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Entradas etiquetadas como ‘fútbol’

Justicia poética

Domingo, julio 11th, 2010

En la infancia uno creía que, como en las pelis de vaqueros, los buenos siempre ganan y los malos reciben su merecido. Además de los western, el catecismo, que memorizábamos a pelo y sin disolver, insistía en la misma tesis: cuando cae el telón, se premia a los buenos y se castiga a los malos. Así que el chaval, en su inocencia congénita, iba creciendo con esa ingenua teoría a sus espaldas hasta que, por supuesto, a la vuelta de la esquina le esperaba la vida con un par de contundentes patadas en las gónadas. Fin del sueño.

Así, a las bravas, descubres que más bien la cosa funciona al revés: los buenos llevan palos hasta en el cielo del paladar y los malos, qué tíos, son los que están forrados, navegan en sus veleros siempre arropados por hermosas muchachas (o muchachos) y salen indemnes de prácticamente todas sus fechorías. Sólo de vez en cuando, cosas de la estadística, tropiezan y acaban a la sombra. Eso sí, en jaula de oro. Esa es la cruda realidad.

Por eso, por todos esos bofetones que la vida nos ha soltado sin previo aviso a los panolis, ya era hora de que, al menos por una vez y sin que sirva de precedente, ganasen los buenos. A los pringados que nos creímos aquellas películas de John Wayne, nos reconforta ver que no siempre triunfan los malvados, ni los bordes, ni los trepas, ni los fríos amarrones, ni los rácanos Mouriños y demás cicateros que llevan una calculadora entre las pelotas. A veces llega un tipo bigotudo como Vicente del Bosque , o un humilde Andrés Iniesta, de Fuentealbilla, y vencemos de calle, sin más receta que la irrebatible suma de talento y esfuerzo. Así de sencillo. Sin pisar cráneos. Sin maldecir. Sin dejar cadáveres por el camino. Por fin, por una vez en la vida, un poco de justicia poética. Ya era hora. El mundial es nuestro.

Las edades del hombre

Jueves, enero 21st, 2010

No sé quién dijo que la prueba irrefutable de que te has hecho mayor llega ese día en que compruebas, estupefacto, que ya eres más viejo que los jugadores de fútbol, esos mismos tipos a los que en la infancia contemplabas a una distancia cronológica casi infinita. Esta teoría, absolutamente inamovible, la vamos trampeando durante un tiempo, echando mano de las fichas de algún que otro portero o central talludito que, a base de gimnasio, prolonga su carrera hasta el filo de los 40 tacos. Pero, según avanza esta movida de los quinquenios y sus incertidumbres, van escaseando los peloteros que pasan de las 35 castañas.

Llega entonces otro instante demoledor: uno descubre que ya no tiene la edad de los futbolistas, sino de los entrenadores. Me acaba de suceder hace unos días. El 18 de enero, para ser más precisos. Cuando las teles relataron que Pep Guardiola, cosecha del muy interesante 1971, cumplía 39 años. Cielos. El tío que ha ganado seis títulos en una temporada con el Barça sólo me saca un mes y pico sobre el planeta Tierra.

A punto de sumar en mi cuenta los 39 tacos de Guardiola, y con la vitrina de las Copas de Europa todavía de vacío, sólo me queda un consuelo en esta peculiar cronología futbolera: aún no he llegado a la edad de los seleccionadores nacionales. Del Bosque queda muy lejos.

Sánchez Mejías

Jueves, agosto 13th, 2009

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Hoy se cumplen 75 años de la muerte del diestro Ignacio Sánchez Mejías, que inspiró la célebre elegía de Federico García LorcaLas secciones hemerográficas dan cumplida cuenta del aniversario. Yo solo quiero recordar aquí que Mejías fue, entre otras muchas cosas, torero, estudiante de Medicina, hombre de letras, amigo de los poetas de la Generación del 27 y, curiosamente, presidente del Betis. De hecho, el equipo que él forjó, antes de que Granaíno le asestase una cornada letal, fue el que ganó en la siguiente temporada, la 1934-1935, la única Liga que tiene en sus vitrinas el equipo sevillano. Una pregunta: ¿Qué le ha sucedido a este país para que hayamos pasado, en solo 75 años, de Sánchez Mejías a los Loperas de turno?

Domingo futbolero

Domingo, noviembre 2nd, 2008
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 ¿Quién dijo eso de que el fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y siempre ganan los alemanes?

Los ochenta en estado puro

Lunes, agosto 11th, 2008
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Los ochenta empezaron muy mal. El 8 de diciembre de 1980 Mark David Chapman asestaba cuatro tiros en la puerta del edificio Dakota de Nueva York a John Lennon, que sólo unas horas antes había estampado su autógrafo en el álbum Double Fantasy que le había tendido el asesino. 1982 fue la hecatombe del Mundial y del maldito Naranjito, que nos amargó la infancia a todos los enanos que ingenuamente creíamos que Zamora, Satrústegui, Arconada y demás paquetes de aquella selección innombrable iban a hacer algo más que caer eliminados a las primeras de cambio. Alucino cuando, por ejemplo, en A Coruña o Santiago, todavía veo abierto algún bar que luce el fatídico cartel: Mundial 82, como si aquel cataclismo absoluto fuera algo para recordar. Hombre, yo celebro que en aquel campeonato, con once añitos de nada, al menos fui a Riazor a ver un partido entre Perú y Polonia, que tenía en plantilla al gran Grzegorz Lato, que, calvo y todo, se cascó algún golito aquella tarde. Naranjito, encima, nos endosó una cutre serie de dibujos animados junto a un pasmón llamado Sport Billy. Creo que en casa de mi madre aún guardo, como una reliquia, una toalla playera con la jeta de los dos timadores, Naranjito y Sport Billy. Menudos trileros estaban hechos los tíos.

Los ochenta, ya digo, no tenían buena pinta, hasta que, un día, descubrimos una canción que salvaba la partida, que apuntaba otros senderos más allá de Naranjito, las cantadas de Arconada y el bastardo Chapman, que nos robó a uno de los grandes cuando sólo contaba cuarenta tacos. Tenía cuerda para rato Lennon, a pesar de Yoko Ono y sus alaridos. Bueno, pero, insisto, llegó Bryan Ferry, un año después de que se cargaran a Lennon, y quiso rendirle un homenaje al maestro con su banda, Roxy Music. Le acusaron de querer hacer caja con la muerte del autor de Jealous Guy. Pero Ferry y Roxy Music pasaron mucho del tema. Lo suyo era un auténtico tributo, que les sirvió, sí, para llegar al número uno en Inglaterra. Pero es una versión honesta, sincera, de la enorme canción de Lennon. Un pedazo de música. La escenografía, la vestimenta de Ferry y, en fin, la atmósfera entera del vídeo son los ochenta en estado puro. Sí, esa década maldita, de la que hablaré otro día, porque se la tengo jurada por otros asuntos que ahora no vienen a cuento. Ahora es mejor escuchar a Roxy Music y este prodigioso Jealous Guy en la voz personal e intransferible de Ferry. Bienvenidos (de regreso) a los ochenta.

A veces ganan los buenos

Domingo, junio 29th, 2008

En las películas de la infancia, o sea, las bélicas y las del Oeste, siempre ganaban los buenos. Llegó un punto en que uno incluso se lo creyó. Pensaba que la vida era justa, que era buena, noble y sagrada, como reza el poema de Lorca. Luego, la historia se encargó de desmentir esa ingenua tesis. Los malos tenían muchos recursos, muchos ases escondidos en la manga. Pero a veces, por un cúmulo de coincidencias y de trabajo honesto, los buenos, contra todo pronóstico, acaban por ganar. Es lo que ha sucedido esta noche, que los buenos, esa España que juega al fútbol en color, ha ganado a esa Alemania que, como indica su uniforme, juega en blanco y negro. Y es que a veces, como en los hermosos Western de la niñez, ganan los buenos.

La auténtica Europa unida

Miércoles, junio 25th, 2008

Ya lo dijo aquí Miguel Piñeiro, mi vecino del piso de arriba de esta escalera que forman los blogs de La Voz: lo único que de verdad une a Europa es el fútbol. O sea, durante el curso escolar, la Champions; y en verano, cada cuatro años, la Eurocopa. Por ejemplo, los políticos tardarán años, muchos muchos años, si es que al final lo hacen, en admitir en el selecto club de la Unión Europea a Turquía, un país que hoy jugará, sin mayores problemas, las semifinales de la Eurocopa. De incorporar al gigante ruso a la UE ya ni hablamos, aunque esa misma Rusia de Arshavin se la juega mañana en la otra semifinal con los chavales de Luis Aragonés (la España que también recurre al pegamento de la Liga, que une más que la Constitución y los 17 estatutos de autonomía juntos). Por cierto, a Arshavin nos lo descubrió Rubén Ventureira en La Voz mucho antes de que la prensa madrileña y catalana se acordasen del brillante mediapunta ruso.

Y, para inspirarnos de cara al partido de mañana, os dejo este post de Ayelén en el que, entre los regates de Maradona y los golazos de Caniggia, esta original bloguera argentina reflexiona sobre la peculiar relación entre hombres y pelotas.

Los garbanzos

Martes, junio 24th, 2008

Recordábamos el otro día aquí que lo que no quería bajo ningún concepto la deslumbrante Kikí de Montparnasse era volver a comer garbanzos, menú que representaba para la musa algo así como la antítesis del champán, del caviar, en fin, del glamour o como se deletree ahora la palabreja esa que tanto marean los pijos.

Un garbanzo es el caviar de los pobres, aunque se disfrace de humus, ese plato que cuando se pide uno siempre se teme que el cocinero, perdón, el restaurador, va a sacar una palada de tierra del jardín y soltarla en el plato sin más historias. Kikí, aferrada a su fabuloso París, no quería volver al pueblo, ni a comer garbanzos. No quería dejar aquel circo surrealista en el que se había convertido su vida de modelo, amante y confesora de los grandes creadores del París de entreguerras. Nada de garbanzos, vaya.

Y es que los garbanzos, ya lo advertía Valle-Inclán al mofarse de Galdós y su manía de colocar un plato de legumbres en todas sus narraciones, son un coñazo. Mucho mejor, amiga Kikí, los pecadillos de Montparnasse. Y lo siento por los fans e imitadores de Galdós (hay uno por ahí que hasta se ha atrevido a reescribir, sin muchos rodeos, el episodio nacional de Trafalgar), pero en esta vida hay que elegir. Uno o está con Valle o con don Benito el Garbancero (así lo bautizó el maestro en Luces de bohemia). No se puede estar a todo. Hay que mojarse. O de Valle o de Galdós. Del Barça o del Madrid. Del Dépor o del Celta. De mamá o de papá. De los Beatles o de los Stones. De Mac o de PC. De Ruiz Zafón o de Vila-Matas. Aquí no hay medias tintas que valgan y, ya lo dijo Kikí, uno o está con el champán o con el plato de garbanzos.

Buenos Aires y Galicia, ida y vuelta

Viernes, junio 6th, 2008

Paco nos ha recordado estos días los senderos de ida y vuelta tendidos sobre el Atlántico entre Galicia y Argentina. Galicia, de hecho, tiene bandera porque un buen día la peña, harta de pasarlas canutas en la aldea, metió cuatro cosas en la maleta y embarcó en un paquebote rumbo a América. Cuenta Xosé Neira Vilas que lo último que veían los emigrantes asomados a la cubierta de tercera del buque era la bandera del puerto de A Coruña, una tela blanca con una diagonal azul celeste, y, con la morriña ya incrustada en las meninges, se quedaron con esos colores como enseña (otro acierto que prueba que el azar hace las cosas mucho mejor que los políticos).

Así, con la bandera portuaria en la solapa del cerebro, los viajeros convirtieron a Buenos Aires, primero, en la capital de la emigración y, tras la infame Guerra Civil, en la gran capital del exilio intelectual gallego. En esos caminos de ida y vuelta vivió, por ejemplo, Luis Seoane, que nació en el Buenos Aires de la emigración, regresó a su Galicia de origen, luego, perseguido por el franquismo, tuvo que instalarse en el Buenos Aires del exilio y, finalmente, volvió a A Coruña para pintar sus últimas cosas a la luz de esa Torre de Hércules desde la que él podía ver Irlanda o lo que le diese la gana, porque en el interior de su cráneo pululaban las galaxias como pájaros.

Buenos Aires también está en Galicia. El arriba firmante, por citar al que tengo más a mano, se quedó en el más acá gracias a un sabio de la cirugía cardíaca que nos llegó desde Buenos Aires, el doctor Alberto Juffé Stein, otro caso memorable de esos recorridos de ida y vuelta entre Galicia y Argentina. Juffé se vino a España para trabajar en Madrid, volvió a su Buenos Aires para poner en marcha un programa pionero de trasplantes y, al final, se ha quedado con nosotros como jefe de cirugía cardíaca del Hospital Juan Canalejo de A Coruña. Todo un lujo para los que de pronto tenemos que poner, literalmente, nuestro corazón en manos ajenas.

Será porque Galicia y Argentina comparten el color de sus banderas, será por Luis Seoane y sus dibujos como poemas, será porque un cirujano bonaerense me rescató de entre los muertos con su destreza, pero cuando a España, cada cuatro años, la largan como siempre del Mundial al llegar a cuartos, el menda se pone la camiseta de Argentina y jalea a Messi, ese mago futbolero. Porque los gallegos, al fin y al cabo, también somos un poco argentinos.

ojd