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Archivo para agosto, 2008

Blog Day

Domingo, agosto 31st, 2008

Escribo un post de emergencia, porque, aunque el cumpleaños de Rosalía fue ayer, hoy, amigos, es la fiesta, y ando algo liado con los preparativos. Pero no quería dejar pasar el Blog Day sin dar las gracias a Nacho por su recomendación en La Huella Digital. Todo un honor. Yo creo que Nacho se deja llevar por la amistad y la camaradería más que por la objetividad. Pero, en fin, no siempre se puede ser objetivo, ¿no? A veces hay que dejarse llevar. Aquí van mis cinco propuestas y La Huella la recomiendo porque me mola, no como compensación, que conste en acta. Y es que yo, al contrario que Fernando Alonso, se lo debo todo a mis compañeros, de los que he aprendido prácticamente todo lo que sé de periodismo y de blogs.

 La Huella Digital. Ese periodismo que va más allá y busca el reverso de las noticias.

Rabudo. Otro Nacho bloguero y periodista de los buenos.

En mi vida pasan cosas. Ayelén nos cuenta desde Buenos Aires los entresijos de un día cualquiera.

Wonderlands. Ada y su original País de las Maravillas.

Pepy’s Diary. Los diarios de Samuel Pepys, convertidos en un hermosísimo blog.

Rosalía

Sábado, agosto 30th, 2008

Esto lo escribí el 3 de septiembre del 2005 en La Voz:

«Durante nueve meses la vida ha consistido, asuntos menores al margen, en escuchar cómo mi hija crecía en la barriga de su madre. Un murmullo como de agua que fulmina a la mejor sinfonía de Mozart e incluso, qué diablos, al Reckoning de REM. Y a los nueve meses, Rosalía, con su nombre de poeta, asomó su cráneo a esta Coruña del 2005, tan diferente de aquella ciudad grisona de bigotes franquistas a la que yo llegué un día de 1974 con un sombrero negro de vaquero y una pistola plateada que ya no tendrá Rosalía, porque los niños ya no pegan tiros como en 1974. Ahora veré la ciudad con otros ojos, con la pequeña pupila de Rosalía pegada a la acera de los Cantones, que les han cambiado la piedra, ya no podrá jugar a saltar las mismas rayas que yo pisaba aposta para reventar la tensión, yo era un poco capullo de niño, qué le vamos a hacer, Rosalía. Pero la nostalgia no sirve de nada, qué te voy a contar de A Coruña a ti, que has nacido en Ciudad Jardín, toma clase. Tampoco me vale escribir esta cosa, juntar letras en esta esquina del periódico. Voy a apagar la literatura y a encender los ojos, porque creo que te vas a reír y entonces las palabras ya no funcionan. Sólo la mirada soporta este asombro perpetuo».

El asombro, claro, sigue ahí. Y va a más. Entre los asuntos menores a los que me refería, con ironía secreta, en el texto, estaba la operación de corazón que me esperaba un par de meses más tarde (26 de octubre del 2005, cuando la pequeña todavía no contaba dos meses). Afortunadamente, todo fue bien y estos tres años han sido como esa cuesta abajo de las montañas rusas, cuando caes desde lo más alto y el estómago se te anuda en las amígdalas y apenas te das cuenta de lo que pasa, pero sientes un cosquilleo que debe ser la felicidad. Hoy Rosalía cumple tres años. Será un gran día.

Doblete de Thomas Mann

Jueves, agosto 28th, 2008

mann.jpgLa montaña mágica, de Thomas Mann, es uno de esos libros únicos que siempre habría que colar en las antologías de lo imprescindible que, cada equis años, suelen recopilar las revistas semanales y similares. Esta novela sobrecogedora, que convierte la tuberculosis en pura lírica, arranca con un prólogo que Mann titula, con agudeza, Propósito, y que contiene una frase de esas por las que merece la pena vivir toda una vida sólo para escribirla:

“Queremos contar la historia de Hans Castorp, no por él (pues el lector ya llegará a conocerle como un joven modesto y simpático), sino por amor a su historia, que nos parece, hasta el más alto grado, digna de ser contada (en este sentido, debemos recordar en torno a Hans Castorp que ésa es su historia, y que no todas las historias ocurren a cualquiera). Se remonta a un tiempo muy lejano; ya está, en cierto modo, completamente cubierta de una preciosa herrumbre y es, pues, necesario contarla bajo la forma de un pasado remotísimo”.

La frase demoledora, claro, es: “No todas las historias ocurren a cualquiera”. Y ahora, el inicio en sentido estricto de la novela, el que Mann escribió bajo las palabras Capítulo primero y La llegada:

“Un modesto joven se dirigía en pleno verano desde Hamburgo, su ciudad natal, a Davos-Platz, en el cantón de los Grisones. Iba allí a hacer una visita de tres semanas”.

Los cánones de Navarone

Miércoles, agosto 27th, 2008

Como la SGAE y afines no paran de tocarnos los cánones les dedico hoy esta columna en La Voz. Su afán recaudatorio (por decirlo suavemente) ya se mereció uno de los primeros posts del antiguo Farrapos de Gaita: Un canon por si acaso, allá por marzo. Yo creo que ni siquiera Gregory Peck, David Niven y Anthony Quinn podrían acabar con estos cánones de Navarone.

La biblioteca fantasma

Martes, agosto 26th, 2008

En Austerlitz, la novela de W. G. Sebald, el protagonista del relato, Jacques Austerlitz, nos cuenta el desamparo que le causa su paso por la flamante Biblioteca Nacional de Francia, paradigma de esa arquitectura como de fuegos artificiales, todo cohetería que se esfuma cuando uno cruza el umbral del coloso y descubre que, pese a la sobredosis de estética y de alardes técnicos, el edificio es tan bello como inútil, porque ni siquiera de lejos cumple con su función. Sebald detalla, con su destreza habitual, las zancadillas burocráticas y de diseño que hay que sortear en la biblioteca parisina hasta que, finalmente, se logra tocar un libro y abrir sus páginas, ese simple y hermoso gesto para el que supuestamente se erigen estos ultramodernos santuarios de papel. Como aquí no tenemos Sena, nuestra Biblioteca Nacional de Galicia se alzará a orillas de la autopista del Atlántico, que no es lo mismo, pero también tiene su encanto. En el monte Gaiás crece una osamenta de 45 millones de euros que, como está hueca, hay que llenar de libros, aunque solo sea para fardar. La Consellería de Cultura soltará 4,2 millones para comprar los volúmenes que lucirán en las estanterías de diseño de Eisenman. Pero que nadie pretenda saber qué textos se exhibirán en los anaqueles del Gaiás. La Xunta no suelta prenda sobre los títulos, por más que el Parlamento y los periodistas, siempre tan impertinentes, se empeñen en preguntar. Sería curioso saber, por ejemplo, si entre esa literatura que la consellería baraja en secreto figura Austerlitz, una narración que desbarata el concepto mismo del mastodonte del Gaiás.

(Columna publicada hoy en La Voz de Galicia)

Telegraph Road

Sábado, agosto 23rd, 2008

Imagen de previsualización de YouTube 

Imagen de previsualización de YouTube

A ver quién es el guapo que se atreve, en el 2008, a componer, interpretar, y ya no digamos a publicar, una canción de trece minutos. El solo final es único, aunque eso ahora, claro, ya no está de moda, pero es que las cosas que están de moda, al final, lo que sucede es que pasan de moda y listo. Por cierto, creo que una revista especializada en música ha hecho una lista con los grandes guitarristas de la historia del rock y no sé por dónde ha dejado a Mark Knopfler, porque en anteriores nóminas lo habían colgado por el escalón número 27 o así.

A disfrutar de la alquimia de Dire Straits (puros ochenta, sí, qué pasa), aunque sea en dos capítulos, porque en las escuetas dosis de YouTube no cabe esta enorme canción. El que pueda, que la escuche con ese trasnochado e impagable crujido que da el vinilo, con sus rayaduras y sus posos de polvo. La letra, por cierto, es de las que se te quedan incrustadas en la memoria, como uno de esos obstinados moluscos que no se despegan de su roca pintada de algas ni con una bomba de hidrógeno. Ya me callo. Aquí Telegraph Road, aquí unos amigos.

Capacidad de reacción

Jueves, agosto 21st, 2008

Los blogs y los medios digitales volvieron a demostrar ayer, al conocerse la catástrofe de Barajas, su agilidad y su capacidad para reaccionar ante un suceso aportando de inmediato documentación, recursos y enlaces para acceder a información fiable sobre el modelo de aparato siniestrado y las circunstancias del accidente aéreo. La Red y la blogosfera, tan alejadas de la burocracia interna que todavía lastra algunos grandes medios (lo de ayer en TVE es alarmante), fueron desde el primer momento la referencia para saber a qué atenerse. El trabajo de los compañeros de la edición digital de La Voz y los posts de Wicho en Microsiervos y de Ramón Salaverría en e-periodistas son buenos ejemplos de esta capacidad de reacción. Dicho esto, por supuesto, hay que quitarse el sombrero ante la labor desarrollada a pie de obra por los redactores de radios, televisiones y periódicos (como los compañeros de La Voz) que se dejaron la piel para recoger datos y testimonios sobre la tragedia. Sólo apunto que, cuando pase el vendaval de los hechos, tal vez esta sea una buena ocasión para reflexionar sobre el futuro de los medios.

Tres mil años después

Martes, agosto 19th, 2008

Andaba hace unos días rumiando para el periódico un artículo sobre El vellocino de oro, ese hermoso libro de Robert Graves, cuando Eduardo Chamorro me recordó con su aguda columna de La Voz que la guerra entre rusos y georgianos andaba a tiro de piedra de Ea (hoy Kutaisi, en Georgia occidental), capital del antiguo reino de Cólquide y escondrijo del vellocino de oro que perseguían Jasón y sus revoltosos argonautas. Aquella trifulca por el sagrado pellejo de los griegos sucedió, según la leyenda, en el 1225 antes de Cristo. Tres mil y pico años de sopapos no han servido de mucho. Las mismas tortas, en las mismas jetas, sobre el mismo suelo. Y, encima, ahora todo es más cutre, menos legendario. Porque Putin y sus muchachos no están a la altura de HérculesOrfeo, digo yo.

Los listillos

Viernes, agosto 15th, 2008

Imagen de previsualización de YouTube 

Todos conocemos a alguno. Están siempre al acecho. En las interminables sobremesas de las comilonas familiares, agazapados en las trincheras de la oficina y hasta en la sala de espera del ambulatorio, ocultos entre los pensionistas y sus males crónicos. Son los listillos. Los que saben de todo. Hace poco escuché a un tipo, por supuesto lego en la materia, discutirle a todo un catedrático de Derecho el espíritu y la letra de una laberíntica ley. Con un par. A ver quién era el catedrático para explicarle a él lo que dicen los libracos legales. Y quien habla sin rubor de derecho también puede pontificar sobre física cuántica, arquitectura, gastronomía de vanguardia, ingeniería, bioquímica o pesca submarina. Ya puestos, estos sabihondos le explicarían al padre de Zipi y Zape cuatro cosas sobre los fundamentos de la colombofilia.

Luego tenemos a los culturetas, claro, que son unos listillos especializados, más que nada unos pedantes que repiten muchos nombres extranjeros -mal pronunciados, of course- para tratar de demostrar que ellos sí que controlan de música, de literatura y de arte contemporáneo. Ellos sí que son modernos, porque el mismo disco de Coldplay que tú te compras de saldo en el hipermercado ellos lo adquieren en Londres por treinta libras, que es mucho más caro, sí, pero mola más cuando sacas de la maleta tu bolsita con el logo de la tienda londinense.

Pero cuando afloran como hongos los listillos es cada cuatro años con los Juegos Olímpicos. Ya tuvimos un anticipo con la fórmula 1, cuando de repente hasta el zascandil que se pasaba las tardes atornillado a la barra del bar, caña en mano, resulta que era un especialista en neumáticos de seco y de mojado, suspensiones y aerodinámicas. Con Pekín 2008 el listillo, envalentonado, saca pecho y sienta cátedra no ya sobre fútbol y baloncesto, asignaturas con las que nos da la turra todo el año, sino con los deportes más insospechados. El listillo, qué pasa, también sabe de natación, de halterofilia femenina, de lanzamiento de jabalina, de tiro con arco, de voley playa, de piragüismo, de tenis de mesa y hasta de gimnasia artística. Será por neuronas. Para repartir tiene.

Cuando se escucha pontificar a un listillo uno siente unas ganas enormes de hacer lo que Woody Allen en Annie Hall, cuando, harto del cultureta que le está escupiendo sus teorías sobre McLuhan en el cogote, Woody saca a Marshall McLuhan de entre bastidores para acallar al intelectualoide. «Usted no sabe nada de mi obra», le suelta McLuhan al listo. Qué gozada. Como sentencia Allen, amigos míos, si la vida fuese siempre así…

La metamorfosis

Miércoles, agosto 13th, 2008

«Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, econtróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia».

Si hay un arranque inquietante en la historia de la literatura universal es, sin duda, este. Así nace La metamorfosis, el relato del indomable Franz Kafka. Sostiene Gabriel García Márquez que, cuando leyó estas páginas en una pensión de no recuerdo qué ciudad, descubrió que el tono de Kafka era más o menos el mismo que empleaba su abuela para contar las legendarias y disparatadas historias de la familia. De ese mezcla de Kafka y la abuela surgió el llamado realismo mágico, del que algo sabemos por aquí, porque un tal Álvaro Cunqueiro ya lo cultivaba antes de que tuviera etiqueta oficial.

En español podemos adentrarnos en este relato abrumador en la versión que trazó Jorge Luis Borges (otro de los grandes entre los grandes) para el sello Seix-Barral, que es la que se cita aquí arriba. Una narración que, sencillamente, te deja sin aliento.

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