Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es Tevagustar.es
La Voz de Galicia
Blogs de lavozdegalicia.es
La mirada en la lengua

Los nuevos gachupines

26 de enero de 2013 a las 5:00

La guerra de la independencia de México comenzó con el acto conocido como Grito de Dolores (16 de septiembre de 1810). Una de las consignas que allí se pronunciaron fue «Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines». Estos vuelven a ser noticia estos días. Un periódico titula así un reportaje sobre la nueva emigración a México de jóvenes profesionales españoles expulsados de su tierra por la crisis: «México recibe a los nuevos gachupines».
Gachupín, evolución de cachupín, se usaba y aún se usa en algunos países americanos, sobre todo en México, para designar despectivamente a los inmigrantes procedentes España, en contraposición a criollo, el español nacido en América.
Hay quien ve el origen de gachupín en una palabra náhuatl que significa ‘hombre con espuelas’. La Academia cree que cachupín es el diminutivo de cachopo, que en portugués significa ‘niño’. Otros estudiosos opinan que es la lexicalización de Cachopín, estirpe de Laredo que en obras literarias de los siglos XVI y XVII se mencionaba como modelo de familia con pretensiones de hidalguía. Aparece por primera vez en Los siete libros de la Diana (1559), de Jorge de Montemayor, que pone esto en boca de un personaje: «Yo os prometo, a fe de hijo dalgo, porque lo soy, que mi padre es de los Cachopines de Laredo». Cachopín de Laredo pasó a emplearse para designar irónicamente a quienes presumían de hidalguía sin tenerla. Cervantes lo pone en boca de un personaje del Quijote: «Aunque el mío [el linaje] es de los Cachopines de Laredo […], no le osaré yo poner con el del Toboso de la Mancha, puesto que, para decir verdad, semejante apellido hasta ahora no ha llegado a mis oídos».
Cachopín/gachupín les vino al pelo a los españoles nacidos en México para designar con desprecio a los que llegaban de la Península y, en general, observaban una conducta prepotente. Las proclamas y arengas de la guerra de la independencia de México están atestadas de gachupines, que tuvieron sus equivalentes en otros países americanos, como el chapetón de Perú.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Pa’lante, comandante

19 de enero de 2013 a las 5:00

Uno de los lemas empleados en Venezuela por los seguidores de Hugo Chávez es «Pa’lante, comandante», que en las pancartas suele estar escrito sin coma y con ce mayúscula. Aparece aquí un signo ortográfico, el apóstrofo, que tiene forma de coma elevada (’). Hay quien lo confunde con la tilde (´), pero su forma es distinta. En los teclados comparte asiento con el signo de cierre de interrogación. En español tiene la función de indicar la omisión de un sonido en la pronunciación conjunta de dos palabras sucesivas. Estas supresiones son actualmente propias del habla popular (T’has pasao un pelín).
También empleamos el apóstrofo en apellidos y topónimos extranjeros o procedentes de otros idiomas (D’Ors, O’Donnell, L’Aquila). Los demás usos que se le dan en español a este signo son rechazables. Incluido, en contra de lo que dice el Diccionario de la Academia, el de indicar la elisión de cifras. Es el caso del que a veces aparece ante los dos últimos dígitos de un año (Barcelona ’92). También es incorrecto su empleo en la expresión de decenios (los años ’20 por los años 20 o, mejor, los años veinte). Es anglicismo ortográfico rechazado por la Academia su colocación entre una sigla y una ese minúscula para indicar el plural de aquella (las ONG’s, las UVI’s, las APA’s). En nuestro idioma, las siglas no tienen forma plural salvo cuando se lexicalizan (las oenegés, las uvis, pero las APA).
Volvamos al lema «Pa’lante, comandante». Pa es ahí el apócope de la preposición para (Vete pa casa). En ese caso el apóstrofo indica una aféresis en alante, forma popular de adelante (A otros los sacó alante mi comare), es decir, la omisión de la vocal inicial. Sin embargo, algunos especialistas consideran más ajustada a los usos tradicionales del apóstrofo —aunque minoritaria en el uso actual— la forma palante, en la que de para se conserva la p (el apóstrofo indica la omisión de ara) y alante se mantiene íntegro.
La rotunta consonancia de este grito inpira al otro lado del Atlántico canciones revolucionarias, como la del Grupo 13, que dice: «Vamos pa’lante, el socialismo nos hace grandes / Vamos pa’lante, la revolución pa’lante / Vamos pa’lante, como Bolívar, nunca te canses / Vamos pa’lante, pero que viva mi comandante».

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos 1 Comentario
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

A vueltas con los números

12 de enero de 2013 a las 5:00

Es evidente la dificultad de leer correctamente y sin vacilaciones un número de varias cifras sin separación alguna entre ellas (3429565). Por ello, los que dictan normas al respecto —organismos internacionales, la Academia Española y el Gobierno— admiten que para facilitar la lectura se formen grupos de tres dígitos, empezando por la derecha, separados por espacios en blanco, no por puntos ni por comas (3 429 565).
Esta norma es aplicable solo a los números que expresan cantidad (32 500 kilómetros, 10 800 kilos). Pero los que indican situación en una serie deben escribirse siempre sin espacio ni punto de separación entre los dígitos (El último gordo de Navidad recayó en el 76058).
Los años son casos claros de números que deben escribirse sin punto. Los que señalamos con más frecuencia en nuestro escritos (2012, 2013…) no tienen, además, el mínimo de cinco cifras que la Ortografía requiere para formar grupos separados por espacios. Sin embargo, se usa blanco separador o, en el caso de quienes siguen las formas tradicionales, punto cuando se trata de cantidades (20 000 o 20.000 años).
Ocurre otro tanto con las páginas. El Boletín Oficial del Estado, por ejemplo, publicó el 29 de diciembre solo un decreto del Ministerio de Hacienda, que terminaba en la página 88949. Puede decirse que en el 2012 había publicado hasta entonces 88 949 (u 88.949) páginas.
Tampoco llevan elementos separadores los números de vías públicas (avenida de los Insurgentes 1446), de códigos postales (15006) y de apartados de correos (37004), los de normas legales y disposiciones oficiales, los códigos y los números de documentos, como el del carné de identidad.
Caso aparte son los números de teléfono. Actualmente, en España se emplean nueve cifras, que incluyen el código provincial y que pueden aumentar si se indica también el código internacional y el de país. Estos números se separan con espacios en blanco (000 000 000), aunque la Ortografía no rechaza que se empleen puntos o guiones como elementos separadores.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos Comentar
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net

Líos de números

5 de enero de 2013 a las 5:00

En España hemos empleado tradicionalmente como separador decimal (el signo que se coloca en los números entre los enteros y los decimales) la coma (6,5, 0,34). En los números de más de tres cifras veníamos separando con puntos los grupos de tres dígitos empezando por la derecha (10.524, 2.732.428). Varios países de habla española, como México, Venezuela o Panamá, emplean como separador decimal el punto, y separan los grupos de tres cifras de los números mediante comas, siguiendo en ambos casos el modelo anglosajón (321,528.32). La convivencia de ambos sistemas puede generar confusiones. Así, por ejemplo, ante el número 3,127 un argentino o un español leerán tres con ciento veintisiete milésimas, y un hondureño, tres mil ciento veintisiete.
Estos arraigados usos chocan con las recomendaciones y las normas que han ido dictándose en los últimos años, cuyo fin es la unificación de grafías. La ISO y la Oficina Internacional de Pesas y Medidas han establecido que, en los números, los grupos de tres cifras solo pueden separarse, si se separan, con un espacio en blanco, de tal forma que si en el número aparece un punto o una coma solo podrá ser interpretado como separador decimal.
Los decretos del Ministerio de Industria que establecen las unidades legales de medida en España, el último de los cuales data del 30 de diciembre del 2009, vienen prescribiendo que el signo que debe emplearse como separador decimal es la coma. Añaden que los números con muchas cifras pueden repartirse en grupos de tres dígitos separados por un espacio, a fin de facilitar la lectura. Y precisan que estos grupos no se separan nunca con puntos ni comas.
Por su parte, la Ortografía académica admite la separación de los grupos de tres cifras solo en números de más de cuatro dígitos y mediante espacios en blanco (35641 o 35 641, pero no 1 553, ni 1.553, sino 1533). Habla concretamente de espacios finos, y rechaza el punto y la coma con esa función. Para promover un proceso tendente hacia la unificación entre todos los países de habla hispana, recomienda el uso del punto como signo separador de los decimales.
¿Y el hablante? Como siempre, en el medio, sin saber si atender la recomendación académica o la norma oficial en España… y buscando, quizá, cómo insertar los espacios finos, que no están disponibles en cualquier editor de textos.

Sin categoría
Escrito por Francisco Ríos 1 Comentario
Facebook Tuenti Twitter Google Buzz Meneame.net