Cancioncillas
Desde aquella ya célebre división establecida por Umberto Eco, el mundo se divide entre apocalípticos e integrados, entre los que creen que la auténtica cultura sólo es la edición trilingüe de la Metafísica de Aristóteles y quienes, modestamente, pensamos que habitamos en una galaxia mestiza en la que todo está contaminado por todo y la alta literatura y la música clásica pueden cohabitar sin mayores traumas con los tebeos, los blogs, el rock y el celuloide.
El cultureta que se empeña en vestir permanentemente las orejeras de la pedantería no ve más allá de sus propios pabellones auditivos y, al contrario de lo que se cree, se queda en la superficie de las cosas, porque las mira por encima del hombro y no es capaz de adentrarse en ellas. A este sabihondo, tan aficionado al toreo de salón, le pones a los de Barrio Sésamo cantando Estrellita de San Juan (Twinkle Twinkle Little Star, en V.O.S.) y se ríe con desdén de la cancioncilla infantil, tan simplona para sus meninges tuneadas. Lo que no sabe el listillo, obstruido por su complejo de superioridad, es que sobre esta tonadilla tradicional levantó un tal Mozart sus Variaciones en Do mayor, K 265. ¿Será que Mozart sí veía más allá?
Etiquetas: Barrio Sésamo, mozart, parecidos razonables

abril 1st, 2010 at 19:51
Cualquiera que haya compuesto un tema, escrito una línea o hecho un dibujo, o lo que sea, sabrá que no hay creación fácil ni tema sencillo, por lo que seguramente no se muestre despectivo con las creaciones ajenas aunque estas no sean de su agrado o interés.
Es el zopenco, incapaz de obtener nada nuevo de su intelecto el que despreciará aquello a lo que es incapaz acceder. Por muy barnizado que esté de “cultura” y se sepa de memoria el catálogo del Deusche Gramofón, o como se escriba.
La cultura es como el mar, no le puedes poner puertas.
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abril 1st, 2010 at 23:56
Pues claro que veía más allá.Todos habitamos en una galaxia mestiza.De acuerdo en todo lo que dices.
Genial Gustavo.
Me gusta Mozart.
Y conforme con lo de que la cultura es como el mar,no se le puede poner puertas.
Saludicos.
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abril 2nd, 2010 at 7:28
La metafísica de Aristóteles era el libro que estaba situado después de los volúmenes de física de este filósofo. Al no saber cómo etiquetarlo, uno de sus discípulos le dio el nombre de “lo que está después de la física” (meta física). Cuento todo este rollo para decir que lo preciso, lo exacto, lo concreto o la última versión trilingue como dice Pousa, son conceptos exclusivos de las ciencias exactas y abducidos por las personas temerosas de todo lo incierto. Para lo humano, la música es una de las mayores expresividades del sentimiento, no existe lo preciso ni lo estanco y es tan evidente que el libro antiguo más difuso conocido es justamente la metafísica de Aristóteles.
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abril 2nd, 2010 at 15:11
Mozart miraba tan allá y veía con tal claridad que todavía hoy nos devuelve la mirada.
Un abrazo, Luis.
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abril 3rd, 2010 at 10:13
Desde el Algarve sólo con tiempo para saludarte, amigo Luís. Por cierto que sepas que yo soy peripatético, que no patético.
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abril 5th, 2010 at 8:14
Cierto, amigo Luis, lo que no han dejado claro los cronistas es si el bueno de Amadeus aporreaba el piano con la cabeza cuando no le salía una melodía…
Este personajillo de Barrio Sésamo era, junto a Profesor Lumbreras, uno de mis favoritos.
Un abrazo
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