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El MP3

Escrito por Luis Pousa
29 de julio de 2008 a las 13:56h

Ha palmado mi MP3. Le tenía cariño al bicho porque me lo regaló mi santa, ya va para tres años, cuando estaba tumbado en el box número no sé qué de la unidad de cuidados intensivos, después de que los cirujanos le pusieran un par de piezas de recambio a mi corazón. El artefacto me hizo compañía durante aquellas primeras 24 horas de insomnio y flipe (el oxígeno y los calmantes colocan un poco, ya se sabe). En la uci, por no tener, uno no tiene ni gayumbos. Ni las gafas. Está en bolas ante la nada. Sólo el pequeño MP3 gris me distraía un poco entre las rondas de las enfermeras, que son lo más parecido a la bondad absoluta con lo que uno se puede tropezar.

Allí estábamos mi insomnio, la docena de cables que me salían del cuerpo por diferentes orificios, el tubo fluorescente que nunca se apagaba y el MP3, que con su música y su radio en vela me permitía olvidar durante unos minutos los pitidos de las máquinas que controlaban las constantes vitales (la cabecera de la cama tenía tantas pantallas que aquello parecía la sala de control de vuelos de la NASA).

Recuerdo un poema de Borges en el que el argentino hablaba con asombro de que un objeto pueda sobrevivir a su dueño. En otros versos de distinto rango, Ray Loriga contaba que el plástico es la única cosa próxima a la eternidad que encontramos sobre el planeta. Bueno, en este caso ambos poetas se equivocan. El MP3 ha muerto. No ha vencido a su vapuleado propietario y sus entrañas de plástico de poco le han servido para superar el magreo diario que le ha caído durante treinta meses de paseatas y vagabundeos.

Maldita sea, le había cogido cariño al artilugio. Que la tierra (o la prosaica incineradora) le sea leve.

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10 respuestas a “El MP3”

  1. Julio Torres dice:

    Bastantes veces os obxectos teñen un valor sentimental moito máis importante que o económico. Compañeiros de batallas, de paso tamén nos lembran momentos da nosa vida. Incluso optan, porqué non, a un condicionamento clásico respondente mediante un estímulo positivo, ó contrario da campana e o can de Paulov.

    Un saúdo, amigo
    Carpe Diem

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  2. Sabela dice:

    Esos aparatejos electrónicos cada vez se vuelven más sofisticados y más imprescindibles…aunque ahora hemos cambiado el oír nuestros pasos y el ruido de la ciudad por escuhar en la caja metálica a nuestro grupo favorito que trona y trona sin parar.

    Suerte que por lo de ahora aunque el MP3 se extravíe se puede conseguir otro igual o, al ritmo que llevamos, uno mucho mejor.

    Saludos, te sigo.

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  3. Miguel dice:

    De mi última operación, recuerdo que le encargué a mi madre que fuera a Portobelo a comprarme discos y me trajera el discman (cágate, aún no tenía mp3). El primer disco de Arctic Monkeys y el último de The Strokes.
    Son los hospitales los sitios más deshumanizados y posiblemente humillantes del mundo?

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  4. Ada.. dice:

    nunca será el mismo… lo sé. a mi también me ha pasado, pero yo te voy a comentar mi teoría sobre los objetos… porque sí, ea. soy una acumuladora de objetos de recuerdos de retazos que me recuerdan obejetos, que me transportan a recuerdos… creo que estoy enferma, pero ese es otro asunto… llegó un momento en el que descubrí que los obejtos están con nosotros durante un período de tiempo y que llegado su fin, han de mudarse, dejan de funcionar, en un espontáneo gesto, que puede que lamentemos después, pero cósmicamente necesario, los cedemos a otra persona, simplemente se pierden… y no nos percatamos pero marcan etapas, yo veo la del mp3 tan obvia que no la mencionaré, solo queda inmortalizarlo al pobretico, como brillantemente has hecho en este post y seguir adelante, hasta que el próximo mp3 te encuentre, mientras tanto será que debes escuchar tus pasos o el sonido del silencio en las largas noches d einsomnio…
    te dejo un beso gordoooo!!!

    p.d.: mi más sentido pésame…

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  5. pepaypepe dice:

    la técnica cambia y cambia,afortunadamente.En casa siempre decimos:mira en el cajón de los “Emepetreses”.El Primero que tuvimos ni siquiera tenía FM.El segundo,ya solo mío,ddaba problemas xq no sé rayo le pasaba,pero le cambiaron no sé que y era una gozada,grabé todo sobre los comuneros,sobre Padilla,Bravo y Maldonado.
    Después tuvimos uno en el ya se podían ver vídeos,y mientras aparecían y desparecían varios de los antiguos,los alargados.Luego,el BNG,por lo menos en Vigo,regalaba uno pequeñito,solo de pilas,con el nombre del candidato y poco de GB,pero era una monada.El Pp en navidad regalaba un MP4,que es lo mismo,no se confundan.Y ahora,tenemos dos en activo,uno usado noche y día,en casa y en la calle,pero no por mí.Y otro,el mío,mío,mío,que se carga en el ordenador y que tiene capacidad para lo que quieras.
    No es por chulear,cuando decimos el cajón de los Emepetreses,pero cada uno tiene una historia detrás,ha viajado,ha acompñado en hospitales,en esperas angustiosas,en largas noches en vela.
    ************************************
    Nos agarramos a los objetos,y cada uno de ellos es un trocito de lo que hemos vivido.
    Y no chuleo,que no tengo TV de plasma,ni lavavajillas,eh!

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  6. Luis dice:

    Julio, Sabela, Miguel, Ada, Pepaypepe… muchas gracias por vuestras condolencias, se las transmitiré al MP3 en sus exequias…
    Abrazos y besos a repartir.

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  7. Prometeo dice:

    Te entiendo muy bien. Yo siempre he creído que soy un poco panteísta porque dentro de mí creo que los objetos tienen alma. Quizás por eso me gustan tanto las cosas viejas y soy un poco chatarrero. Cada cosa, me transmite un poco de aquellos que la han usado, que han pasado sus manos sobre ella. Unas veces sirvió para relajarse, para aferrarse a ella cuando se recibió un disgusto o tocarla para recordar un instante de felicidad. Son rosarios turcos que nos desestresan. Nos conforta su compañía y de alguna manera forman parte de nosotros, de nuestro entorno, de nuestro territorio en definitiva. Cuando comentábamos de las conversaciones en el autobús, ya quería decir un poco lo mismo: como los trinos para los pájaros. Los militares, castigan o condecoran un cañón o una escalera. Yo no puedo tirar a la basura un objeto que me prestó leales servicios y si puedo lo conservo. Tengo numerosas anécdotas e historias personales como un viaje en tren desde Madrid acompañado de unos palos porque no quería mancillarlos dejándolos en las sucias calles de una metrópoli. Acabaron sus días donde nacieron formando dignamente parte de un gallinero.

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  8. pepaypepe dice:

    Pero no es a veces,algo insano, el aferrarnos tanto a los objetos?

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  9. prometeo dice:

    Seguramente no es bueno unirse a las cosas materiales, pero si consideras que tienen alma, pues ya no son del todo materiales. Debido a mi vocación ruralista, he podido vivir muchos ejemplos donde por poner un caso no se dejaba ampliar un camino, porque aquella piedra ya estaba allí cuando vivía el abuelo. Este tenía por costumbre sentarse allí a liar un cigarrito. Eliminar aquella piedra era faltar a su memoria. Yo no lo entendía, porque solían ser ellos los primeros perjudicados. Sin embargo ahora lo entiendo un poco más. Hace años ocurrió una pequeña trifulca vecinal en Mesoiro. Recuerdo que había gran despliegue policial y mediático y el mismo Xurxo lobato cubría personalmente la parte gráfica. Una señora se negaba a que se ampliara una carretera que daría servicio a ella, y a otras casas. Justo en un estrechamiento, estaba ubicado un pequeño cabazo desvencijado. No abultaba más que una mesa camilla y ni siquiera cumplía su función porque no poseía tornarratos y estaba apoyado en el suelo. La señora lo usaba para guardar herramientas de labranza. La policía no pudo hacerla desistir de su empeño en no dejar mover el cabazo. Su argumento era que lo había construido su padre y tanto el como ella le tenían mucho cariño. Su padre lo había colocado en aquel emplazamiento y no cumplir su voluntad era para ella una afrenta. La señora se arrodillaba y abrazaba a las tablas del cabazo llorando mientras mentaba a su padre y rezaba por el y pedía fuerzas para ganar aquella batalla donde se enfrentaba a todo el pueblo y el ayuntamiento.
    Después de veinte años del incidente, el otro día pasaba por allí sin mucha prisa, me vino a la cabeza la historia y sentí el impulso de desviarme para volver a aquel sitio. Mi sorpresa fue que el viejo y desvencijado cabazo, seguía allí A su alrededor habían construido modernos edificios, pero aquellas tablas tan viejas y rotas seguían ocupando el sitio que el padre de la señora le asignó quien sabe cuando..

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  10. pepaypepe dice:

    Tienes razón Prometeo,no deberiamos pero lo hacemos,ponemos algo de nosotros en esa pluma que fue de papá,el reloj que nunca fue bien,pero lo regaló quien tu sab es,en un momento feliz.El jarrón con un desconchón que nadie tiraría,el mechero cuando hace tiempo que no fumamos…y así podiamos todos desgranar nuestra lista de objetos imprescindibles,ellos tienen algo de nosotros,pero cuando de ellos quedó pegado a nuestra piel…mucho,que duda cabe.

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