La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘música’

Festivales

miércoles, julio 3rd, 2013
Imagen de previsualización de YouTube

Si es factible, siempre conviene manejar la versión original. No por nada, tan solo para evitar lecturas erróneas de la realidad. Por eso, antes de que se desate la guerra de los clones de los festivales veraniegos, no está de más recordar el Festival.  Richie Havens, que se largó al otro mundo el último Día del Libro, fue el encargado en 1969 de abrir fuego en Woodstock. Él solo, con su guitarra. Sonaba Handsome Johhny.

Imagen de previsualización de YouTube

The End

viernes, diciembre 21st, 2012
Imagen de previsualización de YouTube

Al principio estaba el fin.

 

 

After Dark

sábado, noviembre 15th, 2008

Imagen de previsualización de YouTube 

Five Spot After Dark es la pieza musical que ha inspirado el título (y algo más que el título) de la última novela de Haruki Murakami, After Dark. Una excusa bastante oportuna para degustar un poco de jazz del bueno. Os dejo aquí la crítica sobre la narración de Murakami que hoy publico en el suplemento Culturas de La Voz de Galicia:

 Murakami retrata la desoladora noche de Tokio

After Dark, la nueva novela del celebrado autor japonés Haruki Murakami (Tokio, 1949) transcurre en una sola noche, entre las 23.56 y las 6.52 horas, y entre dos frases: «Perfil de una gran ciudad», que abre el fuego, y «La noche se ha acabado por fin. Aún falta mucho tiempo para que nos visiten de nuevo las tinieblas», que echa el cerrojo a un relato coral que, en realidad, no remata en el sentido estricto de la palabra, sino que, como algunas películas, simplemente se detiene en una incierta pausa que suspende toda acción.

Tusquets publica ahora en español esta narración, que nos adelantó Galaxia en su versión en gallego (Tras o solpor) hace ya un mes. Aquí Murakami se mantiene fiel a su exitosa receta, que lo ha convertido en una singular mezcla de autor de culto, superventas y hasta asiduo de las quinielas otoñales del Premio Nobel de Literatura. El japonés, ante aquella disyuntiva planteada por Umberto Eco en Apocalípticos e integrados ha elegido, como el propio Eco, la senda de los integrados. Su coctelera digiere a un tiempo cierta tendencia a la prosa poética con una gran habilidad para confeccionar diálogos creíbles y ágiles, fórmula a la que añade un despliegue de recursos procedentes de la cultura popular: televisión, cine, música (el título de la obra es un tributo a Five Spot After Dark, del trombonista Curtis Fuller), literatura, periodismo y, claro, la omnipresencia de las marcas y franquicias que hacen de Tokio un escenario intercambiable con cualquier otra gran ciudad del globo.

En After Dark evoca Murakami el ambiente de algunos filmes de esencia nocturna, como Jo, qué noche, de Martin Scorsese, o Noche sobre la Tierra, de Jim Jarmusch. En ese singular caos de la madrugada planta el escritor a sus protagonistas: Eri, una joven modelo que un buen día decide irse a dormir y no despertar jamás (lleva ya dos meses en la cama); su hermana, Mari, que, angustiada por la situación de Eri juega a la contra: pasa las noches insomne, fuera de casa, leyendo en un bar cualquiera o deambulando por ahí para no tener que enfrentarse al sueño; Kaoru, una ex campeona de lucha libre femenina que regenta un love-ho (hotel por horas o, en plata, casa de citas) llamado nada menos que Alphaville; Takahashi, un joven trombonista de un grupo de jazz; y Shirakawa, un informático que trabaja de madrugada para huir de su modélico hogar.

Es cierto que Murakami no profundiza aquí en los personajes ni en sus acciones. Pero quizás ese sea precisamente el signo de estos tiempos difusos que el autor retrata con inusual destreza.

Los cánones de Navarone

miércoles, agosto 27th, 2008

Como la SGAE y afines no paran de tocarnos los cánones les dedico hoy esta columna en La Voz. Su afán recaudatorio (por decirlo suavemente) ya se mereció uno de los primeros posts del antiguo Farrapos de Gaita: Un canon por si acaso, allá por marzo. Yo creo que ni siquiera Gregory Peck, David Niven y Anthony Quinn podrían acabar con estos cánones de Navarone.

Telegraph Road

sábado, agosto 23rd, 2008
Imagen de previsualización de YouTube Imagen de previsualización de YouTube

A ver quién es el guapo que se atreve, en el 2008, a componer, interpretar, y ya no digamos a publicar, una canción de trece minutos. El solo final es único, aunque eso ahora, claro, ya no está de moda, pero es que las cosas que están de moda, al final, lo que sucede es que pasan de moda y listo. Por cierto, creo que una revista especializada en música ha hecho una lista con los grandes guitarristas de la historia del rock y no sé por dónde ha dejado a Mark Knopfler, porque en anteriores nóminas lo habían colgado por el escalón número 27 o así.

A disfrutar de la alquimia de Dire Straits (puros ochenta, sí, qué pasa), aunque sea en dos capítulos, porque en las escuetas dosis de YouTube no cabe esta enorme canción. El que pueda, que la escuche con ese trasnochado e impagable crujido que da el vinilo, con sus rayaduras y sus posos de polvo. La letra, por cierto, es de las que se te quedan incrustadas en la memoria, como uno de esos obstinados moluscos que no se despegan de su roca pintada de algas ni con una bomba de hidrógeno. Ya me callo. Aquí Telegraph Road, aquí unos amigos.

La resurrección del emepetrés

viernes, agosto 1st, 2008

Salvando, amigo Christian, las enormes y obvias distancias entre estas cutres farrapadas y aquella lección diaria de periodismo literario titulada Á marxe, esto del emepetrés me está recordando las deliciosas historias que nos contaba Carlos Casares sobre su gato Samuel. Lo digo únicamente porque el artilugio de marras se empeña en aparecer una y otra vez en este rincón bloguero de La Voz, como aquel felino, que asomaba de vez en cuando sus mostachos por la contraportada del periódico y que, gracias al talento narrativo de Casares, siempre nos dejaba con una sonrisa en los labios. Y en el cerebro.

Bueno, pues el emepetrés, que dábamos por difunto en pasados episodios, ha resucitado, aunque sólo sea parcialmente. Me explico. La presunta defunción se produjo por la salida al espacio exterior de esa ruedecita que tienen estos aparatos para ir pasando las canciones. De tanto andar saltando de Nick Cave a Stone Roses, la rueda se descalabró. La espichó. Sin más. Ya no se dejaba girar. De hecho, cuando conté aquí mis penas, el artefacto no respondía. Había palmado. Hoy, de repente, la rueda se encajó sola, no sé muy bien cómo, y, aunque no permite pasar las canciones, sí deja escuchar la música comprimida en su giga de memoria, deslizando las canciones a su bola, sin atender a razones ni mandos. O sea, que tengo que oír los temas en el orden que disponga el bicho. Pero, al menos, el emepetrés ya respira. Tiene pulso. La chatarrería tendrá que esperar.

El MP3

martes, julio 29th, 2008

Ha palmado mi MP3. Le tenía cariño al bicho porque me lo regaló mi santa, ya va para tres años, cuando estaba tumbado en el box número no sé qué de la unidad de cuidados intensivos, después de que los cirujanos le pusieran un par de piezas de recambio a mi corazón. El artefacto me hizo compañía durante aquellas primeras 24 horas de insomnio y flipe (el oxígeno y los calmantes colocan un poco, ya se sabe). En la uci, por no tener, uno no tiene ni gayumbos. Ni las gafas. Está en bolas ante la nada. Sólo el pequeño MP3 gris me distraía un poco entre las rondas de las enfermeras, que son lo más parecido a la bondad absoluta con lo que uno se puede tropezar.

Allí estábamos mi insomnio, la docena de cables que me salían del cuerpo por diferentes orificios, el tubo fluorescente que nunca se apagaba y el MP3, que con su música y su radio en vela me permitía olvidar durante unos minutos los pitidos de las máquinas que controlaban las constantes vitales (la cabecera de la cama tenía tantas pantallas que aquello parecía la sala de control de vuelos de la NASA).

Recuerdo un poema de Borges en el que el argentino hablaba con asombro de que un objeto pueda sobrevivir a su dueño. En otros versos de distinto rango, Ray Loriga contaba que el plástico es la única cosa próxima a la eternidad que encontramos sobre el planeta. Bueno, en este caso ambos poetas se equivocan. El MP3 ha muerto. No ha vencido a su vapuleado propietario y sus entrañas de plástico de poco le han servido para superar el magreo diario que le ha caído durante treinta meses de paseatas y vagabundeos.

Maldita sea, le había cogido cariño al artilugio. Que la tierra (o la prosaica incineradora) le sea leve.

Revival

viernes, julio 11th, 2008
Imagen de previsualización de YouTube

Será por tocar las napias, pero me ha entrado saudade de la infancia, de la niñez, de esa pequeña isla del tesoro de la que ya no queda apenas nada, y hasta de la adolescencia, ese infierno diminuto al que uno sobrevive por la música, por los amigos (sí, y por las amigas, claro), por aquel libro que leímos por primera vez, yo qué sé, por una colección de instantes que luego convertimos en leyenda porque teníamos catorce años y nos lo estábamos pasando bien. Pero que muy bien. No es que te gustara especialmente aquella maldita canción de Spandau Ballet, sino que, cuando sonaba aquel tema romanticón, y hasta algo cursi, tú te lo estabas montando de cine, una tarde cualquiera, qué más da, con los colegas. Bueno, os dejo aquí, en plan revival, el vídeo de Gold, de Spandau Ballet, tema en el que se inspira ese anuncio sobre la generación del baby-boom (sí, la mía, qué pasa) del que nos habla el amigo Nacho en La Huella Digital. Si sobrevivimos a esta música, a estas hombreras, a estos cardados, esa crisis que nos anda tocando los genitales no puede ni lamernos la suela del zapato.

Pegado a una canción

lunes, julio 7th, 2008
Imagen de previsualización de YouTube

Hay canciones que, de pronto, se te adhieren al tímpano, a la trompa de Eustaquio, yo qué sé, a la geología interior del cráneo, y sencillamente ya no te dejan. Son como uno de esos moluscos que una vez pegados a un acantilado con barbas de alga y cielo de Galicia ya sólo los puedes arrancar con cirugía (o a martillazos, claro). Estos días, que hasta los traperos han puesto de saldo sus chismes y cacharrerías, a mí se me ha pegado a las neuronas esta pieza de Nick Cave, Breathless.

Uno no puede apellidarse caverna impunemente. Cave lo sabe y es un asiduo de las cuevas, de las estalactitas (o estalagmitas, o como se llamen), de los subterráneos de esta vida aparentemente luminosa por la que nos deslizamos como si fuera el filo de una navaja. Aquí tenemos a Cave, con su banda habitual, The Bad Seeds, obsequiándonos una canción de su lado menos siniestro, del álbum The Lyre of Orpheus. A Cave lo hemos visto, entre otras madrigueras, en la película El cielo sobre Berlín, del ahora menospreciado Wim Wenders, largometraje tan lento como hermoso en el que Cave y sus malvadas semillas actúan para los protagonistas en un moderno garito berlinés.

Como es veranito (al menos eso cuentan en el mundo exterior), conviene relajar un poco los músculos, incluso los cerebrales, y dejarse llevar cuesta abajo por la voz del gran Cave en este Breathless. La música, ya se sabe, es una de las formas más precisas de la felicidad.

Dos interrogantes

domingo, julio 6th, 2008

Algunos lectores me han interrogado últimamente sobre dos detalles de la cabecera del blog. En primer lugar, los internautas de más allá del Padornelo se preguntan qué demonios es eso de farrapos de gaita. En efecto, es una expresión estrictamente gallega y de difícil traducción, pero vamos a intentarlo. Literalmente un farrapo es un harapo, un trozo de tela muy gastado, vaya. De ahí, que a esos flecos que cuelgan del roncón de la gaita (el tubo largo, para entendernos), y que suelen andar algo sobados, les caiga el título de farrapos de gaita. Pero siempre hay vida más allá de lo literal, así que la expresión ha cobrado vida propia. El Diccionario de la Real Academia Galega lo explica así (la traducción es del menda): “Farrapo de gaita. Se emplea en construcciones negativas para mostrar el poco aprecio que se le da a algo o a alguien, o para indicar que una cosa no debe ni siquiera tenerse en consideración”. Allá van los jugosos ejemplos de la RAG: “Esto no vale un farrapo de gaita. Esta no es comida ni farrapo de gaita. ¿Qué esperar a que llegue ni farrapo de gaita?”.

De esa entrañable expresión nació, por tanto, la cabecera de este blog. Primero, porque Farrapos de Gaita se ocupa precisamente de esas cosas a las que en un principio damos poco aprecio, o directamente no tenemos en consideración. De lo minúsculo, en fin. Y, como dirían los ingleses, last but not least, porque era la clásica respuesta con que mi madre me contestaba cuando, de niño, le inflaba las narices de tanto pedirle algo (ya se sabe que los chavales pueden ser como auténticas gotas chinas). El duelo verbal concluía cuando mi madre, contundente, me espetaba un “Ni helado ni farrapos de gaita”. Fin de la historia.

El segundo interrogante que el encabezamiento del blog ha despertado entre algunos inquietos lectores es la frase de Pompeyo: “Navegar es necesario, vivir no es necesario”. Según cuenta Plutarco en su Vida de Pompeyo, durante una travesía por el Mediterráneo para recolectar los cereales que escaseaban en Roma, los marineros se amotinaron y se negaron a hacerse a la mar por miedo a una tempestad. Fue entonces cuando Pompeyo, indignado, les soltó su legendario “Navegar es necesario, vivir no es necesario” en medio de un discurso épico con el que convenció a los remolones tripulantes para que embarcasen. La sentencia fue luego el lema de numerosos navegantes y flotas (por ejemplo, de la Liga Hanseática) y Fernando Pessoa lo utilizó en un hermoso poema: Navegar é preciso, versos que Caetano Veloso retocó para su canción Os argonautas.

No sé si habré resuelto las dudas de los internautas. Pero, como decía alguien, a veces las preguntas son mucho más interesantes que las propias respuestas.