos colaterales, algunos tan preocupantes (y no me digas qué tiene que ver esto con el espagueti) como que no podemos quedar todos los españoles huérfanos, sin gobierno, porque nigún ministro se ha vacunado contra la gripe A. Y qué menos, para animarnos, y para darnos garantías de que no nos dejan desamparados que ver a todos ellos, y el Rey el primero, entrando en una ambulancia y poniéndose la vacuna esa para evitar esta muerte fatídica que nos anuncian cada dos por tres como la Coca Cola.

También con esto del espagueti tuve una reflexión extraña, irreal, aunque relacionada con lo real, con la Realeza, quiero decir: ¿De verdad seré como dice mi mujer un vago en casa? Y claro, deduje que si vivo en un país donde hay una Reina, lo normal es que sea zángano. No sé, cosas extrañísimas me produjo esto del espagueti, que hasta pensé si será un alucinógeno.

Pero como a mí no me gusta dejar las cosas a medio hacer, decir adentrarme en el mundo de la praxis. Total, que me hice un superplato de espaguetis y, en efecto, no son un vicio, seguro, pues a la quinta cucharada desistí. Y entonces, en otro momento de luciestupidez me percaté que el espagueti (además de para llenar el estómago por tres perras) es un motivo de inspiración, y como prueba de ello este artículo. ¿Y por qué lo sé?, pues porque está escrito y porque pensé en un limón y lo único que me infundía en mi intelecto es que era de color amarillo y no muy amarillo, no creas. Y como ya puestos a meditar, pues tenía tiempo, me acordé ¡¡¡¡ Cómo no !!! de mi padre, que a ver cómo le mando un mensaje de que cuando me envíe un flash del más allá, a la vez me dé una respuesta. Joé papá, es que otra como la de: «Hijo mío, los espaguetis no son un vicio», y es que me matas. Un beso.

Y sin saberlo… resulta que creo empleo

lunes, octubre 12th, 2009

Vamos a ver, porque estoy confuso, muy confuso y hasta difuso. Si creas empleo tienes trabajadores, si tienes trabajadores eres empresario y si eres empresario… ganas dinero. Eso es lo que siempre me dijeron, lo que aprendí en Economía del Derecho y lo que siempre vi. Pues lo siento por todos los economistas, no es así, ya que yo sin saberlo tengo trabajadores, creo empleo, teóricamente tendría que ser empresario pero no cobro ni un duro entonces….

También he descubierto que la sede de mi empresa es el ordenador; sí, este ordenador que tiene un capital social de 600 euros en rebajas, que mi empresa se llama Manuel Guisande, y lo más alucinante, que la mayoría de mis trabajadores son norteamericanos, algunos europeos y que esta vez no hay ninguno de Arcade. No, no desvarío y te lo voy a demostrar:

«Bomba, atentado, terrorista, 14». Si cuentas las palabras de esta frase, incluido el número, te dan 4 ¿no?, bien. Pues en este momento, mientras tú lees esto, hay como mil tipos en el Pentágono rastreando este correo, otros setecientos en la OTAN, alguno que esta haciendo una imaginaria en Burgos y no me extrañaría que estuvieran llamando ya a la Casa Blanca por un «peligro inminente».

Bueno, pues esos mil norteamericanos, los setecientos de la OTAN, el Obama y el de Burgos viven de mí, porque si escribo, por ejemplo: «Mi mamá me ama», nada, ni rastreo ni historias; pero con «bomba, atentado, terrorista, día 14» ahora mismo hay una movilización que flipas. Y en estos instantes, en los centros de seguridad del mundo, como histéricos, como las pelis, todos nerviosos están en plan: «¡¡¡¡ Alfa, alfa no lo encontramos, no lo encontramos !!!!», «¡¡¡¡ Alerta naranja, alerta naranja, pasamos a código 7, repito a código 7 !!!!», «14, qué demonios quiere decir 14, puede ser el día». Y claro, siempre está el arrebatado de: «¡¡¡¡ Tenemos que atacar, tenemos que atacar !!!!». Pero so papón, a quién vas a atacar si no sabes ni el lugar, ni dónde va a ser el supuesto atentado ni quién es el enemigo…., pues a este estúpido también le doy empleo y cobra.

Sí, todo ese personal está recibiendo un sueldo gracias a mí. ¿Y yo? Pues yo, y con perdón, que no me gusta decir tacos, estoy a punto de que entre alguien por la puerta de casa, vestido de militar o de agente secreto con gafas negras, y me dé un par de ostias por gilipollas.

Y no lo entiendo, porque hasta el que me va dar el leñazo, que es un enviado por el alto mando, también vive gracias a mí, que en vez de partirme la cara debería decir: «Hombre Guisande, a ver si pones más mensajes que van hacer un ERE en el Pentágono porque dicen que sobra gente». Y seguro que si entra hasta me lo dice, pero como estos son así, también me explicaría: «Lo siento, Guisande, pon la cara que las órdenes son las órdenes». «Pues nada, James, dijo usted James ¿verdad?. Si puede ser déme en el lado izquierdo, que en el derecho me pusieron ayer una endodoncia».

Y la verdad, que si pongo «bomba, atentado, terrorista,14» es porque en el fondo soy buena persona, pero muy buena, un santo, porque si a esa frase le añado al final: «Tarde Piaches», me veo, además de a todos ellos, a geógrafos geólogos, mineros y hasta los rastreadores del general Custer buscando el lugar. Fijo, y yo; pues eso, sin un duro.

El misterioso juego de «Facebook»

viernes, octubre 9th, 2009

Facebook dicen que es una herramienta; era boa, para mí herramienta, lo que se dice herramienta es el sacho, que quien me sigue en este blog bien lo sabe porque cambié de la ciudad al campo hace poco más de 8 meses sin tener ni idea y así me va, aprendiendo a tanta velocidad que mis neuronas están que se salen y creo que incluso alguna ha echado raíces en algún sitio porque como que me falta algo.

Pero a lo que iba, en Facebook he descubierto un juego semiapasionante en el que influye mucho la psicología y la intuición. El entretenimiento consiste en ir a donde pone «Todos mis amigos», pinchas y sale una ristra de caras de arriba a bajo como si vivieran en un edificio, que es gente que conoces o que tendrías que conocer; pero que no, que tú eres así, que invitas a todo el mundo a ser tu amigo…. pero a una caña… ni de broma.

Y entonces empieza el juego, que puede ser en plan solitario, entre dos o si te lo propones puedes invitar a toda Australia a la vez. Cada uno elige una de las caras o fotos que aparecen en la pantalla y si esa cara o foto tiene más amigos que la otra… ganas. ¿Una tontería? Naturalmente, solo faltaría, no vas pensar que aquí ibas a aprender algo; pero al menos con este pasatiempo no te cansas porque, por ejemplo, las cartas son ¡¡¡¡ 40 !!!!, sí, ¡¡¡¡¡ 40 !!!! y cuatro palos (menos que los que da la vida, pero ya son bastantes), y yo no sé tú, pero para mí son demasiadas, que con veinte…

Pero el juego de marras no es tanta tontería porque el asunto tiene su intríngulis ya que en la foto no solo ves la cara, puedes observar muchas más cosas. ¿Cuáles?, pues la edad, la pose, si sonríe, dónde está hecha la foto (si en interiores o exteriores) el tipo de peinado, si es un primer plano o está alejado, que puestos a hacer un estudio nada científico podría demostrar que es timido/a y entonces… menos amigos.

Son un montón de pistas que te inducen a pensar que uno tiene más conocidos que otros y comprobarás con sorpresa que no precisamente quien es más atractivo/a tiene más amigos. Y claro, como todo juego que se precie, al asunto puedes darle una mayor intensidad y emoción si en vez de elegir dos personas desconocidas lo haces entre dos amigos, porque siempre hay uno… como que te cae un poco mejor y pones a prueba lo que sospechabas. ¿Y qué sospechabas?, sí, justo eso que piensas, que cuando lo conociste ya te pareció medio parvo, y en efecto; es parvo, pero parvo parvo.

Pero repito que esto es simplemente un juego, solo un juego, hombre. Que no toda la gente se enchufa en Facebook para tener conocidos, que solamente es un entretenimiento, que no hay que darle tanta importancia, que es para pasar el rato, que…. lo digo porque te conozco; que sé que eres un poco bruto y no vaya a ser que hora salgas a la calle y en cuanto veas uno que estaba en Facebook le sueltes: «Anda, que a ti no te aprecia ni dios», que tú eres así de bárbaro, que te conozco.

La entrevista, la obsesión y el ascensor

miércoles, octubre 7th, 2009

Iba a decir a todos; pero a lo mejor no, a lo mejor solo es a mí, que llevo una vida de situaciones raras, extrañas y góticas que a veces pienso que es como una persecución. El caso es que, digamos más o menos, a todos nos ha ocurrido en alguna ocasión por la tarde o por la noche de un día cualquiera sientes que hay algo que te revoletea la mente, que no sabes muy bien qué es hasta que de repente te das cuenta que has hecho algo a muy, pero que muy primera hora de la mañana y en ese momento estabas tan sobao que no fuiste muy consciente de ello.

Algo así me ocurrió hace ya varios año en Vigo, cuando muy de mañana salí del piso de mi amigo Juan Casal, una décima planta en el centro de la ciudad olívica. Ya a última hora de la tarde sentí que algo había sucedido pero que no caía muy bien qué había sido. Iba caminando tranquilamente cuando de repente recordé que por la mañana, al salir de casa, había cogido el ascensor y que éste se había parado justo en el de abajo, que poco después continuó, que se volvió a parar en el siguiente y luego en otro más.

Entonces, sin poder contenerme, comencé a reírme solo por la calle. En efecto, el ascensor se había detenido tres veces. Primero en el piso de abajo, el 9, luego en el siguiente, el 8, y más tarde en otro, que inmediatamente supe cuál era. ¿Qué había ocurrido?, ¿qué era lo que a última hora de tarde me tenía en un sin vivir en mí y que me produjo tal explosión de carcajadas?.

La explicación era muy sencilla; pero solo la explicación, claro, y el asunto era que estaba tan obsesionado con hacer una entrevista a un personaje con el que había quedado tan primera hora de la mañana, que nada más entrar en el ascensor y ver los botones marqué el 986; o sea el prefijo de Vigo. No me volví loco, pero no me extrañaría que un día, como dice la policía: «Esto puede ser utilizado en contra suya».

PD.- ¿Y cuál fue tu mayor despiste?