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Los mirlos blancos o la educación en igualdad

Escrito por Luci Garcés
20 de Octubre de 2007 a las 23:00h

Durante años, mamá, las tías, alguna impertinente dama de la vieja escuela, me decía, preguntaban, lamentaban, las posibles razones por las que prefería trabajar en el mundo que el dulce refugio del hogar. No importaba que alegase que las mujeres éramos el 57% de la población y que, claro, a mi no me había correspondido varón y desde luego no el mirlo blanco con el que siempre había soñado. Entonces preguntaban por qué me refería al mirlo blanco que era una rareza. «Pues por eso mismo. Quiero un mirlo blanco que sea capaz de cuidar y sobre todo planchar la ropa ídem», y al llegar ahí era el acabóse. Que si nunca iba a pasar por la vicaría, que era imposible que un varón que supiera de plancha y encajes. Que si… Pero a la postre, mientras yo aprendía corte y confección y cocina durante le bachillerato, y estudiaba una carrera y lograba un contrato basura y después uno bueno, los chicos de mi generación hacian lo ismo pero aprendían en vez de corte y confección y cocina, tecnología, algo de enchufes, voltios y vatios, destornilladores, motores… Hace unas horas, mi hija pequeña enarbolaba una aguja y su falda colegial mientras argumentaba lo mal que cosían en el centro comercial donde habíamos comprado el uniforme con todos los detallitos requeridos por su colegio. Por una vez no le expliqué lo del trabajo sumergido, ni siquiera lo de las chinas o chinos encerrados con sus máquinas de coser ganando treinta euros al mes o poco más. Tampoco le hable de la rapiña empresarial, o del porcentaje por lograr exclusivas. Me limité a decirle que en unos de los lados del dobladillo descosido debía enganchar únicamente un hilo o dos para que por el reverso no se viera la puntada. Le pregunté por qué no esperaba a que se le cosiera y respondió: «Tú coses, papá si es preciso, también y mi hermana, pues tendré que animarme a aprender?. Y acto seguido, añadió ?claro que quien quiera ser mi marido tendrá que saber coser, que yo ya he aprendido a cambiar enchufes…»

Compartir un amor que no deseas

Escrito por Luci Garcés
18 de Octubre de 2007 a las 23:00h

Siempre digo que mi sombra es absolutamente díscola. Lleva varios días ronroneando en torno a mi. Apenas la escucho, pero ella insiste: estoy enamorada. Y suspira. Cuando ella hace eso ocurren varias cosas, tiembla mi ropa, estornudo y miro para comprobar si alguien esta mirándome a su vez. Porque aunque el amor la llene y su suspiro sea un cañonazo, la sombra es extrafina y dentro de ella no cabe nada. Si expreso esto en voz alta, se enfada y patalea protestando, pero como la llevo bien grapada a los calcañares, todo lo más conmueve el borde de mis pantalones. Le explico que el otoño no es bueno para enamorarse, en todo caso para deprimirse, para romper con amores viejos, para empezar el renuevo con vistas a la esplendorosa primavera. De todo lo que le digo solo recoge la palabra enamorarse y me hace ir y volver por el parque, atisbando ella de reojo a sus pares que se deslizan por los setos como fantasmas, se desligan de las farolas que comienzan a encenderse. Acepto sentarme en un banco y permitir que observe a esas otras sombras sin amo que esperan la luz, cualquier luz, para desaparecer.

Más siendo menos

Escrito por Luci Garcés
12 de Octubre de 2007 a las 23:00h

Me desconcierta que después de pertenecer a uno de esos grupos mayoritarios, el femenino, ahora resulte que empezamos a ser minoría (107 niños por cada 100 niñas son los nacimientos occidentales), quizás se deba a eso de la educación por la igualdad o que el sueño de las haploides ha quedado para la ciencia ficción. Esa estadística de nacimientos manda al tacho toda la especulación sobre cuántas pertenecen a cada uno. Aún no se ha invertido el asunto tanto como para preguntarnos cuántos nos corresponden a cada una, porque la vida del varón (¡juro que no es cosa mía!) tiene una media de longevidad de casi diez años menos que la de las damas. Pero lo novedoso de estos porcentajes de género está en las medidas que proyecta China, el Estado de los millones de millones. Nada más y nada menos que aprobar una serie de castigos legales contra los abortos selectivos de niñas que han llevado a China a convertirse en el país con el mayor desequilibrio de géneros del planeta. Aunque esos abortos ya están prohibidos mediante la Ley de Planificación Familiar y la Ley de Salud Maternal e Infantil, la legislación china carece de disposiciones legales acerca de los castigos aplicables contra las infracciones de estas leyes. La aprobación de la nueva regulación servirá para definir la responsabilidad de los diferentes órganos gubernamentales en la aplicación de las actuales leyes sobre aborto selectivo. Actualmente China debería estar en el Guinnes porque registra 119 nacimientos de niños por cada 100 niñas y eso motiva que se rapten mujeres o se vendan y compren para bodas. Es decir esclavas matrimoniales. Esto me suena. Si, pero ha de ser no.

No hay mal que por bien no venga

Escrito por Luci Garcés
9 de Octubre de 2007 a las 23:00h

Acudo a un desayuno de trabajo, en el que la segunda parte es prioritaria, con lo cual ni desayuno a gusto, ni atiendo a lo que me explican cuando mis interiores resuenan a vacío. Salgo y paseo hacia el coche con morosidad, casi de perfil, para ver el mar y la magnífica vista marina desde el Orzán. Cuando llego hasta el vehículo busco con premura las llaves. Termino volcando el bolso sobre la acera, Nada. Me asomo por la ventanilla del conductor y ellas, las llaves, cuelgan pendularmente. Considero el día estropeado pese al sol, el mar y el breve paseo. Me falta café espeso y oloroso, una tostada y las llaves del coche. Menos mal que no he olvidado el teléfono portátil, mal llamado móvil, y aporreo los números que pueden facilitarme otra llave. Miro con cierta desesperanza a un individuo que porta una caja de herramientas. Logro hablar y mi llave de repuesto vendrá desde mi ordenador de casa hasta mi, en taxi, con una de mis hijas despertándose dentro. Mientras espero, pongo otro tique de aparcamiento, y contemplo como maniobra un camión en sentido contrario a la marcha (qué eufemismo) para entrar con la parte trasera en un garaje. Nadie le pita, los turismos esperan con sosegada paciencia, como si sus conductores tuvieran todo el tiempo del mundo. Sonrío. Tengo mi llave. Arranco. Sigue brillando el sol.

Una camiseta en entredicho

Escrito por Luci Garcés
6 de Octubre de 2007 a las 23:00h

El personal anda debatiendo del sexo de los ángeles. Les gusta. Sirve para demostrar cuántas neuronas tiene cada cual, y lo que es más importante, si las tiene. En este caso no es cuestión de género, vamos que no es saber si es femía o macho. Porque no se discute eso, ni siquiera el tamaño (eso tan importante en los urinarios masculinos) del órgano reproductor del percebe, que vive siempre en colonias juntitas, sin que el mar les azote y sin yéndose a pasear hasta la roca próxima para echar un canivete fertiliano. No
Lo que se discute ahora es si el wi-fi es dañino o no y cuales serán sus consecuencias en el futuro. Casi nada. No me ponga un wi-fi porque me puede dar un yuyu cualquier año. Póngame wi-fi porque quiero acceder a internet desde mi casa en el último recuncho montañoso del país este en el que vivo. Pues nada. Todo resuelto si es usted partidario como si no lo es. Ahora tiene un gps especial. Una camiseta que querrá mucha gente porque incorpora un detector wifi y cuando tee acercas a una señal compatible se activan las marcas luminosas dependiendo de la intensidad de la misma la cercanía del wi-fi de nuestros amores. Lo curioso es que no es una broma y los estadounidenses se vuelven locos por ella. Vivir para ver.

¿Felicitación?

Escrito por Luci Garcés
28 de Septiembre de 2007 a las 23:00h

Una hace tiempo que ha dejado de creer en la infalibilidad de casi todas las personas, y muchos más de los chips que nos rodean transformados en ordenadores o en personajes que manejan los mismos. Y entre ellos están los ordenadores del Servicio Galego de Saúde. Por cuarta vez en 32 años me cambian de facultativo en eso que pusieron con bombo y prosapia «médico de familia». Es decir, voy a gozar de mi cuarto médico de familia, que tendrá que apechugar con mis achaques, porque la edad no perdona, y con el que careceré de cualquier vínculo. Seré de nuevo un expediente.
No obstante, hace años, la Xunta, a través del Sergas, me envió lo que creí una felicitación pues llegó justo el día de mi cincuenta aniversario. Inocente de mí, creí que el ordenador que regula al organismo sanitario había decidido disculparse por cambiarme de doctora por tercera vez y había encontrado una fórmula para no mentirme con cosas como «Es imposible atender a su petición de proseguir con el mismo facultativo» (yo proseguí cuatro años más sin inmutarme y ellos sin enterarse) o que «Tendría que cambiar de pediatra», cuando el médico que me atendía y el que debía atenderme tenía la misma pediatra… En fin, el Sergas o la Xunta, no me felicitaban por mi medio siglo, sino que me enviaban cita para hacer una mamografía.
Insisto en que el ordenador del Sergas funciona como y cuando quiere porque ha ido retrasando, año a año, mi cita con ese aparato de tortura (ya me gustaría a mi que al inventor le mirarán los cataplines con semejante aplastamiento morboso por muy útil que sea para prevenir el cáncer) y a estas alturas, ocupado como estaba en cambiarme, otra vez de facultativo, ni siquiera cinco meses después de mi cumpleaños me escribe para verificar mi estado pectoral.

Grasa y gritos en Despeñaperros

Escrito por Luci Garcés
25 de Septiembre de 2007 a las 23:00h

Esto debería titularse Prohibido comer y descalzarse 2, como una película de terror o una comedia. En ese viaje de Madrid a Jaén descubro que siguen existiendo chabolas miserables a la vera de la carretera de Andalucía, hoy autovía casi todo el kilometraje. Recuerdo las chabolas del kilómetro 7 (allí donde vivió El Lute y donde hubo casos de cólera el mismo verano que él, huyendo, vivía cerca de un cuartel de la Guardia Civil en Madrid, se moría Muñoz Grandes y la capital del Reino gozaba de una huelga ilegal de taxistas…). Aquellas chabolas eran todo un barrio, estas son paupérrimas, rodeadas de basura y construidas con chapas. Probablemente no estemos en el kilómetro 7, y estas
hayan sido clonadas.
Pues bien, las damas que iban en el autocar hicieron caso omiso a la mitad del cartel prohibido y un trozo de pan iba y venía de la barra a la boca, mientras que dedos gordezuelos y ensortijados escarbaban entre la grasa amarillas de gruesas lonchas de jamón. Todo en orden hasta el frenazo que nos libra de chocar con un camión poco cívivo. A partir de ahí, gritos, desmayos, suspiros. Creo que me han llevado a los años 50, pero no con tocino de jamón, sino con un buen pata negra. Gritos grasientos protestando porque el conductor escuchaba un partido de fútbol. ?No, señora, es la carrera ciclista contada por un locutor de radio?, explicó a mi pareja de asientos. Ni me escucha, procura en ese momento ensordecerme el oído derecho, con bastante pulcritud porque acaba de desengrasarse los dedos y la boca con un pañuelito bordado.
Los gritos se alzan, se extienden, se multiplican: ?¡Vaya más despacio! ¡Frene! ¡Yo que no me asomo al balcón porque me mareo…! ¿Terminó esto ya??, y los kilómetros se suceden por esa maravilla geográfica que es el salvaje paso entre montañas de Despeñaperros, no dominado por la doble autovía, ni los túneles, ni la futura carretera que piensan realizar. Las columnas de piedra parecen haber surgido hace poco, desafiantes, el fondo del valle ni se adivina desde la altura por la que circulamos en la que las montañas casi hacen techo cegando el cielo. Ha llovido, se ve. El verde y las flores nos reciben. Estamos entrando en Andalucía. Ellas y ellos siguen gritando.

Prohibido comer y descalzarse

Escrito por Luci Garcés
23 de Septiembre de 2007 a las 23:00h

Intentar salir de Galicia se convierte, a veces, en una aventura cuando no quieres hacer un viaje de casi mil kilómetros conduciendo. Tras comprobar que para el recorrido que deseaba hacer (A Coruña-Jaén) tenía pocas posibilidades. Dos trenes a elegir y sin coincidencias en estación madrileña. Aviones, mejor no mirarlos, el más económico superaba con creces los 130 euros ida y vuelta y había que añadir el traslado desde Barajas a la estación de buses o trenes correspondiente. Lo único que se planteaba como realizable era salir de A Coruña a las 8 de la mañana y enlazar con otro, en la Estación Sur de Madrid, para Jaén en directo. Total 12 horas de autobús y tres cuartos de hora esperando el cambio.
Todo fue bastante bien, viajaba hacia Madrid en un autobús de lujo, con azafata incluida, cuando ya circulando me rebajan el optimismo, la llegada sería 15 minutos más tarde de lo que anunciaba la web de venta por internet. Se reducía así el tiempo para el cambio de autobús.
El tiempo fue justito pero no hubo atascos. Al cambiar de compañía de autocares, primera sorpresa: enseño billete y me dicen «ponga su maleta del otro lado con los que se bajan en La Carolina». «Pero si voy a Jaén en directo», digo. «Señora, yo soy un conductor y no el empresario. Usted se baja en La Carolina y otro autocar la llevará a Jaén». Subo y me aposento. No hay cinturones de seguridad, pero si un hermoso letrero que ocupa lo que debió ser pantalla, o es, de televisión, dice: «Por higiene se prohíbe comer y descalzarse». Expectante espero que comience este viaje.

El toma y daca temporal

Escrito por Luci Garcés
15 de Septiembre de 2007 a las 23:00h

No hay nada nuevo bajo el sol, quizás cambien los nombres y lo que servía antes tenga ahora un renacer. Pensaba en la madurez. Sin trampas, fruta, amores, cuerpos. Todo con olor a canela cuando apuro las últimas gotas de la colonia que me ha acompañado desde que nací (¡qué melancólico!) hasta que Gal decidió renacer de otro modo y desapareció del mercado. El tiempo, pues, demuestra una vez más que nada es eterno y me obliga a dedicar mis horas más libres a buscar un perfume que me agrade y que huela a algo reconocible, albahaca, jazmín, y no demasiado fuerte.
Y mientras programo como encontrar esas horas leo que existe un Banco de Tiempo con diez años de existencia. Me informo pero cerca de mi no existe ninguno al que pedir un préstamo de tiempo, una hora para buscar perfume, a cambio de mis sesenta minutos acompañando a unos niños a casa a merendar, tras recogerlos del colegio.
Habrá quien deposite sus minutos de soledad y entregue compañía o viceversa. O quien cocine a cambio de que reparen sus despistes.

Cosas que no entiendo

Escrito por Luci Garcés
13 de Septiembre de 2007 a las 23:00h

En el universo hay millones de asuntos que no entiendo, de sucesivos agujeros negros en el conocimiento como un laberinto de toboganes. No entiendo tonterías de esas como que un planeta sea descendido de categoría porque los sesudos astrónomos lo decidan. Me encanta pensar en los magos de cualquier oriente que buscaban en las estrellas los caminos hacia la verdad infinita.
Mi sombra y yo nos hemos instalado en un zigurat azul verdoso y discutimos durante horas sobre cual es el tono más adecuado para pintar el desierto que nos rodea en esto que fue el jardín del Edén. La sombra es despiadada y quiere negrear el infinito, apagar las estrellas, las novas, para jugar al correquetepillo desde el reino de las sombras a la autopista más rápida que nos conduzca a la sensatez. La sombra anda correteando alrededor de mi cuerpo extendido porque ha dejado un sol que gira tan desquiciado como ella. La sombra, de improviso, se para y pregunta «¿no vas a dormir nunca?»
«Nunca», le respondo. «Bien, me dice, no necesitas graparme a ti, te seguiré». Jamás entiendo a la sombra.

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