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Archivo para Julio, 2009

«Lo que tienes es un simple virus»

Miércoles, Julio 29th, 2009

Los médicos de ahora no son como los de antes, o no saben de Medicina, saben poco, lo justo, o demasiado porque cuando voy a uno debe creer que estoy que la espicho y no me dice lo que tengo. Será para que no me quede tieso en su consulta. No sé, pero hace unos años, no tantos, ibas a un centro médico y el que te atendía te miraba, te hacía unas simples pruebas y te decía que tenías una gripe, un simple catarro o que había que hacer unos análisis porque podría ser un problema de riñón, de hígado, de pulmón, de corazón, del hueso palomo…. pero algo te explicaba de tu dolencia o malestar general y, de alguna manera, de la consulta salías algo más tranquilo.

Ahora no; ahora, y sobre todo en «verano», salvo que vayas con una pierna o las orejas ensangrentadas en las manos y la tapa de los sesos en una bolsa de deportes, lo que tienes es «un simple virus», y los facultativos además suelen añadir esa frasecilla de: «Es que esta temporada hay mucha gente con él», como si más que un virus fuera un tipo que viene a pasar las vacaciones a A Coruña. Y tú, que de lelo tiene lo justo y de luces también, porque vas a 125, le preguntas: «Sí; virus sí, pero tendrá un nombre y lo que me duele tendrá otro ¿no?». Pues no, ni nombre del microbio ni de tu dolencia; lo que tienes es «un simple virus» y de ahí no hay quien los apee.

Pero lo que no entiendo, si no te van a decir nada, es por qué ese afán de preguntarte si fumas, si tienes insomnio, si tienes la tensión alta, si tomas algo para dormir, si eres alérgico a … Pero de verdad les interesa todo eso cuando todo confluye en la condenada máxima de «un simple virus». Pues para llegar ahí a mí no me importaría que me preguntaran qué coche tienes, cuánto pagas de hipoteca, si tienes o dejas de tener asistenta y que si vives alquilado o en una vivienda propia o de protección oficial, qué más me da porque, el asunto es: ¿Pero usted realmente sabe lo que tengo o está de prácticas porque es verano y el titular está de vacaciones?.

Y al final sabes que lo que tienes no es grave; pero no porque te lo haya dicho el médico (bueno, hombre, lo quitas del «simple virus» y a lo mejor tiene que hacer otra vez el MIR), sino por una simple deducción ya que si por la consulta han ido otros como tú y varias veces, como dice el galeno, entonces es que…. si han ido en varias ocasiones (te dices todo contento y con cara de misterio) es que obviamente estaban vivos, con lo cual, además de pasar de paciente a detective, piensas que malo será que vayas a ser ahora el único petardo que acabe en el otro mundo por «un simple virus».

Pero cuando se te aclara ya todo de una forma diáfana el entramado sanitario es cuando abres el medicamento que te ha recetado y lees ese prospecto que despliegas y despliegas y despliegas y sigues desplegando hasta el infinito total.

Lo que te ha dado el inquilino de la bata blanca para el «simple virus» (Ibuprofeno, no faltaría más,  que es como un nomemarees) lo mismo vale para las varices que para las narices, para los ojuelos que para los orzuelos, para las tibias que para el dolor de costillas. Y empiezas a sospechar que de «los genéricos» no se trata tanto de una marca de esas ONGs que son los laboratorios farmacéuticos, sino de que como no se tiene ni idea o poca te dan uno que vale para todo y para todos. Sí, también para el «simple virus» que, como el médico titular, también está de vacaciones. Y es que ya lo dijo el doctor: «esta temporada hay mucha gente que está con él».

PD. ¿Y cuál fue tu aventura médica?

Yahueni Hutarovich, un caso especial

Lunes, Julio 27th, 2009

¿Sabes quién es Yahueni Hutarovich?. Pues Yahueni Hutarovich no es un pintor. Yahueni Hutarovich no es un escritor. Yahueni Hutarovich no es un político. ¿Sabes quién es Yahueni Hutarovich?. Pues déjame que le dé un poco de emoción y que llegues a la séptima línea del artículo para saberlo. ¿Crees que Yahueni Hutarovich es un ciclista?, pues sí, lo es y te llevé al huerto, que vamos en la quinta línea. Pero es un ciclista especial (biciclista decía yo de pequeño, o sea, ayer), fue el último en el Tour, llegó a cuatro horas, 16 minutos y 27 segundos del primero, que también es ganas de especificar y fastidiar al pobre de Yahueni, que con decir que llegó a cuatro horas ya va servido.

Pero analizando el resultado, en el fondo (a la derecha, claro) lo que Yahueni Hutarovich hizo en el Tour fue llegar a París con un día de retraso con respecto al vencedor; es decir, que hizo una etapa de menos porque en cada una se emplea algo más de cuatro horas. No me lo han dicho, pero estoy seguro que Yahueni Hutarovich pierde tiempo hasta cuando duerme entre etapa y etapa, que cuando vienen mal dadas vienen mal dadas, y que como que me da un algo que cuando él acaba el Tour el resto ya empieza el Giro…

Vivir con un día de retraso, como lo hace el bielorruso de Yahueni debe ser genial o al menos no debe ser tan malo. Te levantas y ya tienes un motón de correos electrónicos que te dicen: «Yahueni, tío, no pilles la línea 11 del bus que a las ocho de la tarde se la estampa con un taxi». «Yahueni, colega, no cojas el yogurt de la estantería número 4 del supermercado Astropolokovich que no se sabe cómo pero ya hay siete que se han contagiado con la gripe B». Sí, digo B, porque para cuando Yahueni pille la gripe ya hay otra nueva.

Yo no sé si es bueno o malo vivir con un día de retraso como le ocurre a Yahueni; pero yo (y es un secreto que nunca he dicho) me siento identificado con él porque soy igual pero al revés. Un hombre adelantado a mi tiempo, sí, adelantado a mi tiempo, lo digo sin rubor; pero adelantado en un segundo; eso, en un segundo, ni uno más ni uno menos: uno. Y eso es muy duro porque yo sé lo que va a ocurrir pero no me da tiempo a decirlo.

Sabes tú cuantas veces he visto, por ejemplo, que alguien en una conversación va a meter la pata y no puedo intervenir para evitarlo o que alguien por tocar algo, vete tu a saber lo qué, se contamina y no me da tiempo ni a estirar el brazo para agarrarlo …. Y que la gente, tras un percance diga: «Guisande quedó muy afectado, se le quedó una cara….». Qué afectado ni cara ni historias, un fastidio vivir de esta guisa-guisande. ¿Y qué vas a hacer, contar a todos los que vas conociendo que tu problema es que eres un tipo adelantado a tu tiempo en un segundo y que cuando pasa algo se te queda ese careto porque no te da tiempo a….? Y así día tras día, semana, tras semana, mes tras meses, año tras año y, como Yahueni Hutarovich, etapa tras etapa de la vida, sin poderlo evitar….

Porque en el fondo (ese mismo que tu y unos 50.000 bloglectores más sabemos) he llegado a la conclusión que Yahueni Hutarovich y yo tenemos el mismo problema y que pecamos de lo mismo. Él con su día de retraso, por defecto; y yo, con mi segundo de adelanto, por exceso. Pero todo exceso, colega, siempre ha sido un defecto. ¿Verdad?

PD. Pregunta Y qué tal cuando gane un francés le ponemos el himno español con la disculpa de: es como era tan simpático… pues lógicamente pensábamos que era español, pero usted perdone.

El nacionalismo, el gallego y el juez

Sábado, Julio 25th, 2009

Lo de los nacionalismos y el idioma tiene su aquél, y en ocasiones, por no ceder ni unos ni otros para comprenderse, el asunto termina como el rosario de la aurora en forma de denuncia periodística o judicial. En una ocasión, un abogado que era bastante intolerante tenía que defender un caso en la Audiencia Provincial de A Coruña y lo quiso hacer en gallego, pues estaba en todo su derecho; pero como sabía que el magistrado también era de su misma pasta pero castellano parlante, se rodeó de sindicatos nacionalistas y de afectos al idioma gallego para que si en el juicio le impedía expresarse en la lengua de Rosalía de Castro provocar un escándalo.

Y así fue. Cuando comenzó la vista oral, nada más pronunciar las primeras palabras, el magistrado le exigió que lo hiciera en castellano y al negarse el letrado, y como el juicio era público, ser armó la marimorena y el juez ordenó desalojar la sala mientras se oían improperios de fascista, españolistas y otras lindezas.

El abogado, todo orgulloso y ufano salió en loor de multitudes, vitoreado por sus acólitos y fueron a celebrar el hecho a una cafetería cercana, comentando todo lo ocurrido e ideando la misma estrategia para cuando se celebrara el juicio en otra fecha. Y así fue, éste tuvo lugar pasado unos meses; pero en esta ocasión quien tenía que decidir sobre el asunto era otro magistrado, al que lo del gallego le daba lo mismo, es más le tenía cierto cariño, pero que conocedor de lo que había ocurrido quería darle un cierto escarmiento al letrado. Este, acudió igualmente rodeado de sus correligionarios, que llenaron la sala.

Nada más iniciarse la vista oral, el abogado comenzó a hablar en gallego, momento en que el presidente del tribunal le dijo: «Perdone señor letrado. Por parte de este tribunal no hay inconveniente alguno que usted se exprese en gallego, pero como usted bien sabrá, este rico idioma tiene sus giros y sus expresiones, que aunque muy hermosas y bellas, a veces son complejas, y es posible que, a lo mejor, tales frases puedan ser mal interpretadas por este tribunal y que puedan ir, sin desearlo, obviamente, en perjuicio de su defendido». El abogado, que no se esperaba tal respuesta, se quedó mudo, momento en que su defendido le hizo una seña y le dijo: «En castellano».

Este verano… filloas

Jueves, Julio 23rd, 2009

No le des más vueltas, que si se las das te vuelves y te pierdes una nueva experiencia. Sí, ya sé que nunca vienes en invierno, solo en verano a tomar marisco (por cierto, los mejillones marisco marisco no es, pero bueno) y que tal como está el tiempo, chove que te chove… pues nada, introdúcete en el mundo invernal galaico. Olvídate de la sombrillita, del bañador, de la toalla y de la Nivea; bueno de la Nivea no, que nunca se sabe y a lo mejor terminas haciendo tostadas, que están los tiempos como para….

¿Cervecita en la terraza y camaroncito de juja? ¡¡ Va !!, un buen lacón, hombre, abrigado hasta las muelas del juicio y tu paraguas al lado o la sombrilla para que no gastes, que todos te comprendemos, que en Galicia te somos muy sencillos. ¿Pantalones cortos/bañador? Nada; pero además, en confianza, ¿tu crees que en Galicia te puedes bañar?, ¿no crees que desde de Vigo hasta Ribadeo el mar está electrificado por Fenosa, que tocas el agua y rebotas?, ¿pero no se te ha ocurrido como a mí hacer diseños de bañatas de neopreno?

Pero a lo que vamos, además del lacón un buen caldito de grelos, callos para entrar en calor, chorizo con cachelos al fuego en lareira, pegadito a las llamas, a la lumbre, a las brasas, como el momento Nescafé, pero en vez de esperando a Repsol, solamente el sol. Y de postre, pues eso, este verano, filloas, hombre, filloas, calentitas, como debe ser.

Tanta tontería del marisquito y la playita, siempre lleno de arenas y tu como si fueras un perchero llevando colgado las sillas, el cubo, el balón, la pala y el flota. Quédate hombre, que aún no sabes la suerte que tienes. Y no te desanimes, que malo será que no te tomes un pimiento de Padrón, pero de los de Padrón, de los auténticos, y te entre un verano estomacal que te dure tres o cuatro meses.

Mi vecino Gelito, un choque cultural

Miércoles, Julio 22nd, 2009

Los norteamericanos miden todo en millas, yardas, en pies, pulgadas y supongo que en pestañas y uñas; los europeos utilizamos el sistema métrico decimal y los chinos no sé ni me importan porque para lo que hablan…. En estos de las medidas, nosotros, por ejemplo, si se trata de una carretera decimos «pues tiene tantos kilómetros» y si nos vamos al espacio, a la estratosfera de la blogosfera, ya nos lanzamos a los «años luz».

Seguro que hay otros sistemas de medición, pero solo conozco a una persona que utiliza uno que es eso, único, individual y hasta diría que intransferible. Es el que usa Angelito, un vecino de la aldea al que todos llamamos Gelito. Pues Gelito, ni millas, ni yardas, ni kilómetros, ni años luz ni historias, él todo lo mide en «cajo en ros»..

Tiene que recoger un riejo de patatas de, por ejemplo, 40 metros…. pues tarda entre 20 y 30 «cajo en ros». Es tanto el tiempo que lo he visto trabajando que te puedo decir los «cajo en ros» que tarde en su cometido. Llevar un caballo del campo donde pace hasta la cuadra (unos 200 metros), entre 10 y 14 «cajo en ros»; ir a por agua a la fuente con un bidón (unos 30 metros), 3 «cajo en ros» al ir y sobre 5 al regresar porque viene cargado y más que mosqueado. Según mis datos, Gelito tiene una media aproximada de un «cajo en ros» cada diez metros y unos quince a la hora, «cajo en ros» arriba «cajo en ros» abajo, que para el caso tampoco tiene mucha importancia.

Supongo que en la Nasa, paradigma de la exactitud, todo debe estar medido y bien medido para luego acoplar en el espacio la cápsula y el transbordador, pero dudo mucho que alcancen la perfección de Gelito y estoy tan seguro que no necesito ningún estudio de ninguna Universidad de Missouri, Kentucky o Maryland para que me lo demuestren. No niego Gelito tendrá sus cosas, pero en lo que es medir… lo borda.

Lo que sí es cierto, que en los últimos dos años Gelito debe de estar actualizando de alguna forma su sistema métrico porque hasta hace poco tiempo su herramienta de trabajo era una fouciña, pero desde que ha comprado unas desbrozadora más que trabajar parece que va en moto y como que noto yo que dice menos «cajo en ros» que antes.

No sé, la verdad. Lo que sí sé es que entre Gelito y mi mujer sioux, que vivió 15 años en Francia y en casa hablamos una especie de idioma spanish-french, me están matando porque pasar en décimas de segundo de un «cajo en ros» a un «s’il te plaît» es un fuerte choque cultural, pero que muy fuerte.

¿Y quién no hizo una gamberrada?

Domingo, Julio 19th, 2009

¿Quién no ha hecho una gamberrada o, lo que nuestras madres dicen en su argot siempre benevolente, una trastada; o es que vas a ser tú ahora un santo? Pues no, hombre no, que tú también has hecho de las tuyas. Yo realmente más que gamberradas lo que hacía eran estupideces. Por ejemplo, cuando estudiaba Derecho en Santiago, una de las aficiones era subir por la noche a la catedral con algunos amigos, como Gumersindo Villar García-Moreno o Javier García Elespe, llevar instrumentos musicales, unos bocadillos, dar un pequeño concierto y echar más humo que el botafumeiro, sí de ese, claro.

También en Santiago, lo que hacíamos (y reconozco que no era muy loable), cuando estábamos sin un can era «donar» sangre para luego invertir en copas las 300 pesetas que nos daban. Y más que envida nos daba un tío al que conocíamos que tenía un tipo de sangre raro y le daban 600, pero como si le dieran 10.000 porque era aburrido……. Total, que sobre las tres de la madrugada te encontrabas sin un duro, sin sangre y supongo que más delgado y tirando a pálido. Quizás por eso de los remordimientos, ahora soy donante, pero donante de todo y en vida, para compensar, que hasta ese punto llega mi arrepentimiento.

Pero tal vez la mayor gamberrada que hice, fue ya con cierta edad a un alcalde de un minúsculo pueblecito que no atendía a las peticiones de unos vecinos que se habían quedado sin agua para sus casas, ni para el campo ni para los animales, por lo que todos los días tenían que ir a una fuente con todo tipo de envases, cuando además tenían una edad más que avanzada. Y así durante tres meses.

Como ni los escritos y las denuncias de la situación en el Ayuntamiento surtían efecto, decidí actuar, y como dice mi mujer la sioux: «¡¡¡¡ No, por favor, no pienses !!!!». Pero pensé. Así que aprovechando la fiestas patronales, el alcalde, que ya tenía unos 60 años, y pongamos que se llamaba Luis Tortueso Remolque y que tuviera un supermercado, cuando el ambiente estaba más caldeado, (verdad, qué cosas tiene el cerebro o por lo menos el mío), entregué un papelito al cantante del grupo que en ese momento tocaba en la plaza del pueblo.

Micro en mano, el pobre muchacho creyendo que hacía un acto humanitario hizo un silencio entre el público y leyó: «los padres del niño Luis Tortuoso Remolque, más conocido por Luisito el del supermercado, se ha perdido. Si alguien lo encuentra, sus padres lo están esperando a la derecha del escenario». Unos se miraban entre sí desconcertados, otros se preguntaban cómo era posible que se perdiera el alcalde con 60 años, hacían comentarios en bajo, y los más, se reían; yo… ni te cuento.

Y cuando ya la fiesta sobrepasaba las tres de la mañana, oigo en medio de otro silencio sepulcral: «Por cierto, que los padres del niño Luis Tortuoso Remolque, Luisito el del supermercado, podrían tener la delicadeza de decir si ha aparecido o no». Yo no sé si el grupo ya había cobrado del Ayuntamiento o si dejo de cobrar o si lo volvieron a contratar. Agua no hubo, eso también es cierto, pero risas…. durante semanas y bastantes.

Pero a veces no es la gamberrada, sino la idea. Un día mi padre, con el que me llevaba muy bien y al que me unía, además de lazos consanguíneos, el absurdo más absoluto, me dijo algo más o menos como lo que sigue. «Yo no entiendo esas gamberradas de romper una papelera o tirar piedras a una farola. Te imaginas el placer que tiene que ser estar en el Lugo, acercarte de noche despacito a la muralla, y no digo destrozar nada, pero darle una pequeñito puntapié y pensar que le estás dando una patada a todo el Imperio Romano……». Joé, cada vez que lo pienso…. Dios, qué placer.

Pd. Anímate y cuéntanos la tuya de forma tranquila, como sedado, piensa que este blog es un medicamento, en caso de………………….

El GPS, más peligroso que fumar

Jueves, Julio 16th, 2009

A mí allá tú, yo te aviso, pero el GPS es más perjudicial que fumar. ¿Y por qué?, pues porque fumar no lo hace todo el mundo, pero el GPS se ha puesto tan de moda que en pocos años lo vamos a tener todos, como el móvil.

Ahora, ya en la actualidad, en las grandes ciudades el GPS no solamente se lleva en el coche. Mi amigo Suso Sueiro Sánchez, por ejemplo, que trabaja en instalaciones de fontanería en Barcelona lo lleva en el bolsillo del pantalón. En vez de preguntar a alguien por una calle o un local y que el de turno se lleve un susto porque piense que lo va a atracar (que el personal de las grandes urbes está pa’ya y como te acerques se espanta), pues saca de aparatejo, pon el nombre de la vía o establecimiento y camina que te camina hasta que llega al lugar indicado.

Entonces, si llega a donde quiere ¿por qué es peligroso?. Pues por eso, porque llegar a donde quieres solamente ocurre cuando te acabas de comprar un GPS moderno, de pongamos unos 200 euros y tiene todos los planos actualizados; pero cómprate uno por 40 euros de segunda mano y hazle caso a la vocecilla de marras si vas en coche cuando dice «en el próximo cruce gire a la izquierda».

Tu gira hombre, gira, gira a la izquierda, confía en la tecnología y a lo mejor, con un poco de suerte solamente te pasa la máquina del tren por encima porque el plano que llevas es del 2004. Sí, del 2004, cuando la ciudad que estás visitando y que jamás conociste se echó a la calle en el 2006 y protestó hasta que consiguió que se hiciera un enlace del tren de cercanías hasta la zona centro, justo donde está tú, en el cruce.

Y a ti, que estabas tan feliz con tu GPS de segunda mano te sacan de entre los hierros sin necesidad de localizarte ni perros rastreadores ni nada, que ya eres el quinto papón que le pasa lo mismo y los bomberos saben de memoria donde estás. ¿Que dónde? Pues justo justo donde la vocecilla te dijo «gire a la izquierda», precisamente no, pero a unos 600 o 700 metros más o menos, casi seguro que sí. Y después dicen que fumar perjudica la salud……..

¿Para qué quieren los americanos las piernas?

Martes, Julio 14th, 2009

Nunca entendí para qué quieren los norteamericanos las piernas si allí todo se hace en coche. Sales de casa en coche, aparcas en el garaje de tu trabajo, subes en ascensor y te sientas en la mesa de tu oficina.

Cuando llega la tarde, bajas otra vez en ascensor, subes de nuevo a tu vehículo, te acercas a un restaurante donde te ponen una bandeja frente al volante y vuelves al trabajo. Y cuando finaliza tu jornada laboral regresas a casa en coche, donde, por su puesto, desde el utilitario coges la correspondencia del buzoncillo ese que parece que viven las palomas y donde también puedes dejar las cartas para que se la lleve el funcionario de correos.

Pero hay más, si prefieres hacer tú la comida y vas al megahiper, además de ir en tu vehículo, al llegar hay como unos cochecitos eléctricos que puedes subirte a ellos e ir por todos los pasillos cogiendo los productos que quieras en una canastilla que llevan delante. Pero esto para ellos no es ninguna novedad; ya lo aprenden de niños, porque para los más pequeños hay unos carritos que tienen en la parte delantera una carrocería de plástico como de un camión, con dos asientos, se meten en él y mientras tú empujas ellos creen que van conduciendo.

Si además de estas comodidades estás cansado, pues por doce dólares tienes una patrulla de coreanos por todas las instalaciones que te dan un masaje de 15 minutos; pero si quieres algo más barato, por un dólar te sientas en una especie de sillón y durante 15 minutos el artilugio vibra, te mueve las costillas presionando suavemente, te medio estruja la columna vertebral y así todos los huesecillos conocidos. Y si aún así sigues cansado, o eres un vago redomado, pues nada; para relajarte te vas unos locales donde metes los pies en unas palanganitas de colores que contienen agua tibia mientras te cortan el pelo, por ejemplo.

Y así viven estos amantes de las hamburguesas y pioneros del colesterol, entre no hacer nada y no hacer absolutamente nada. Está bien, vale, quizás exagero cuando digo que no entiendo para qué quieren los norteamericanos las piernas, pero de lo que sí estoy seguro es que con una sola les sería más que suficiente.

Mucho Nacho, mucho Nacho, mucho Nacho es, es

Domingo, Julio 12th, 2009

En España, hace ya bastantes años, en la década de los setenta, cuando yo era un chaval, de repente en la televisión (en blanco y negro, claro) con una voz de disco antediluviano informaban que, por ejemplo, «El joven palentino Nené Aguayo gana el maratón de Stuttgart». Entonces lo primero que el personal pensaba era, ¿quién es Nené?, para luego (pues viajar no viajaba nadie), interrogarse ¿Y dónde está eso de Sturtar o Estrugar o como se llame?.

Despejada la segunda incógnita, que no importaba nada, pero nada de nada, porque como mucho el turismo que se hacía era ir al bar de enfrente, todos se centraban en quién diablos era ese tal Nené que había vencido a no sé cuantos extranjeros porque por aquél entonces, a los de más allá de los Pirineos se les veía como si fueran de otra galaxia, casi seres superiores.

Nené aparecía entonces en televisión y mientras los otros competidores tenían un físico atlético impresionante y una musculatura envidiable, nuestro héroe nacional, Nené, era escuálido, con granitos en la cara por la varicela, pelo negro como pegado a la cabeza, ojos pequeños con un cierto estrabismo y uno o dos dientes rotos que sobresalían y no precisamente por comer. Y pensabas que si ya era meritorio que hubiera ganado, más que lo dejaran inscribirse para competir sin hacerle antes una analítica para saber qué era exactamente lo que había detrás del dorsal 122. También entonces (obviamente la dictadura aprovechaba todo), a Nené se le hacía una entrevista que duraba la tira y según iba hablando se atisbaba cómo funcionaba este singular país.

Nené, que había ganado el maratón, empezaba a contar (desde luego nada de un centro de alto rendimiento, era boa) que su padre era panadero, que comenzó repartiendo barras por las calles del pueblo y que cada día recorría entre 6 y 10 kilómetros con mollete de pan para aquí mollete de pan para allá. Luego, según explicaba al entrevistador, su padre se vino a más, y ante lo bien que iba el negocio familiar empezó a vender también en los pueblos de alrededor. Así que Nené fabricó una mochila en la que metía 30 o 60 panes y a patear todo el día Tierra de Campos.

Total, que Nené se hacía un maratón al día sin darle la mayor importancia. Entonces ocurría algo misterioso que iba a cambiar radicalmente la vida de Nené y de otros muchos nenés de la época. No me digas ni cómo ni cuándo, impepinablemente siempre aparecía «un señor»; sí, no se llamaba ni Juan, ni luis, ni Gabriel, ni Manolo, era eso, «un señor» que un día vio a Nené, que estaba seguro que tenía cualidades, que hablaba con sus padres, lo subía a un coche y se lo llevaba a Madrid o a Barcelona. Y allí, en unas semanas, sin los 10 kilos de pan en la chepa, Nené volaba y al mes ya estaba participando en competiciones por toda Europa.

Bueno, pues yo soy un Nené blogero de la vida (aunque algo más agraciado físicamente, creo), tanto como que un día no sé que hice que me autosuscribí a mi propio blog y tengo miedo darle a un botón para desautosuscribirme y que todo esto se vaya al tacho. Y como Nené bloguero que era y soy, cuando me hacen un comentario…. allá voy yo directo tropezando por la casa a contestar y estoy tan ilusionado que la respuesta es más extensa que el artículo que escribí, pasan 5 minutos…. y ya estoy mirando las entradas, llego a 800 hits al día… y no tiro bombas de palenque porque el recuento final es a las doce de la noche y no es plan.

Pues en medio de esta inocencia e ignorancia supina blogosférica, como a Nené, en mi vida aparece «un señor», pero con nombre y apellidos, Nacho de la Fuente, que me pone un día a las doce de la noche en su blog La Huella Digital  y al día siguiente por la mañana, a eso de las 10, de los 800 hits que suelo tener en todo un día ya van 1.200, y tengo tantos comentarios que necesito una secretaria para redactarlos.

Pero tiene su lógica porque tu abres el blog de Nacho y si en vez de apartados, etiquetas o como le llamen, cada una de ellos tuviera una luz sería como la cabina de un Boeing 747. Nacho de la Fuente controla todo lo controlable, que si el Twitter y el reTwitter, el ipho y la reipho, el enlace y el reenlace, y es tanto lo que domina Internet que no solamente le dieron en Alemania el Premio Internacional BOBs 2006 al mejor blog en idioma español y en el 2008 por el mejor blog del año en el II Congreso de Webmasters de Madrid, sino que cuando lo veo y le doy la mano me da calambre; de verdad, dicen que no es posible, que Internet no tiene nada que ver con la electricidad, que es una sugestión mía, que… pues digan lo que digan yo siento calambrazos, ¿será por eso de la Red?. No sé.

¿Que cómo es Nacho realmente como persona, además de un buen profesional?. Pues Nacho es, eso, mucho Nacho, mucho Nacho, mucho Nacho es, es; mucho Nacho, mucho Nacho, mucho Nacho es, es.

PD. No me puedo olvidar tampoco, en estas ayudas blogosféricas, de muchos, pero muchos y muy buenos amigos, y de dar también las gracias a Francesc Pumarola Campeny, jefe de área de Canal Voz, que me ofreció crear un blog; al gerente de Canal Voz, Manuel Moreno Berguer, que me apoyó en la idea, así como al subdirector de La Voz de Galicia y mandamás de todo el tinglado digital, Carlos Agulló Leal, que a veces da las oportunas órdenes (por cierto muy, pero que muy bien dadas; vamos, perfectas), para que mi blog se ponga en Facebook y se dé a conocer.

Los médicos y el inglés me matan

Jueves, Julio 9th, 2009

Cuando usted va al médico es porque tiene un problema. Lo mismo me ocurre a mí, pero a diferencia de usted yo entro con uno y salgo con dos. ¿Y por qué? Por el inglés; sí, por el inglés.

Como ya conté en otros artículos mi mujer es india americana, de Ohio (Estados Unidos), más exactamente de la tribu sioux (que por cierto debe de ser la única que quedó viva porque yo de pequeño me los cargaba a todos cuando jugaba a los vaqueros), y aunque es enfermera se dedica a hacer traducciones de español, francés e inglés, pero no al mismo tiempo, lo digo porque hay gente para todo.

El caso es que como no confía en los médicos pues cuando tengo alguna dolencia insiste en acompañarme al especialista. Yo digo que no, que el que está mal soy yo y que si muero soy yo y no ella; pero ni así. No hay forma, así que cuando voy al médico realmente no voy, sino que vamos, como si fuéramos hermanos gemelos. Hasta ahí no hay el menor problema, pero en cuanto nos recibe el facultativo el asunto cambia.

Ya me puedo estar pudriendo por dentro, estar a punto de una trombosis, un infarto o una ceguera irrecuperable que el experto en Sanidad lo primero que pregunta y no falla es: «¿Y de qué país es usted?». «Y a mí qué diablos me importa que usted sepa o deje de saber de donde es mi mujer, si estoy aquí hecho fosfatina, con un dolor que estoy por saltarle a la yugular», pienso. Pues nada, como si hubiera ido a un balneario a tomar las aguas, como el médico hace mucho que no habla inglés, entonces aprovecha para practicar, pero como además ambos son del ramo de la Sanidad… pues qué quieres que te diga, habla que te habla y yo como un parvo escuchando sin entender nada.

No exagero, pero he estado en tantas camillas sentado viendo como mi mujer y los médicos hablan en inglés de mi dolencia y yo sin enterarme que podría ahora mismo decirle cuáles son los modelos, marcas y tipos de camilla más cómodas. Las he visto de todos los colores y formas, acolchadas, sin acolchar, con un agujero a la altura de la cabeza, con otro a la altura de las piernas, con reposacabezas, sin él…. Yo de mis enfermedades saber sé lo justo; o sea, nada, pero de camillas….. pregunte, pregunte.