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Los filosóficos Simpson

Escrito por Luis Pousa
11 de Enero de 2010 a las 20:10h

filosofos

Los Simpson y la filosofía, de la editorial Blackie Books, es uno de esos raros libros que, de tiempo en tiempo, logran sacudir la sombra del desánimo y plantarte una sonrisa en medio del cerebelo. En el volumen actúan como editores los profesores universitarios William Irwin, Mark T. Conard y Aeon J. Skoble, que también firman algunas de las 18 piezas reunidas en este conjunto de ensayos en los que se extraen ciertas lecciones filosóficas a partir de los jugosos ejemplos (y contraejemplos) que nos sirve esta serie de dibujos animados. Que nadie piense que se pretende ahogar con existencialismos, metafísicas y pedanterías varias las divertidas peripecias de Homer, Marge, Lisa, Maggie y Bart. De eso nada. La idea es justo la contraria, tomar sus aventuras como punto de partida para explicar y comprender otro tipo de aventuras, las de pensadores como Aristóteles, Camus, Sartre, Heidegger, Popper, Kant, Nietzsche o Marx. Así descubrimos, entre otras cosas, que Bart es un pequeño nietzscheano, porque rompe con la moral tradicional; o que Homer encaja en el esquema de hombre vicioso asentado por Aristóteles en su Ética a Nicómaco,  vicio que su vecino Ned Flanders define en un capítulo como la «embriagadora pasión por la vida» del patriarca de los Simpson.

Los autores siguen el modelo de Umberto Eco en Apocalípticos e integrados. Allí Eco confesaba su devoción por las viñetas de Superman, Steve Canyon y por Peanuts, El mundo de Charlie Brown, más conocido por estos pagos como Carlitos, a secas, y sobre todo como colega del perro Snoopy (por motivos desconocidos auténtico icono del movimiento pijo hispano). El italiano colaba entonces en su sesudo ensayo una sentencia que también se podría trasplantar sin traumas al universo de los Simpson: «El mundo de Peanuts es un microcosmos, una pequeña comedia humana para todos los bolsillos». Ahí reside el éxito de la serie y su enorme valor como asidero filosófico. Porque la filosofía, digo yo, de lo que trata es de la vida misma. ¿O ya no?

2010

Escrito por Luis Pousa
31 de Diciembre de 2009 a las 11:02h

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No me gustan los quejicas, más que nada porque creo que los lamentos no aportan nada. Son estériles. Así que no me quejo de este 2009 que agoniza y al que le caen palos hasta en el cielo del paladar. Qué culpa tendrá el dígito de las estupideces cometidas por un puñado de políticos, banqueros, economistas y especuladores. En fin. Tampoco tengo de qué quejarme. Entre otras cosas buenas que me pasaron a lo largo del 2009, gané un premio y publiqué mi primera novela: La noche de las palabras. Hubo algunos sinsabores, claro, pero es que la vida es así. Como dicen los sabios ancianos gallegos: Éche o que hai. Y a pedalear, que si no la bici se tumba.

Ahora llega el 2010. Qué mejor que este New Year’s Day de los U2 de 1983 para zambullirse en el nuevo año. Xacobeo, para más señas. Múltiplo de cinco. Me gustan el cinco y sus múltiplos. El 2000, por ejemplo. Ese año el Dépor ganó la Liga y yo aterricé en La Voz, donde encima me pagan por escribir y leer, que son dos de las cosas que más me gustan de este mundo. Un lustro después, en el 2005, nació la pequeña Rosalía, lo mejor que me ha sucedido hasta la fecha. Ese año también me pasé por el quirófano y la magia de la circulación extracorpórea, pero  todo salió bien, así que los recuerdos son duros, pero buenos a fin de cuentas. El 2010 también traerá su felicidad debajo del brazo. Pero ya hablaremos de eso en otro farrapo.

Ahora toca recibir a este 2010 recién desembalado, con todas las páginas todavía en blanco. Que el año nuevo traiga buenos vientos y mejores navegaciones para todos vosotros. Un fuerte (aunque sólo sea virtual) abrazo, amigos.

La tempestad

Escrito por Luis Pousa
28 de Diciembre de 2009 a las 10:36h

27-tormenta

De pronto, abres los ojos y te encuentras con la tormenta perfecta. La de William Turner, no la de esa película en la que George Clooney se disfraza de marinero guaperas (y en la que parece que hasta la mar arbolada está hecha de gomina para que, al lamer las canas del prota, lo deje peinado y aferrado al timón). A Turner le plantas en las manos unos pinceles y te monta un vendaval en medio palmo de lienzo, convocando a las furias desatadas por el océano y el firmamento. Turner, que en ciertas pinturas ya casi tiende a la abstracción, como no queriendo forzar demasiado, sugiere más que sentencia. Apunta, propone, no pontifica. Por eso, precisamente, nos sitúa de un plumazo en el ojo de la tempestad. Sin alardes gratuitos. Sin innecesarias pirotecnias. Qué grande.

Esbozos

Escrito por Luis Pousa
21 de Diciembre de 2009 a las 13:33h

Tengo la mollera fragmentaria (no fragmentada). No me da más que para unas líneas por tema. Así que allá van unos apuntes, bocetos, esbozos o como se llamen. Unos garabatos. Sólo que en vez de escribir en la servilleta de un café tecleo en la pantalla.

1. Copenhague. ¿Pero alguien confiaba en serio en que en una cumbre con 40.000 asistentes se llegase a alguna conclusión concreta? No sé cómo funcionan estas cosas en la ONU o Dinamarca, pero en Spain is Different, cuando se juntan más de media docena de individuos en una sala enmoquetada, las reuniones se limitan a una sucesión de monólogos. Al final, por supuesto, se impone el monólogo del superior jerárquico. Como en la mili, vaya.

2. Navidad. Una revista médica británica sostiene que Santa Claus no es políticamente correcto porque padece sobrepeso e incluso a veces fuma en pipa. Al final, estos iluminados van a proponer que reparta los regalos el fotogénico (?) Cristiano Ronaldo, que está más cachas que el gordinflón Papá Noel. ¿Hasta dónde puede llegar la estupidez humana? Sería un buen tema de investigación para esa revista británica.

3. Más Navidad. El número de gente que se cree muy original por detestar las Navidades es ya tan elevado que, sinceramente, la pose ya no tiene nada de original. Ser guay tiene esas dificultades.

4. Sobre héroes y tumbas. Lorca no estaba en la fosa que se suponía. Se abre la veda a las leyendas urbanas que persiguen a otros héroes con tumbas dudosas. Qué más da. Lorca está en Poeta en Nueva York. Está en los cielos. Pero literalmente.

Rauelsson

Escrito por Luis Pousa
11 de Diciembre de 2009 a las 12:07h

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Escucho a Rauelsson, ese tipo que un día se piró a Oregón para tomar distancia, perspectiva, como se diga. Y vaya si le funcionó la perspectiva.

Por cierto, y ya sólo por tocar un poco las napias, curiosa expresión la que da título al tema: «Cazadores de tornados». Como si fueran los tornados, y no nosotros, los cazados. A veces estimula pensar que eres el perseguidor cuando, en realidad, eres quien corre delante de las escopetas y los perdigueros.

Acordes en espiral

Escrito por Luis Pousa
9 de Diciembre de 2009 a las 14:04h

Lo sopla  Julio Ruiz en Disco grande, de Radio 3. “Respondiendo a las peticiones de muchos humanoides y gilivatios”, TVE ha colgado en Acordes en espiral una antología de vídeos de la Bola de cristal. Un programa de cuando la tele para niños tenía claro que los niños son sólo eso, pequeños, no estúpidos. Qué enorme era aquella bola que a todo el mundo le mola. A flipar con el revival, electroduendes.

Delibes, la epopeya de lo minúsculo

Escrito por Luis Pousa
5 de Diciembre de 2009 a las 2:21h

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“Algunas amanecidas Azarías se despertaba flojo y como desfibrado, como si durante la noche alguien le hubiera sacado el esqueleto, y esos días no rascaba los aseladeros, ni disponía la comida para los perros, ni aseaba el tabuco del búho, sino que salía al campo y se acostaba a la abrigada de los zahurdones o entre la torvisca y, si acaso picaba el sol, pues a la sombra del madroño”. Así se las gasta Miguel Delibes (Valladolid, 1920) en las páginas de Los santos inocentes, un título que navega, sin mayores fanfarrias, por la estratosfera de la literatura española y que abre ahora el cuarto volumen de sus Obras completas. Una edición dirigida por Ramón García Domínguez y que publican Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg y su casa de siempre, Destino, porque también en esto el autor ha permanecido fiel a sí mismo y a las insobornables coordenadas de la autenticidad.

Esta cuarta entrega de su narrativa reúne las obras publicadas entre 1981 y 1998, es decir, entre Los santos inocentes y El hereje, dos de sus logros máximos, tal y como confiesa el propio Delibes, que considera estas dos novelas y Viejas historias de Castilla la Vieja (su favorito) como lo mejor de su prosa. Entre ambas cimas se suceden piezas teóricamente secundarias, pero en realidad narraciones incontestables: Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso, El tesoro, Madera de héroe y Señora de rojo sobre fondo gris, títulos en los que hallamos ciertos rastros autobiográficos, siempre muy matizados por un autor pudoroso y poco dado a alardes de exhibicionismo. A estas piezas se añade como apéndice el relato La milana, del que nació Los santos inocentes.

 

Como subraya Francisco Umbral en su fulminante Diccionario de literatura (donde, por cierto, la de Delibes es una de las contadas cabezas que Umbral deja sobre los hombros de su propietario): «Miguel en sus libros habla poco de hidalgos o de escudos, sino que le interesa el obrero, el campesino, el profesional de la otoñada, el hijo de la espiga». Y ciertamente en este puñado de novelas nos damos de bruces con esa prosa de la gente corriente.

El autor demuestra un amor inagotable por sus personajes, por unas vidas aparentemente minúsculas que en sus manos se transforman en auténticas epopeyas. Porque Delibes, tocado con el escurridizo don de la claridad, escribe siempre de Valladolid y de Castilla la Vieja (incluso cuando, como en Los santos inocentes, traslada su decorado a Extremadura), pero de lo que escribe a fin de cuentas es de dos o tres verdades universales e irrenunciables que sus personajes —perdedores como el Cipriano de El hereje o ese Azarías al que ya siempre pondremos el rostro desdentado de Paco Rabal— han aprendido a palos. Delibes, caminante incansable de las calles de Valladolid y de las llanuras de Castilla, sabe bien lo que es pisar la realidad: literal y literariamente. En su caso el realismo no reduce, sino que agiganta lo real con su mirada.

Y de sus infinitas caminatas por tierras de Castilla trata el quinto volumen de las Obras completas: El cazador, en el que se recopilan ocho libros y dos escritos sobre caza y pesca publicados entre 1963 y 1996. El tomo, que aparece precedido de un extraordinario y emotivo prólogo de su hijo Germán, da cuenta del ideal de caza del literato: «hombre libre contra pieza libre sobre tierra libre», un lema que las leyes y el tiempo se encargaron de hacer imposible. Para quienes se resisten a comprender el profundo ecologismo del Delibes cazador es más que recomendable la lectura del texto Las tablas de Daimiel, recogido en La caza en España. El novelista ya anticipa, en 1972, la transformación del humedal en el secarral que es hoy en día debido a esa costumbre tan arraigadamente española de confundir progreso con aniquilación del entorno.

*Publicado hoy en el suplemento Culturas de La Voz de Galicia

Apuntes

Escrito por Luis Pousa
4 de Diciembre de 2009 a las 11:07h

1. Ha muerto Paul Naschy. Aquí algunos se creen que el cine español se inventó en los ochenta, pero tipos como Naschy (Jacinto Molina) se dejaron mucho antes el pellejo en la trinchera. El gran licántropo de nuestro celuloide participó en  más de cien películas como actor, guionista o director. Aquí lo vemos en el corto El corazón delator.

2. Sentencia de José Emilio Pacheco, Premio Cervantes 2009: «Todo lo escribimos entre todos». Muy atinada para describir la blogosfera, esa gran casa de citas. Parafrasea, por cierto, a Alfonso Reyes, que dejó dicho: «Todo lo sabemos entre todos». Qué grandes son estos mexicanos.

3. El coruñés Luis Suárez, único Balón de Oro nacido en España (a Di Stéfano lo importamos de Argentina), tuvo su trofeo expuesto durante un tiempo en la carnicería familiar de la calle  Hércules (hoy avenida). Eran, claro, otros tiempos.

4. Escucho a Klaus Nomi: You don’t own me. El caso es escuchar, ver, palpar la realidad. O la hiperrealidad.

Pablo Gallo y Nacho Vegas

Escrito por Luis Pousa
27 de Noviembre de 2009 a las 11:57h

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Los habituales de esta madriguera ya conocéis a Pablo Gallo. Es el autor, entre otras muchas cosas, de la portada de La noche de las palabras. Hoy mi compañero de La Voz Javier Becerra (responsable también del blog Retroalimentación) nos cuenta en las páginas de Local que acaba de reeditarse un libro de Nacho Vegas, Política de hechos consumados, al que se añaden ahora cubierta e ilustraciones de Pablo: Un coruñés dibuja el universo del cantautor Nacho Vegas. Una vez más, Gallo se sale con sus inquietantes y kafkianos mundos visuales.

Bartleby ataca de nuevo

Escrito por Luis Pousa
25 de Noviembre de 2009 a las 22:12h

 Lo siento. Estoy en pleno síndrome Bartleby, ese mal que afecta a quienes un buen día simplemente dejan de escribir porque quedan sepultados bajo el temible lema: «preferiría no hacerlo».  Creo que la maldición cayó sobre mí el día que se me ocurrió mencionar al escribano de Wall Street en este cuaderno de bitácora tejido con palabras de humo. Aunque lo cierto es que me pongo a revolver en este baúl cibernético y, entre otros artilugios de escaso valor, tropiezo en el blog con cuatro referencias a Bartleby. Nada menos. Curiosa reincidencia. Obstinación, diría. Cuatro machetazos en la clavícula (siempre esta manía con las palabras esdrújulas, qué pelma). Menos mal que la tinta se lleva en las venas y no en la osamenta. Será cuestión de hacerse una transfusión.  

 

ojd