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Entradas etiquetadas como ‘Álex Nortub’

Entre la hojarasca

Lunes, marzo 8th, 2010

Me gusta pasear por la web porque a menudo, buceando entre la hojarasca, las telarañas y la quincalla que nos rodea, encuentras pequeños tesoros como estos:

Diálogos de celuloide, por 39 escalones.

Y Dios me hizo mujer, por Mechu.

El nuevo título del Sha, por Jordi.

Dublinesca, por Álex Nortub.

Preferiría no hacerlo

Martes, mayo 12th, 2009

Me gustan mucho la música y las letras de Antonio Vega. Pero no me siento con fuerzas para escribir algo original sobre él, ahora que se nos ha ido. Habrá muchos textos estupendos en la Red y en los periódicos de mañana. Probablemente lo que yo escribiese no aportaría nada al conjunto. Con suerte, podría parir alguna ocurrencia, o contar algo que me pasó con la música de Vega como banda sonora de fondo, o sobre la noche en que lo escuché en directo en la playa de Riazor. Pero, como decía el escribiente Bartleby, preferiría no hacerlo. Así que me acojo a mi derecho a no escribir una necrológica más de Antonio Vega, que ya no está entre nosotros, que se ha pirado con 51 años y muchas otras cicatrices en sus espaldas. Lo único que puedo aportar, ya que estamos en un momento vila-matiano o austeriano, es una extraña espiral de coincidencias.

El otro día alguien me dijo que estaba leyendo Bartleby, el escribiente, de Herman Melville, al que ahora recurro precisamente para negarme a escribir sobre Antonio Vega. Y en ese mismo instante, mientras transcurría esa conversación sobre Bartleby, el escribiente de Melville que un buen día decidió que «preferiría no hacerlo» y abrió un sendero a todos los escritores que de repente se niegan a escribir, yo tenía sobre la mesa el libro que he estado rumiando últimamente. Se titula Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, edición de Alberto Olmos (Caballo de Troya). Y, como nos recuerda Álex en su Hotel junto a la vía, en ese volumen colectivo, tejido a golpe de blogs, spam, tweets, mails y demás fauna internetera, se habla de Chica de ayer, gran clásico de Antonio Vega. Olmos, la mente oculta detrás de Hikikimori, recoge en el libro (página 265) una gran frase de David Capón (autor de Supercrisis) sobre el arranque de Chica de ayer:

 «”Un día cualquiera no sabes qué hora es… ”. No existe mejor final para el principio de una canción».

De gorra

Viernes, marzo 13th, 2009

Hoy estoy algo vago. Lo admito. Para qué buscar excusas. Al viernes llega uno de puntillas, estirado, como con una elongación del cerebro después de ir tirándose un día tras otro por el tobogán de la semana, un tobogán que a veces me recuerda al célebre día de la marmota. Pues eso, como estoy vago, voy a escribir esta entrada de gorra, o sea, animando al amable lector a pasear por otros escondrijos de la blogosfera. Ya se sabe que esto de las bitácoras es una gigantesca casa de citas, quiero decir que nos citamos unos a  otros y así sucesivamente. Por tanto, hoy levanto una planta más en esta casa de citas universal y enlazo a Pablo Gallo, que añade en su blog un nuevo episodio al enigma de Antoni Casas Ros, y a Álex Nortub, que ha montado una fiesta por todo lo alto en su coqueto Hotel junto a la vía. Allá me voy, antes de que se beban el agua de los floreros. A lo mejor me encuentro a Casas Ros bailando hasta el amanecer. Quién sabe. Estas fiestas las carga el diablo.

En el hotel junto a la vía

Miércoles, enero 21st, 2009

Álex Nortub, el formidable bloguero que nos ilumina con su Hotel junto a la vía, ha escrito este hermoso post en el que se cruzan los itinerarios de su amigo Andrés, del gran Enrique Vila-Matas y del perpetrador de estas líneas. Un curioso viaje de ida y vuelta entre A Coruña y Barcelona, entre Hotel junto a la vía y Farrapos de Gaita, y entre Dietario voluble y El ombligo del mar. Gracias, Álex.

P.D. Pego aquí la reseña de Dietario voluble que cita Nortub:

LA ESCRITURA OMNÍVORA 

Al remate de su colosal Dietario voluble Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) viaja a lomos de las palabras entre su casa de Barcelona y el cementerio neoyorquino de Woodlawn, en el Bronx, donde está la tumba de Melville, que mereció un poema de Crane, en el que se juega con «los dados de los huesos de los muertos». Entre la suave corriente del Bronx y su apartamento barcelonés, Vila-Matas reivindica el hogar, siguiendo a Claudio Magris, porque es allí, sostiene, «donde el viajero empedernido se juega realmente la vida, la capacidad o la incapacidad de amar y construir, de tener y dar felicidad, de crecer con valentía o agazaparse en el miedo», ya que, remacha, «la casa es el lugar central de nuestro mundo». Enlaza así, en un fulminante círculo, con el inicio de este hermoso diario, que arranca, tres años antes, en su cuarto, escribiendo, mientras suena el Be My Baby, de The Ronettes. Y es que ese sagrado espacio doméstico, además de muchas otras ciudades y aeropuertos, es el cauce central de estos días que se van engarzando, entre el 2005 y el 2008, en un Dietario voluble que es una incalculable suma de lecturas, comentarios y géneros. Estamos ante un libro que probablemente es uno de los grandes descubrimientos de la prosa de Vila-Matas y que, a su vez, muestra el esqueleto de una escritura en la que se funden y confunden literatura, vida, ficción y realidad, esos nombres que ponemos a cosas que, a lo mejor, no son tan diferentes como queremos creer.

*Publicado en el suplemento Culturas el 3 de enero del 2009

Luís Pousa

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