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Entradas etiquetadas como ‘Cine’

The End

Viernes, diciembre 21st, 2012
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Al principio estaba el fin.

 

 

Blow Up

Martes, diciembre 18th, 2012
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A lo mejor el final de todo es un poco absurdo, como este fabuloso remate del Blow Up de Antonioni. Agazapado en algún lugar del parque están el chamán Julio Cortázar y sus Babas del diablo. A lo mejor todo este lío consiste en que estamos jugando al tenis sin pelota. Incluso sin cancha. Incluso sin tenis.

 

Goodbye, Emmanuelle

Viernes, octubre 19th, 2012

 

Sylvia Kristel fue uno de esos juguetes rotos que el cine se deja olvidados entre las botellas y los ceniceros al final de la fiesta. La actriz, fallecida de cáncer en su Holanda natal la madrugada del miércoles al jueves, sobrevivió cuatro décadas bajo la piel de Emmanuelle, el personaje que la catapultó al estrellato y que la convirtió en icono erótico de una generación.
Mucho antes de sentarse desnuda en su legendario sillón de mimbre Kristel fue la niña que vivía con su hermana Marianne en la habitación 21 del Commerce Hotel de Utrecht, propiedad de sus padres. Si había mucha clientela, las pequeñas tenían que mudarse en plena noche al cuarto 22 que, según contaba años después la actriz, no era más espacioso que un aparador.
Cuando tenía 16 años su padre apareció con una mujer, se la presentó a la familia como su futura esposa y envió al descansillo a Kristel, su madre y su hermana. En ese instante la actriz decidió emprender el vuelo. Primero se convirtió en modelo profesional y, con 17 años, fue elegida Miss TV Europa, un título que le permitió saltar al celuloide. Tras algún que otro escarceo cinematográfico, llegó Just Jaeckin y la transformó en Emmanuelle (1974), papel por el que se embolsó apenas seis mil dólares. El filme, que relata sin tapujos las peripecias eróticas de una joven, se elevó en cuestión de meses a la categoría de símbolo de la libertad sexual que trajeron consigo los setenta. El largometraje, que no se pudo ver en España hasta la llegada de la democracia, permaneció ininterrumpidamente durante trece años en la cartelera de una sala de los Campos Elíseos y más de un español cruzó la frontera solo para descubrir los usos secretos del célebre sillón de mimbre.
A Emmanuelle le siguió un año después, Emmanuelle 2, la antivirgen, por la que Kristel ya cobró 100.000 dólares, y una serie de infumables secuelas que va desde Goodbye, Emmanuelle (1977) a la dudosa trilogía producida en los noventa sucesivamente sobre la venganza, la magia y el amor de Emmanuelle.

Pero en la filmografía de Kristel no todo consistió en lucir carne. También dirigió un excelente corto sobre las ilustraciones de Topor y rodó a las órdenes de Francis Girod y del escritor y cineasta Alain Robbe-Grillet. En 1977 protagonizó su mejor cinta, Alicia o la última fuga, nada menos que del gran Claude Chabrol. Ese fue el instante en que su carrera podría tal vez haber girado a otras latitudes pero, en lugar de seguir el sendero de Chabrol, la actriz holandesa se embarcó en 1979 con rumbo a Hollywood, tras facturar en España un clásico del destape: el bodrio hispano-italiano Camas calientes, en el que compartía escabrosas escenas de colchón con Ursula Andress y los machos carpetovetónicos encarnados por José Sacristán y José Luis López Vázquez.
No subió el listón en Hollywood, donde protagonizó cintas como Aeropuerto 79, El disparatado agente 86 y el que sería su mayor éxito de taquilla: La primera lección, en la que instruía en las artes amatorias a un Eric Brown de solo 15 años (50 millones de dólares de recaudación). Luego, llegaron las adicciones y el descenso a los infiernos entre telefilmes y series B eróticas, y Sylvia Kristel se derrumbó bajo la leyenda de Emmanuelle.

Aquella lección de Sally a Harry

Miércoles, junio 27th, 2012
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Ha muerto Nora Ephron. No la recordaremos desde luego por Algo para recordar. Ni siquiera por Tienes un e-mail. Pero sí por un libro, Se acabó el pastel, en el que contaba sus desventuras matrimoniales con el legendario Carl Bernstein. Sí, uno de los dos figuras del Watergate. El libro, más autobiográfico que de ficción, acabaría, cómo no, convertido también en película, con los incombustibles Jack Nicholson y Meryl Streep encarnando a la fallida pareja. Pero a Ephron la recordaremos sobre todo como guionista de Cuando Harry encontró a Sally (tosca traducción del original inglés When Harry Met Sally, 1989), una comedia romántica a la antigua usanza, antes de que Hugh Grant devorase el argumento con su sonrisa plastificada. Y la recordaremos sin duda por la impagable escena de la cafetería en la que Sally (Meg Ryan) le demuestra empíricamente a Harry (Billy Crystal) que en ciertas ocasiones el orgasmo femenino es un género más de las artes escénicas.

Demasiado cine

Miércoles, marzo 21st, 2012

Lo malo de criarse con una dieta infantil a base de pelis del Oeste y cine épico de la Segunda Guerra Mundial es que, al aterrizar de morros en la esfera adulta, uno todavía cree que en la vida, como en el celuloide, siempre ganan los buenos, aunque sea en el último minuto de la prórroga y de penalti. Qué bemoles. La vida, esa cosa con patas, se parece más a una turbia y lenta cinta de Lars Von Trier que a los honestos y crudos wéstern (incluso a los brutales largometrajes de Sam Peckinpah). Porque a los buenos, al menos en el planeta Tierra, los apean a palos del estribo y los dejan tirados en medio de la polvorienta calle del pueblo, a solas con los pistoleros. Y, comparado con los malhechores financieros y gubernamentales de hoy, el hosco Liberty Valance parece un entrañable y bondadoso párroco de pueblo.

Hollywood enmudece

Martes, enero 17th, 2012

En tiempos de 3D, efectos megaespeciales, alardes virtuales, pitufos tamaño King Size (perdón por la redundancia) y otros avatares, Michel Hazanivicius viene a recordarnos con The Artist que el celuloide, para emocionar, ni siquiera necesita tomar la palabra. Basta una cámara y un puñado de actores para hacer arte. Así nació el cine, mudo y en blanco y negro. Y así fue hasta que Al Jolson le puso voz a El cantante de jazz (el sonoro, y no los disparos de los borrachines, fue finalmente quien largó al pianista de los salones). Pero incluso en este atribulado 2012 los actores se pueden salir de la pantalla (y del mapa) solo con su interpretación. No hacen falta las malditas gafas de plástico ni otras triquiñuelas tecnológicas. Para tres dimensiones, ya tenemos la cruda realidad. Y, para pitufos, ya están los sobreexcitados coristas del Padre Abraham.

Algo más que caspa

Domingo, abril 17th, 2011

El márketing, disciplina que por su capacidad de fabulación lleva camino de convertirse en una de las bellas artes, nos ha bombardeado durante las últimas semanas con el lanzamiento de Torrente IV al hiperespacio comercial. Si uno se queda en la letanía publicitaria puede llegar a tragarse que el cine español no empieza con José Sellier, sino con Santiago Segura y su carpetovetónico sabueso. Pero un simple vistazo a los registros del Ministerio de Cultura zanja la sospecha: entre las diez producciones nacionales más vistas de la historia solo se cuela un Torrente (Misión en Marbella) en el tercer puesto. El resto es un retrato bastante certero del ruedo ibérico: tendido de sol y de sombra. Hay caspa por arrobas, claro, pero en lo alto del ránking no está Paco Martínez Soria, sino el exquisito Amenábar con Los otros.

Aquel cine hecho de carne y palabras

Viernes, marzo 25th, 2011


Hubo un cine que se hacía de carne y palabras, con guionistas enjaulados en su caravana tecleando hasta que les sangraban adjetivos por las yemas de los dedos y llegaba el regidor resoplando a buscar los diálogos porque había que rodar la siguiente escena en cinco minutos. Un cine construido con actrices insaciables, omnívoras y mimadas, de ojos delincuentes y letales, que siempre llevaban el salivazo de un insulto guardado en el liguero para escupirlo sin piedad al primer idiota que se les arrimase en la alfombra roja con la frase o la jeta equivocada.
A esa estirpe pertenecía la indómita Elizabeth Taylor, tal vez la última gran estrella de aquel firmamento irrepetible de cuando Hollywood era Hollywood y no esa triste sucursal de Wall Street que ha cambiado a los antiguos peliculeros por gélidos contables con manguitos. Aquel cine era la vida misma. Quizás porque en los camerinos se hablaba, se fumaba, se bebía y se hacía el amor como en la vida misma, y el celuloide, siempre permeable, se contagiaba de las broncas, los sueños y los adulterios que se perpetraban tras los biombos. Burton y Taylor, agigantados por el whisky y los divorcios, alzaban en la pantalla la fábula de sus propias desventuras y el espectador quedaba hipnotizado por aquel derroche. Ahora en los grandes estudios mandan ejecutivos que creen que el talento se puede subcontratar a una empresa auxiliar para recortar gastos y no se dan cuenta de que no recortan la factura, sino el propio arte. Aquel Hollywood era único porque era excesivo en todo y porque su historia no se escribió en los libros de balances, sino en los ojos de belleza casi diabólica de Elizabeth Taylor.

La poesía del bistec

Viernes, junio 11th, 2010
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Como ya hablé otro día de esta película enorme, me limito a recordar lo que dijo el gran Torga: ¿Acaso hay algo más bonito que las películas del Oeste?

El primer grito

Jueves, febrero 5th, 2009
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Siempre me ha hecho gracia esa polémica ontológica de si fue primero el huevo o la gallina, porque para mí, incauto filósofo de andar por casa, está claro que primero fue el huevo, otra cosa es de dónde demonios salió el huevo si no había ninguna gallina merodeando por el corral. Eso queda para el CSI. Y hablando de huevos, gallinas y de quién se sube antes al tren de la historia, tenemos la gran paradoja del grito de Wilhelm. Porque en el caso del grito de Wilhelm, primero fue el grito y luego, cuando ya nadie esperaba a Wilhelm, ni al huevo, ni a la gallina, llegó Wilhelm y puso el grito en el cielo.

Este del vídeo es el primer grito de Wilhelm, el auténtico, el primigenio. El chillido suena por primera vez en esta espeluznante escena de Tambores lejanos (1951), aunque no fue bautizado oficialmente hasta que en 1953 en La carga de los jinetes indios (The Charge at the Feather River) los pieles rojas se cargan de un flechazo al soldado Wilhelm y este, antes de palmarla, suelta su famoso alarido. 39 escalones explica muy bien la historia en este artículo de Cinissimo, que incluye otra recopilación de berridos más actualizada.

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