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Una partida caliente

Escrito por Luci Garcés
2 de Noviembre de 2009 a las 13:47h

Si llegar a Vigo había sido una explosión de color en un largo, largo anochecer, la partida prometía algo de frío y bastante humedad, creo que en algún momento incluso lloviznó.

tras las maniobras de introducir un coche en el garaje y maniobrar con el otro _un Peugeot con tan sólo 16.000 kilómetros_ previa segunda o tercera lectura a las instrucciones en francés, se colocaron las maletas en el interior, las mochilas para practicar callejeo por los lugares habitados por los que pasaríamos y unas docenas de botellas de agua. Y partimos comenzando nuestro pequeño calvario.

1) Para desconocedores Vigo es una cuesta contínua. Incluso el aparente horizonte rizado del agua no es sino la tapadera mojada a una sima donde se almacenan restos de navios, redondas balas de cañón, tesoros no expoliados por los piratas de antaño y si por los de hogaño. pues eso, Vigo es una cuesta, que se sube despacio y resollando o se baja jacarandosamente acelerado.

2) Pues eso, Vigo es una cuesta y la de salir en dos impulsos las dos cuestas del garaje hasta salir a la cuesta de la calle demostró que las maniobras interiores en el edificio habían sido en llano, pero que la peripecia siguiente era algo más que saber manejar marcha, poner freno de mano, sacar el anterior, acelerar, cambiar de marcha, y topdo ello sin atropellar a ingenuos peatones cruzando por zona no reservada para ese asunto, sin topar con otro vehículo que inverosimilmente adelanta por la derecha para situarse de nuevo a la izquierda y todo eso mientras pita y saca por la ventanilla el dedo corazón apuntándo al cielo…

3) Entonces es cuando uno descubre dos cosas. A las diez de la mañana hay un tráfico de coches infernal, sigue lloviznando, y la segunda marcha decide no entrar salvo siendo forzada. Debería olerme mal, pero en ese momento me preocupa más acertar en el giro que debo hacer…

4) Y me equivoco, así que en vez de recorrer tan sólo hasta el punto equis 400 metros, debo añadirle 200 más de cuesta bajada y subida.

5) En el punto equis, ni un metro antes ni un metro después, nuestro Peugeot nuevecito empieza a echar humo como un dragón limpi´`andose las narices antes de sacar llamas por la boca…

6) Frente a mi, mientras pido a mis compañeros que bajen del coche y cierro el contacto (averignado entonces que la parte eléctrica va por libre) chillan y gesticulan dos jóvenes que por el idioma con el que me gritan pienso que son rumanos.

7) El personal comenta, pregunta, mira. Nosotros esperamos una grúa haciendo fotos sobre el vehículo. Nos cruzan conocidos. Les saludamos atentamente y les explicamos poco.

8) llega la grúa y se lleva el coche. Nosotros vamos en una casi limousine que envía la aseguradora a recogernos.

9) Una vez comprobado que no viajaremos en ese automóvil, cargamos un taxi con nuestras pertenencias y nosotros mismos. Vuelta al garaje, recargamos mi buga y salimos para aumentarle en unos miles los 106.000 kilómetros que tiene. Sigue lloviznando.ch_peregrino11

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2 respuestas a “Una partida caliente”

  1. alena.collar dice:

    Y el pobre coche avergonzadito de lo que le pasa…¿no has pensado en eso?…

  2. Luci Garcés dice:

    El yo, los dos.

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