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Archivo para Mayo, 2009

Casarse con una extranjera

Viernes, Mayo 29th, 2009

Me pregunta una bloglectora si es cierto que estoy casado con una india americana, de la tribu sioux, o es una broma; y como digo en el blog, lo que voy a contar son «anécdotas reales y cosas de la vida». Y tan real es que ella (Veneatra Pahynter) es india americana, de Ohio, como que la conocí en una aldea de 11 habitantes, que es donde vivo, y que la media de edad es de 70 años. Reconozco que esto no es muy normal y que es más propio del libro Guinneses que de otra cosa, pero la vida es así; te recorres media Europa y algún que otro país más de otros Continentes y, al final, resulta que un día, por esas cosas de la vida, en un lugar en el que hay menos gente que en cualquier parada de autobús… pues conoces a quien va a compartir tu vida y todo (si quieren un día se lo cuento), porque se confundió de casa. Como te lo digo, se confundió de casa y… se casó.

Sea como sea, cuando te casas con una extranjera todo son ventajas y terminas hablando un idioma común, único y, sobre todo, indescifrable e incomprensible para el resto de los mortales y hasta piensas que en la primera, segunda o la Guerra Mundial que viene, que vendrá, puedes tener un futuro impresionante porque como espía no hay quien descifre lo que hablas.

Por ejemplo, en mi casa los «botones» no son los de la camisa ni los de un abrigo ni los de una chaqueta, son los granitos; las «orejas» no son los que tenemos a ambos lados de los occipitales, son los cojines porque ahí (luego lo descubrí), según ella pones la oreja. «Párrajo» no es pájaro, (como que esto iba a ser sencillo), sino que como ella es traductora es «párrafo»; «ternera» no es la cría de la vaca, es ternura; y la «carne», por ejemplo, no es el bistec, es el carné de identidad. Y qué le vas a hacer, todo esto ocurre por cuando conoces a una extranjera, si estás interesado en ella lo último que harías sería corregirla a cada momento pues serías un pelmazo y es casi seguro que nunca iniciarías una relación.

Pero cuando de la amistad se pasa al noviazgo, entonces lo que ocurre es que sigues sin corregirle esas palabras porque las entiendes, las asimilas, y llegan a formar parte de tu acerbo cultural. También sucede que no discutes mucho porque ante cualquier situación, por extraña o rara que sea, ella piensa: «Es que no me entiende; pero no lo hace por mal». Y viceversa, aunque reconozco que le echo un poco más de cara, pero siempre con cariño, claro, home sí.

En una ocasión recuerdo que me dijo que fuera al supermercado y que trajera cuatro o cinco cosas. Llegué a casa con las bolsas y me dijo: «¿Has traído la comida del perro?». Le contesté que no, que me había olvidado, a lo que respondió: «Qué bueno eres. Gracias». Y no pasó nada, salvo que el perro, obviamente, no comió. Como digo, casarse con una extranjera todo son ventajas; aunque supongo también que tendrá sus inconvenientes, pero como no la entiendo…

Los franceses, la comida y el sexo

Lunes, Mayo 25th, 2009

El próximo día 4 de junio voy a Francia a una boda que, por lo que ya me previnieron, dura dos días; es decir, que comes-bailas-duermes, comes-bailas-duermes, y supongo que después, al final, duermes de todo lo que comes-bailas, porque si no es así…

Desconozco como son las celebraciones de las bodas en el país vecino, pero lo que sí sé es como son las comidas de los franceses, inaguantables, desesperantes, y siguiendo un ceremonial que hay que seguir paso a paso. Cuando te invitan a una comida en plan bien en una casa, lo primero que te ofrecerán los anfitriones antes de sentarte a la mesa será un aperitivo a base de cacahuetes, galletitas, pistachos y otros frutos propios de las gallináceas mientras te tomas una copilla más o menos dulce de sabor indescriptible pero agradable.

Después, pasado unos quince o veinte minutos, te sentarás a la mesa, habrá dos primeros platos y, de repente, como si fuera un paréntesis en la vida gastronómica, el mundo se para, se detiene, y llega la pasión de los franceses: los quesos. Entonces, en la mesa colocarán unas impresionantes fuentes y con una cursilería de narices, con unos suaves movimientos que más que un comensal pareces un cirujano cardiovascular, con un tenedorcillo irás cogiendo de los diferentes tipos mientras hablan y hablan de dónde proceden y de las diferencias entre unos y otros: si uno es más pastoso y si el otro es menos cremoso, si aquél es más fuerte y el otro más suave. Luego, después de casi una hora, sí, una hora, porque una comida que se precie dura entre cuatro y cinco, las bandejas desaparecerán y se seguirá con la comida, los postres, el café y copas. Que eres fumador… Pues si en la casa son de la liga antitabaco (No fumar puede producirles este aburrimiento, te da ganas de poner en la entrada de la vivienda), aunque los acabes de conocer puedes levantarte (ellos no lo consideran de mala educación) ir a una ventana y fumar un cigarrillo.

¿Y de qué hablan los franceses además de los quesos; de los vinos, que es otra de sus pasiones y de, obviamente, el champagne?. Pues no me diga porqué, pero no hay conversación en la que no salga a relucir el sexo, siempre el sexo, y da lo mismo que te invite el ministro de asuntos exteriores que un tornero fresador. Los franceses están obsesionados por el sexo y lo peor que puedes hacer en una comida es decir la frase tan típica y española de: «Es que este niño es clavadito al padre». Anda, di eso por listillo y descubrirás que el pequeño no es del «clavadito padre», sino de la «desclavadita madre», que su vez se divorció del íntimo amigo del «clavadito padre», que todos dicen que es el verdadero padre, pero que tampoco está claro porque por entonces se cree que la «desclavadita madre» mantenía una doble relación con otro que sí que dicen que es el «clavadito padre»: vamos, una melé. Y si habrá un mosqueo generalizado entre los franceses en todo lo que son las relaciones humanas, que cuando a una casa llega la factura telefónica, en ella figuran todos los números adonde se ha llamado excepto los tres últimos dígitos. Dicen ellos que es para preservar la intimidad y que eso ocurre en todos los países; sí hombre sí, en todos, clavadito.

Ese bicho llamado ñu

Sábado, Mayo 23rd, 2009

Yo no sé usted, pero personalmente no aguanto ya más documentales sobre el ñu, y cerca de él, a muy poca distancia, está el petardo ese del oso cogiendo salmones con su zarpa, que me tiene harto; pero lo del ñu, la verdad, me supera y no exagero si le digo que conozco mejor la vida de este tipo que la de mis hijas.

Para la mayoría de la gente la vida suele estar marcada por ciertos acontecimientos o recuerdos: una canción de cuando eras joven o te enamoraste, una película que te impresionó por el argumento o porque era muy diferente, el primer coche que compraste y que te hizo mucha ilusión y, si eres de A Coruña, el penalti que falló Djukic; vamos, lo normal, pero que tu vida esté marcada por el condenado antílope africano…

Estoy en casa, enciendo el televisor y raro es el mes que el ñu no entra en mi salón. He visto tantas veces los documentales del ñu que estoy convencido de que se trata de los mismos ñus y del mismo cocodrilo. Yo ya me sé de memoria que el ñu vive en África, que cuando las hembras está fecundadas se une en grupos formando una riada de individuos hasta llegar a los pastos del Lago Victoria o del cráter de Ngorongoro y que esto ocurre en el mes de junio; o sea, dentro de unos días.

Sé que antes de llegar al Ngrongoro tendrán que pasar por un río infectado de cocodrilos y que uno de estos reptiles se comerá un par de ellos. Por saber de este bicho sé que alcanza una velocidad de 80 kilómetros, lo más rápidos, unos 60 los más lentos, y que en el Parque Nacional de Serengueti, en Tanzania, (que a mí como si es Mónaco) hay más de un millón de ejemplares. ¿Y usted cree que esto me interesa?, en absoluto, me da lo mismo el ñu que la vida de una gaviota; pero son ya tantos años viendo al ñu que al final me lo sé todo. Bueno, todo no, porque lo único que no entiendo, sabiendo el trágico final de algunos ñus al pasar el río, porqué no le ponen un condenado puentecillo. No lo entiendo.

«Mire señor juez…. »

Jueves, Mayo 21st, 2009

Todas las profesiones, como la de abogado, tienen su aquél; excepto la de periodista, que además tiene su éste, ése, aquello, porqué, cuándo, dónde Y cómo… Y es que, y hay que reconocerlo, no somos nosotros poco pesaditos cuando nos ponemos a preguntar. En fin, cosas de la vida, pero como decía, la ilustre profesión de abogado tiene su intríngulis.

A mediados de los años noventa, coincidiendo con la detención del entonces gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, en los Nuevos Juzgados de A Coruña tuvo lugar una vista oral en la que se acusaba a un hombre de apropiarse de unas 50.000 pesetas. El letrado, a la hora de informar, abrió de carpeta, sacó folios que puso en la mesa como quien reparte cartas e inició la defensa. Mientras comentaba los artículos del Código Penal hacía referencia de las posibles atenuantes, a la vez que miraba de reojo al magistrado. Si éste asentía, se embalaba y dale artículos que te crió. Si fruncía el ceño o apreciaba que no mostraba mucho interés, frenaba en su oratoria, bajaba la voz y hasta se le movía el gaznate.

Durante unos diez minutos sacó a relucir sentencias del Tribunal Supremo, legislación de hasta los mozárabes y teorías sobre las tentaciones humanas y divinas. Ya en un momento dado, cuando prácticamente había acabado con toda la jurisprudencia existente, como del alma no pudo menos que decirle al juez recordando los escándalos financieros que estaban ocurriendo: «Mire señoría, con la que está cayendo en este país, decir que mi defendido es un delincuente porque ha cogido unas pesetillas, no cree….». Claro que creyó. Tres meses y un día.

El niño y la mirada

Lunes, Mayo 18th, 2009

Esta anécdota me la comentó hace muchos años mi padre con el cual, además de llevarme muy bien, supe que era precisamente eso, mi padre, cuando un día me dijo: «Hay una cosa que no comprendo». «¿Cuál?», le pregunté. Y a continuación añadió: «Que el vino vicie…. normal, ¿pero que la calvicie?». Desde entonces nunca necesité, para estar seguro de que era mi progenitor, ni acudir al Registro Civil, ni mirar el Libro de Familia ni hacerme la prueba de ADN; lo que hice, que fue casi igual, es el DNI y, la verdad, me pareció hasta demasiado.

La anécdota que me contó ocurrió cuando una familia visitó a otra en un chalet y los niños entablaran amistad, que ya se sabe como lo hacen, a medio camino entre el cariño y la bestialidad, entre «ven que te dejo este juego» y «es que me dio en la cabeza con un palo», y a curar la herida cuando no la brecha. El caso es que uno de los padres dijo al otro que no hacía bueno de uno de sus niños, que siempre estaba haciendo tonterías, portándose mal y que, más o menos, lo tenía desquiciado. Entonces su colega le explicó su técnica disciplinar para tales ocasiones: «Pues yo a mi hijo, cuando hace una bobada, con solo mirarlo….».

Pasados unos días, estaban comiendo en casa cuando el niño traste hizo una de las suyas y riñó con su hermana a la hora de comer por algo tan trascendente como ver quién cogía primero el bote de tomate. El padre, recordando a su amigo, no dijo nada y se quedó mirando fijamente para su hijo. La mirada era terrible, inmóvil, penetrante, desafiante, hasta diría que cuasiasesina. El niño, entonces, para sorpresa del cabeza de familia, se quedó callado. El padre, impertérrito, con sangre fría, ni pestañeaba. Fueron tres segundos, tensos, muy tensos, en los que el progenitor sufrió una alegría interior indescriptible casi acercándose a una parada cardiorrespiratoria; pero fueron eso, solo tres, tres segundos, los suficientes como para que el niño, al verlo tan hierático e inmóvil le dijera «Papá, ¿qué te pasa, te pasa algo?»

Los norteamericanos y la Geografía

Viernes, Mayo 15th, 2009

Que los norteamericanos no saben dónde está el resto de los países del mundo excepto el suyo no es un tópico. Y lo digo con conocimiento de causa, ya que mi mujer, que es india americana, de Ohio, de la tribu Sioux, ha hecho grandes esfuerzos para situar a todos los países de Europa y África, y ahora nos queda Oceanía y Asia; aunque según la ONU hay un Continente más que es la Antártida porque el Polo Norte no lo es ya que se trata de una masa de hielo. Bueno, de hielo hasta que no se derrita y aparezca allí un campo de margaritas o de florecillas silvestre que entonces… Pero es que además, según los norteamericanos, aún hay otro Continente, porque para ellos está Norteamérica y Suramérica y la explicación que dan es que entre Norteamérica y Suramérica «pasa el agua», y ese «pasa el agua», no te lo pierdas, es el canal de Panamá.

El caso es que mis suegros, Theodore Paynther Jr. (tampoco te pierdas lo del Jr., que el chaval tiene 75 años y es de la tribu Choctaw) y su mujer Jewel (Cheyenne), vinieron a pasar una temporada con nosotros. Al cabo de un mes, unos amigos suyos de Estados Unidos les preguntaron dónde estaban de vacaciones, y ellos le dijeron que en España, concretamente en A Coruña.

Desconozco si les dieron más explicaciones sobre donde se hallaba la ciudad herculina, pero me imagino que no cuando Jewel me preguntó para que sus amigos supieran exactamente donde se encontraban: «¿Sabes la coordenadas de La Coruña?». «¿Las qué?», dije sorprendido. «Las coordenadas», respondió ella como quien pide azúcar en la cocina.

Por un momento me imaginé a los amigos de Theodore y Jewel en su casa de Estados Unidos con un megamapamundi sobre una mesa, con regla y cartabón, trazando líneas y más líneas con un lápiz sobre el paralelo de Greenwich y colocando chinchetas de colores. Y la verdad, en ese momento, a la vez que entraba en Google pensaba que no solo es que los norteamericanos no tienen ni idea de Geografía, sino que a lo mejor estaba revelando un secreto de Estado y hasta me entró un escalofrío porque estos, con las coordenadas en la mano son un peligro, o van de viaje o te invaden. Por cierto, las coordenadas son: latitud 43º, 22´ N y 8º23´ O de longitud.

No hay como ser inútil

Miércoles, Mayo 13th, 2009

No hay como ser inútil, y lo digo por experiencia. Eres un gran nadador, un tipo que ya en el pueblo eras el mejor del barrio y del que todo el mundo decía: «Chuchi nada que nin diola» pues Chuchi tiene todo los boletos para acabar fiambre. ¿Por qué?, porque la vida es así, ni más ni menos. Un sobreesfuerzo, un mareo, un golpe fortuito…. pero eres un torpe total, un inútil, que nadas a espaldas y te haces el muerto no porque te guste, sino porque te olvidas de bracear… pues no te pasa nada, ni un calambrillo.

Pero esto ocurre en todos los ámbitos. Por ejemplo, hay una avería eléctrica en tu edificio y por eso de la vida te juntas con cuatro vecinos en el sótano para solucionar el problema (del que por supuesto no tienes ni idea) y vas tú, tocas por tocar un cable rojo, a ver que pasa y no sucede nada; y va el del quinto, armado como si fuera a la guerra de las galaxias porque trabaja en Eléctricos Paragüay S A, toca el otro cable, el azul, y allí se queda frito. ¿Que por qué? Psss…. tú, con cara de parvo, ni idea; pero luego te enteras que tras una ardua investigación han averiguado que en Alemania, donde fabricaron el condenado cable, se confundieron de color y que el peligroso era el azul cuando tenía que ser el rojo. Y te dicen, además, que eso solo ocurre una entre mil millones de veces, y tú, que ni tenías ideas de lo que era una pila, pues macho, eres el uno o la una, que de todo hay, que queda vivo.

Estas situaciones no solo suceden cuando se trata de actividades, digamos, un poco peligrosas, que para ti no hay ninguna, por supuesto. ¡¡¡¡ Que va !!!!!. !!!! Ni mucho menos ¡¡¡. Entras en un bar a tomar a una tapa de ensaladilla y no me digas cómo; pero al poco rato, el que está a tu lado y que entró casi al mismo tiempo y tomó otra, se siente mal, se marea, cae de la silla, se pone pálido, azulado, el camarero y otros clientes lo atienden, llaman a una ambulancia y como los bolos, directo al hospital, sino al hoyo. Y luego se averigua que justo fuiste tú, sí tú, el último que tomaste la última tapa de la última bandeja de ensaladilla y que un minuto después, ni dos ni tres ni cuatro; uno, pero uno solo, se puso una bandeja nueva que era la que contenía la mayonesa en mal estado.

Cuando se es inútil se es de por vida y en el fondo se sufre; se sufre porque sabes que a ti no te va a pasar nada, porque la naturaleza ni se para contigo, pero al que está a tu lado ya les ves cara cadavérica… ¿Y qué vas a hacer?, ir diciendo a diestro y siniestro: «¡¡¡¡¡ Cuidado con lo que hacen, que yo soy el inútil !!!!!»… pues no hombre no, te dejas ir, porque las cosas ocurren porque ocurren, pasan porque tienen que pasar y tú eres el inútil y ellos… ellos eran los expertos.

Un juez insultado

Lunes, Mayo 11th, 2009

Un día de esos que te encuentras como más desinhibido o, más bien, menos congruente, lo que me suele ocurrir con frecuencia, le pregunté a un magistrado si en alguna ocasión le habían insultado. Me miró como diciendo: «Qué cosas se le ocurren a estos periodistas». Así, tras mi pregunta respondió: «Sí, en una ocasión». «¿Y cómo fue?», insistí.

El hecho ocurrió en Castrojeriz, un pueblecito de la provincia de Burgos, que fue el primer destino que tuvo este juez. Un día llegó a sus oídos la noticia de que había fallecido un hombre que dejaba en herencia una finca denominada «Castrojeriz » y que la única heredera era una sevillana de mucho postín. A los pocos días se presentó en el despacho una señora muy emperifollada que le dijo al joven jurista que venía a recoger «el pueblo, que es la herencia que me dejaron». El juez le explicó entonces que había una cierta confusión, que aunque comprendía que en Andalucía había latifundios, en Burgos no era así y, que lo que le habían dejado en herencia no era el pueblo, sino unos terrenos de varias hectáreas que se llamaban igual que la villa «Castrojeriz».

Después de que la mujer comprendiera el entuerto, el juez pasó entonces al formulismo rutinario para iniciar unos trámites relacionados con la citada herencia. Así que el joven jurisconsulto, como estipulan las leyes, comenzó por el principio. «¿Nombre?», a lo que la señora contestó algo así como María de las Mercedes Angustias de la Torre y Luria, marquesa de Balandajar y Andujar, a la vez que fue añadiendo una retahíla de nobles títulos y subtítulos que el juez escuchó de forma atenta. Tras un silencio, el magistrado preguntó: «¿Edad?». Entonces el silencio se hizo más largo, bastante más, la mujer tomó aire y visiblemente molesta respondió: «La suficiente para llamarle a usted maleducado».

La movida del blog

Sábado, Mayo 9th, 2009

Buenos días, tardes, noches y madrugadas; y lo digo porque ahora me explicaré, que este blog, además de anécdotas, también lleva como subtítulo «y otras cosas de la vida». Y precisamente en esas «otras cosas de la vida» yo pensaba que esto del blog era como el periódico, el de papel, donde hace años publicaba una columna de artículos que se titulaba El canto del Cisne; es decir, que tú escribes y supones que el lector lee y ahí queda la cosa. Luego vas por la calle y alguien te dice: «¡¡ Oye !!, muy bueno el artículo de esta semana», aunque haga un mes, dos o tres que no tocas folio. Lo normal.

Pues resulta que no, que en esto del blog escribes y luego al instante tienes un mogollón de estadísticas que gracias a dos tíos que son unos crack, aunque oficialmente sus cargos no son crack, sino Gerente y Jefe de Area de Canal Voz, Manuel Moreno Berguer y Francesc Pumarola Campeny, respectivamente, puedes saber cuánta gente te leyó, a qué hora, qué sistema operativo utilizó (Windows 2000, Vista, etc), o de qué país vienen las entradas o visitas, entre otros muchos datos. Incluso hasta hace poco, el rey de los blogs de La Voz (cuyo nombre no digo porque es tirar piedras contra mi tejado), me enseñó un mapamundi con unos puntitos y cada uno significaba desde dónde habían accedido para leer lo que habías escrito. Y él tenía, además de muchos de Europa y Suramérica, a un tipo en Japón y otro en China, y por eso lo de buenos días, tardes y noches y madrugadas, que en el blog hay horarios para todos. En mi caso por ejemplo, tengo bloglectores de Colombia, de Estados Unidos, de Argentina, Francia, Gran Bretaña, Dinamarca…. y uno en Groenlandia, al que le mando saludos, obviamente calurosos.

Pero hay más; cuando escribes un artículo, tu foto aparece en un pequeño cuadradito en la página principal (al lado de Blogs de La Voz) y cuando lo hace otro te va desplazando y así hasta que poco a poco te echan; sí, te echan y confieso que más de una vez, cuando te acercas al precipicio de la desaparición y el olvido te dan unas ganas, pero ganas ganas de hacer una llave de judo o coger por el cuello al que tienes al lado y mandarlo a tomar viento, pero por lo visto no se puede.

Las estadísticas están muy bien, pero son un cuelgue (aunque supongo que es porque soy primerizo) y por eso cada cierto tiempo miras cuántos han entrado, a qué hora y desde dónde. Descubres, con esto de los números, cosas tan curiosas como que el personal suele acceder más los días de diario que el fin de semana, porque muchos se adentran en el mundo de Internet en su puesto de trabajo, y que las franjas horarias con mayor intensidad de tráfico son entre las doce de la noche y la una de la mañana, de 9 a 10 y de 13 a 14 horas. Y, por la tarde, ya que no se puede dormir la siesta, entre las 16 y las 17.30, tú ya me entiendes.

Luego, en este mundo tan complicado de la Red, están lo que llaman «enlaces», que de eso no sé nada ni quiero saber, porque para uno que tuve me divorcié; pero lo más importante son las visitas, que a mí mientras no vengan a casa, salvo que traigan la comida, las agradezco, además de los comentarios (que por cierto aprovecho para que hagan más porque van a pensar mis colegas de La Voz que soy un túzaro porque tengo muy pocos). Y así es, más o menos, con gran sorpresa para mí, cómo funciona un Blog, donde no se puede decir artículo, sino post (ya te vale). Por cierto, inevitablemente, como no tengo maldad, el rey de los blogs de La Voz es Nacho de la Fuente, otro crack.

Los niños y la edad

Jueves, Mayo 7th, 2009

Los niños son como son y ojalá siempre sean así, que serán (¿Se puede escribir mayor estupidez en dos líneas?, no). Pero vamos a lo que vamos.

No sé si es la crisis o es que mi amigo, del que obviamente no puedo decir su nombre, es un poco rácano, que yo sé que no lo es pero… el caso es que hace una semanas estaba esperando el autobús con su hijo, que tiene cinco años. Antes de que llegara el autocar (como para los peques de cuatro el billete era gratis), el padre le dijo: «Si el conductor te pregunta cuántos años tienes, le dices que cuatro».
El niño dijo que no, que ni hablar, que tenía cinco y de ahí no se apeaba. No me diga cómo se las ingenió mi amigo (supongo que a cambio de algunas «chuches» y otras promesas), el caso es que ambos convinieron en que diría que tenía cuatro.

Al poco tiempo de estar en la parada, a lo lejos mi amigo vio que se acercaba el autobús y le repitió: «No te olvides, dile que cuatro años» Tan feliz estaban cuando finalmente llegó el ómnibus, ambos subieron y, nada mas franquear la puerta el conductor preguntó como quien pregunta al aire: «¿Cuántos años tiene el niño?» A lo que el pequeño, antes de que su padre pudiera abrir la boca, contestó como un rayo: «Aquí cuatro, pero cuando baje tengo cinco».