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Entradas etiquetadas como ‘televisión’

House

Viernes, febrero 10th, 2012

Justo ahora, cuando se detecta la mayor concentración de la historia de idiotas por metro cuadrado de moqueta oficial y privada, precisamente cuando más necesitábamos su mala baba y su lengua afilada, House cuelga el estetoscopio. Adiós a sus réplicas demoledoras, a su piano de dandy pendenciero y a su refinada afición por el whisky, las pastillas y las patologías raras. El revoltoso Sherlock Holmes del Plainsboro Princeton Hospital echa el cierre a su consulta y nos deja en bolas, tumbados en la camilla, y a solas con nuestro lupus, nuestra sarcoidosis y nuestro Kawasaki. Porque esto del mundo, querido Gregory, al final va a ser algo autoinmune.

Mazinger Z

Sábado, julio 26th, 2008
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Mazinger Z es la gran serie de dibujos de mi infancia. Ni Comando G, ni Ulises 2000, ni Érase una vez el hombre, ni Heidi, ni La abeja Maya ni, por supuesto, el turras de Marco y sus Apeninos y sus Andes. No. Mazinger es, sencillamente, el número uno, el punto y aparte, el gigante, el coloso. Es asombroso cómo, si uno pasea unos minutos por YouTube, descubre que tiene en el fondo del cerebro, atrincheradas no se sabe dónde, un filón de escenas que no veía desde hace treinta años o así. Ahí están, en una cuerda floja tendida entre el circo de las neuronas, las acrobacias de Mazinger, su fuego de pecho, y las andanzas de su novia, la incombustible Afrodita A y su legendario grito de guerra: ¡Pechos fuera! Recordemos, de hecho, que la primera vez que Mazinger levanta el vuelo es aferrado a las tetas-misiles que Afrodita había lanzado al espacio. Ya lo ha dicho aquí Prometeo: en aquel tiempo Ronald Reagan andaba planeando la guerra de las galaxias y la novia de Mazinger ya andaba por ahí con un silo de misiles en el canalillo. Eso sí que era igualdad de género: al fuego de pecho del robot respondía la robota (Prometeo díxit) con sus pechos fuera. Tanto monta, monta tanto.

Bueno, os dejo con estos impagables dibujos (en los que aún se aprecia el trazado del lápiz, no como esas superficies perfectamente lacadas de la actual animación) y os recomiendo un viajecito nostálgico por YouTube (hay capítulos enteros circulando por ahí). La canción de apertura de la serie no tiene desperdicio. El tipo que interpreta la banda sonora imita a Raphael. ¿Será el original o un plagiario? Quién sabe. Pero Mazinger no admite copias. Es único entre un millón.

Teleñecos de museo

Miércoles, julio 23rd, 2008

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El Smithsonian de Washington, que no es precisamente un museo de chiste, le dedica estos días una exposición a Jim Henson, el creador de los teleñecos de Barrio Sésamo. Las míticas marionetas saltaron a los papeles el año pasado porque en Estados Unidos su edición en DVD había caído en las zarpas de la censura debido a que la pandilla de Sésamo no encaja ya, treinta años después, en los cánones de lo políticamente correcto (o sea, correctísamente ñoño, peñazo y demás palabras con eñe que no me atrevo a escribir). Un delirio, vaya.

Menos mal que el gran museo de la capital yanqui restaña un poco las heridas con esta exposición en la que, pasando mucho de los censores y de sus tijeras de mente estrecha, resucitan la rana Gustavo, intrépido reportero que generó más vocaciones periodísticas que el orondo Lou Grant; la acosadora cerdita Peggy; Coco y sus mundos imaginarios y volátiles; el conde Draco y sus matemáticas dementes; Triki, el entrañable monstruo de las galletas, al que algún espabilado quiere recetar la dieta del pomelo; y, claro, Epi y Blas, que inventaron la pareja de hecho antes de que ZP siquiera soñase con llegar a la Moncloa, y que, según los analistas, forman el dúo que mejor ha representado en la pantalla el desgaste que genera la convivencia, llámese matrimonio o colegas con beneficios. Esas escenas de las camas gemelas, con Epi quemando a Blas a golpe de réplicas y contrarréplicas, son el gran retrato del roce conyugal, que, ya se sabe, a veces hace el cariño y otras, en cambio, acaba en el juzgado. Toma revival.

Kerouac vende coches (II)

Viernes, junio 13th, 2008
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Algunos lectores (sí, hombre, algunos tengo, el mapita de marras dice que hasta hay uno en Sudán) me han interrogado sobre el texto de Jack Keroauc que se cita en el anuncio de la serie 1 de BMW al que ya dediqué un farrapo. En el spot se puede escuchar :

“Sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ooooh”.

El párrafo corresponde (casi literalmente, salvo algunos matices) al inicio del primer capítulo de On the road (En el camino), según la versión publicada por J. K. en 1957. Lo curioso del caso es que este párrafo fue uno de los que el autor modificó respecto a la versión original de la legendaria novela, versión que precisamente acaba de ver la luz tras medio siglo de sueño en el cajón. En ese manuscrito de 1951, que Kerouac mecanografió en formato de rollo a lo largo de tres disparatadas semanas, el mismo texto reza así:

“… Sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, loca por vivir, loca por hablar, con ganas de todo al mismo tiempo, los que nunca bostezan o dicen lugares comunes, sino que arden, arden, arden como cohetes en la noche” (y a partir de ahí Keroauc empieza a hablar de Allen Ginsberg).

Lo que tiene su gracia es que en el spot se alude al texto original: “Escrito en el 51 en un libro que, qué casualidad, se titula On the road“, cuando la cita, qué casualidad, corresponde a la versión de 1957, en la que Keroauc tuvo que introducir las enmiendas impuestas por los editores y abogados y, de paso, dividió el manuscrito de un solo párrafo en capítulos, disfrazó a los protagonistas reales (Neal Cassady, Jack Kerouac, Allen Ginsberg…) bajo otros nombres y, como en el caso que nos ocupa, aprovechó para adornar un poco su prosa añadiendo pirotecnias, arañas y estrellas.

Aunque, ahora que lo pienso, y con la que está cayendo con el paro del transporte, tal vez no sea el momento de ponerse a hablar de un libro que se titula On the road y mucho menos de un anuncio que se cierra con el clásico: “¿Te gusta conducir?”. Pero, qué le vamos a hacer, la vida tiene estas ironías.

P. J. Harvey

Jueves, junio 12th, 2008

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Parece que llega el verano (o al menos el sucedáneo Made in Galicia), así que vamos a relajarnos un poco con algo de música, que nos estábamos poniendo demasiado profundos y tampoco es plan, que luego nos acusan de culturetas. Es lo que tiene esto de la escritura multimedia, que lo mismo le atizas al lector una cita, que le cuentas un cuento, que le propinas un vídeo o le suministras, sin anestesia ni nada, por las bravas, una dosis de columnismo. Ahora, mientras acechan las huelgas por tierra, mar y aire y los políticos, a su rollo, siguen tumbados a la bartola viendo la Eurocopa por la tele de plasma, conviene estirar un poco las neuronas y dejar que las invada la voz poderosa de Polly Jean Harvey, sin duda una de las grandes de los últimos lustros (con el permiso del compañero bloguero Javier Becerra, que es el especialista).

Lo dicho, como aprietan ya un poco los grados Celsius, incluso en esta esquina del Atlántico, vamos a beber a sorbos esta canción de P. J., que parecía una chica mala hasta que vino Amy Winehouse y convirtió a Polly Jean en una especie de monjita de clausura. Aquí la Harvey nos canta Good Fortune, del álbum Stories from the City, Stories from the Sea (2000). Se recomienda su consumo con un toque de espuma de mar (o similares).

Como ponían en la tele de la infancia cuando se les agotaba el repertorio de Nodos, dibujos enlatados de los osos Bubú y Yogui, series cutres, anuncios de Calisay y películas de Paco Martínez Soria, ahí van unos Minutos musicales. Aquí Polly Jean, aquí unos amigos.

Kerouac vende coches

Martes, junio 3rd, 2008
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Cuando se acaba de cumplir medio siglo de la publicación de On the road (En el camino), la novela de Jack Kerouac que elevó a la generación Beat a los altares de la cultura de masas, una firma de automóviles de lujo echa mano del legendario texto para imprimir un barniz literario a su nueva campaña publicitaria. El asunto tiene su gracia, porque, como recordamos hace poco en La Voz, ha tenido que pasar medio siglo para que se publicase el texto íntegro de la versión original mecanografiada por Kerouac en 1951 (la fecha que, con precisión, apunta el anuncio) y que, solamente con múltiples enmiendas y recortes, pudo ver la luz en 1957.

Era On the road un relato demasiado duro de digerir entonces, pero, transcurridos diez lustros, ya sirve incluso como reclamo comercial. Quién le iba a decir al gran Jack, maestro consumado del arte del autostop, que iba a pasar a la posteridad como vendedor de coches.

ojd