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Alemania versus Grecia

Viernes, junio 22nd, 2012
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Quizás esta peculiar contienda entre filósofos griegos y alemanes que proponían hace años los revoltosos Monty Python fuese la mejor forma de resolver la actual trifulca política europea. Sobre todo si tenemos en cuenta que, finalmente, los helenos vencen a los obstinados teutones. Pero mucho me temo que Merkel y sus secuaces no valdrían ni para recogepelotas en este partido. Va a ser mejor olvidarnos de la realidad y quedarnos con la Europa del vídeo. La de la inteligencia y el humor que tanta falta nos hacen. Y, en última instancia, hoy también echan por la tele otro Alemania-Grecia. El de cuartos de final de la Eurocopa. Pero creo que van a dejar en el banquillo a Kant y Aristóteles.

España, Grecia y Portugal

Lunes, febrero 8th, 2010

Cuando yo era chaval había una serie de chistes que siempre empezaban de esta guisa: «Están reunidos en Madrid los líderes de las tres grandes potencias mundiales: España, Grecia y Portugal… », arranque del legendario Eugenio que en realidad era un giro novedoso sobre la ancestral fórmula: «Están un español, un griego y un portugués… ». El caso es que aquello era antes de 1986, antes de que España y Portugal sumasen sus flamantes estrellas a la bandera azul de la UE y antes de que, por lo menos a este lado del pai Miño, nos entrase un complejo insoportable de nuevos ricos. Complejo que, pasado el tiempo, se nos ha atragantado con una crisis de caballo que tiene serias trazas de ponernos en nuestro sitio, con menos cochazos por la autopista, menos pisos de 600.000 euros y menos viajes de fin de semana para derretir la tarjeta de crédito en las tiendas pijas de Manhattan. A lo mejor se nos había ido a todos un poco la olla y lo que creíamos que era el PIB era en realidad el número de teléfono de la vecina.

Lo que me hace mucha gracia es lo alterado que se ha puesto todo el mundo con la comparación, oh cielos, de España con Grecia y Portugal. Un banquero de corbata roja ha dicho incluso que es algo así como comparar al Real Madrid con el Alcoyano. Vale. Pero que no se olvide el banquero de la corbata roja (el mismo, por cierto, que financia con sus créditos astronómicos los fichajes del Bernabéu) que al Real Madrid lo ha apeado de la Copa del Rey el Alcorcón, que no es el Alcoyano, pero casi.

A mí, modestamente, no me ofende para nada que comparen mi lugar de residencia con dos de los países más maravillosos del planeta, mucho más interesantes en todo caso que Suiza o Finlandia, que serán sitios muy civilizados, y ordenados, y donde todo funciona a la perfección, pero en los que corres un grave peligro de palmarla de un ataque agudo de aburrimiento. Portugal, por donde ciertos señoritos de este lado de la raia se pasean con una mueca de desdén, tiene dos de las ciudades más alucinantes de Europa: Oporto y Lisboa, que ya les gustaría importar a otros países donde lo más arriesgado que hacen sus habitantes es calcular cuántos pises van a echar por la mañana en la oficina.

Como decía Siniestro Total: menos mal que nos queda Portugal.

Domingo futbolero

Domingo, noviembre 2nd, 2008
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 ¿Quién dijo eso de que el fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y siempre ganan los alemanes?

Tres mil años después

Martes, agosto 19th, 2008

Andaba hace unos días rumiando para el periódico un artículo sobre El vellocino de oro, ese hermoso libro de Robert Graves, cuando Eduardo Chamorro me recordó con su aguda columna de La Voz que la guerra entre rusos y georgianos andaba a tiro de piedra de Ea (hoy Kutaisi, en Georgia occidental), capital del antiguo reino de Cólquide y escondrijo del vellocino de oro que perseguían Jasón y sus revoltosos argonautas. Aquella trifulca por el sagrado pellejo de los griegos sucedió, según la leyenda, en el 1225 antes de Cristo. Tres mil y pico años de sopapos no han servido de mucho. Las mismas tortas, en las mismas jetas, sobre el mismo suelo. Y, encima, ahora todo es más cutre, menos legendario. Porque Putin y sus muchachos no están a la altura de HérculesOrfeo, digo yo.

Leer y nadar

Lunes, julio 21st, 2008

Para los griegos, aquellos juláis que nos enseñaron todo lo que hoy sabemos (e incluso adivinaron las cosas que ya nunca sabremos), un tipo ilustrado era el que podía leer y nadar, que eran las dos formas que tenían esos sabios ociosos de relacionarse con su mundo, el Mediterráneo, claro. Hasta se hizo un chiste (no sé si fue Woody Allen, creo que sí, pero ya digo que no lo voy a buscar en la Red, porque no me fío del Google, que lo mismo te dice que fue Gomaespuma que Kant que Woody Allen) sobre la célebre frase de Sócrates: «Sólo sé que no sé nada», que en realidad sería «sólo sé que no sé nadar», con el tío a punto de morir ahogado. Lo que pasa es que sus discípulos oyeron mal y todo acabó por liarse, hasta que el pensador se ventiló un copazo de cicuta (algo parecido al garrafón del sábado por la noche) y se salvó definitivamente de palmarla en el agua. Y, por supuesto, aquel malentendido, aquella letra de menos, acabó por cambiar la historia de la filosofía. Sócrates quería un cursillo de natación en la piscina municipal de Atenas, en horario de tarde para no madrugar, y en cambio se la metieron doblada con la ontología, la metafísica y demás pensamientos de relojería.

Vale. A lo que íbamos. Que esto se me está yendo de madre. En verano volvemos un poco a esa idea de dedicarse en exclusiva a leer y nadar, verbo que, como su propia etimología indica, describe el acto de no hacer nada, sólo que dentro del agua. Por algo la natación es el único deporte en el que no se suda, que es una cosa muy desagradable salvo en otro deporte que ahora no viene al caso, y menos hablando de Grecia.

El Atlántico, siempre encabronado, incluso en las largas tardes de julio, no es el Mediterráneo. Ni falta que hace, claro. Pero hasta en la orilla de espumarajos violentos de la playa del Mar de Fóra, pongamos por caso, uno puede engañarse durante unos momentos, como si se creyese que la vida consiste en eso, en leer y nadar. Y ya está. Luego, despertamos y no es que el dinosaurio siga ahí, como apuntaba Monterroso, es que nosotros somos los dinosaurios, que seguimos creyendo en los libros y la natación, como si no hubieran pasado ya 25 siglos de nada.

ojd