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Entradas etiquetadas como ‘pintura’

Un collage de 51 pinturas

Jueves, noviembre 10th, 2011

No corren buenos tiempos para la pintura. Bueno, en realidad no son buenos tiempos para casi nada. Pero la pintura no es precisamente el género artístico de moda. Por eso cobra especial relevancia el esfuerzo realizado por la Fundación Barrié para reunir, en poco menos de tres años, una colección de pintura contemporánea internacional que por primera vez se exhibe completa al público en A Coruña. Son 51 obras creadas a finales del siglo XX y principios del XXI y que encajan en ese concepto de arte expandido, que se escapa más allá del marco y de los límites convencionales del lienzo. Como apunta el comisario de la muestra y asesor de la fundación, David Barro, la muestra compone un collage de 51 piezas que se expanden por varias plantas y sótanos del edificio de la fundación: «Esta exposición funciona como un collage que permite entender ese significado poliédrico de la pintura». «Construir una colección y trabajar en el terreno educativo con ella es una manera efectiva de significarse en un universo de contenedores vacíos», cuenta Barro, que en su cuidada selección de autores ha incluido a los gallegos Ángela de la Cruz, Álvaro Negro, Teo Soriano, Manuel Vilariño, Pedro Barbeito y Suso Fandiño junto a grandes firmas del panorama internacional como Jonathan Lasker, Imi Knoebel, Helmut Dorner, Fabian Marcaccio o Jean-Marc Bustamante. La exposición, que se inaugura esta tarde a las 20 horas, se mantendrá en A Coruña hasta el próximo 18 de marzo.

Picasso en tres dimensiones

Jueves, noviembre 20th, 2008

El amigo Rubén Ventureira me regala este maravilloso vídeo sobre el Guernica de Pablo Picasso. Para enmarcar.

Demasiada calma en la ciudad

Martes, noviembre 11th, 2008
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Pululando por ahí me he tropezado con este micrometraje titulado Demasiada calma en la ciudad. Pablo Gallo  pone las ilustraciones y Tom Waits la música durante un paseo por esa Coruña poco convencional que no sale en las postales. Uno de esos regalos diminutos, pero preciosos, que a veces arrastra hasta nuestra orilla la corriente de la Red.

Un cuento

Martes, julio 1st, 2008

Soltaba aquí el otro día, a cuento de la dichosa Eurocopa, que a veces, por una extraña e imprevisible colisión de las galaxias, van y ganan los buenos: la España de Cesc, la prosa de Roberto Bolaño o, ayer mismo, la pintura de Antonio López, por la que un millonetis ha apoquinado en Christie’s 1,74 kilos (de euros, claro, los otros ya no molan, ya no son apenas nada). El tío Gilito de marras ha sacado los doblones de su depósito para quedarse con Madrid desde Torres blancas, óleo que reitera esa tesis de que a veces, por una vibración insospechada de los quarks y las supercuerdas y otras vainas de la física cuántica, la vida es justa y a la chica de la peli no se la lleva el jetas, el gángster, en fin, el canalla de turno. No, viene un tipo de la calle, un Antonio López en zapatillas, el artesano maravilloso que nos cautivó en El sol del membrillo, y, para asombro de todos, le pega a la rubia un morreo de tornillo. No siempre van a ganar los trileros.

Aunque a lo mejor todo esto es pura ingenuidad de bloguero (somos gente incauta, por eso nos leemos unos a otros sin vacuna previa) y es sólo que los granujas, para disimular, de tiempo en tiempo se dejan meter un gol para que pensemos que la vida es justa y el árbitro, un tipo honesto. Pero por lo menos, entre puñalada y puñalada, podemos creernos el cuento de que al final de la partida ganan la bondad, la verdad y la belleza, esas quimeras.

Kikí de Montparnasse

Martes, junio 17th, 2008

Alice Ernestine Prin (Chatillon-sur-Seine, 1901-París, 1953), a la que todos llamaban Kikí de Montparnasse, es el 55.jpgrostro (y, por supuesto, el cuerpo) del París de entreguerras, aquella ciudad que en el entreacto de dos devastaciones que rozaron lo absoluto fue la capital del planeta, al menos en lo que respecta al arte y la cultura, que según cómo se pongan las cosas a veces es lo único a lo que uno puede aferrarse. En aquella capital pululaban, igual que ahora pululan los turistas con sus tripas cerveceras y sus cámaras digitales con memoria ampliada, tipos como Modigliani, Picasso, Duchamp, Fujita, Breton, Tristan Tzara, Hemingway o Man Ray, que caminaban sin rumbo a la orilla del Sena, no sé, buscando una luz, una metáfora, un perfil, que vagaban dándole sin parar al manubrio del surrealismo, del dadaísmo, del vanguardismo, inventándose revoluciones, incendiando las academias sin necesidad de sacar los fósforos del bolsillo de la chaqueta. Aquellos tipos, con sus ojos alucinados, lo reinventaron todo, y tal vez aún estemos viviendo de la inercia de aquellas indagaciones. Y entre aquellos gigantes se deslizaba Kikí, que era un poco el hilo de contacto con la realidad, la que ataba a todos aquellos maravillosos lunáticos al mundo de carne y hueso, que a veces era, precisamente, su propia carne y sus propios huesos. Porque buena parte de los vanguardistas fueron sus amantes, más o menos pasajeros, como Man Ray, que probablemente fue su gran amor, ese que queda cuando todo lo demás ya se desdibuja o se corrompe o, sencillamente, se olvida y se apaga. Man Ray dedicó a Kikí algunas de sus mejores instantáneas, fotografías que son, así, a pelo, auténticos poemas de amor, escritos con química y luz y líquidos de revelado y esos chismes de laboratorio, qué sé yo, que se manejaban antes de los cacharros digitales.

Ahora, tantos años después, cuando Montparnasse es poco más que una postal desleída en las guías de viajes, ha vuelto Kikí. Kikí de Montparnasse (ediciones Sins Entido), un excelente cómic firmado por Catel Muller y José-Louis Bocquet, cuya portada se reproduce más arriba en el post, y la extraordinaria exposición Man Ray, despreocupado pero no indiferente, que la Fundación Caixa Galicia ha paseado por nuestra geografía, han rescatado a Kikí del baúl de nuestra desmemoria. Conviene echarle un ojo al cómic y al espléndido catálogo de Caixa Galicia para redescubrir a la modelo y a aquellos fabulosos tarados que estaban convencidos de que París era una fiesta (Ernie Hemingway dixit) cuando, en realidad, la fiesta ellos ya la llevaban puesta al salir de casa y dejarlo todo, España, Estados Unidos, lo que fuese, para irse a Francia, capital Montparnasse.

En 1982, en el número 15 de la desaparecida revista Poesía (que editaba el Ministerio de Cultura y que lucía como subtítulo: Revista ilustrada de información poética, como si eso de información poética no fuera una contradicción) se incluyó una traducción de Las memorias de Kikí de Montparnasse, “presuntamente escritas por Alejo Carpentier a partir de la narración que le hizo la propia modelo, hipnotizada por el poeta ultraísta Mariano Brull“. Así remata, en 1929, su personal e intransferible testimonio de aquellos años en París:

“He vuelto a Montparnasse, para mí el país de la libertad. Me parece que aquí puedo hacer mis calaveradas sin temor a volver a tener que comer garbanzos. La gente tiene amplitud de miras, y lo que fuera sería un crimen, aquí es un pecadillo de nada. Montparnasse, tan pintoresco, tan alegre. Todos los pueblos de la tierra campean aquí y, sin embargo, es una gran familia”.

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