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Archivo para junio, 2009

¿España-USA?, ¡¡¡¡ pero por qué !!!!

domingo, junio 28th, 2009

¿Cuántas son las posibilidades de que España juegue un partido oficial de fútbol contra Estados Unidos en el que uno de los dos tiene que quedar eliminado?, ¿una entre cien millones…. dos? ¿Y que seas gallego y que justo esa circunstancia futbolera coincida con que estás casado con una norteamericana?. ¿Una entre mil millones, cuatro?.

Pues quizás aún más porque como me explica muy buen mi amigo y compañero Pablo Gómez Cundíns, que está en la sección de Deportes de La Voz de Galicia, «son de continentes distintos y, salvo un mundial o un campeonato de Confederaciones, no es posible», para añadir con ironía, «así que no te preocupes más». Pues pabliño, no me preocuparé más, pero me tocó. Y como me tocó pues vi el partido entre España y Estados Unidos creyendo que más que en una aldea de Galicia estaba en Oklahoma o en Aiowa, oyendo a todo momento «¡¡go, go, go, go…!!!» (¡¡¡ vamos, vamos, vamos !!!), «show me the colors» (que es algo así como «por tu bandera, por tu país») «¡¡¡ come on baby, come on baby !!!» (¡¡¡ vamos chico, vamos chico !!!). Si mi padre, que era de Castilla y no conoció a mi mujer, levantara la cabeza……….

Pero si sabrán poco o nada de fútbol en el país de los cohetes, que en una ocasión estábamos en un bar y jugaba no sé qué equipo contra otro cuya camiseta llevaba rayas verticales y al verlos mi mujer dijo: «¿Por qué hay tantos árbitros?». «¿Arbitros?», pensé. Y entonces comprendí que pensaba que eran los colegiados porque en el fútbol americano, aunque llevan pantalones hasta la pantorrilla, la camiseta es de rayas verticales negras y blancas.

Claro que el día del partido entre Estados Unidos y España reaccioné tarde, porque es tal el desconocimiento que tienen de lo que ellos llaman soccer, que cuando acabó el encuentro y los del banquillo invadieron el campo, me preguntó: «¿Qué pasa?», «pues qué acabó el partido», contesté, y entonces se puso a bailar como lo hacen los jugadores de fútbol americano tras hacer thas down, con ese swim tan particular y bello, porque una cosa no quita la otra. Sí, me faltaron reflejos, porque si espabilara le hubiera dicho que no se acabó, que es el descanso, que hay una tercera parte que se juega en septiembre y si cuela…. pues cuela. Y tras el fútbol empezamos a hablar de los deportes, que si en baloncesto España y Estados Unidos, que si esto y lo otro y al final me quedó una duda y pensé que estos tíos deben ser un poco torpes. Bastante torpes porque cómo es posible que en un país, que está armado hasta los dientes y son 300 millones, no tienen un campeón del mundo de tiro al plato. De verdad que no lo entiendo, o quizás sí, porque es al plato, que si no…..

Si sigues así, dimito

viernes, junio 26th, 2009

Sí, como dice el título de este artículo, si sigues así, dimito. Tanta historia de la blogosfera, tanto Internet, tanto youtube, tu tuviste y él tuvo (que por ciento no tengo ni un can, ni un chus, nada o nel, que fue lo que me dijo el último delincuente que me atracó) y apenas unos comentarios…. ¿pero de qué vais?. Como mucho, lo máximo que leo es en el Facebook ese, en «me gusta», como si en vez de escribir artículos vendiera helados en plan «¿y este de qué es?. Qué rico, me gusta».

Hombre, yo no digo que tengáis que decir todos los días que os encanta el blog, que es una maravilla, que no habéis visto cosa igual desde la invención de la cometa y que ya era hora que en el mundo de las letras contemporáneas, y sobre todo hispanas, hubiera alguien que… no, tampoco; os lo agradezco; pero de ahí al silencio total, al mutismo más absoluto… ¿pero esto de la Red no iba de interrelacionarse, de conocerse, de la globalización intercultural, de la unión y amistad de las gentes del mundo y otras gaitas?.

Joe, pues yo que soy de la época de la Olivetti no pido mucho, pero que me digáis de donde sois, que me dedico a tal o cual cosa o incluso si queréis ponerme a parir… pues bien, vale, de acuerdo, pero solo recibir tres o cuatro opiniones en casi una semana cuando además según las estadísticas tengo unos 600 hits al día…. que por cierto esto de los hits es un lío explicarlo, pero viene a ser (según pude entender, que seguro que mal) las veces que pinchan en los distintos artículos las personas que entran en el blog. Bueno, seguro que no es así; pero da lo mismo, a lo que vamos: Tú sabes de mí, por ejemplo, que estoy casado con una india americana de la tribu sioux, que vivo en una aldea de 11 habitantes, y hasta puedes ver esa foto en la que estoy mirando a lo alto como si hubiera perdido algo en un tejado o buscando no sé qué, y que por cierto todas mis compañeras del periódico dicen que está muy bien, la foto, obviamente …… pero yo, ¿que sé yo de ti?. Cero; aprovecha y por lo menos, si no me quieres contar nada, poner en el blog vuestros emails y con la disculpa de «yo también leo al petardo de Guisande», pues os conocéis, os liáis, os invitáis a casa, os enamoráis, os casáis, os fugáis o si tenéis ganas os vais de camping… yo que sé, hacer lo que queráis pero que vea que hay alguien ahí detrás de la pantalla del ordenador. Es que para escribir como lo hacía en el periódico de papel, que no sabía si me leían, ni quién, ni dónde, ni cuándo, ni cómo…. pues lo dicho, si sigues así, dimito. ¿Blogosfera, Internet, Red…..?. Venga ya.

Por cierto, que si lo que quieres es ponerme a parir y te da no sé qué, no te preocupes hombre, anímate que es muy fácil, te ayudo y elige la opción, pero por Dios, por los vientos alisios y monzones, di algo:

1 «Guisandiño chuliño»
2 «Plastita que eres Guisandejo»
3 «Vaya, vaya guisandillo-pardillo, echando broncas al personal…si ya se te ve la cara de parvo que tienes en el blog, jajajaja, parviño, parviño»

Cuando vives «el momento pailán»

martes, junio 23rd, 2009

Ya puedes viajar lo que quieras que cuando menos te lo esperes vivirás «el momento pailán*». A mí me sucedió en Estados Unidos, en una localidad que se llama Bear Creek, en Texas, en la casa de mi amigo Kevin. La vivienda era la típica de esas que se ven en televisión: el garaje a la derecha, la entrada a la izquierda y un terrenito de unos 60 metros cuadrados frente al inmueble. En la primera planta las habitaciones y en la parte de abajo un inmenso salón con su cocina, una barra americana y todos los electrodomésticos que uno pueda imaginar y que se podían utilizar con un mando. Para que no faltara nada, en la parte trasera, que no se ve en televisión, hay un campito donde suelen instalar una pequeña piscina y una canasta de baloncesto con los colores de la bandera americana por si quieres hacer un triple o un aliup. O sea, la felicidad total.

Como en la casa no se podía fumar, la solución era salir a fuera, echarse uno o dos cigarrillos y volver a entrar. La verdad es que no los saboreas mucho, pero… algo es algo. Así más o menos fui tirando la mañana del primer día de mi estancia en USA, entrando y saliendo de la vivienda para nicotinarme.

Todo estaba perfecto hasta que a las doce de la noche, cuando mi amigo ya estaba dormido, decidí fumar un pitillo. Así que bajé despacito, sin hacer el mínimo de ruido con la intención de salir fuera para no dejar rastro alguno de humo. En puntillas me acerqué a la puerta y al abrirla ¡¡¡¡Noooo!!!. Comenzó a sonar una estruendosa alarma. Ni que decir tiene que mi amigo bajó a toda velocidad y me encontró en calzoncillos, en camiseta y con un paquete y un mechero en la mano, simplemente, penoso. Desconectó la alarma y me explicó lo que tenía que hacer para que no funcionase si quería fumar. Abrió una caja que estaba oculta en una pared y me empezó a decir qué botones debía pulsar y, al segundo, le dije: «Déjalo, no fumo», a la vez que pensaba que aquello era más complicado que el manual de la BlacBerry, que son 278 páginas.

Al día siguiente, al levantarme, me encontré solo en casa ya que mi amigo había ido a trabajar y no volvía hasta las siete de la tarde. Desayuné y cuando iba directo a la calle a echar un cigarrillo pensé: «¿Y si salgo y la puerta se cierra automáticamente, porque aquí todo es automático, y no puedo después entrar?». Y también al momento cavilé: «¿Y si mi amigo tiene un sistema que si abro la puerta suena la alarma y, como es el primer día que estoy aquí, se olvidó desconectarla?». Y como el asunto iba in crescendo me cuestioné: «¿Y si suena la alarma y como no sé desconectarla vienen los vecinos, y como no sé inglés y estos están armados hasta los dientes y creen que soy un ladrón me fríen a tiros?». Estaba ya en total paranoia cuando me dije: «Abro la puerta y que sea lo que Dios quiera, pero yo fumo con o sin alarma». Me armé de valor, me acerqué a la puerta, agarré la manilla, abrí rápidamente y…. no sonó la alarma.

Pensaba que todo había pasado cuando entonces me asaltó otra duda existencial mientras encendía el cigarrillo y con un pie sujetaba la puerta abierta: «¿Y si ahora la cierro y mi amigo tiene un sistema que no se puede abrir tras cerrarla o tiene una alarma que previamente hay que desconectar siempre que se entra en el día por primera vez?». Así que estirándome como pude cogí una maceta que había cerca y la puse entre la puerta y la entrada y así quedó hasta las siete de la tarde. Cuando llegó Kevin le expliqué lo sucedido. No me llamó pailán, porque no sabe lo que significa, pero seguro que sí hick, que más o menos es lo mismo.

*Pailán (Palurdo, cateto), palabra gallega que más o menos viene a significar aquella persona carente de cultura y de pocos modales que se cree todo lo contrario.
*Cuéntanos tu caso

El preso, el juez y el permiso

viernes, junio 19th, 2009

Los presos suelen pedir permisos al juez de Vigilancia Penitenciaria para pasar unos días fuera de la cárcel; es casi su obligación, como para algunos intentar fugarse, ya que es algo inherente al cargo, y otros evitarlo, otro tipo de cargo, claro. Unas veces con razón y, otras, poniendo cualquier excusa a ver si cuela, envían su solicitud al juzgado y esperan la respuesta. Pero en ocasiones, cuando el juez visita el penal, son ellos mismos los de que palabra se lo piden.

Una vez, en una de esas visitas, un recluso pidió unos días libres. El juez, que entonces en Galicia era Manuel González Nájera, miró el informe del centro penitenciario, cómo se había comportado, el delito que había cometido… y tras pensarlo un poco en medio de un silencio sepulcral se lo denegó. Otro levantó la mano y también pidió un permiso. Nuevamente el juez miró el tocho de papeles y sin más miramientos, al instante se lo concedió. Entonces, al que no se lo había otorgado, levantó nuevamente la mano y visiblemente molesto le dijo: «Señor juez, yo no entiendo esto».

«¿Qué no entiendes»?, le preguntó el magistrado, al que le gustaba tratar a los presos de tú. «Ese hombre al que le ha dado el permiso mató a su madre, a su madre, y a mí, que solamente robé unos radiocasetes, nada. No lo entiendo», explicó el recluso. «Pues es muy lógico», comentó el juez, para luego continuar. «Es cierto que él mató a su madre, pero como madres solo hay una, qué va a hacer, nada; pero tú, vamos, tú en cuanto salgas hasta me robas a mí el radiocasete». Posiblemente lo entendió.

Mi madre, tú, yo, el blog y la miñoca

jueves, junio 18th, 2009

Yo pensaba que era periodista, pero desde que tengo este blog he descubierto gracias a mi madre que no sé muy bien si realmente lo que soy es pescador o mago. Y es que desde que un día llegué a su casa con un portátil y le expliqué cómo funcionaba el blog, con sus estadísticas y otros datos, de vez en cuando me llama por teléfono y, en vez de decir, cuántas «visitas» o «entradas» he tenido, su frase es: «Y hoy, ¿cuántos picaron?». ¿Picaron?, sí, picaron, y la verdad es que desde entonces, cuando escribo, sino creo que soy David Copperfield, me siento miñoca y usted, pues usted, que según mi madre es el que pica, será una sardina, un pancho o un lorcho, que quiera que le haga, lo digo como lo siento.

Yo comprendo que a mi madre, Teresa o María Teresiña, como a otras muchas teresiñas del mundo, esto de la Blogosfera les queda muy pero que muy lejos.Y cómo no les va a quedar muy pero que muy lejos a unas personas que nacieron en una época en la que casi no había automóviles y en unos años vieron como el hombre caminaba por la luna y de un día para otro les cambiaron hasta el padrenuestro….

Para todas esas teresiñas esto de Internet es alucinante y también para mí, la verdad, que un día no muy lejano fui a preguntar por una PCU a una tienda de informática y al tipo que estaba detrás del mostrador (y creo que desde entonces aún sigue allí sin pestañear) le dije PVC, y tan feliz me quedé, pero esta es otra historia.

Como digo, para mucha gente el cambio ha sido estratosférico. Antes, cuando hablabas por teléfono con alguien que, por ejemplo, había ido a una fiesta, le preguntabas: «¿Y estuvo menganito?», si había estado te decían: «Sí vino y lo pasamos muy bien con él. Es simpatiquísimo». Ahora ya no hace falta que te contesten; ahora, vía multimedia, te mandan una foto del susodicho en la fiesta o un vídeo donde descamisado, con una copa en una mano y un gorro de cartón en la cabeza te dice a grito pelado. «¡¡¡Sííí, estoy aquí y os quiero mucho, guajuuuuuuu!!!». Lamentable.

Pero hay más, antes, las mujeres, cuando salían de compras y regresaban a casa, luego hablaban con sus amigas por teléfono y las explicaciones eran flipantes: «Pues vi una falda plisada, y una camisa de lino, con tirantes cruzados por detrás, haciendo un dobladillo en forma de espiga, pero al bies….» Y así la conversación podía durar horas, días y semanas y lo más increíble, se entendían o creían entenderse. Ahora no, ahora ni plisadas ni bies ni dobladillo ni el famoso escote «palabra de honor», te pueden enviar de la prenda que viste unas tres o cuatro fotos al móvil y… casi como el de la tele: «Así la hemos visto y así se la hemos enviado».

Y si nos alejamos en el tiempo, a los años cuarenta o cincuenta, el asunto ya sobrepasa lo imaginable. Entonces, cuando alguien quería ponerse en comunicación telefónica desde Madrid con una persona de, pongamos Huesca o Guadalajara (por cierto, ¿Guadalajara existe, alguien conoce a una persona de esta ciudad?), pues a la casa del oscense o del guadalajareño llegaba el cartero con una notificación en la que se indicaba que al día siguiente, a tal hora y no a otra, iba a recibir una llamada en Correos; y el personal esa noche ya no dormía pensando en qué le iban a decir desde la capital de España. Ahora… ahora ya puedes estar paseando por la playa, visitando un museo o estar en el cuarto de baño que hasta allí llegan las llamadas, no te dejan vivir, muchas veces molestan, cansan, incordian e interrumpen una conversa……. perdón, suena el móvil, seguro que será mi madre, le diré, querida sardina, pancho o lorcho, que hoy «picaron» bastante, pero bastante, en el blog de la miñoca. ¿No?, sí.

Un catedrático y un alumno muy especiales

lunes, junio 15th, 2009

En los años cuarenta, en Santiago de Compostela no había muchos estudiantes y los que había prácticamente se conocían todos, incluso a los catedráticos. En esa época había un estudiante de farmacia que tenía unas tías en un pueblo de Castilla, de poco unos mil habitantes, y sabía perfectamente que, una vez terminada la carrera, su futuro sería la botica de la villa. Dicho de otra manera, que si terminaba los estudios, la jarana y fiestas estudiantiles se acababan y comenzaba para él una monótona vida detrás de un mostrador. Por ello, aunque le faltaba una asignatura, siempre la suspendía, pero para demostrar a sus tías que había cateado tenía que presentarse al examen y mostrar la papeleta con el suspenso.

Durante siete años fue acumulando insuficientes, de la misma forma que fue manteniendo una gran amistad con el catedrático, hasta el punto que ya, por diferencia de edad con el resto de alumnos, se hicieron amigos, tanto que de vez en cuando tomaban las tazas juntos por las calles compostelanas y acudían incluso a alguna fiesta.

Un día, el cuasisenil universitario se presentó por enésima vez al examen, que era oral, y se recostó en la silla que estaba en la tarima. Tan cómodamente repanchingado estaba, con las piernas cruzadas como si estuviera tomando un café, que el catedrático y a la vez amigo, con fina ironía le dijo para mantener las formas antes el resto de los imberbes alumnos: «Perdone, ¿usted a qué viene, a examinarse o a fotografiarse?», a lo que él, si cambiar su postura respondió: «¿Y usted qué es, catedrático o fotógrafo?».

Una boda típicamente francesa

viernes, junio 12th, 2009

Una boda en España al estilo francés sería imposible; ¿por qué?, ¿porque dura dos días?, no; ¿porque se bebe y come demasiado?, bueno hombre, no somos nosotros bestias, tampoco. Entonces, ¿por qué?. Pues sería impensable porque en Francia hay dos tipos de invitados, los que acuden a lo que llaman «Vino de Honor», que se celebra en un hotel cercano a la iglesia donde la pareja se promete mutuo amor, y al que van los conocidos, y la Recepción (lo que para nosotros es el convite en sí), que es para los íntimos, con lo cual ya te puedes llevar el palo de que te creías «íntimo» y eres solamente «conocido», que tal y como somos los españoles esto sería ya suficiente para que hubiera casi tiros entre las familias, que no somos nosotros poco vengativos cuando consideramos que nos han hecho un feo.

Pero claro, el asunto, en el plano individual, puede ser peor, porque tú estabas convencido de que eras solamente un «conocido» (y contento estabas con ello porque el tío ese que un día te presentaron, para ti era un petardo), y resulta que no, que, cosas de la vida, le has caído genial y eres «íntimo» y, como í«ntimo» que eres, pues nada, a ir a la Recepción y a pasar dos días comiendo y bebiendo a lo salvaje quieras o no quieras. Toma, por simpático.

¿Y cómo es la Recepción?. Pues esa es otra historia ya que depende un poco de la boda. Si tiene un cierto nivel te llevan a unas instalaciones (por lo general colegios mayores que están en las afueras de las ciudades) donde hay tropecientas habitaciones y cada uno coge la que quiere; pero si el enlace es un poco más corriente, entonces, frente a donde se celebra el convite aparcas tu coche, sí, el coche, como lo oyes o lo lees (como quieras) y comes, bebes, bailas, echas una cabezadita dentro del vehículo y, si puedes salir… pues vuelves a comer a bailar y a beber, y así casi 48 horas.

¿Y hay algo más que diferencia a las bodas francesas de las españolas?, pues naturalmente que sí, la forma de celebrarlas. En Francia la gente se levanta, se agarra por los hombros y se pone a cantar balanceándose de un lado a otro como si estuvieran en el Fondo Sur del Aleti o del Vilapasar F.C. También, cuando menos te lo esperas, cualquier excusa es válida para oir el típico «hip, hip, hip… urra; hip, hip, hip.. urra», que por lo visto no es exclusivo de Gran Bretaña, y se hacen concursos, entre los que no faltan imitar al gallo, símbolo nacional del país, y que para ellos es un momento cumbre de la fiesta. Y como la pareja no iba a ser menos, al ya matrimonio se le hace pasar (eso ocurrió en la boda que fui) por una peculiar prueba, que más o menos es como sigue. Los novios se sientan (en sillas, claro) en medio del salón de baile, espalda con espalda, se descalzan y cada uno lleva en una mano un zapato negro y en la otra uno blanco. A continuación se les hacen las típicas preguntas picaronas. Por ejemplo: «¿Quién es más ardiente haciendo el amor?». Entonces ambos levantan a la vez el zapato que quieren. Si la mujer, por ejemplo, iza el negro (que representa al hombre), significa que es su marido el más pasional, si es el blanco, que es ella, y si levanta el negro y el blanco al mismo tiempo, que los dos por igual. Y lo mismo hace el hombre, pudiendo así comprobar los invitados el grado de compenetración que tienen los recién casados.

¿Y qué se come y se bebe?. Por lo general son platos fríos, en plan bufete, con una presentación alucinante, y luego, dependiendo de la zona, pues además de vinos de todo tipo, en Normandía, por ejemplo, sidra, por ser una zona eminentemente manzanera. Y así, a simples rasgos y para no marearte más, son las bodas de los de ahí al lado, que cuando finaliza, los invitados envuelven en papel de aluminio las viandas que quieren y se las llevan a casa para al día siguiente seguir comiendo.

Y como veo que no lo preguntas lo haré yo: ¿Lo pasa bien un español en una boda francesa?, pues qué quieres que te diga, si te toca de las de dormir en el coche, eres camionero y te llevas el trailer, supongo que sí, porque si no….. a mí me tocó un enlace de los de habitación; y de los dos días, la verdad, disfruté uno porque dos… como que es mucho, se hace muy pesado. Pero sí, sí, lo pasé bien, muy bien, y lo que es la vida; a no sé que hora de la madrugada me sentí identificado con Martin Luther King, cuando dijo aquello de: «Yo tengo un sueño… ». Pues yo igual, también tuve un sueño, pero no encontraba mi cama. Qué cosas pasan ¿verdad?.

PD. Te agradecería que hicieras un comentario porque estoy realizando una prueba. Gracias por tu colaboración

Los lobos, el juez y la burocracia

miércoles, junio 10th, 2009

La burocracia siempre ha sido un problema; pero dependiendo en qué época a muchos les ha creado un momento de pánico, que podría haber sido permanente, sobre todo cuando vivía Franco. Así le ocurrió a un alcalde de un pueblo burgalés de poco más de quinientos habitantes en la década de los cincuenta. Estaba el regidor tan tranquilo en su despacho cuando recibió una circular de la Diputación de Burgos en la que le preguntaban cuántos lobos había en el municipio. El asunto era porque los lobos habían matado a varias reses en la provincia y los ganaderos habían protestado.

El alcalde, de nombre Ramón, quedó estupefacto al recibir el escrito (ya que entonces era impensable que una institución se dirigiera a un pequeño ayuntamiento) e inmediatamente acudió a pedir consejo a su mejor amigo: el juez. Este, que se llamaba Alejandro Blanco, nada más verlo tan preocupado le preguntó qué pasaba, a lo que el regidor contestó exaltado: «¡¡¡ Una circular de la Diputación, una circular de la Diputación !!!. Que preguntan cuántos lobos hay en el municipio». «¿Lobos?», dijo el juez un tanto extrañado. «Sí, lobos», respondió el alcalde. «Pues diles que diez», propuso el jurista. «¿No serán pocos?», comentó el regidor. «Y yo que sé de lobos, Ramón, pues diles que veinte». Así que entre ambos escribieron una carta en la que más o menos se venía a decir: «Hablando con ganaderos y cazadores de la zona, podemos casi asegurar, salvo error, que unos veinte lobeznos campan por el municipio. Siempre a su entera disposición y para lo que…..».

Al cabo de un mes, el alcalde recibió otra misiva de la Diputación de Burgos en la que se indicaba: «Recibido el escrito de ese excelentísimo Ayuntamiento, y cotejando con otros de parecida extensión y población, consideramos que son muy pocos los lobos que moran en el término municipal». Nuevamente el regidor y juez se reunieron, y éste último, que ya tenía un poco de tablas, redactaron un nuevo documento marco. «Excelentísimo presidente de la Diputación, recibido el nuevo informe sobre cuántos lobos hay en el municipio, en el enviado hace un mes por este Ayuntamiento se decía que unos veinte, pero tras una nueva evaluación y exhaustiva inspección in situ, y hablando con más ganaderos y cazadores de la zona, casi podemos asegurarles sin riesgo a equivocarnos que hay sobre cuarenta». Unas semanas más tarde, a la Casa Consistorial llegaba otra misiva de la Diputación en la que se recalcaba que «recibida la notificación de ese excelentísimo Ayuntamiento, también esta institución, cotejando nuevamente con otros municipios con similar extensión y población, sigue considerando que realmente son muy pocos los lobos existentes en la zona».

Notablemente preocupado el alcalde, que estaba convencido que el tema de los lobos acabaría con su carrera «política» y que todo terminaría como el rosario de la aurora, y el juez harto también del asunto de los lobeznos, decidieron redactar una nueva carta, que el jurista consideró que sería concluyente. Así que tras reunirse, en ella se decía. «Excelentísimo presidente de la Diputación, como en el escrito llegado a esta Casa Consistorial no se indica para qué se desea saber el número de lobos, aunque suponemos que es por una buena causa como todo lo que hace la Diputación que usted tan bien preside, y como este Ayuntamiento cree que es para un control de las manadas, solicitamos una partida económica y que nos indique si es para preservarlos o aniquilarlos». Desde entonces, y hoy es 10 de junio de 2009, al Ayuntamiento no ha llegado ni una nueva carta ni, por supuesto, la subvención.

PD: Como prometí a los bloglectores, en unos días publicaré como son las bodas en Francia

Hacerse mayor no es tu culpa

viernes, junio 5th, 2009

No tengo la menor duda que todas esas organizaciones no gubernamentales que reciben fondos gubernamentales (y porqué no yo, que soy un santo), son las que han hecho que nos hagamos mayores. El Domund, La Asociación de la Lucha Contra el Cáncer, la Cruz Roja, el Grupo Naturalista Defensor del Carballo Galego y el Grupo de Alquimistas Separados son entre otros muchos los que han conseguido que en cuestión de segundos hayas pasado por arte de birlibirloque de niño a adulto. ¿Cómo?, pues muy sencillo. Vas un día por la calle y cuando menos te lo esperas llega un chaval con una hucha y te dice: «Señor, ¿me da algo para el Domund?». Y de repente, anestesiado, sacas de billetera y no sabes si das 10, 20, 30, 40 o 50 euros (bueno, cincuenta sí); porque lo que te ha dejado traspuesto es eso de: «Señor, ¿me da…?». «¿Dar?, te doy lo que quieras», piensas, pero lo de «señor….» Y luego ya sigue una evolución degenerativa que no tiene final.

Acostumbrado al «señor», la siguiente fase es la pseudoexistencial: que si el mundo y los hijos, que si el trabajo y el futuro profesional, que si has conseguido en la vida lo que te proponías, que…. Y cuando ya tu cerebro está destrozado y sólo te queda una neurona entras en una nueva etapa que está marcada por un único comentario que se repite todos los días: la Salud. No sabes ni cómo ni porqué, pero de repente, como si con todas las personas que conociste en tu vida hubieras tenido un accidente de la leche, a todo el mundo le duele algo; que si las cervicales, que si el lumbago, que si la nuca, que si noto aquí o allá… Y cuando los dolores, las enfermedades y el malestar general ya lo tienes asumidos y solo hablas de eso, viene ya la fase del desfase.

Debe ser ya la decrepitud total, pero no sé qué historia ocurre, que cuando rozas o sobrepasas los cincuenta, en cuanto te encuentras con un amigo te entran unas emociones irrefrenables, la gente abre los ojos como parasoles, se emociona, casi lagrimea, te dan unos abrazos que te estrujan y hasta incluso algùn beso, que te da la impresión que más que encontrar a un amigo parece que lo vas perde de por vida. Y a lo mejor es posible, pero pensar que todo empezó por un «señor, ¿me da algo?».

PD.
En los proximos dias contare una tipica boda francesa, que dura dos dias, y costumbres de mi familia sioux, con la que estoy estos dias en Paris. No pongo acentos porque en el teclado frances no hay los nuestros. Ya ves, y nosotros con la ç

Las flores y los franceses

miércoles, junio 3rd, 2009

Comentaba recientemente en un artículo que los franceses son unos apasionados del queso, del sexo, del vino y del champagne; que visto así ya tienes para comer, beber y no pasar frío; que no es poco en esta época de crisis, pero me olvidaba de algo tan trascendente como son para ellos las flores.

Estoy convencido que en Francia las flores no surgen por generación espontánea como ocurre en cualquier otra parte del mundo: o sea que no hay una abejilla que llega aleteando a la flor y esparce el polen como el premio de la lotería, «muy repartido», no; en Francia, las flores estoy segurísimo que crecen por decreto ley o a escuadra, con regla y cartabón, sino no se explica cómo es posible que vayas por una carretera y una preciosa arboleda esté justo ahí, ni aquí ni allí, exactamente donde quedan mejor en el paisaje para que el turista se quede boquiabierto; ni que en una casita donde hay un jardincillo de cuatro metros cuadrados las flores estén tan alineadas que hasta los pétalos parece que piden permiso para moverse.

A mí, he confesar, al principio los jardincillos esos y las flores en las macetas en los pueblos colgadas en las farolas me gustaban, pero no crean que mucho, porque, sin ser flor, andaba con la mosca detrás de la oreja. Iba por una villa y decía: «Mira que bonito, que luz da al pueblo»; pero ya notaba yo que no lo decía muy convencido, prueba de ello es que esa fase enternecedora duró poco más de una semana. Al cabo de ese tiempo, cuando entraba en una casa y al pasar rozando un rosal el dueño me miraba con cierto aire de «no me la estropees», la verdad que me entraban unas tremendas ganas de coger un lanzallamas y cargarme toda la flora y fauna de esa maqueta verde que él consideraba «zona ajardinada».

Pero es que además, como la población gala está muy envejecida, pero sigue viva (que una cosa no tiene nada que ver con la otra, que lo digo por decir y nada más) tiene tiempo de sobra para pasarse hora y horas en el jardín y saber todo lo que crece en él; no como nosotros que decimos: jazmines, margaritas, amapolas «y esa que apareció ahí», como si «esa» fuera la alcahueta de la Botánica; pues ellos no, ellos, (si encuentran una que desconocen), serían capaces de organizar una reunión de vecinos para identificarla, cada uno llevaría alguno de los 1.400 álbumes que tienen en casa hasta que dieran con la familia de la susodicha flor hasta que al final uno diría: «Pues, señores, estamos ante una Astarácea». ¿Una Astaraqué?. Un cardo, hombre, un cardo y menos álbumes.