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Archivo para julio, 2012

Los bárbaros del norte ya están aquí

Domingo, julio 29th, 2012

Los alemanes son esos señores de bigote y bermudas infumables (la prenda, no los alemanes) que se pasean en chancletas por el Obradoiro como si estuviesen a punto de expropiar la catedral de Santiago (Códice Calixtino incluido) para saldar a las bravas el pufo multimillonario que parece ser que tenemos con el Bundesbank o el Deustchenosequé. Se creen estos tipos estirados y pagados de sí mismos que por habernos puesto una autopista, un aeropuerto y un paseo marítimo en cada esquina del país tienen los mismos derechos que ejercía aquel oficinista con manguitos de la posguerra que ponía piso con jaula de periquitos a su amante estrábica.
Al alemán, ya lo dijo Woody Allen, le enchufas un disco de Wagner y le entran unas ganas locas de invadir Polonia. Ahora han adquirido algo más de modales y ya no aterrizan al ritmo de la Cabalgata de las valkirias, sino bailoteando muy ceremoniosos la bachata del chiringuito playero, y desembarcan en el sur de Europa con sus panzas en lugar de con sus panzer, lo cual es muy de agradecer.
Los alemanes son como ese tío rico que hizo las Américas y viene de visita a la aldea para pasar su abultada billetera por los morros de sus paisanos, solo que los paisanos de este cuento somos los llamados pigs (Portugal, Italia, Grecia y España), a quienes los teutones miran con aire displicente para demostrar que, en realidad, nunca hemos dejado de ser las fregonas y los mayordomos de Europa.
Con los romanos no pasaban estas cosas. Ellos sabían cómo tratar a los bárbaros del norte.

Dinosauria we

Lunes, julio 23rd, 2012
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Nunca llegamos a sospechar que cuando el gran Bukowski escribió este formidable Dinosauria We, en realidad anticipaba el paisaje después de la batalla en que se convertirá Europa cuando Merkel, Rajoy, Van Rompuy y otros cráneos privilegiados completen su proyecto suicida. Por eso hay que volver siempre a Bukowski, a sus grandes verdades, hermosas y violentas como escupitajos. Y, sobre todo, a su poema sobre esos dinosaurios en vías de extinción que somos ya todos nosotros.

El primo sabelotodo

Domingo, julio 22nd, 2012

El veranito, ya se sabe, arrastra consigo una estela de festejos, comilonas y otros roces familiares. Sobre todo ahora que los tiempos vienen crudos. Porque, como recalcaba Vito Corleone mientras atusaba el lomo a su felino remolón, al final, cuando todo lo demás falla y la cosa se pone chunga de verdad, la familia es lo único que importa.
La familia autóctona se parece sospechosamente al clan de los Corleone. No por su afición a dejar cabezas de caballo sobre la almohada del capullo de turno, sino por ese caos telúrico de primos, exesposas y sobrinos chinchones.
El clímax —que diría Siffredi— de todo este rebumbio familiar se alcanza en ese tiempo fuera del tiempo que es la sobremesa del domingo, cuando el licor café causa estragos y se viene arriba el primo en tercer grado de la cuñada del rostro pálido. Al primo sabelotodo le va muy bien en Madrid, puntualiza la cuñada, así que a nadie le espanta que este enciclopedista de salón de té suba con desparpajo a la red y lo mismo diserte sobre el hurto del Códice Calixtino que sobre la caza y captura del bosón de Higgs en los meandros secretos de los aceleradores de partículas. Todo con la misma profundidad, centímetro arriba centímetro abajo, con la que Belén Esteban hincó el raño en la arena de O Bao para pillar las vigorosas almejas de A Illa de Arousa.
Menos mal que el abuelete, el entrañable don Vito de nuestro clan, vapuleado por dos guerras mundiales y una civil, fulmina de un solo guantazo al sabelotodo:
—¿E logo ti non serás o primo ese de riesgo?

Batman regresa a las tinieblas

Sábado, julio 21st, 2012

Batman nació en mayo de 1939. Faltaban solo unos meses para que Alemania invadiese Polonia y el mundo se asomaba (en aquel caso literalmente) a los infiernos. El murciélago emergió en un planeta en tinieblas y por eso sus creadores, Bob Kane y Bill Finger, lo plantaron en Gotham City, un trasunto maldito de Nueva York que, en el fondo, es un trasunto del mal en sí mismo. Y, como ya sabemos al menos desde los griegos y Shakespeare, el mal desplegado en sus múltiples formas y matices es el gran tema que recorre las vértebras de la cultura universal.
Por eso nos fascina Gotham, porque retrata la urbe como sumidero y averno, y por eso nos cautiva este superhéroe que, en realidad, no tiene superpoderes pero que logra tumbar a los villanos gracias a una inteligencia veloz, a su traje blindado y a una serie de artilugios con los que remeda las habilidades sobrehumanas de colegas sobrados como Spiderman o Superman.
En los años sesenta Bruce Wayne cayó en las zarpas de la televisión. Las series encendieron sus desmedidos focos sobre Gotham y Batman y Robin pasaron a ser un par de voluntariosos ciudadanos que, en sus ratos libres, luchaban contra los malvados en una ciudad relativamente feliz y dicharachera. No eran tiempos para brumas. Durante varias décadas incluso en lo más profundo de la batcueva se disiparon las sombras.
Hasta que a mediados de los ochenta el insobornable Frank Miller rescató a Batman de las ñoñerías catódicas y devolvió el héroe al cómic y a sus tinieblas originales (incluso cargó algo más las tintas). El guionista Alan Moore se sumó al festejo con sus viñetas oscuras y nada complacientes y despejó el camino para las fantasías turbulentas y barrocas de Tim Burton, que en 1989 montó colocó al enmascarado en una de sus laberínticas y fantasiosas escenografías.
El cineasta Christopher Nolan ha profundizado en las simas abiertas por el cómic. Su trilogía bebe de Miller, Moore y el Batman fundacional de 1939. A esas sombras se añadirá ahora la leyenda de una maldición. La que arranca en el 2008 con la muerte de Heath Ledger, quien tras liquidar su fabuloso papel de Joker en El caballero oscuro se fue al otro mundo por una sobredosis de pastillas. Ayer el mito se transformó en crimen cuando un sujeto disfrazado de Bane (el rival de Batman en esta tercera entrega) causó una matanza en un cine de Denver.
En estos tiempos borrosos también se difuminan las sutiles fronteras entre lo real y lo virtual. Y ya no hay superhéroes que nos salven de eso.

Los mocos no son para el verano

Domingo, julio 15th, 2012

Una de las saludables ventajas que brinda el verano al incauto rostro pálido es que, para que el sistema inmune no baje la guardia ni un milímetro, los virus y sus primos terceros de Helsinki siguen pululando por nuestras fosas nasales y demás orificios para que no nos despistemos creyendo que la vida es coser y cantar, o sea, tumbarse en la arena, nadar y leer un libro a ratos. Chorradas. Ni siquiera el sobrevalorado estío nos da una tregua. Y entre las torturas que aguardan agazapadas en las trincheras del verano urbanita hallamos esa ducha escocesa gratuita, pública y universal que nos zumba alternativamente con el sol a plomo que derrite las sombras sobre las aceras y el aire acondicionado a caño libre con el que nos atizan en centros comerciales, autobuses y otras emboscadas municipales. Con tanto viajar de cero a treinta grados en media décima de segundo el atribulado veraneante acaba una tarde cualquiera en la camilla de Urgencias con cuarenta de fiebre en la axila izquierda (la derecha ya no está para demasiados chistes). Y lo que en pleno diciembre sería un llevadero y hasta entrañable resfriado casero, el clásico y bondadoso constipado que se amaña con sopas, lana y café con gotas, a mediados de julio es un sopapo en todo los morros que eleva la temperatura corporal del paciente al borde de la desconfiguración de las proteínas. Acorralado, el rostro pálido dobla la apuesta: mete la cabeza en el microondas y le da a tope al botón de la pizza. O se esfuman los mocos o pilla moreno de grill.

ojd