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La Voz de Galicia
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La mirada en la lengua

Creadores de lenguaje

26 de mayo de 2012 a las 5:00

Muchos cronistas deportivos de periódicos, que hoy compiten en desventaja con medios más inmediatos, como la radio, la televisión e Internet, intentan captar al lector enriqueciendo sus textos con ingredientes cuasi literarios, tratando de apasionar a la audiencia con relatos de tono épico con muchas figuras y metáforas.
El problema surge cuando esa sucesión de tropos efectistas está plagada de tópicos y expresiones incomprensibles para un lector no avezado en esa jerga. Las siguientes citas están tomadas de una sola crónica (las cursivas son nuestras): «La desconexión de CR y la turbulenta noche de Coentrão definieron a un Madrid que especuló más de la cuenta»; «Sin renglones para lo imprevisto, hubo que negociar con fórceps cada pase, cada jugada»; «En vivo, nadie del Madrid protestó [por] la jugada, cegados todos por la jungla existente en el área»; «El tanto alemán desenchufó [¿desconectó?] al Madrid»; «Descolgado Özil y con Alonso más dispuesto para el pico y la pala, el Madrid no tuvo hilo»; «Estrangulado el juego, el Madrid ni siquiera podía exhibir su distinguida pegada. Solo Benzema era capaz de remar, de sujetar la pelota y descargar el juego»; «… este Bayern, que desde que el fútbol tiene memoria siempre ha alistado a un delantero fajador de dos plantas». Cosas del «viril deporte del balón redondo», como decía un señero escribidor.
Esos castillos de cartas se derrumban a media construcción. O antes si exhiben además algún laísmo sancionable con penalti, como «la pegó [a la pelota]», o disparates del estilo de «El favoritismo se lo llevaron los McLaren y los Red Bull», cuando en la Q3 no hay favoritismo que valga, sino que los que logran la mejor clasificación adquieren la condición de favoritos para ganar la carrera del día siguiente.
Dice Karanka ante un próximo partido: «Vamos a ir a ganar y no a especular». Pues eso, que jueguen y ganen los futbolistas, que especulen los financieros, y los cronistas, a buscar un lenguaje atractivo sin ponerlo del revés.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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El tsunami español

19 de mayo de 2012 a las 5:00

La Academia ha introducido en la versión del Diccionario que ofrece en Internet un artículo nuevo, avance de la próxima edición, dedicado a la voz tsunami, nombre de origen japonés de las olas gigantescas causadas por movimientos sísmicos o erupciones volcánicas submarinas. El sustantivo aparece escrito en cursiva, probablemente porque quien lo inscribe lo considera voz extranjera, aunque, a diferencia de otras foráneas que hay en el Diccionario, no se indica a qué idioma pertenece.
Ha tardado la Academia en hincar el diente a este sustantivo, pues ya Francisco Hernández-Pacheco escribía en 1927 en Geología fisiográfica sobre las «olas denominadas tsunamis, nombre japonés introducido en la ciencia». Desde entonces ha habido muchos tsunamis, que la RAE, alejada del mar, ha ignorado. Y el tiempo ha asentado el uso en español de una palabra con el grupo consonántico inicial ts-, inusual es nuestro idioma, pues solo aparece en voces tan exóticas como tse-tse (cierta mosca), tsonga (un pueblo africano) y tsuana (otro pueblo africano), ninguna de las cuales registra el DRAE. Sí está en el interior de palabras bendecidas como ortodoxas, trotskista y botsuano, y en plurales como robots, zigurats, hábitats o plácets.
La pronunciación del grupo inicial ts- no es cómoda ni natural en español. De hecho, en el habla espontánea es más frecuente pronunciar /sunámi/ que /tsunami/. A favor de mantener la t en la forma española están un uso asentado y el hecho de que esta sea una de esas palabras comunes a los idiomas más difundidos. Sin embargo, no es inusual el uso de sunami en español. La recoge el Diccionario del español actual, de Seco, y vemos cómo un académico la empleaba hace unos días en un artículo («en medio del sunami»). La propia Academia escribe sunami en la Ortografía (página 500).
Introducir en el Diccionario tsunami en cursiva parece una solución de las de ni arre ni so: ni lo privan de la t para adaptarlo, ni lo aceptan con ella como español. Pues en cursiva van a verlo poco fuera de aquella casa.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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Rural y rústico

12 de mayo de 2012 a las 5:00

A raíz de un ejercicio escolar, un grupo de adolescentes de Monfero han emprendido una campaña para que la Academia Española suprima en el Diccionario la segunda acepción de rural, ‘inculto, tosco, apegado a cosas lugareñas’.
La inclinación a tomar lo rural por tosco se remonta a la Antigüedad clásica. Lo apuntaba Ortega y Gasset en un artículo publicado en 1909: «Yo debía contestar con algún vocablo tosco o, como decían los griegos, rural, a D. Miguel de Unamuno». La tendencia a comparar al hombre urbano, cultivado y sofisticado, con el del campo, simple y rústico, se observa ya en la comedia ática.
La Academia tardó en añadir en el Diccionario a rural ‘perteneciente o relativo a la vida del campo y a sus labores’ el segundo y polémico significado. Lo hizo en 1925. La necesidad no era grande, pues con ese sentido lo que realmente se empleaba y se sigue empleando es rústico, que además de indicar relación con el campo significa ‘tosco, grosero’.
No todas las palabras ni todas las acepciones que aparecen en el Diccionario conservan su vigencia con posterioridad a su inclusión en esa obra. Sin embargo, se mantienen, a veces con las marcas «desusado» o «anticuado», porque el DRAE es la fuente a la que se puede recurrir en busca de un significado cuando quien lee o escucha no entiende una voz con la que se da de bruces. Si, por ejemplo, tiene en sus manos Cañas y barro, de Blasco Ibáñez, y llega al pasaje donde se habla de «esa codicia rural, feroz y sin entrañas», ¿qué debe entender por rural? ¿Y cuando Carandell escribe que a los cabarets les dan en Madrid el nombre «rural y zafio» de salas de fiestas?
Muchos problemas parecidos al planteado por los estudiantes de Monfero podrán resolverse el día que haya un diccionario histórico, cuya elaboración se intenta de nuevo, que hará innecesario incluir en el usual lo que esté en desuso. Y entonces podrán seguir combatiendo casos similares, como el de rústico, que también procede del latín rus ‘campo’ y en el que ya Covarrubias veía en 1611 al villano.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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El furcio y el petróleo

5 de mayo de 2012 a las 5:00

En Argentina se emplea el sustantivo furcio, un galicismo por aquí desconocido. No se trata del masculino de furcia, sino de un nombre usado sobre todo en los ambientes del teatro y de los medios de comunicación para designar un error al hablar, un gazapo, gazapatón o gazafatón, un yerro, un lapsus linguae, sobre todo si se trastocan sonidos (loro por coro, Diccionario pánico de dudas por Diccionario panhispánico de dudas).
El caso es que hay quien ha querido ver un furcio en una reciente intervención pública de la presidenta de la República, que utilizó la expresión soberanía hidrocarburífera al justificar la expropiación de las acciones de Repsol en YPF. El furcio no está en usar hidrocarburífera por petrolífera, pues el primer adjetivo, desconocido a este lado del Atlántico, es usual allá y está bien formado con la base hidrocarbur- y el elemento compositivo -fero, que significa ‘que lleva, produce o contiene’, como oleífero (que contiene aceite) o coralífero (que tiene corales). El yacimiento de Vaca Muerta, que parece estar en el trasfondo del conflicto con Repsol, es hidrocarburífero, con un sentido más amplio que petrolífero, pues contiene gas natural además de petróleo.
Sin embargo, ni hidrocarburífero ni petrolífero son adjetivos apropiados para soberanía, pues esta no contiene ni produce hidrocarburos. La soberanía en esa materia es la soberanía petrolera (hidrocarburera no tiene prácticamente uso), la que ejerce un país sobre sus recursos petroleros. Ahí está el presunto y leve error de la presidenta, que a la mayoría le pasará inadvertido.
Más famoso en aquel país es el furcio que cometió la misma persona ante una audiencia de científicos, a los que dejó sobrecogidos cuando recordó sus problemas durante la etapa escolar con las clases de química: «Nunca pude aprenderme mucho más allá del hache dos cero del agua, nunca pude pasar de eso».
Efectivamente, tenía problemas con la química.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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