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Así escribo un artículo, incluso el 100

Escrito por Manuel Guisande
9 de Febrero de 2010 a las 0:48h

Pues contestaré a varias peticiones que recibí por correo interno; pero en menudo lío me metí neniño, explicar ahora (que acabo de hacer el artículo número 100) cómo los escribo, que si me apuras casi tampoco yo sé exactamente cómo tanta tontería puede salir de debajo de esta sesera, pero trataré de explicarlo a ver si soy capaz y si tu puedes sacar algo en limpio, que además me acabo de duchar. Porque además, a la hora de escribir, no digo que tengas que estar inspirado, que tampoco esto es tan complicado; pero sí animado porque escribir algo con tintes humorísticos, por ejemplo tras un velatorio… pues como que no, salvo que seas tonto, que mira por dónde yo creo que podría hacerlo, que tengo calidad de parvo sobrante y más de más.

Pero vamos a lo que vamos, que sino no comenzamos. La cuestión es, ¿por dónde empiezo a explicar ahora todo este follón de cómo escribo un artículo, y lo que es peor, lo expondré bien para que se entienda?. No, seguro que no; pero tengo una idea, justo eso, empecemos por la idea. ¿Y cómo surge la idea, cuál es el proceso porque el que a la mente viene algo y te dices… «pues sí, voy a escribir sobre eso»?

Pues esto de verdad que es un misterio; no me digas cómo, de repente se me ocurre escribir de algo que por lo general son cosas de la vida, sencillas, cotidianas; pero reconozco (y esto no ningún mérito, sino más bien una tara) que siempre vi la vida con una perspectiva distinta, sobre todo observando y fijándome en cosas un poco absurdas; aunque no siempre, claro, que entonces estaría en un psiquiátrico, que todo se andará.

¿Y cuándo surge esa idea?, pues sinceramente en los momentos menos pensados; algo que miras, algo que dice la gente, que lees, un comentario… aunque a veces, es cierto, tienes como una sensación de que se te va a ocurrir algo, no sabes qué pero lo notas. Y claro, cuando tienes una idea la apuntas (si tienes bolígrafo y ganas) y al llegar a casa la meto en una caja y si es en el periódico, en otra. Y claro, pero clarísimo vamos, que un día vas a la caja, coges una nota y te dices: «¿Pero qué pone aquí?. Y empiezas… patata o paleta… o pelota; carreta, no; careta.. caricia…; morir o moler… no; morder… sí morder ¿pero morder qué?». Y al final resuelves el enigma y sabes perfectamente lo que escribiste: «El niño juega con una pelota / un coche casi lo atropella pero lo acaricia / un perro muerde un neumático». Perfecto, ¿pero qué diablos tiene que ver la pelota, con el coche, con la caricia y el neumático?. Y me rio yo de los crucigramas, por que le vas dando vueltas pensando lo que quiere decir, a ver si te acuerdas del día, de algo, y a veces; pues eso a veces sí y otras, patada a la condenada nota y a ver si la próxima lo pones más clarito paspán.

Pero curiosamente, cuando descifras lo escrito, o te acuerdas, o surge una idea, esa es la primera parte del artículo y el siguiente pensamiento es el final. ¿Y cómo sigo después, sabiendo cómo empieza y cómo termina, porque por el medio, como los bocadillos, hay que meter algo? Pues esto es un entretenimiento porque realmente lo difícil es la idea (el principio y el final), ya que el resto va surgiendo y vas haciendo un esquema mental con tres o cuatro ideillas menores. Y este esquema lo suelo hacer en tres sitios, cuando me acuesto, cuando es fin de semana y duermo la siesta y cuando me baño; o sea, que lo mío es la plena horizontalidad, vamos que de pie solamente para que baje la idea por la cabeza y me tumbe, que si no… nada. Y una vez con el artículo más o menos en la mollera, allá voy al ordenador y con la página en blanco empiezan las manías. Primero, un cigarrillo; después poner un título en arial y en negrita del cuerpo 16; centrarlo, luego escribir las dos primeras líneas a 1,5 de espacio y despacio.

Y entonces empiezo y pasa algo que te lo juro que ni yo mismo lo entiendo. Comienzo con la idea y como si alguien estuviera dentro de mí, de repente se me ocurre una bobada, pero es como si no fuera mía, sino como si me la dijera otra persona y hasta me rio yo solo. Y en serio que no es la primera vez que se me llenan los ojos de lágrimas de reírme por una solemne estupidez. Entonces, tras el disparate (no te suicides), sigo con el esquema, con esa ideas sueltas y así hasta que pongo el final, que casi siempre es lo que pensé al principio. Pero lógicamente no siempre sucede así, porque hay días que te pones a escribir y… nada, pero nada de nada, ni esquemas ni historias, y entonces lo mejor es retirarse y no volver a intentarlo porque cuando el día está de no… está de no.

Pero los artículos, aparte de las paranoias propias de cada uno, tienen una técnica o, al menos, unas normas que deben seguirse. Han de ser «redondos», «cerrados», en el sentido de que el principio y el final han de tener una relación (quizás es por eso por lo que siempre se me ocurre el principio y el final, de tantos que he escrito) y luego han de ser, al menos en mi opinión, más bien cortos porque un desierto de letras no hay quien lo lea ya que por lo general no se tiene tiempo y ver tanta letra, como te echa para atrás. Vamos ya te echa para atrás escribirlo… como para leerlo. Dios, qué noble soy.

Otra cuestión es el ritmo, que el artículo tenga una sonoridad en sus párrafos, que para los que en alguna ocasión hemos escrito poesía nos sale de una forma bastante natural, y quizás lo más difícil técnicamente es enlazar esas ideas, esos párrafos, lo cual se va haciendo con la práctica, pero diría que esto es lo más complicado ya que a veces esas ideillas es difícil relacionarlas y conjuntarlas sin que se note que esa unión está forzada.

Luego hay otro problema, digamos mental. Escribes una frase con un doble sentido, lo que llamamos un guiño al lector, un toque de ironía, y te preguntas: «¿Y la gente lo entenderá o lo escribo de una forma más evidente?» Y esto, pues depende de cada uno; personalmente prefiero que no sea muy evidente, a riesgo de que haya lectores que no lo capten, pero me gusta más la insinuación que lo obvio: o sea, más el bañador que el bikini, por poner un ejemplo y por llevarme un par de broncas de alguien que me llamará machista, que estamos que ya no se puede decir.

Y por último hay otra cuestión más. Cuando terminas de escribir el artículo lo repasas. Y entonces puedes hacer dos cosas: o lo dejas más o menos como está, o lo vas cambiando. Si lo dejas tal cual, con mínimas correcciones, es más natural, como si hablaras, más de tú a tú, mientras que si te pones a hacer muchos cambios o a buscar y rebuscar otras palabras… entonces el artículo pierde frescura y se parece más un tratado o a una entretenida nota del BOE. Yo prefiero no hacer muchas virguerías, como el bistec, vuelta y vuelta y tira palante, que tampoco eres un genio de las Letras so papón y no vas a marcar un hito en el mundo de la Literatura Hispana.

Bueno; pues después de todo este proceso en el que inviertes unos 30 minutos, desde que te pones ante el ordenador hasta que te dices «ya está y que sea lo que dios quiera», solamente queda publicarlo y esperar a que alguien no te diga: «Pues chaval, tanta historia para tamaña chorrada… ». Y lo peor es que dices: «Pues sí, sí». Dios, qué noble era. Y no os mareo más porque estaréis hartos de tanta explicación, pero así es como escribo los artículos, de los que espero que saquéis algo en limpio porque si no… pues nada, que me vuelvo a duchar y empiezo de nuevo. Si hombre.

¿DOS PREGUNTAS?

-¿Cuál es el artículo que recuerdas que más te gustó?
-¿Qué crees que es más fácil a hacer reír o llorar?

No le des más vueltas, es un milagro

Escrito por Manuel Guisande
3 de Febrero de 2010 a las 22:18h

Todos hemos vivido e ese milagro. ¿Y cuál es?. Vamos a ver. Estás trabajando con o sin ordenador, apuntando con el único lápiz que tienes en casa unas anotaciones en un papel, en un momento dado te levantas para ir, por ejemplo, a la cocina, y cuando regresas, te lías nuevamente con el trabajo, vas a hacer un apunte y…. ¡¡¡ milagro !!!: ¿Dónde está el lápiz que lo tenías entre los dedos hace tan solo unos segundos?. Perdón por la expresión, pero acépteseme como licencia literaria que es la primera frase mal sonante que escribo en casi cien artículos, pero es que cuando esto ocurre no hay otra: ¿Pero dónde cojones está el puto lápiz?, ¿pero si lo tenía aquí hace nada, aquí mismo, aquííííííi….? Y entonces comienza una historia alucinante y desesperante.

Como si en vez de buscar un lápiz estuvieras tratando de desentrañar el móvil de un crimen no solamente te levantas de la silla, sino que empiezas con un soliloquio interminable en cámara lenta en fase autoconvencimiento: «Fui a la cocina, cogí un vaso, después abrí el grifo, luego…» y mientras lo vas diciendo en voz baja o para tí mismo vas caminando hacia la cocina como si no quisieras dejar ninguna huella, ni un rastro, silenciosamente, despacito, mirando a un sitio y a otro, escudriñando cada centímetro de la casa, cada milímetro, buscando el condenado lápiz.

¿Y realmente miras? Joé que si miras, excepto en la disquetera del ordenador, porque sabes que ahí no entra el lapicero… yo en estos casos he mirado hasta en la nevera y en el congelador con una comedura de coco total, diciéndome: «Pero si no cogí nada de la nevera», pues aunque sabes perfectamente no has cogido nada de la nevera la abres igual porque hasta crees que sin darte cuenta, a lo mejor, como un zombi, la pudiste abrir, que hasta ese punto de confianza tienes en ti, que lo mismo crees que has abierto el frigo como la lavadora, la secadora o el friegaplatos.

Y mientras buscas y no encuentras, como los sabuesos detectives te dices: «He pasado algo por alto», y nuevamente empiezas a hacer el mismo, pero el mismísimo recorrido, desde la silla hasta la cocina, examinándolo todo palmo a palmo y a lo tonto llevas ya más de media hora rebuscando mientras tu mente te dice: «¿Pues deja el lápiz y coge un bolígrafo, que tienes de sobra?».

Ay!, este es el gran misterio que encierra este milagro. No me expliques, pero no sé qué fuerza interna hay que te vuelves terco terco y no me digas porqué, tiene que ser ese lápiz. No te vale un bolígrafo, no; ni un rotulador, tampoco, ni si me apuras otro lápiz, noooooo; ni aunque te trajeran la fábrica entera, tiene que ser justo ese, ese lapicito y no otro hombre, que así estas de tozudiño.

¿Pero si es igual un boli? Sí, parece igual a efectos laborales, de efectividad; pero a efectos mentales, psiquiátricos, que realmente es lo tuyo, pues no; porque si no es ese lapicillo… pues no vale, que así te has puesto de mulo y llevas más de una hora sin pegar clavo, que en el fondo es lo que quieres.

Y cuando sucede esta situación solo caben dos soluciones: la más excepcional, la que llevas a cabo cuando este prodigio ya casi no lo es porque forma parte de tu vida y dices: «Milagro, se perdió el lápiz», y entonces coges lo primero que escriba; o, la más habitual, cuando llevas ya casi tres horas con la mente ocupada en el lapicillo ese, alguien que acaba de entrar en casa y te encuentra tirado en el sofá, comenta en plan sorpresa: «Anda, mira que gracia, el lápiz se sostiene en el borde de la pantalla del ordenador». Y entonces te levantas como un rayo, que total no sé para qué, supongo que por curiosidad, porque currar, lo que se dice currar no ibas a currar más, que si lo hicieras eso sí que sería otro milagro.

En la aldea, rozando la integración total

Escrito por Manuel Guisande
31 de Enero de 2010 a las 1:13h

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)
Esto de adoptar las costumbres de vivir en el campo, en una aldea, pero en una aldea auténtica que huele a vaca y no a Lancôme París, va ocurriendo poco a poco y casi no te enteras. ¿Y cómo sucede? Pues empiezas por lo normal, por el campo, por la tierra, por plantar todo tipo de cosas con un esfuerzo titánico; bueno titánico para mí, que no puedo ni con la maquinilla de afeitar, para luego adentrarte en las tradiciones seculares que han mantenido vivos a miles de seres por estas latitudes en épocas duras, muy duras, como esa de haz viento, supongo.

Por ejemplo, en vez de hablar gritas, que para qué te vas a acercar a alguien si te oye igual y hasta es bueno para las cuerdas vocales y las consonantes, que estaban como anquilosadas; en vez de zapatos llevas botas, que al principio te pesan como raíles, pero luego…. va, como si fueran zapatillas, y lo de la corbata olvídate porque si te ven con ella te dicen si vas o vuelves de un entierro. No cabe otra posibilidad: ¿Una corbata?… un fiambre. ¿Dos corbatas?, una estupidez, nadie las lleva.

Pues con el frío que hace estos días estoy rozando la total integración en el rural, tanto tanto que no me extrañaría que un día de estos durmiera con abrigo y bufanda. Sí, como te lo digo, como esto siga así con el viento polar, gélido, siberiano, de los bemoles, o como quieran llamarlo, me veo entrando en cama hasta con botas y dándome latigazos a diestro y siniestro en la chepa que me rio yo de esos que medio se inmolan, que si es por calor… vamos, me cambio ya de Guisande a Mohamed Dahalkerguisande que flipa todo el Oriente Medio ese. Y que no me digan nada del burka, que otro invierno como este y me pongo uno de termolactil y paseo con él de noviembre hasta marzo por la aldea más feliz… y nada de eso de que venga la Guardia Civil a identificarme porque… «pero vamos a ver neniño, quién va a ser sino yo ¿o es que conoces a alguien más que vaya con un burka por la Galicia rural?», mira que estáis verdes, pero verdes veredes.

Y es que, además, con esto del frío ocurren cosas curiosas que yo nunca me pude imaginar y no porque te afecte al cerebro, que creo que no, aunque ya veremos si a mediados de febrero no nos recogen a todos en parihuelas para hacer un estudio en una universidad californiana tras el anuncio de Herald Beach de «Llegan los Yetis gallegos».

Pues eso, llegas a casa, por ejemplo, y no sabes bien si tu familia entra o sale porque abres la puerta y te encuentras a Noe con un jersey calado hasta las orejas, a Christopher con el chaquetón, a Alejandra con guantes y a Victoria, pues a lo mejor con un pasamontañas, y si preguntas «¿acabáis de llegar?», quizás sea aprensión mía pero como me da que me miran como diciendo: «¿Llegar, imbécil, llegar de dónde, de Manzaneda, de Candanchú, que llevamos aquí todo el día sin movernos?». Y tú, pues miras a la familia y dices: «Na, que ya veréis que papá va a hacer un fuego….», como si fueras un experto en supervivencia en altitud y… joé con el fuego.

Entonces te armas de papeles, de varias cajas de cerillas, de otras tantas de pastillas de parafina, que son blancas y que parecen de coco pero no lo son, y te pones manos a la obra. Y claro, como tú a lo que más acostumbrado estabas era a darle en la ciudad al interruptor de la caldera del gas pues…. cerillas y más cerillas, papeles y más papeles, madera y más madera y pastillas y más pastillas que cuando ya has echado dieciséis hasta ya empiezas a pensar ¿por qué no serán de coco y por cada diez que echo me como una?.

Y después de unos veinte minutos preguntándote porqué dicen que pasan tanto frío si todo está encendido, piensas en cómo harán los pirómanos, que para estos casos de temporal, la verdad, también podían darles unos días de permiso en plan acogida familiar y… y en esas estás, cavilando que porqué no presentas la aldea a los próximo campeonatos del mundo de invierno como villa olímpica cuando como de la nada (bueno de la nada no, de un curre que alucinas) aparece el primer fueguecillo y dices como si fueras un cirujano: «bisturí, fuelle». Y allá vas dale que te dale aire, con ímpetu, con pasión, con tenacidad. Y al final, cuando ves como las llamas crecen, crecen y crecen…. entonces, entonces no lo dices, pero lo piensas: «Dios, con lo que estoy sudando y ahora éste calor».

VAMOS A GRABAR UN CORTOMETRAJE

El 6 y 7 de febrero, bajo la dirección de Alfredo Pardo Hermida, y con un guión del irresponsable de este mi-tu-nuestro-blog, vamos a grabar un cortometraje en Chantada, aunque todo dependerá de las condiciones meteorológicas. El corto, ambientado en los años veinte, trata de un pillo que roba de una forma tan peculiar que hasta el propio espectador se asombra (eso creemos) al comprobar como lo hace.

Camareros… cerebros privilegiados

Escrito por Manuel Guisande
26 de Enero de 2010 a las 15:13h

Los camareros tienen un cerebro privilegiado, una capacidad de retención que ya me gustaría a mí; pero no solo ahora, que me queda una neurona y la utilizo en el blog, en monodosis, como los medicamentos, sino desde que nací.

Presta atención, pero mucha a lo que voy a escribir. Llegas a un bar con varios amigos, te acercas a la barra pides un café con leche, una cerveza, un cortado, un Coca-cola, una tapa de tortilla, y cuando ya parece que ya está todo, el del café con leche dice que no, que un descafeinado, y el camarero, muy profesional, pregunta «¿De sobre o máquina?, que nunca supe la diferencia, pero por lo visto lo hay. Pues mientras va a preparar todo, otro que también está en la barra a dos metros de ti dice: «Me puede cambiar para tabaco». Todo esto en poco mas de 20 segundos y dando los buenos días.

Pregunta: ¿Eres capaz de recordar todo lo que se acaba de pedir al camarero?. 1 acierto. Sigue durmiendo y no te levantes en todo el día, que ya no sé ni para que saliste de cama, pero como te has levando porque si no sería imposible que leyeras esto, ¡¡¡Ánimo !!!, que a ver si acaba el día y te vas a sobar porque para lo que vas a hacer hoy… 2 aciertos. Anda, vete con el de 1, va a ser mejor, inútil. 3 aciertos. Vale, estás en la media normal, sigue currando. 4 aciertos. Lo tuyo es más que normal, pide un aumento de sueldo. 5 aciertos. Pleno. Realmente lo tuyo es paranormal, bueno no, tú eres camarero.

Pero esto que vive este profesional de la bandeja no es solo en 20 segundos, sino así casi todo el día y no 8 horas, no, 10 o12, mientras el barrigas/bigotes (que suele ser el dueño) mira desde una esquina de la barra como se llena la caja. Y en medio de esta vorágine diaria, otro grupo, otra gente, y cuando ya se ha pedido todo y el camarero se va a por lo solicitado se oye una voz que dice a grito pelado: «¡¡Ah!!, y una ensaimada». ¿Ensaimada?, tienes suerte que él es un profesional porque a mí me pides 7 cosas y al final se te ocurre la ensaimada y te llevas una ensaimada-ensalada de… sí, de eso.

No sé tú, pero si yo estoy como ellos, de un lado a otro de la barra en horas puntas y todo el personal como gallinas cacareando y pidiendo… palabra que saco un par de kalashnikov, hago un barrido que no veas y a los que quedan les digo: «Qué, ¿a que os parece bien a todos café con leche?. Pues en fila de uno y a callar» y fijo que el local, excepto los que han quedado fiambres, ese día hace una caja que no veas, y haces caja porque dijiste café con leche, que llegas a decir camarones y todos uno a uno un ración tras ración… vamos, como me llamo Guisande.

Y es que además en esta dura profesión poco valorada aún encima siempre hay alguien que pide, por ejemplo, un refresco de naranja, y cuando se lo ponen, dice: «¿Es que esta marca?». «¿¡¡¡ Marca !!!? Anda, bebe y calla papón que me acabo de cargar a veinte y te voy a marcar la cara con un copyright de imbécil que vas a ir con ese © en la frente toda la vida».

Yo, la verdad, tengo un bar y es un éxito o me lo cierran al día siguiente, porque mira que hay gente pesadita, que entra y dice: «Yo quería, yo quería…». Y tú piensas: «Pero este tío viene a tomar algo o viene a querer conocerse, a saber como es, que entonces no es aquí, que es en la primera planta, donde pone psi-qui-a-tra, que esto es el bar, solo tres letras B-A-R, que ya con menos no hay nada; bueno, sí, TU».

De verdad, para mí los camareros es un gremio admirable que con esa portentosa memoria podían haber hecho como mínimo notarías, que además el figura este cobra por folio, que ya es triste chapar tanto por ganar por DIN A-4, mientras que él ejercita la memoria y el cerebro todo el día y, además, te da lo que le pides, él, claro, que es el camarero y el profesional, porque yo… vamos yo me mareas como a ellos y… o el kalashnikov o la ensaimada.

COMO EN EL SUPER

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Sé acabar con el paro, pero ni caso

Escrito por Manuel Guisande
21 de Enero de 2010 a las 13:19h

Como los políticos son muy buena gente, muy buena, simpáticos y sobre todo sencillos y cercanos, qué menos que si tienes una idea… pues les eches una mano, especialmente cuando lo que se te ha ocurrido es para acabar con el paro. Así, como soy muy natural, pensé: «Nada, voy a hablar directamente con el presidente del Gobierno o con el jefe de la oposición». Y lo primero que se me vino a la cabeza fue presentarme en La Moncloa, llamar al timbre y que me reciban; pero inmediatamente me di cuenta de que eso iba a ser muy difícil porque yo creo que allí no hay timbre.

Entonces me dije: «Pues cuando vayan al Parlamento, a lo mejor de camino, en uno de los muchos atasco que hay en Madrid pillo el coche de alguno de ellos y… » pero claro, tampoco lo veía factible porque ellos nunca están en los atascos, van detrás de una caravana de tipos raros todos vestidos de azul, como soldados o algo así, te echan a un lado de la carretera o de donde estés y si hay mucho atasco, pero mucho, pues ya le informan de ello los soldados y cogen un helicóptero. Y con lo de la aeronave, mira por donde podía haber una posibilidad, porque yo vivo en una nube, pero claro al estar la nube en Galicia (una nueva que hay, no la de siempre) dudo mucho que para ir a Sevilla o Barcelona o al Parlamento pasen por aquí. Hombre, si me dicen que espere, espero, que en Galicia siempre estamos esperando, pero no creo que vengan hasta verano a tomar marisco, eso creo, no sé.

Así que pensé: «¿Y si les envío una carta?»; pero me di cuenta que no, que lo de la misiva no es plan porque lo que tengo que decirles es muy extenso y no la leerían; vamos que ni les iba a llegar, que la carta iría directamente a un afiliado del partido con carné 113.532 0 234.328, que lo más que hizo en su vida fue pegar carteles durante las elecciones y que ahora ocupa un despacho de vete a su saber qué y que incluso tendría como una plantilla con varias respuestas tipo: «….. estamos inmersos en un proceso dinamizador haciendo el máximo esfuerzo. », «dada la coyuntura, la política coordinada dará frutos…».

«¿Y si voy a alguna exposición que inauguren, a lo mejor allí puedo hablar con alguno?». Pero tampoco era una buena idea porque cuando las inauguran lo hacen para ellos solos (que será para que aprendan algo) y los soldados esos no te dejan entrar incluso ni acercarte a la puerta. «¿Y en un restaurante?, porque comerán, digo yo», tampoco porque en el establecimiento al que van dudo que haya un plato del día a 8 euros, que es lo que yo puedo pagar. «¿Y en la cola del cine o de un teatro?». Imposible, porque nunca está en la cola de nada.

De verdad que estaba ya dispuesto a olvidarme de todo porque no sabía cómo acercarme a estas personas tan sencillas, cuando me dije: «Pues voy a utilizar su misma táctica para que me reciban». Así que lo primero que pensé fue en coger un vuelo a Somalia, llevar traducido al somalí y a otras lenguas autóctonas el blog Al fondo a la derecha, que por lo visto le gusta mucho a la gente y seguro que a ellos también (para así ganarme su confianza), y llevar un letrero en varias lenguas en el que se leyera: «Vengo a ver a mi presidente. El de España». Y lo de «El de España» con letra más grande y bien subrayado, que no vaya a ser que se confundan, que allí tienen una movida de narices y me peguen cuatro tiros o me atraviesen con lanzas.

Yo comprendo que para cualquier jefe de una tribu o de una banda de piratas por poco que sepa es raro ir desde España a su país para que lo atienda precisamente el presidente de España, lo entiendo; pero creo que si les caigo bien, les explico mi problema y los piratas (los somalís,obviamente) solamente piden 600 euros (yo estoy dispuesto a poner 100 de mi bolsillo como adelanto) y les dejo la traducción del blog podemos llegar a un acuerdo.

Entonces, entonces estoy seguro que sí, que tras mi liberación concertada entro en La Moncloa por la puerta grande, me reciben en la escalerita esa de las cosquillas en las que todos se sonríen, nos hacemos una foto dándonos la mano y le puedo contar la idea de cómo acabar con el paro. Así estoy seguro que me atienden porque además he pensado que si no me hacen caso lo tienen claro porque voy directamente al Rey, que estamos en invierno y en esta época no hay regatas.

UNA PREGUNTA

Me piden por correo interno que expliqué qué tecnicas se utilizan (o al menos utilizo) para escribir un artículo. No sé si esto puede interesaros, si es así, ¿me lo comentáis?. Gracias. Un saludo

¿Pero de verdad que eso son deportes?

Escrito por Manuel Guisande
16 de Enero de 2010 a las 0:12h

Yo hay deportes que no entiendo; de ese de partirse la cara en un cuadrilátero ya no hablamos, vamos que lo tenemos todos bastante claro. Iba a decir ni Federación ni leches, bueno leches sí, y todas. Pero tampoco comprendo todos esos que terminan en hat-ching- flin-kin- hin-tinkin, que a mi a lo único que me suena es a una patada de bemoles en los dientes y nada más, pero por lo visto es una filosofía….. sin libros, claro, por eso hay tantos seguidores.

Además es curioso porque en todas estas prácticas que terminan en chin o fling siempre hay un maestro; pero el fenómeno de turno, a diferencia de otros deportes no es un joven de 23 tacos, fornido y atlético…. no, es un pavo de entre 80 y 90 años que, para mí, lo mejor que hace es saludar con las manos juntitas como si fuera a misa a comulgar y no es por presumir, pero antes de que salude, y mira que yo no soy nada, le pego una patada y lo desatornillo, sí hombre lo desatornillo y lo desmonto porque ese tío tiene todo el cuerpo pegado como un puzzle, vamos, ni lo dudo.

Lo del alpinismo también tiene lo suyo, que no sé a cuento de qué viene subir una montaña de 8.000 metros, pero es que además son pesaditos de narices. «Hoy la subo por la cara norte; mañana, por la sur, pasado por lo que llamamos Pico de la Esperanza, pero es más difícil con la cordada por la zona sur-suroeste», pero no des la vara chaval, sube y calla. Y sí, hombre, es mejor que calles porque la verdad es que yo creo que quienes realmente ascienden son los sherpas, que al resto os llevan de la mano, que deben de estar hartitos y hasta saber decir en más de cien idiomas «por ahí no bobín; por aquí, por aquí». Y como que me da que cuando un día haya una huelga de sherpas más que a ir a tomarse viento la tienda de campaña en el campamento base, lo que va a volar es el alpinismo de elite.

Claro que parar raros los que hacen la vuelta al mundo en solitario en un barquito de vela. Yo creo que la verdad es una excusa para largarse de casa y no volver porque, vamos, a mí me dice la sioux que se va a dar la vuelta al mundo a caballo… y te lo juro que lo último que oye de mí es darle con la palma de la mano al cuadrúpedo en la grupa y decir: «¡¡¡¡ Arre !!!» porque luego, ni con un par de GPS de última generación me vuelve a encontrar.

¿La vuelta al mundo? Anda, date dos o tres, que para lo que vas a encontrar cuando vuelvas… Oye, que no es ir al polígono de al lado de casa o hacer el Camino de Santiago, no, que son casi 40.000 kilómetros, como de A Coruña a Málaga 40 veces. ¿Pero qué quieres hacer, dar la vuelta al mundo en caballo o matar al cuadrúpedo?. Y además solo…. me lo voy a creer yo, sí neniño, solo… que somos parvos.

Y después hay una cosa que yo no sé si es deporte o está más cerca de las alucinaciones. Son los que van con un 16; o sea un 4×4 por la selva o por el desierto y que la mayor aventura que cuentan es cuando el vehículo quedó atrapado en un riachuelo y que con cuerdas, tablas y ramas que encontraron en la zona pudieron sacarlo y que tardaron 12 horas.

¿Pero es deporte estar 12 horas tirando de un coche para quitarlo de un barrizal?, ¿pero es posible, o es que yo me drogo, que tirar durante 12 horas de unas cuerdas es una aventura y una experiencia inolvidable? ¿Y por qué no piden trabajo en Mapfre o en la Asociación de Ayuda en Carretera y se dedican a sacar coches accidentados de la calzada? Hombre, a mí me dices, por ejemplo, que cruzaste el Amazonas a la silla de la reina o en unas angarillas o literas tipo faraón…. y qué quieres que te diga, pues sí, mola; pero tirar de un coche 12 horas… tas de coña.

AMIGOS DEL BLOG

Anita Noire y Celia Santos, especialistas el Literatura Contemporánea, y amigas del blog, han realizado una perfecta disección del libro de gran éxito La palabra más hermosa, de Margaret Mazzantini. Ed. Lumen. Ambas han coincidido que se trata de una novela «para leer sin prisas, disfrutando de los saltos al presente y al pasado y en definitiva de los sentimientos universales de amor, miedo y esperanza».

Mayday, mayday… incomunicados

Escrito por Manuel Guisande
10 de Enero de 2010 a las 21:31h

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

Ni los más viejos del lugar; o sea todos, recuerdan cosa igual, y yo espero no recordarlo más porque estoy como esos dibujos animados, que se cuartean y hasta estoy por mirarme y requetemirarme en el espejo con el pegamento en la mano y echármelo a litros en cuanto vea alguna fisura, que no me extrañaría que hiciera un brusco movimiento y se me cayera un brazo o una oreja, que a veces me las toco para ver si aún las tengo. Vamos que no estamos justo hoy para hacer un cocido, no vaya a ser que la orella esa que está entre los garbanzos y las patatas vaya a ser la tuya y termines en el programa ese de Impacto Total.

Pero no hay como vivir experiencias extremas. Con esto del frío he descubierto que no hay nada mejor que oír música con unos buenos cascos, pero no por la música o pasar el tiempo, sino por eso, por los cascos, por calentar las orejas con esas almohadillas que hasta ese punto hemos llegado y me da lo mismo escuchar la 5ª sinfonía de Beethoven que la vigésimo cuarta, el tecno más desquiciado o incluso no oír nada, pero los cascos, los cascos como hay dios que no hay quien me los quite.

Y mira que a mí la música en general… pues bueno, bien; pero llevo dos días que me lo sé todo, pero todo todo, y controlo más que ese reconocido pincha coruñés que es Nikopol: un crak, que lo mismo mezcla un pasodoble (pena que no sea de güisqui) con el funk y queda que no veas. Pero es que además, entre tema y tema suena el teléfono o llamas y preguntas: ¿Sabes si va a bajar alguien a la tienda? Y esto es una tensión… ¿Vendrá hoy el panadero?, ¿y el del pescado?, ¿y el del butano? ¿Y el de la furgoneta esa que trae de todo que es como El Corte Inglés pero sin sablear?.

Y como toda sociedad que se precie, aunque solo somos 11, hay rumores de que… «Creo que Maruja va a hacer pan en el horno», «que dice Gelito que si tomamos un aguardiente», «que Manolo llama para ver si vas a su casa que aún le queda vino de la zona de Ourense», «que Virtudes va a hacer una empanada». Y aquí hay más movimientos que en el metro de Madrid, que me rio yo de la tranquilidad del campo. Y tu te preguntas ¿pero qué bemoles pasa hoy en la aldea que todo el mundo quiere hacer cosas, pero qué ocurre que recibo más llamadas que un día en La Voz de Galicia, pero es que seremos una secta que nos vamos a suicidar hoy ya todos en grupo como si fuera hoy el día D, de Dios mío que nos vamos?

Pues no, el asunto es otro; el asunto es que no se trabaja, vamos que no se trabajará manualmente, porque lo que es de cabeza, aquí no se para de discurrir. Y de verdad que me veo tomando lingotazos con el vino tinto de Manolo, devorando la empanada de Virtudes, el pan de Maruja y echando fuego con el aguardiente de Gelito. Lo que sea, o como se dice en Galicia, «o que sexa», pero eso sí, a mí los cascos… a mí los cascos, te lo juro que no hay quien me los quite, te lo juro.

AMIGOS DEL BLOG

Nuestro amigo Alfredo Pardo Hermida con su cortometraje O LABERINTO ARIO, ha sido seleccionado para los Premios Maestro Mateo, de la Academia Galega do Audiovisual, que se fallará en el mes de abril. Dentro de unas semanas habrá una selección entre los 24 cortos, con lo que serán solamente cuatro los que opten al galardón.

Y los Reyes Magos me trajeron…

Escrito por Manuel Guisande
6 de Enero de 2010 a las 15:13h

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

De verdad que yo no sé qué hace la Nasa enviando sondas al espacio para averiguar si hay vida inteligente en otro planeta… pues la hay porque si no ¿cómo se explica que los Reyes Magos llegaran a mi aldea después de casi 15 años sin venir? Pues eso solamente es posible a que una mente superior los guió a este recóndito lugar, no cabe la menor duda, vamos, fijísimo.

¿Y qué pusieron los Reyes en mi casa a mis vecinos? Pues a Maruja una cestilla para el pan, que no parece mucha cosa ¿verdad?, pero es que a Virtudes otra y a la familia Caseto otra, ¡¡¡ impresionante !!!. Pero es más; las tres cestitas, las tres, son iguales, idénticas, pero cuando digo identicas es eso, idénticas idénticas… increíble.

¿Y a Manolo? Bueno, esto ya es para ponérsele a uno los pelos de punta. Un día antes de que llegaran los Reyes, que no hablo de un mes o una semana eh, no; un solo día antes dijo que en el monte hacía mucho frío por la mañana cuando va a trabajar, ¿pues qué creéis que le trajeron los Reyes, qué podéis imaginar, si tenéis capacidad para ello? ¡¡¡ Seis pares de calcetines, seis pares !!!, toque el género señora, seis pares como seis soles. ¡¡¡ Im-pre-si-o-nan-te !!!.

Pues si esto es ya de por sí sobrecogedor, lo que es escalofriante es lo que me trajeron a mí. Esto… es que me tiembla el pulso al escribirlo. En ocho meses que llevamos en la aldea he pasado de la típica corbata, el pañuelo y el llavero a… no os lo perdáis. ¡¡¡ una carretilla !!!, como lo digo, ¡¡¡ una carretilla !!!, pero de las de verdad, no de jugar.

Mira si habrá vida inteligente que ni yo mismo sabía que necesitaba una carretilla hasta que me di cuenta que enfrente de casa hay como cuatro toneladas de madera para acarrear. ¿Y cómo pudieron saber que necesitaba una carretilla cuando ni yo lo sabía? Pues por eso, porque hay vida inteligente, y esos seres que la Nasa busca que te busca y que han guiado a los Reyes a mi aldea han sido ellos y solamente ellos los que han abierto mi mente hacia una nueva dimensión: la de la leña.

¿Que cómo es la carretilla?. Bueno, bueno, bueno… Preciosa, nunca vi una carretilla igual; color azul cielo; con unos manguitos haciendo juego; con una rueda de goma negra preciosa, hinchable y deshinchable; con una estructura metálica que se nota que ha sido echa a conciencia, muy aerodinámica, con unos bordes puliditos… buah.

Como yo soy muy cuidadoso, porque mi madre siempre de pequeño me decía «no toques, no toques»; pues eso, ni la toco, y como aquí hay mucho verde, la tengo aparcada en zona de residentes. Pero no creáis que me conformo con que esté bien estacionada, ¡¡¡ qué va !!! , cada dos por tres (6) desde la ventana de casa la veo, y a veces me acerco a ella, la miro, la remiro, la limpio con una balletita y tengo unas ganas de utilizarla… pero como no encuentro el manual de instrucciones me pregunto: «¿Y si la estropeo, y si… no vaya a ser que…?» Ni hablar, hasta que no encuentre el manual, ni tocarla, pero bonita bonita es… bueno, nunca vi cosa igual, pero nunca.

Fontanero, carpintero, marido…

Escrito por Manuel Guisande
3 de Enero de 2010 a las 1:17h

(Cosas que pasan al cambiar de un día para otro de la ciudad al campo sin tener ni idea)

A mí me encantan las mujeres, como supongo que a ella los hombres; pero no por lo que te imaginas, que también; sino por su psicología, porque tienen un pensamiento tan distinto que seguro que es por eso por lo que estamos con ellas. Hay algo más hermoso que estar en casa y que te digan… «¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Guisande !!!!!!!!! (Guisande antes de casarme), se fundió una bombilla». Y tú te quedas así, parado, y piensas, porque sabes que no tienes una de repuesto: «¿Qué pretenderá, que me convierta en un minimicrotécnico electrónico y me meta por la bombilla y llegue hasta el filamento y que allí enredado y atado con un cable de seguridad en plan astronauta y en el vacío me ponga con un miniminimini soldador a empalmar el hilito ese de Edison?»
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Y otro día oyes un grito; esto, obviamente, depende las aprensiones, pero en mi caso es: «¡¡¡ Ah, ah, ah, un ratón un ratón, mátalo mátalo !!!». Y lo primero que piensas es: «Dios, que asesina, ¡¡¡ mátalo mátalo !!!», que podría decir: «¡¡¡ Fuera, fuera, échalo fuera !!!», que es más suave hombre, aunque luego le aplastes la cabeza con una maza de hierro o con lo que sea, pero así en un primer momento, es que la oyes y da miedo.

Pero claro, con esto del ratón, en mi caso te dices: «¿Cómo una mujer que es de la tribu sioux tiene miedo a un ratón si sus ancestros habrán visto miles de ellos e incluso culebras y pumas y osos cuando vivían en la tipis o tiendas?. Y vuelves a pensar, que es lo peor que puedes hacer: ¿Pero esta mujer qué cree, que un ratón es como un elefante, que se para en la sabana y en plan caza mayor con un rifle de mira telescópica 10.000 x 10.000 le pegas tres tiros?».

Y para que crea que haces algo coges la pala de mover las brasas de la lareira y haces que lo buscas (sí hombre, lo vas a encontrar, que con esos gritos estará ya en Ohio o Massachussets), y al final dices lo que ya habías pensado al principio: «Hay que comprar veneno».

Pero yo no sé si es su psicología o es que nos valoran mucho porque un día, así como así te dicen: «¿Cambiamos el armario para este sitio?». Y tu piensas «¿Pero seguro que sabe con quien se ha casado, que mido 1,80, peso 70 kilos y he demostrado en más de mil ocasiones que el mayor peso que he movido ha sido un bolígrafo y el anillo de boda que puse en su dedo?. ¿El armario, el armario?», te repites como diez veces pensando que ni vacío eres capaz de moverlo ni un centímetro del zócalo.

Y otro día te dice: «No hay agua». Y que distintos somos; ella piensa que lo vas a arreglar y tu que vamos a pasar sed, pero no lo dices. Y como lo del ratón, pues igual, 20.000 maniobras viendo el grifo con tan poco interés como eso, como ver un condenado grifo, para finalmente decir lo que ibas a decir al principio: «Voy a la fuente a por agua».

Y así todo. Que un día falla el ordenador… pues toca que te toca teclas y teclas como si fuera un piano y piensas: «estaré tocando el Para Elisa»… y otro día que se despegó no sé qué, que la lavadora, que el friega platos…. Y te das cuenta que ella cree que eres un tipo multidisciplinar. Y claro, a veces arreglas algo, porque malo será que aunque seas torpe no tengas un poco de suerte y de 10.000 averías no soluciones una. Y ese día, el único día que has reparado algo en tu vida, hasta te da un beso. Y tú, que no tienes ni idea como lo solventaste te sale la frase lapidaria:«Na, va, muy sencillo». Y mientras la dices, para tus adentros rezas la Biblia, el Corán, lo que te pongan y piensas «¡¡¡ Por dios, por dios, ahora que no falle nada que no falle nada !!!». Joé, que responsabilidad ser marido.

¿PERO NO VAIS A UTILIZAR EL POST A TU SERVICIO?

Pero vamos, no me digáis que tenéis de todo, porque no me lo creo, así que ir viendo lo que necesitáis y lo que os sobra. Yo ya he pedido una cocina de butano, que la mejor que tengo seguro que es, y como no me corto, pues también una nevera, y PMM da un ventilador. Pero también si queréis ir a un sito en coche podéis quedar, todo lo que se os ocurra

Menos mal que se fue el 009

Escrito por Manuel Guisande
1 de Enero de 2010 a las 0:59h

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¡¡¡¡ HOLA VEiNTE DIEZ !!!!

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