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Entradas etiquetadas como ‘crisis qué crisis’

Agitado, no mezclado

domingo, agosto 19th, 2012

Este verano viene agitado –pero no mezclado, matizaría 007 aferrado a su martini- por la fiesta jolgorio que han montado bancos, banqueros y bancarios con las finanzas mundiales en general y las españolas en particular. Pensaba ingenuamente el rostro pálido que los bancos eran los lugares donde se guardaba la pasta de unos para prestársela luego a otros con ciertas virguerías contables por medio, pero resulta que lo que se custodiaba en estas lúgubres y blindadas casonas no eran fajos de billetes, sino agujeros. Redondos, contantes y sonantes como los inexistentes euros. La colección de cráteres, hoyos, buratos y simas suma a ojo un diámetro de cien mil millones de euros. Los mismos tipos que cavaron esa fosa de la Marianas con sus manos y sus bolsillos, o sea, los banqueros y los políticos (cargo que paradójicamente en algún caso incluso ha coincidido en el mismo avispado individuo) se afanan ahora en pontificar por esquinas y tertulias televisivas (que en muchos casos se parecen demasiado a las esquinas) las recetas para salir de la madriguera. Menos mal que cuando se apaga la tele y su absurda coreografía de corbatas, gominas y listillos, cuando se esfuman las pantallas y sus borrosos inquilinos, se enciende sobre la parra la astronomía del viejo mundo analógico y uno todavía puede ejercer su desobediencia civil abriendo un anticuado y amarillento libro de papel -sí, de papel, qué pasa, yo también soy un zombi- bajo el fanal donde crepitan los grillos y los coleópteros se meten un chute de luz.

El increíble horario menguante

domingo, agosto 5th, 2012

El horario de verano es una innovación sin precedentes en el sistema laboral que no hay que confundir, pese a su asombroso parecido, con las vacaciones. Son casi lo mismo, pero con matices. En vacaciones uno, directamente, no va a trabajar. En el horario de verano uno tampoco va a trabajar, solo que indirectamente: el afortunado usuario de la llamada jornada continua sale de casa, entra en la oficina, ficha, se lleva al compañero a tomar café, vuelve a recoger la chaqueta de la silla, apaga el ordenador y a casita. Es lo mismo, pero con un rodeo. El horario de verano consiste, en esencia, en que como hace calor y a la peña no le apetece trabajar, pues se llega a un acuerdo salomónico entre la parte contratante y la parte contratada: se entra más tarde y se sale antes, para no abusar, que el termómetro está desatado y tampoco es cuestión de sudar la gota gorda ante la clientela. No todo el mundo tiene horario de verano, claro. En la empresa privada casi no se ha detectado su presencia. Pero en los bancos, que ya no me acuerdo si eran públicos o privados o simplemente rescatados, el horario estival es algo sagrado que alcanza su apogeo en la llamada Semana Grande, que parece que dura siete días como todas, pero en realidad apenas da para media hora bien exprimidita. Una vez el rostro pálido intentó arreglar un papel en una sucursal bancaria en plena Semana Grande y, claro, entre que le dio al timbre, abrieron la puerta, cogió su ticket, salió el número y llegó a la ventanilla, ya había transcurrido la jornada continua. Debe ser eso que llaman conciliación.

Los bárbaros del norte ya están aquí

domingo, julio 29th, 2012

Los alemanes son esos señores de bigote y bermudas infumables (la prenda, no los alemanes) que se pasean en chancletas por el Obradoiro como si estuviesen a punto de expropiar la catedral de Santiago (Códice Calixtino incluido) para saldar a las bravas el pufo multimillonario que parece ser que tenemos con el Bundesbank o el Deustchenosequé. Se creen estos tipos estirados y pagados de sí mismos que por habernos puesto una autopista, un aeropuerto y un paseo marítimo en cada esquina del país tienen los mismos derechos que ejercía aquel oficinista con manguitos de la posguerra que ponía piso con jaula de periquitos a su amante estrábica.
Al alemán, ya lo dijo Woody Allen, le enchufas un disco de Wagner y le entran unas ganas locas de invadir Polonia. Ahora han adquirido algo más de modales y ya no aterrizan al ritmo de la Cabalgata de las valkirias, sino bailoteando muy ceremoniosos la bachata del chiringuito playero, y desembarcan en el sur de Europa con sus panzas en lugar de con sus panzer, lo cual es muy de agradecer.
Los alemanes son como ese tío rico que hizo las Américas y viene de visita a la aldea para pasar su abultada billetera por los morros de sus paisanos, solo que los paisanos de este cuento somos los llamados pigs (Portugal, Italia, Grecia y España), a quienes los teutones miran con aire displicente para demostrar que, en realidad, nunca hemos dejado de ser las fregonas y los mayordomos de Europa.
Con los romanos no pasaban estas cosas. Ellos sabían cómo tratar a los bárbaros del norte.

Dinosauria we

lunes, julio 23rd, 2012
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Nunca llegamos a sospechar que cuando el gran Bukowski escribió este formidable Dinosauria We, en realidad anticipaba el paisaje después de la batalla en que se convertirá Europa cuando Merkel, Rajoy, Van Rompuy y otros cráneos privilegiados completen su proyecto suicida. Por eso hay que volver siempre a Bukowski, a sus grandes verdades, hermosas y violentas como escupitajos. Y, sobre todo, a su poema sobre esos dinosaurios en vías de extinción que somos ya todos nosotros.

En el vientre de la ballena

lunes, junio 11th, 2012

Ya estamos a salvo. Ya no nos zarandea el oleaje furibundo de la parte líquida del mundo. Por un módico precio (100.000.000.000 euros) la señorita Rottenmeier y sus primos de Bruselas nos han rescatado, digo, nos han prestado un dinerillo en condiciones ventajosas. Ya no estamos en alta mar, bajo las lluvias desatadas, nadando a contracorriente y buceando en el corazón de la tempestad. Estamos confortablemente a cubierto bajo las faldas de la mesa camilla de la burocracia. A resguardo de mares arbolados.

Estamos en el vientre de la ballena, que nos ha engullido junto a la marea resacosa de ladrillos, pufos, preferentes, astillas y esputos contables. No es Moby Dick. Ya molaría. Este bicho viste alma de funcionario y manguitos de oficinista. Nada de épica. Tampoco se está tan mal aquí dentro. Con un simple fósforo incluso podemos escudriñar la arquitectura de la osamenta del cetáceo. Ya solo nos restan dos cosas. Aguardar con resignación a que la ballena nos escupa en una orilla cualquiera. Y, sobre todo, averiguar si en este cuento somos Jonás o Pinocho.

Rescate

sábado, junio 9th, 2012

RESCATE, s. Acción de comprar lo que no pertenece al vendedor ni puede pertenecer al comprador. La menos provechosa de las inversiones.

El diccionario del diablo, Ambrose Bierce.

Bienvenido, señor Cangrejo

jueves, marzo 1st, 2012

El señor Cangrejo, propietario de la hamburguesería submarina el Crustáceo Crujiente, no es un simple dibujo animado. Es un visionario de las fi nanzas al que solo la miopía nórdica niega obstinadamente el Nobel de Economía. Cangrejo tiene enmarcado el primer dólar que ganó en su vida y, muchos años antes de que Merkel y Rajoy tocasen a cuatro manos en la pianola del BOE la sonata de la reforma laboral, él ya había aplicado a Bob Esponja el contrato 0,0 soñado por los fans de Laponia: salario cero y vacaciones cero. Pero ni siquiera así el dócil bicho se salva de pisar la cola del paro de Fondo de Bikini. Ahora ha llegado otro señor Cangrejo, de corbata y coche oficial, que quiere fulminar a Bob, Calamardo, Patricio y, ya puestos, a todo Clan. Porque para ahorrar 204 millones de euros del presupuesto de CRTVE no hay que perder la perspectiva: si podemos liquidar el canal infantil, ¿para qué vamos a dejar de apoquinar a Anne Igartiburu y José Mota 5.000 euros por cada uva que se zampen en Nochevieja? Todavía hay prioridades.

Capitán Paradigma

viernes, enero 20th, 2012

Francescho Schettino, el capitán del Costa Concordia, no es la vergonzosa excepción de estos tiempos absurdos. Es el paradigma. Estamos en manos de los responsables más irresponsables de la historia. Al menos desde Atapuerca el azar no hacía coincidir al frente de los grandes paquebotes mundiales a semejante alineación de cortoplacistas, timoratos e iletrados. Hubo dirigentes más despiadados e idiotas, sin duda, pero tan limitados y tantos al mismo tiempo, probablemente jamás.

Estamos en manos de capitanes de barco que sólo obedecen a una máxima vital: «Primero, mi trasero». Si los países y los trasatlánticos se van al garete, qué más da, lo importante es que estos líderes sin rumbo tengan blindados sus salarios, sus bonus, sus pensiones y sus limusinas para beberse luego, preferiblemente en copa de balón, el gin-tonic del retiro dorado en las Bahamas.

No sé qué diría John Silver el Largo de todo esto, pero hace tres siglos por mucho menos se pasaba a gente por la quilla. Claro que hasta el código de honor de los piratas era más respetable que las mañas de estos prohombres.

Francesco Schettino es el Capitán Paradigma de una época en la que las ratas ya no son las primeras en abandonar el barco.

La poda

viernes, septiembre 2nd, 2011

Hace muchos años ya cuando una señorita de bien viajaba en carruaje por los senderos de Europa central la dama de compañía, siempre vigilante, echaba las cortinas para que la niña no contemplase las moles demoledoras de los Alpes, que la buena educación consideraba entonces obscenas por excesivas en su derroche incontrolado y telúrico de naturaleza. Llevamos camino de que, a nuestro paso por la plaza del Obradoiro, el guardián de las esencias recortadoras nos cuelgue unas orejeras para que no nos fijemos en la exuberancia barroca de la catedral, que en estos tiempos de austeridad por mandato constitucional luce incluso demasiado hermosa y floreciente para las tragaderas remilgadas de Merkel y Trichet. A la vuelta de unas semanas no sería extraño que el BCE mandase podar la arboleda de piedra de Compostela porque los pináculos desasosiegan a los lúgubres mercados financieros que, matices al margen, son a fin de cuentas los que mandan.

De saldo

miércoles, noviembre 17th, 2010

La maldita crisis nos la explican en cada telediario los profetas del pasado con mucho alarde de gráficos, esas líneas tortuosas que siempre van cuesta abajo y sin frenos, salvo la silueta del paro, que trepa por las paredes como aquel Induráin de las siestas de julio. Uno ve ese electrocardiograma de la economía nacional y europea y, sin mayores análisis, ya sospecha que el enfermo está para que lo ingresen en planta y lo enchufen a un gotero con algo más que suero fisiológico. Pero cuando se descubre que el paciente ya está camino de cuidados intensivos es al comprobar que, más allá de lo que se pueda leer en las tablas al pie de su cama, presenta graves síntomas de pérdida de consciencia y se encomienda a ciegas, no al sabio internista que durante tantos años cuidó su mala salud de hierro, sino que pone su vida en manos del forense de guardia, que obviamente no va a diagnosticarlo a tiempo, pero, eso sí, firmará un concienzudo informe detallando las dolencias que lo enviaron al otro barrio. Así se las gastan la macroeconomía y su primo hermano, el mercado, que nadie sabe quién es ni a qué dedica el tiempo libre, pero que es capaz de poner contra la cuerdas a los 27 países de la Unión Europea si se ponen a tiro y ese día Wall Street se despierta con ganas de jarana. Es la cruda consecuencia de vivir fuera de la realidad y de hacerle el test de estrés al banco y no al vapuleado cliente, que más que estrés tiene el miocardio hecho un guiñapo de tanto mirar el recibo del cajero automático. El papelito sale tan menguado de la ranura que uno empieza a comprender por qué llaman saldo al dinero que queda en la cuenta a fin de mes.