La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘Periodismo’

Uno de los grandes

Sábado, marzo 13th, 2010

miguel-delibes-con-milano-en-el-hombro

Miguel Delibes, el gran cronista de Castilla, se nos ha ido a los cielos de su tierra ocre, llenos de perdices rojas y de nubes delgadas, elegantes y austeras como su prosa (y como el autor, claro). Hace sólo unos meses, con la excusa de la publicación de dos tomos de sus imbatibles Obras Completas, hablábamos por aquí de la epopeya de lo minúsculo. Ahora no sabría qué añadir de nuevo a aquellas líneas, así que me remito a los excelentes textos que han escrito hoy en La Voz Enrique Clemente, César Casal y Paco Sánchez sobre el último gran clásico de la literatura española.

Y me limito, por último, a reproducir el inicio de Las ratas, trazada, como todas sus novelas, en un idioma formidable, que probablemente dentro de una década ya sólo exista en los libros, y que los lectores, disfrazados de arqueólogos, tendremos que rastrear en bibliotecas y diccionarios. Pero ya me callo, porque, como diría el roedor Firmin, va a hablar uno de los grandes:

“Poco después de amanecer, el Nini se asomó a la boca de la cueva y contempló la nube de cuervos reunidos en consejo. Los tres chopos desmochados de la ribera cubiertos de pajarracos, parecían tres paraguas cerrados con las puntas hacia el cielo. Las tierras bajas de don Antero, el Poderoso, negreaban en la distancia como una extensa tizonera.

La perra se enredó en las piernas del niño y él le acarició el lomo a contrapelo, con el sucio pie desnudo, sin mirarla; luego bostezó, estiró los brazos y levantó los ojos al lejano cielo arrasado:

-El tiempo se pone de helada, Fa. El domingo iremos a cazar ratas -dijo.”.

(Las ratas, Ediciones Destino, 1962)

Ilustración: “Miguel Delibes con milano en el hombro”, de Pablo Gallo.

¿Periodista o pianista?

Martes, marzo 9th, 2010

Hay una serie de asuntos en la vida que hay que aprender en el propio pellejo. En estos negocios no sirven de nada los libros, ni Google, ni las universidades, ni la risoterapia, ni la Wikipedia, ni el psicoanálisis. Ni siquiera los sabios consejos de nuestros mayores, a los que cada vez prestamos menos atención. Se ve que, por un extraño hábito del ser humano, cada generación quiere estrellarse ella solita contra el mismo paredón en el que se estampó la anterior camada. 

Una de esas grandes verdades que se aprenden a palos es el viejo axioma según el cual si uno ejerce este venerable oficio del periodismo es mucho mejor negarlo, llevarlo en secreto como los agentes de la CIA, y presumir, en cambio, de que se trabaja de pianista en un burdel. A los músicos de puticlub, que tocan de oídas, sin partituras ni mayores adornos, no les prohíben el paso en ciertas instituciones, no les propinan ruedas de prensa en las que no se permite hacer preguntas, y ni siquiera hay gente que confunda su profesión con la de personas como Pipi Estrada o Belén Esteban, que no sé exactamente quiénes son ni a qué se dedican, pero al parecer salen mucho por la tele y la peña los identifica con este antiguo oficio de escuchar, ver y contar. Oficio que ha sobrevivido a dos guerras mundiales, pero que tal vez no sobreviva a la napia de la Esteban y sus sucesivos divorcios.

Por estas cosillas de medio pelo, y porque si confiesas en público que trabajas de periodista te reprochan todo lo que publican todos los periódicos del planeta, hasta de los errores en el pronóstico del tiempo del New York Times, mola mucho más seguir la recomendación de los maestros de la cosa y contarle a la familia (incluso a la suegra) que sí, que anoche llegamos tarde porque hubo que afinar el Steinway del puticlub y la cosa se lió. Además, si aterrizamos algo rascados en el hogar dulce hogar, siempre podemos hacer como Tom Waits, que ya decía que el que bebía era el piano, no él.

El vídeo misterioso

Domingo, agosto 16th, 2009

Publica hoy El País un reportaje sobre el rescate de una película casera filmada por el secretario de Juan Ramón Jiménez, Juan Guerrero Ruiz, en la que aparecen los miembros de la Generación del 27: El vídeo misterioso. Muy interesante. Salvo que lo que aquí se presenta como novedoso, inédito, etcétera, no lo es tanto. Ya se contó y ya se presentaron las imágenes en el número 22 de la desaparecida revista Poesía, en enero de 1985. Fue entonces, y no ahora, cuando esta cinta recuperada por Rafael Zarza vio la luz. En la primavera de 1983 se mostró a Jorge Guillén un vídeo con el montaje. Unos días después, el escritor envió a la redacción de Poesía el poema que hoy reproduce el diario madrileño con aires de exclusiva, y que también se publicó en 1985 (copia del manuscrito incluida) en la revista del Ministerio de Cultura. Lo que es misterioso no es el vídeo, sino el escaso aprecio por la memoria de los lectores.

Chamorro

Martes, julio 14th, 2009

Se nos ha ido Eduardo Chamorro. Ayer mismo, horas antes de su muerte, estuve charlando con él por teléfono sobre su próximo artículo, que ya no salió del tintero. Eduardo iba a analizar, con su estilo afilado y certero, lo que definió como «pavorosa imagen» de Fraga y Moratinos durante su reciente visita a Guinea Ecuatorial. 

Era un tipo generoso que, desde la altura de su trayectoria, no dudaba en animar a los pipiolos como yo, que casi estamos empezando en esto de la literatura y el periodismo. En enero, por ejemplo, me propuso un «intercambio de rehenes». Él me envió su último libro: España siglo XXI. Relatos de la izquierda y la derecha y, a cambio, yo le remití O embigo do mar. Tengo aquí la dedicatoria que plantó en la primera página de su excelente texto, en la que da la medida de esa generosidad con los novatos a la que aludía antes.

Tuvo las agallas y el talento suficientes para traducir al inmenso James Joyce. Nada menos. Por eso, tal vez la mejor despedida a Chamorro sea recoger aquí su versión del que probablemente sea el mejor remate de la historia de la literatura, que no es otro que el final del cuento Los muertos, que Eduardo tradujo para la edición en Cátedra de Los dublineses: 

«Unos roces en el cristal le hicieron volverse hacia la ventana. Había comenzado de nuevo a nevar. Contempló somnoliento los copos, plateados y oscuros, cayendo oblicuamente contra la luz de la farola. Había llegado el momento de que emprendiera el viaje hacia el oeste. Sí, los periódicos tenían razón: nevaba de igual modo sobre toda Irlanda. La nieve caía sobre todos lso lugares de la oscura llanura central, sobre las colinas sin árboles, caía dulcemente sobre el Pantano de Allen y, más hacia el oeste, caía suavemente en las oscuras olas amotinadas del Shannon. Caía también sobre todos los lugares del solitario cementerio en la colina donde Michael Furey yacía enterrado. Yacía apelmazada en las cruces y lápidas torcidas, en las lanzas de la pequeña cancela, en los abrojos estériles. Su alma se desvaneció lentamente asl escuchar el dulce descenso de la nieve a través del universo, su dulce caída, como el descenso de la última postrimería, sobre todos los vivos y los muertos».

Como diría ese ratón de biblioteca llamado Firmin -que tanto le gustaba a Eduardo-, se nos ha ido uno de los grandes.

Humor internacional

Miércoles, mayo 27th, 2009

g27p24f1

Hay lectores inquietos que piensan que la información internacional es muy aburrida. Demasiado seria. Demasiado análisis geoestratégico. Según la opinión de estos espectadores de la realidad mundial, la política internacional y sus dameros son como una eterna lección de geografía  humana, o física, o política, quién se acuerda ya de la diferencia entre aquellos mapas en blanco del cole, unos había que rellenarnos con nombres de países y capitales, y otros con los nombres de ríos larguísimos, como el Volga y sus remeros.

El lector abre la sección de Internacional y, atemorizado, huye hacia los deportes, pasa las páginas velozmente, porque sospecha que le van a propinar de nuevo una clase de geografía, de aquellas del viernes por la tarde que nunca acababan, se teme que el profesor va a desplegar en cualquier momento uno de aquellos mapas que dormían enrollados en una esquina del aula de EGB (ahora ya hay mapas digitales, que cambian en directo, con las guerras y las diplomacias y las onus que las parieron).

Pero el lector, en esta ocasión, se equivoca porque, a menudo, las páginas de Internacional están más cerca del surrealismo que de la geoestrategia. Ahí está, por ejemplo, el cardado sin una sola cana que luce el temible tirano norcoreano Kim Jong-il, sí, el de los misiles nucleares a granel, que debió confundir un reactor atómico con el secador de pelo y así le ha quedado el tupé. También tenemos, en otra pista del circo internacional, los cuatro días que durará la próxima emisión de la telecomedia (¿o telenovela?) venezolana Aló, presidente, con Hugo Chávez en el papel estelar. Y, last but not least, hallamos esta perla del líder de la Liga Norte italiana, Umberto Bossi, sobre los escarceos sexuales del primer ministro Silvio Berlusconi: “Los políticos no tenemos tiempo para sexo y, honestamente, Berlusconi tiene ya sus años. Existe la viagra, claro, pero yo creo poco en eso”.

Toma geoestrategia.

Cuestión de chicha

Miércoles, mayo 20th, 2009

Anda revuelto el patio de la prensa. A la crisis planetaria (esa en la que algunos ven los mismos brotes verdes que tal vez se hayan fumado previamente) se suman en los medios de comunicación el desplome de los ingresos por publicidad y la fuga de lectores desde el papel (o sea, apoquinando) a las pantallas (por el morro). Es complicado que alguien con menos de 25 tacos pague 1,10 euros por este artilugio llamado diario, porque la chavalada se lo papa gratis total en el ordenador, la PDA o el móvil y, además, actualizado en tiempo real, con vídeos, sonido, comentarios y toda la artillería multimedia.

Umberto Eco, que tiene más de integrado que de apocalíptico, ha pasado por Madrid para sentenciar: «Hegel dijo que la lectura de los diarios por la mañana eran el rezo matutino del hombre moderno, pero no sé si mi nieto querrá rezar de esa manera». No tengo ni idea de lo que va a pasar de aquí a tres años vista (ya no digamos más allá). Pero creo que los vaticinios que sobrevuelan nuestras cabezas son tan fiables como los pronósticos de los augures romanos cuando examinaban las entrañas de las aves para predecir el curso de una batalla.

Lo que sí tengo claro es que la principal herramienta de Internet, más poderosa incluso que las imágenes y el sonido, sigue siendo la palabra escrita. Así que habrá que darle a vueltas a la mollera para que este tinglado del periodismo siga funcionando, en el formato que sea, porque tenemos entre manos una materia prima de muchos megatones. 

Hay un ejemplo cercano. Como subrayó ayer el propio Eco, el libro actual tiene ya 500 años y, si nos vamos a los manuscritos, más de 1.000. El libro ha sobrevivido a todas las embestidas: la radio, el cine, la televisión, los videojuegos e Internet juntos no han podido con Gutenberg (al menos de momento). El libro tiene un diseño imbatible, cierto. Pero, sobre todo, tiene una sustancia única: contenido. Esa chicha es la que marca la diferencia. La diferencia entre pagar o no pagar. Y la diferencia entre lo que se esfuma y lo que permanece. Apliquémonos el cuento (nunca mejor dicho).

Lástima que cuando ya estamos metidos hasta el cuello en el centro del torbellino en lugar de usar las neuronas para hallar nuevas salidas, ciertos gurús mediáticos se dedican a disparar contra el pianista, o sea, contra el bloguero. Baste, como muestra, esta recopilación de Mangas Verdes (vía La Huella Digital): Un bozal inútil. Así nos va.

Paradójicamente

Lunes, mayo 18th, 2009

Sólo a  mí se me ocurre citar a Bartleby, el escribiente. Su mera mención, en la anterior entrada de este cuaderno de bitácora, ha tenido en mí un efecto devastador, paralizante, como los venenos que las arañas inyectan en sus víctimas para luego poder paladearlas con sosiego. Hace una semana yo mismo me inoculé la pócima del mal de Bartleby al plantar aquí su nombre y, lo que es más grave, su legendaria sentencia: «Preferiría no hacerlo».

Por eso, hoy, aunque tendría que contar algo sobre Mario Benedetti, que también se ha ido a respirar el polvo de las estrellas, sinceramente, preferiría no hacerlo. Podría, por ejemplo, dedicar a Benedetti uno de mis Inicios de novela. Podría citar el arranque, pongamos por caso, de La tregua, que creo que empezaba así: «Sólo me faltan seis meses y veintiocho días para estar en condiciones de jubilarme. Debe hacer por lo menos cinco años que llevo este cómputo diario de mi saldo de trabajo. Verdaderamente, ¿preciso tanto el ocio?». O podría reproducir algunos versos de un poema particularmente hermoso en el que Benedetti se confiesa como pasajero del tranvía número no sé cuántos. Podría, pero preferiría no hacerlo.

También podría escribir sobre Ramón Piñeiro, al que acabamos de dedicar el Día das Letras Galegas, y que tiene un libro de honda belleza titulado Filosofía da saudade. Quizás ahora no resulte un título deslumbrante, porque hasta hay una filosofía del fútbol o de las artes decorativas, pero cuando Ramón Piñeiro escribió este ensayo ponerle una filosofía a la saudade fue un acto de enorme osadía literaria. También podría escribir sobre una fabulosa exposición de las polaroids del cineasta Tarkovski que se exhibe en la Fundación Luis Seoane, justo frente al segundo piso desde el que escribo estas crónicas de lo minúsculo (o de la nada, ya no sé).

Podría incluso escribir del doblete del Barça, que tiene feliz al gran Enrique Vila-Matas, o de Raúl del Pozo, que no es Umbral, aunque sobre el papel ocupe el espacio físico del difunto, y que hoy nos llama a los blogueros «monos con ordenata», piratas, sanguijuelas y otras lindezas. Bueno, si esto es el planeta de los simios, que no se crea Del Pozo que es Charlton Heston.

Preferiría, en fin, no escribir de estos asuntos, pero, paradójicamente, creo que ya lo he hecho. Tal vez Bartleby no me haya aniquilado del todo.

Autonecrológica

Martes, abril 28th, 2009

Impresionante (por no usar palabras de mayor calibre) la autonecrológica que ha dejado escrita en su blog el escritor y periodista Javier Ortiz, fallecido esta madrugada. Que la tierra le sea leve.

La crisis tiene cara

Martes, abril 14th, 2009

Estoy un poco hasta el moño de que los gurús económicos (sí, los mismos que no vieron venir esta hecatombe) nos den la murga con sus augurios a toro pasado. Lo que más me indigna es la facilidad con la que manejan las cifras del desempleo, deslizándose en un mismo párrafo de los tres a los cuatro millones de parados, como si en lugar de hablar de personas estuvieran hablando de entes abstractos (tal vez por eso los gurús nunca hablan de despidos, sino de «recortes en la masa laboral», que suena más fino pero significa la misma patada en los mismos culos). Bueno, pues precisamente por eso, porque hay mucho macroeconomista que se empeña en despersonalizar este drama y camuflarlo bajo un arsenal de gráficos, es tan importante que los periodistas pongan rostro y nombre a la crisis. Por eso es importante que La Voz publique hoy el testimonio de Rogelio, que es como se llama esta maldita recesión que nos está apretando las gónadas.
La intrahistoria en el blog de Jorge Casanova.

Es el transporte, no el ferrocarril

Miércoles, marzo 18th, 2009

En la palabra newspaper hay quien piensa que lo importante es news y quien cree que lo importante es paper. La frase de Rob Curley sobre los medios de comunicación, que recogía recientemente La Huella Digital, me recuerda mucho aquella reflexión del profesor de Harvard Thedore Levitt sobre los empresarios del ferrocarril en Estados Unidos, que en su día se opusieron a la construcción de las grandes autopistas: «No vieron que su negocio era el transporte, no el ferrocarril. Pudieron haber ampliado sus operaciones a las nuevas vías. Estaban en una posición fuerte para competir, ofreciendo trayectos combinados de ferrocarril y carretera. Pero no vieron la oportunidad, sino el problema». Eso define precisamente a los grandes emprendedores (tan necesarios en este trance): donde los demás sólo vemos un problema, ellos ven una oportunidad. Cuestión de dioptrías.

ojd