La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘Luis Seoane’

Irlandas

Sábado, junio 20th, 2009

Los antiguos coruñeses, a los que se la traía al pairo la curvatura de la Tierra y demás vainas de la física, contaban que si uno se encaramaba a lo alto de la Torre de Hércules en un día despejado y aguzaba la vista podía contemplar los acantilados de Irlanda. Muchos años después Luis Seoane confirmó la teoría, arguyendo que para observar desde el faro milenario lo que uno desea, en ocasiones ni siquiera es necesario abrir los ojos: basta con cerrarlos.

A mí a veces también me da por trepar a la atalaya única de la Torre para ver lo que no percibo a ras de suelo. Con el Nordés inyectándome en la jeta el salitre y los espumarajos del Atlántico, dilato hasta el límite las pupilas de mi cerebro para divisar todas las Irlandas que se han soñado durante siglos desde la terraza de esta linterna de leyenda, que Herculés alzó sobre el cráneo y las tibias de Gerión.

A la cima del gran fanal de Monte Alto, que barre cada noche las sombras del irreductible barrio, uno sube ya con su Irlanda personal e intransferible clavada en las meninges y, al abrir los ojos (o incluso al cerrarlos), unos han avistado, como los viejos coruñeses, la larga bahía de tiza de Dublín y hasta los rompientes de Donegal; otros, como Luis Seoane, una aldea llamada Arca; y algunos han hallado su infancia, semienterrada entre las arenas, los bosques de algas y las caracolas de las Lapas y el Orzán.

Porque la Torre, más que un catalejo al uso, es un enorme microscopio que nos permite escrutar las Irlandas que atesoran nuestras entrañas.

Monte Alto

Jueves, enero 29th, 2009

seoane04.gif 

Seguimos con la literatura de viajes. De viajes hikikomoris por el barrio, claro. Hace ya algún tiempo (5 de diciembre del 2003) publiqué en La Voz de Galicia esta columna, auténtica apología del barrio: Monte Alto.

La ilustración, de Luis Seoane, pertenece a su álbum Homenaje a la Torre de  Hércules (Ediciós do Castro).

Buenos Aires y Galicia, ida y vuelta

Viernes, junio 6th, 2008

Paco nos ha recordado estos días los senderos de ida y vuelta tendidos sobre el Atlántico entre Galicia y Argentina. Galicia, de hecho, tiene bandera porque un buen día la peña, harta de pasarlas canutas en la aldea, metió cuatro cosas en la maleta y embarcó en un paquebote rumbo a América. Cuenta Xosé Neira Vilas que lo último que veían los emigrantes asomados a la cubierta de tercera del buque era la bandera del puerto de A Coruña, una tela blanca con una diagonal azul celeste, y, con la morriña ya incrustada en las meninges, se quedaron con esos colores como enseña (otro acierto que prueba que el azar hace las cosas mucho mejor que los políticos).

Así, con la bandera portuaria en la solapa del cerebro, los viajeros convirtieron a Buenos Aires, primero, en la capital de la emigración y, tras la infame Guerra Civil, en la gran capital del exilio intelectual gallego. En esos caminos de ida y vuelta vivió, por ejemplo, Luis Seoane, que nació en el Buenos Aires de la emigración, regresó a su Galicia de origen, luego, perseguido por el franquismo, tuvo que instalarse en el Buenos Aires del exilio y, finalmente, volvió a A Coruña para pintar sus últimas cosas a la luz de esa Torre de Hércules desde la que él podía ver Irlanda o lo que le diese la gana, porque en el interior de su cráneo pululaban las galaxias como pájaros.

Buenos Aires también está en Galicia. El arriba firmante, por citar al que tengo más a mano, se quedó en el más acá gracias a un sabio de la cirugía cardíaca que nos llegó desde Buenos Aires, el doctor Alberto Juffé Stein, otro caso memorable de esos recorridos de ida y vuelta entre Galicia y Argentina. Juffé se vino a España para trabajar en Madrid, volvió a su Buenos Aires para poner en marcha un programa pionero de trasplantes y, al final, se ha quedado con nosotros como jefe de cirugía cardíaca del Hospital Juan Canalejo de A Coruña. Todo un lujo para los que de pronto tenemos que poner, literalmente, nuestro corazón en manos ajenas.

Será porque Galicia y Argentina comparten el color de sus banderas, será por Luis Seoane y sus dibujos como poemas, será porque un cirujano bonaerense me rescató de entre los muertos con su destreza, pero cuando a España, cada cuatro años, la largan como siempre del Mundial al llegar a cuartos, el menda se pone la camiseta de Argentina y jalea a Messi, ese mago futbolero. Porque los gallegos, al fin y al cabo, también somos un poco argentinos.

Cierro los ojos y veo

Domingo, mayo 25th, 2008

seoane1.jpgAhora que está de moda la Torre de Hércules, y que parece que los de la Unesco se disponen a declararla patrimonio de la humanidad, conviene recordar que el faro romano cuenta en su currículum con una larga nómina de escritores y/o viajeros que se encargaron de contarnos las aventuras y desventuras del monumento coruñés. Entre esos textos, tal vez uno de los más hermosos sea el que, muy tangencialmente, le dedicó el escritor (y artista total) Luis Seoane bajo el  significativo título de Cierro los ojos y veo. Y como va a hablar el maestro, uno, que asume sus limitaciones, se calla la boca y escucha. Obviamente respeto la ortografía original del autor:

“Habitan en La Coruña y no saben que los viejos de su infancia decían a los niños que desde la península de La Torre, en la misma ciudad se podía ver en los días claros la costa de Irlanda. Quizás nunca lo supieron. Yo, sé eso. Lo recuerdo. También sé que cerrando los ojos veo cuando quiero una aldea, Arca, y a la misma aldea rodeada de montañas, de minas, de bosques y labradíos, y al pie de ellas un río transparente de truchas que se ven correr amedrentadas por las sombras. Un río transparente sobre el que nadan las libélulas y en el barro de sus orillas se esconden las anguilas. Recuerdo los pobladores y sus trabajos. Era una aldea de músicos y gaiteros. Había dos bandas de música. Algún campesino emigraba y otros se hacían navegantes. Se ejercían oficios elementales. En los bosques abundaba el jabalí y en las orillas del río la marta y por todas partes la comadreja y la ardilla. En el aire, o posados en los árboles una multitud de pájaros.

Cierro los ojos y veo Arca. A ver Arca con los ojos cerrados me conduce la nostalgia. Como puedo ver Irlanda si cierro los ojos, para ello me bastan la historia y el sonido del mar. Puedo evocar todo aquello que viví o vi y lo que conozco a través de otros.

Es curioso lo que ven por no querer ver algunas personas. Yo cierro los ojos y veo lo que quiero. Alguna vez creí percibir incluso el olor de aquel mar o de aquella aldea.

También alguna vez quise ver la costa de Irlanda de que hablaban los viejos coruñeses y no busqué el horizonte despejado de un buen día claro abriendo más los ojos que cualquier otro día, sino que me bastó cerrar los ojos para verla, y sin embargo era una tarde de espesa niebla.

Estos personajes que hoy evoqué, cerrando los ojos, los acabo de dibujar.

Seoane

10-VIII-78″.

 Y es que, en efecto, a veces para ver minuciosamente las cosas no hay nada mejor que cerrar los ojos. Así logramos contemplar, incluso en medio de la niebla, Irlanda, una aldea llamada Arca, o simplemente el interior de nuestras atribuladas neuronas.

Por eso, estoy con Seoane, a veces, cuando el tema se pone chungo, me largo hasta la península de la Torre, cierro los ojos y veo. Y veo, sobre todo, el envés de las cosas.

ojd