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La mirada en la lengua

Los elefantes blancos

22 de febrero de 2014 a las 19:14

La Xunta ha terminado por rendirse a la evidencia y ha desistido de seguir adelante con la construcción de la Ciudad de la Cultura, que se ha convertido en el símbolo de una época de derroche y falta de prudencia en la administración de la cosa pública. El complejo de edificios del monte Gaiás pasará a la historia como el elefante blanco de la Galicia contemporánea.
En español, un elefante blanco es algo muy costoso de mantener y que no produce utilidad alguna. Generalmente, se aplica a obras grandiosas de promoción pública, cuya explotación y conservación acaban convirtiéndose en una losa difícil de soportar. Con el mismo sentido se emplea en otros idiomas, como el portugués (elefante branco), el francés (éléphant blanc) o el inglés (white elephant).
Como ocurre en otras especies animales, entre los elefantes surge ocasionalmente algún ejemplar albino. En el antiguo reino de Siam, en cuya bandera aparecía un elefante, los blancos eran considerados animales sagrados. Allí pertenecían al rey, que cuando quería gastarle una muy gorda a algún súbdito le regalaba uno de aquellos animales. Su cuidado y mantenimiento eran tan costosos que acababan arruinando a su nuevo propietario. Otras versiones sitúan esta historia en la India, con los príncipes locales como protagonistas.
Con el sentido de marras, elefante blanco se emplea desde la segunda mitad del siglo XIX. Y desde entonces no han dejado de aparecer ejemplares, alguno de los cuales acaba adquiriendo ese nombre como propio. Es el caso de un enorme edificio de Buenos Aires proyectado en 1923 y que iba a ser el mayor hospital de América Latina. Su construcción se abandonó tras la caída de Perón (1955).
Los elefantes blancos sin trompa abundan más que los que la tienen. Fíjense en esta manada, incompleta: los aeropuertos de Ciudad Real y de Castellón, que no se usan; la Ciudad del Circo de Alcorcón, el estadio olímpico de Madrid, la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia… y la inefable Ciudad de la Cultura del monte Gaiás. Si al menos nos sirven de lección…

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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Ortografía para «imbeciles»

15 de febrero de 2014 a las 21:44

Un tuit de un personaje de las revistas rosas revolucionó hace unos días las redes sociales. Mostraba una foto del texto que se ha hecho tatuar en el brazo derecho, a pocos centímetros de una axila por la que asoma una mata de vello digna del bigote de un cabo de varas. En vez de reflexionar sobre el mensaje, sin duda profundo, los lectores se fijaron en la ortografía del texto: «Cuando quieras aprender algo habra mucha gente que te dira que no lo hagas, Cuando vean que no te pueden detener te diran como lo tienes que hacer y cuando finalmente vean que lo has logrado diran que siempre creyeron en ti Sigo luchando». Once cacografías, once, grabadas en la piel de uno de los grandes amadores de España.
Mosqueado por el cachondeo que hubo a su costa, el joven pensador difundió un tuit que era un auténtico anatema: «Los imbeciles en vez de fijarse en el significado se fijan en las tildes….anda ya!!!!». Otros seis escupitajos sobre la ortografía que no los limpia ni la que da brillo y esplendor. Pero aquí la clave está en el mensaje: «los imbeciles que se fijan en las tildes».
El desprecio por la ortografía no es generalizado, pero no le falta mucho. Cuando no se sabe lo que no se tiene por qué saber, no da vergüenza reconocerlo. Si, por ejemplo, un teólogo es incapaz de explicar la teoría de cuerdas, no tendrá inconveniente en admitirlo. Pero si alguien con estudios primarios ignora lo más elemental de la ortografía, con frecuencia su justificación es despreciar la importancia de aquella.
Quienes así se manifiestan dejan de lado que la ortografía es el conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua, una convención que los hablantes van estableciendo a lo largo del tiempo, muchas veces de siglos. Es lo que hace posible que la comunicación escrita sea no solo comprensible, sino también precisa.
La importancia de la ortografía se pone de manifiesto en esta frase: «Ejecutar imposible indultar». La posición de una coma decidirá el destino del reo.
Por aquí, a alguno tuvieron que indultarlo para poder darle el graduado escolar.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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