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La Voz de Galicia
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La mirada en la lengua

Sorprendidos in fraganti

28 de Septiembre de 2013 a las 16:45

En la Ortografía en vigor, del 2010, la Academia Española cambió el criterio sobre la forma de escribir los latinismos. Si hasta entonces no recibían un tratamiento tipográfico diferenciado, por considerarse el latín la lengua madre del español, la nueva norma establece que pasen a escribirse como cualquier extranjerismo: en letra cursiva y sin tilde alguna (en latín no existen), cuando son latinismos crudos, y en redonda si están adaptados a la ortografía y la morfología del español.
«Son voces propiamente latinas, que no cabe considerar incorporadas al caudal léxico del español —dice la Ortografía—, aquellas que se usan en los textos con plena conciencia por parte del autor de estar empleando términos en latín». El problema surge cuando el hablante tiene dudas en vez de «plena conciencia». La solución podría estar en la versión del Diccionario colgada en Internet, pero tres años después de implantada la norma los latinismos allí recogidos siguen apareciendo en letra redonda.
Más crudo lo tiene el lector que se plantea cómo debe escribir la locución adverbial in fraganti, que se emplea para indicar que algo ocurre en el mismo momento en que se está cometiendo el delito o realizando una acción censurable (Sorprendieron a los atracadores in fraganti). En realidad, es una deformación del latín in flagranti (in flagranti delicto, in flagranti crimine). La transformación solo existe en español, por lo que difícilmente puede colgársele al latín. La locución parece latina, pero no lo es. Y aunque no parece española, habrá que considerarla y escribirla como tal.
Claro que el hablante tiene otras opciones, las variantes de in fraganti. La principal es una más completa adaptación, infraganti, ya un adverbio español. También puede optarse por en flagrante y en fragante. Esta última es una aromática y temprana adaptación al español que se empleó profusamente, antes de volver sobre el seudolatinismo, en el siglo XVII: «Como te habemos contado, / por aviso que tuvimos, / en fragante le cogimos / cometiendo el gran pecado» (Miguel de Cervantes Saavedra, La gran sultana, 1615).
En el siglo XVIII se empleaba también en fraguante, pero esa fórmula ya no fragua.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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El espurio «espúreo»

20 de Septiembre de 2013 a las 23:17

La Fiscalía Anticorrupción de Barcelona denunció recientemente a varios exdirectivos y exconsejeros de CatalunyaCaixa por una serie de acciones que denotan, decía el ministerio público, «un reprochable y espúreo manejo de los fondos…». La frase fue reproducida tal cual en las informaciones de prensa, sin corregir al fiscal. El espúreo manejo de fondos fue en puridad un espurio manejo de fondos.
El adjetivo espurio procede del latín spurius y significa ‘bastardo’ (Tiene un hijo espurio) y ‘falso, engañoso’ (Las actas toledanas son espurias). Seco adjudica a espúreo la nota de «semiculto», el uso que las personas cultas consideran incorrecto, pero de amplia difusión entre las de cultura superficial. Sin embargo, aparece en textos de autores prestigiosos, muchos de ellos miembros de la Academia y alguno hasta director  en su momento de la docta institución:  Torrente Ballester, Galdós, Menéndez Pelayo, Laín Entralgo, Martín de Riquer, Marañón, etcétera. Coromines ve en la polémica forma un asunto de ultracorrección y dice que «cabe sospechar que en muchos de estos casos se deba a una falta del tipógrafo». Uno de las víctimas fue Lázaro Carreter, que se quejó en un artículo del ardor corrector de quien había manipulado un anterior texto suyo en un periódico.
Es evidente que la forma espúreo está muy extendida. Nueve de la cada diez periódicos la mantuvieron en la cita del fiscal del principio, y no por respetar su literalidad. Aquel mismo día se difundieron en la prensa nacional otras dos noticias en que aparecía el adjetivo deformado: una diputada criticaba a un ministerio por unos criterios de contratación «espúreos y poco honestos» y un sindicato se quejaba de los «intereses espúreos» de ciertos grupos.
La Academia podría plantearse —si no lo ha hecho ya— la posibilidad de acoger en el Diccionario la palabra, como tantas otras que pese a su teórica deformidad han convivido con sus hermanas legítimas e incluso en algunos casos las han desplazado en el uso. Al fin y al cabo, ¿no hay padres que reconocen a sus hijos espurios?

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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Épica en Nueva York

14 de Septiembre de 2013 a las 21:26

La victoria de Rafael Nadal en el Abierto de Estados Unidos ha dado a muchos cronistas la oportunidad de sacar las mejores figuras retóricas que guardaban en sus plumas. Comienzan a manifestarse en los títulos, donde reina la hipérbole: «Nadal es infinito», «Nadal es omnipotente», «Más animal que nunca», «El gran mordisco»…
Los elogios al tenista mallorquín no tienen límite. Hay quienes lo definen como «grácil poeta de afilada pluma» o «un superhéroe made in Spain». La descripción de su juego puede dar ideas a literatos atascados: « El mallorquín empieza dominando el duelo con su derecha paralela y lo acaba peleando con su cabeza, su corazón, con cada molécula de su cuerpo. Tira con todo»; «Mezcolanza de garra, pillería y clase, Nadal se mostró nuevamente como un auténtico extraterrestre».
Hay evocaciones del circo romano y las cacerías africanas: «Dos caníbales se acechan en la noche»; «Con Djokovic atrapado entre los dientes, Nadal zarandeó al tenista serbio en un arranque de cuarto set demoledor. El español había olido sangre y no iba a dejar pasar la ocasión de rematar a su presa»; «Djokovic recupera la desventaja y parece despedazarle de zarpazo en mordisco»; «Terribles animales. El rey de la selva, claro, hoy es Rafael Nadal, otra vez ganador en el US Open. Que hoy no es el uno en el ránking, pero sí conceptualmente después de este zarpazo».
Los recursos estilísticos son inagotables: «Los dos mejores tenistas del planeta dejan tiros antológicos, pero sobre todo escriben un poema al deseo, al hambre, al largo aliento»; «De su raqueta solo brotan malas noticias para el español, que no encuentra guarida en el servicio, reposo en el juego de fondo, ni fonda en la red»; «Nadal, en cualquier caso, es perro viejo. Sabe que la perfección no es eterna, que las musas son esquivas y traicioneras, que hasta el mejor pintor tiene que descansar de vez en cuando para luego seguir con su trabajo».
Es una pena que este tipo de escritura creativa no pase a la crónica política. Aliviaría al lector agobiado por la dureza de los tiempos y las pillerías de los hombres públicos.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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Autopsiar

7 de Septiembre de 2013 a las 19:50

Una reciente intervención de una reportera ante las cámaras de televisión para informar sobre un accidente catastrófico llamó la atención de algunos espectadores por el empleo del verbo autopsiar. Contaba la periodista que los cadáveres de las víctimas mortales iban a ser autopsiados.
En situaciones así, las de la aparición de un término que les resulta nuevo, muchas personas se preguntan si existe aquel. Desde el momento en que alguien lo emplea, existe. Otra cosa es que esté bien formado, que sea útil para comunicar algo, y que alcance cierta presencia en el uso del idioma. Su registro en el Diccionario de la Academia debería ser un reflejo de esto, pero no siempre ocurre así. En el caso de autopsiar, la RAE no lo recoge. Sí lo hace el Diccionario del español actual,de Manuel Seco, que da esta definición: «Hacer la autopsia a alguien».
Lo avala su presencia en obras de maestros del uso del español, como Delibes o Vargas Llosa. Este lo emplea en varias obras, entre ellas Conversación en la catedral. Dice en esta: «… ahí estaban los ojitos de la Teté, como un minuto después los ojitos del Chispas y los ojos de los papás, buscándola, trepanándola, autopsiándola».
Los hablantes crean espontáneamente verbos mediante la derivación de sustantivos. Es el caso de autopsiar y autopsia. Los que surgen para atender necesidades expresivas acaban consolidándose. La Academia ha decidido incluir en el Diccionario un buen número de ellos, como apenumbrar ‘Poner en penumbra algo’, comisariar ‘Organizar una exposición o muestra artística o cultural’, cortocircuitar ‘Producir un cortocircuito en algo’…
Más fugaces son los frutos de los excesos en la formación de neologismos, que a veces no pasan de ser licencias expresivas, como en este diálogo de la versión española de The dawn patrol, de Don Winslow:
«—No —dice Danny—. Más bien ha sido una sugerencia.
»—Pues yo te sugerencio que ahueques el culo y te las pires —dice Eddie—…».
Pues eso, que si Danny no se las pira, Eddie puede dejarlo para que lo autopsien.

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Escrito por Francisco Ríos 1 Comentario
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