Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es
La Voz de Galicia
Blogs de lavozdegalicia.es

La ciudad de México

17 de mayo de 2014 a las 18:47

En el gran país que se extiende entre Estados Unidos y Guatemala existen tres realidades que reciben la denominación de México. Este es el nombre usual de la nación, que oficialmente se llama Estados Unidos Mexicanos, el de uno de los 31 estados que lo integran y el de la ciudad donde radica su capital. Para distinguirlos, se suelen mencionar como México, el estado de México y la ciudad de México. El problema ortográfico es si esta es la ciudad de México o Ciudad de México.
El nombre de la ciudad es México, y ningún organismo competente ha establecido otra cosa. Una de las causas de la confusión es el texto de la Constitución mexicana, que dice: «La Ciudad de México es el Distrito Federal, sede de los Poderes de la Unión y Capital de los Estados Unidos Mexicanos». La mayúscula que ahí luce Ciudad y que a algunos lleva al huerto no tiene más explicación que la solemnidad de la declaración, por la que también escribe Poderes y Capital, con unas mayúsculas de relevancia que en otros contextos serían impropias. Fíjese el lector que se habla de «la Ciudad de México», con un artículo improcedente si el nombre propio fuese Ciudad de México.
La Constitución identifica la ciudad con el Distrito Federal, pero actualmente la correspondencia es solo parcial. La urbe ocupa una parte del Distrito Federal, pero se extiende más allá, por los estados de México e Hidalgo.
La Academia Mexicana de la Lengua, que en sus textos emplea el sintagma ciudad de México, se ha ocupado del asunto, y afirma taxativa que «la forma correcta es ciudad de México. Hasta donde se ha investigado, el nombre de esta ciudad es México», y contrapone el caso a los de Ciudad Guzmán, Ciudad Valles, Ciudad Victoria, etcétera, en los que el sustantivo ciudad es parte del nombre propio.
En el mismo sentido se pronunciaba el ya desaparecido José G. Moreno de Alba, que fue presidente de la Academia Mexicana, a quien le creaban dudas dos cosas: el creciente, aunque aún minoritario, empleo de la mayúscula en Ciudad [de México] y la aparición de esta grafía en un ejemplo de la Ortografía de 1999, lo que interpretaba como una «normatividad indirecta» y no como lo más probable, un error del redactor, seguramente menos informado del tema que él. Y como el vino blanco quita las manchas del tinto, a esa «normativa indirecta» puede contraponerse otra en vigor: el Diccionario define defeño (del deletreo de la abreviatura D. F., Distrito Federal), como «Natural de la ciudad de México o del Distrito Federal».

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Las chonis

17 de mayo de 2014 a las 18:46

Las dudas de los académicos de la Española han dejado fuera de la próxima edición del Diccionario, ya cerrada, dos figuras femeninas que no suelen pasar inadvertidas. Se trata de los pibones y las chonis. La consecuencia más evidente de la decisión del lexicógrafo es que las personas que vayan al DRAE para saber qué significan pibón y choni se quedarán a la luna de Valencia.
Pibón, de la misma familia léxica que piba y pibita, designa una mujer espectacular en lo físico. Un pibón es una belleza indiscutible, y además sexi.
Choni tiene dos acepciones. En Canarias, donde se emplea como común en cuanto al género (el choni, la choni), designa al turista, especialmente al de habla inglesa. Es una deformación de Johnny. Alterna con guiri.
Con el otro significado, choni es femenino. Aquí es un tipo de mujer joven con pretensiones de ser sofisticada y de ir a la moda, aunque resulta vulgar. Este sustantivo parece proceder de uno de los hipocorísticos de Ascensión, Choni, junto a Asce, Ascen y Chon. Es una lexicalización paralela a las de Maruja, Mari, Juani (No son unas marujas de rulos y bata, sino unas maris con mucho somnífero por las venas)… Alguno de estos sustantivos son los apelativos locales que se aplican a las chonis.
La choni prototípica usa ropa llamativa, ceñida, sin desperdicio de tela, lo que le permite lucir piernas y asomar las bellezas gemelas por un generoso escote. El peinado no pasa inadvertido: puede ir desde un moño alto en el que se apoyan unas gafas de sol a la melena teñida de rubio y abierta en todas direcciones como los rayos del Sol. El maquillaje, nunca discreto, exige un carmín fuerte, y en los ojos abundante sombra y un perfilado de los que suelen terminar en un rabillo como el que lucía Amy Winehouse (q. e. p. d.). Son imprescindibles los pendientes grandes, mejor de aro, las pulseras y los collares, siempre en plural.
Las chonis entraron recientemente en la escena política y en el habla formal, cuando Jordi Pujol dijo en un debate que el gran éxito catalán es que haya chonis soberanistas.
Hay una versión masculina de esta pija de híper, el cani, que merece tratamiento propio. Unas y otros son solo la versión hispana de unos tipos universales.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Huidos

17 de mayo de 2014 a las 18:44

La reciente difusión de un cartel donde aparecen los diez delincuentes más buscados en España causa pasmo. Empezando por  el título, «Huídos de la Justicia», con tilde sobre la i de huidos, flagrante cacografía.
La palabra huidos contiene un diptongo, un conjunto de dos vocales que se pronuncian en una sílaba. A efectos ortográficos, son diptongo la sucesión de una vocal abierta (a, e, o) y una cerrada (i, u) —o viceversa— siempre que la cerrada no sea tónica (animación, causa), o de dos cerradas distintas (jesuita).
Las palabras con diptongo se tildan según las reglas generales de la acentuación: en los diptongos formados por una vocal abierta tónica y una cerrada átona se pone el acento gráfico sobre la abierta (avión, cáustico). En los formados por dos vocales cerradas, la segunda de las cuales es tónica, la tilde va sobre esta si le corresponde según las reglas generales: interviú, jesuítico, jesuita (no lo lleva porque es llana y termina en vocal), ruin (no lo lleva porque es monosílaba).
Del resto del cartel de los prófugos no puede decirse que sea un ejemplo de escritura pulcra, lo cual queda de manifiesto en el uso de las abreviaturas. Así, por ejemplo, la primera persona que en él aparece es identificada como «Ma Laura Espínola», prescindiendo de un rasgo característico de este tipo de acortamientos, el punto abreviativo (D., acept., k. o.). Cuando la abreviatura lleva alguna letra volada, es decir, de tamaño inferior al del resto del texto y colocada en la parte alta de la línea, el punto siempre la precede: n.o, 3.er, M.a.
Otro problema del cartel con las abreviaciones y su uso tradicional en español es el empleo del signo llamado arroba, @, como abreviatura de la palabra alias. Quizá quien haga esto tenga en mente una imagen con cierto parecido en la forma, una a entre paréntesis, (a), un caso excepcional entre las abreviaturas, pues no lleva punto abreviativo ni barra inclinada, como c/ de calle. La abreviatura (a) tuvo mucho uso en español, sobre todo en el periodismo de sucesos, aunque hoy parece caída en el olvido. Así, el «Jorge Simarro @ Silver Surfer» del cartel debería aparecer como Jorge Simarro, (a) Silver Surfer. Incluso se puede prescindir de la abreviatura y escribir el apodo, tras la coma, con resalte tipográfico, generalmente letra cursiva: Jorge Simarro, Silver Surfer.
El mal efecto que causa un cartel con faltas de ortografía emitido por una Administración pública puede evitarse haciéndolo pasar antes por las manos de un corrector de estilo.
Y en cuanto a los facinerosos, malandrines y criminosos, que los cojan pronto. Suerte.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

El ébola y otros males

12 de abril de 2014 a las 5:00

Los periódicos han venido informando sobre un brote de ébola que ha causado decenas de muertes en Guinea. En no pocos casos escriben Ébola, con mayúscula inicial, contraviniendo la norma ortográfica que prescribe minúscula para los nombres de enfermedades. Solo se escriben con mayúscula inicial cuando forman parte de una denominación a la que le corresponda (Asociación Española Contra el Cáncer) o si llevan un complemento preposicional con un antropónimo, que suele ser el nombre de un científico o un médico (enfermedad de Still), o un topónimo (enfermedad o fiebre hemorrágica de Marburgo).
El ébola es una enfermedad infecciosa, producida por un virus, cuyos síntomas son múltiples hemorragias internas y externas que producen la muerte en poco tiempo. Ese virus se aisló por primera vez durante una epidemia que se declaró en 1976 en un lugar del Zaire (hoy República Democrática del Congo) a orillas del río Ébola. La enfermedad comenzó conociéndose como fiebre hemorrágica del Ébola, donde la mayúscula indica que Ébola designa aquí el río. En un proceso que tiene antecedentes, la denominación acaba abreviándose en ébola, que, por ser ya nombre de la enfermedad y no del río, debe escribirse con minúscula, la cual se mantiene en el nombre usual del agente que la causa, el ébola, un virus.
Este proceso de lexicalización se da con otros nombres de enfermedades. El diccionario de la Academia, que ignora ébola, recoge enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson y mal de Loanda, así como las formas alzhéimer, párkinson y loanda. Los nombres del neurólogo alemán y del médico inglés se convierten en sustantivos españoles con la adición de las tildes que les corresponden por su pronunciación en este idioma.
Otras expresiones denominativas con nombres propios en proceso de lexicalización son mal de Chagas y síndrome de Down. Ya es frecuente el uso de chagas para designar, sobre todo en los países de América donde esta infección es endémica, la enfermedad causada por el Tripanosoma cruzi, aunque en un alto porcentaje de los casos aparece conservando indebidamente la mayúscula. El sustantivo down, por su parte, se está usando para nombrar tanto el síndrome como a las personas que tienen esta cromosomopatía.
Así evolucionan las lenguas.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos 1 Comentario
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

«Déjà vu»

5 de abril de 2014 a las 5:00

Un columnista de La Voz titulaba recientemente un artículo «Debate déjà vu». Tomaba de la psicología el nombre en francés de un trastorno,  déjà vu, que literalmente significa ‘ya visto’. Se trata de una alteración de la memoria por la que se cree recordar algo que en realidad se percibe por primera vez. Se calcula que siete de cada diez personas experimentan alguna vez en su vida un déjà vu. Esta locución adjetiva, que se usa también como nominal, se pronuncia [deyá vî], donde î representa un sonido intermedio entre /i/ y /u/.
El déjà vu es una paramnesia (del francés paramnésie). Aunque hay otras alteraciones de la memoria que son paramnesias, suele emplearse esta voz principalmente para el déjà vu.
Hay una tercera forma de nombrar este trastorno en español, la locución nominal ya visto, aunque es menos frecuente que las anteriores. De las tres posibles, el diccionario de la Academia solo recoge paramnesia.
Pero el uso se impone, y en otros idiomas sucede lo mismo que en español, prima el francés déjà vu, la exitosa expresión acuñada en 1876 por el francés Émile Boirac (1851-1917) en su libro L’avenir des sciences psychiques (El futuro de las ciencias psíquicas). Ocurre en inglés, alemán, italiano, portugués, catalán…
Del amplio uso del galicismo son prueba numerosas obras de creación que abordan el fenómeno y que incluso llegan a titularse Déjà vu. Es el caso de una canción donde Beyoncé, en una interpretación sumamente sensual, nos habla de una mujer que recuerda a un amante. O el de una película de Tony Scott interpretada por Denzel Washington y Val Kilmer.
En el lenguaje usual son ya mucho menos conocidos los nombres de los tipos de déjà vu (déjà vécu ‘ya vivido’; déjà senti ‘ya sentido’, y déjà visité ‘ya visitado’), así como jamais vu (‘nunca visto’) y presque vu (‘casi visto’).
Ya inmersos en el francés, podemos concluir que c’est la vie (‘así es la vida’), aunque corremos el riesgo de que quien lo escuche pronunciado [se la vi] se desconcierte y se pregunte qué visión se ha perdido.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Puedo prometer y prometo…

29 de marzo de 2014 a las 5:00

De todo lo dicho por Adolfo Suárez en su carrera política, lo que ha quedado más grabado en la memoria de los españoles es el «puedo prometer y prometo», que empleó en un mensaje que Televisión Española emitió el 13 de junio de 1977, dos días antes de las elecciones generales. Suárez, que ocupaba la presidencia del Gobierno por designación real desde un año antes, disponía, como los líderes de los demás partidos, de un espacio televisivo para pedir el voto. Llamó a Fernando Ónega y le pidió que diese forma a las ideas que quería transmitir. Luego modificó algunas partes del texto, excepto el pasaje del «puedo prometer y prometo». Y con esa fórmula, que expresaba que estaba en condiciones de cumplir y que se comprometía a llevar a cabo lo que decía, encabezó siete promesas:
«Puedo prometer y prometo que nuestros actos de gobierno constituirán un conjunto escalonado de medidas racionales y objetivas para la progresiva solución de nuestros problemas.
»Puedo prometer y prometo intentar elaborar una Constitución en colaboración con todos los grupos representados en las Cortes, cualquiera que sea su número de escaños.
»Puedo prometer y prometo […] dedicar todos los esfuerzos a lograr un entendimiento social…».
Esa repetición cadenciosa fue lo que quedó del mensaje. Hoy suena la música, pero apenas alguien se acuerda de la letra. Esa música es una figura retórica llamada anáfora. También fue empleada por Martin Luther King en un discurso que supuso un punto de inflexión en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos.
El 28 de agosto de 1963 se celebró una gran manifestación, la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad. Ante el monumento a Lincoln, Luther King pronunció el discurso «Yo tengo un sueño» (I have a dream). Y esa fue la frase que pronunció ocho veces, seis de ellas para expresar sueños como que «un día esta nación se pondrá en pie y vivirá el verdadero significado de su credo […]: que todos los hombres han sido creados iguales». Y como el «puedo prometer y prometo», el «I have a dream» fue resonando en los oídos y golpeando en la conciencia de los estadounidenses como un aldabonazo repetido. Hoy, ambas expresiones ya forman parte de la historia.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

No es lo mismo

8 de marzo de 2014 a las 5:00

Las lecturas de los últimos días nos confirman la idea de que frecuentemente se modifica el sentido de lo que queremos decir a causa tan solo de la alteración del orden de los elementos de la oración o la sustitución de la palabra precisa por otra parecida.
Así, no es lo mismo lo que leemos en una crónica, «Enfrentamientos con muertos en Ucrania», donde hasta ahora nadie combatía con cadáveres, que «Muertos en enfrentamientos en Ucrania» o «Enfrentamientos mortales en Ucrania». Tampoco es lo mismo «La diputada socialista acumuló una llamada al orden» que «La diputada socialista recibió una llamada al orden», pues para acumularlas hacen falta gran número de llamadas al orden. Ni es lo mismo «De las 457 marcas que fueron al Fórum Gastronómico este año, la práctica unanimidad aseguró que repetiría» que «La práctica totalidad de las 457 marcas que acudieron este año al Fórum Gastronómico aseguraron que repetirán».
No es lo mismo «Sancionan con 2.000 euros al propietario de un edificio catalogado en peligro» que «Sancionan con una multa de 2.000 euros al propietario de un edificio catalogado que está en peligro». Ni es lo mismo «El fiscal pedirá 17 años a Urdangarin y 600.000 euros a la infanta Cristina» que «El fiscal pedirá 17 años de prisión para Urdangarin y una multa de 600.000 euros para la infanta Cristina».
No  es lo mismo «La muerte por un disparo de un vecino de Olot» que «La muerte de un vecino de Olot por un disparo». Ni es lo mismo «Un día, antes de fallecer, encontré a Fulano en Madrid» que «Un día, pocas semanas [o un año, o seis meses] antes de su muerte, encontré a Fulano en Madrid».
Tampoco hubiera sido lo mismo que, en vez de «atravesar con éxito el cabo de Hornos», nuestro líder nos hubiese llevado por el canal de Panamá, donde la navegación es plácida hasta el aburrimiento. A estas horas también estaríamos navegando rumbo a los mares del Sur, el feliz destino que por lo visto nos aguarda, pero no nos habríamos dejado jirones de piel en el camino.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

B&B

1 de marzo de 2014 a las 0:17

En un programa de radio comentaban hace unos días la serie de televisión B&B, que se había estrenado la noche anterior. Alguien vacilaba entre decir [bi an bi] y [be an be], y a continuación informaba de que en la propia serie pronunciaban [be i be]. Decían bien los últimos.
& es un signo que representa la conjunción latina et, que significa ‘y’. Es la evolución gráfica de la ligadura de las letras e y t. Lo ideó Marco Tulio Tirón (104-4 a. C.), escritor y liberto de Cicerón, que creó varios signos taquigráficos, las notas tironianas, para recoger más ágilmente los discursos del mítico orador romano.
En latín se usaba & para representar la conjunción et, además de como ligadura de e y t consecutivas cuando formaban parte de palabras. Las lenguas modernas lo tomaron del latín. En algunas, como el español o el portugués, cayó en desuso porque no suponía ventaja alguna sobre la conjunción equivalente (y, e) y porque su escritura es bastante compleja. Mantiene su uso en otros idiomas, sobre todo en el inglés, donde sustituye a una palabra de tres letras, and. En la lengua de Shakespeare se llama ampersand, contracción de and per se and (y por sí mismo y).
El signo & se empleaba corrientemente en el español medieval. Solía utilizarse, por ejemplo, en la voz etcétera (del latín et cetera), que se escribía &cétera: «El fijo o el heredero, &cétera, en este título» (Fuero Juzgo, hacia 1250). Aunque etcétera tenía la variante en dos palabras (e cétera).
El primer diccionario donde aparece etcétera es el de Francisco del Rosal (1611): «cétera o etcétera. es palabra lat. y quiere decir todas las demás cosas […]. Suele abreviarse así: &c.». Durante un siglo, el diccionario de la Academia (ediciones de 1884 a 1984, ambas inclusive) dijo, en nuestra opinión equivocadamente, que etcétera «se representa con esta cifra &, que tiene el mismo nombre, o con la siguiente abreviatura: etc.». En la ortografía de 1999 se insistía en dar a & el valor de etcétera, además del de y. Acertaban más las ediciones del DRAE anteriores a 1884, como la de 1869, que decía: «Escríbese comunmente con esta cifra &c, que también se llama así».
Hoy usamos como nombre de este signo et (la Academia ya no le llama etcétera) y cuando lo veamos en un texto en español debemos interpretarlo como equivalente a y, que se pronuncia /i/. Otra cosa será cuando forme parte de una denominación en inglés, de un texto latino o de español medieval.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Los elefantes blancos

22 de febrero de 2014 a las 19:14

La Xunta ha terminado por rendirse a la evidencia y ha desistido de seguir adelante con la construcción de la Ciudad de la Cultura, que se ha convertido en el símbolo de una época de derroche y falta de prudencia en la administración de la cosa pública. El complejo de edificios del monte Gaiás pasará a la historia como el elefante blanco de la Galicia contemporánea.
En español, un elefante blanco es algo muy costoso de mantener y que no produce utilidad alguna. Generalmente, se aplica a obras grandiosas de promoción pública, cuya explotación y conservación acaban convirtiéndose en una losa difícil de soportar. Con el mismo sentido se emplea en otros idiomas, como el portugués (elefante branco), el francés (éléphant blanc) o el inglés (white elephant).
Como ocurre en otras especies animales, entre los elefantes surge ocasionalmente algún ejemplar albino. En el antiguo reino de Siam, en cuya bandera aparecía un elefante, los blancos eran considerados animales sagrados. Allí pertenecían al rey, que cuando quería gastarle una muy gorda a algún súbdito le regalaba uno de aquellos animales. Su cuidado y mantenimiento eran tan costosos que acababan arruinando a su nuevo propietario. Otras versiones sitúan esta historia en la India, con los príncipes locales como protagonistas.
Con el sentido de marras, elefante blanco se emplea desde la segunda mitad del siglo XIX. Y desde entonces no han dejado de aparecer ejemplares, alguno de los cuales acaba adquiriendo ese nombre como propio. Es el caso de un enorme edificio de Buenos Aires proyectado en 1923 y que iba a ser el mayor hospital de América Latina. Su construcción se abandonó tras la caída de Perón (1955).
Los elefantes blancos sin trompa abundan más que los que la tienen. Fíjense en esta manada, incompleta: los aeropuertos de Ciudad Real y de Castellón, que no se usan; la Ciudad del Circo de Alcorcón, el estadio olímpico de Madrid, la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia… y la inefable Ciudad de la Cultura del monte Gaiás. Si al menos nos sirven de lección…

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Ortografía para «imbeciles»

15 de febrero de 2014 a las 21:44

Un tuit de un personaje de las revistas rosas revolucionó hace unos días las redes sociales. Mostraba una foto del texto que se ha hecho tatuar en el brazo derecho, a pocos centímetros de una axila por la que asoma una mata de vello digna del bigote de un cabo de varas. En vez de reflexionar sobre el mensaje, sin duda profundo, los lectores se fijaron en la ortografía del texto: «Cuando quieras aprender algo habra mucha gente que te dira que no lo hagas, Cuando vean que no te pueden detener te diran como lo tienes que hacer y cuando finalmente vean que lo has logrado diran que siempre creyeron en ti Sigo luchando». Once cacografías, once, grabadas en la piel de uno de los grandes amadores de España.
Mosqueado por el cachondeo que hubo a su costa, el joven pensador difundió un tuit que era un auténtico anatema: «Los imbeciles en vez de fijarse en el significado se fijan en las tildes….anda ya!!!!». Otros seis escupitajos sobre la ortografía que no los limpia ni la que da brillo y esplendor. Pero aquí la clave está en el mensaje: «los imbeciles que se fijan en las tildes».
El desprecio por la ortografía no es generalizado, pero no le falta mucho. Cuando no se sabe lo que no se tiene por qué saber, no da vergüenza reconocerlo. Si, por ejemplo, un teólogo es incapaz de explicar la teoría de cuerdas, no tendrá inconveniente en admitirlo. Pero si alguien con estudios primarios ignora lo más elemental de la ortografía, con frecuencia su justificación es despreciar la importancia de aquella.
Quienes así se manifiestan dejan de lado que la ortografía es el conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua, una convención que los hablantes van estableciendo a lo largo del tiempo, muchas veces de siglos. Es lo que hace posible que la comunicación escrita sea no solo comprensible, sino también precisa.
La importancia de la ortografía se pone de manifiesto en esta frase: «Ejecutar imposible indultar». La posición de una coma decidirá el destino del reo.
Por aquí, a alguno tuvieron que indultarlo para poder darle el graduado escolar.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net
Página 2 de 1012345...10...Última »