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La Voz de Galicia
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La mirada en la lengua

Los azulgranas

28 de abril de 2012 a las 5:00

Con la trayectoria que el Barcelona lleva en los últimos años, un día sí y otro también  nos lo encontramos en las páginas de los periódicos y en diversos programas de radio y televisión. Son noticia cotidiana la vida y las proezas de los jugadores azulgranas, llamados así por los colores de su camiseta, a franjas azules y granas. Sin embargo, muchas veces aparecen mencionados como los jugadores azulgrana e incluso como los azulgrana.
Sorprende el éxito de ese singular con determinantes en plural, los azulgrana. Puede deberse a que algunos diarios tienen una norma interna según la cual azulgrana «no tiene plural, como todos los colores derivados de objetos», como reza la de uno. Hace tiempo que ello se contradice con los planteamientos de la Academia Española, según los cuales los nombres de colores, cuando funcionan como sustantivos, hacen el plural de acuerdo con las reglas generales. Y pone los ejemplos, entre otros, de los rosas y los marfiles, ambos tomados de objetos.
Cuando califican a un sustantivo, esos nombres de color que lo son también de cosa pueden emplearse como adjetivos, y entonces tienen flexión de número (las faldas rosas, los pañuelos marfiles, los papeles naranjas), o como sustantivos en aposición, caso en el que se mantienen inalterados en plural (las faldas rosa, los pañuelos marfil, los papeles naranja). La elección de una u otra forma depende de su grado de lexicalización como nombres de color, que refleja lo que el hablante ve ante todo en esas palabras, ciertos colores o los objetos de los que estos toman el nombre. Así, se tiende a decir camisas rosas o camisas naranjas, pero no camisas salmones o camisas pistachos, sino camisas salmón y camisas pistacho.
Grana, uno de los componentes de azulgrana, designa tanto a la cochinilla como al color que se obtiene de ese insecto. ¿En qué piensa el lector cuando oye ese nombre? ¿En un bichito o en un color? Pues si para la mayoría es tan solo o fundamentalmente un color, con función adjetiva debería concordar en número con el sustantivo al que afecta: los pañuelos granas, los seguidores azulgranas.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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Los ciudadanos y la ciudadanía

21 de abril de 2012 a las 5:00

A una candidata de las últimas elecciones andaluzas se le atribuye la frase «La ciudadanía quiere votar por Andalucía». Superado el impacto de la cacofonía, algunos lectores nos llaman la atención sobre el empleo de la ciudadanía en lugar del aparentemente más espontáneo los andaluces.
La ciudadanía es, además de la ‘cualidad y derecho de ciudadano’ y del ‘comportamiento propio de un buen ciudadano’, el ‘conjunto de los ciudadanos de un pueblo o nación’, acepción con que la utiliza la candidata. Este empleo de la ciudadanía por los ciudadanos o, en el caso citado, por los andaluces, es una de las fórmulas a las que recurren quienes combaten el uso genérico o no marcado del masculino, es decir, el masculino que designa a un conjunto en el que hay varones y mujeres (por ejemplo, los españoles para referirse a los españoles y a las españolas), porque ven en él una forma de ocultar o relegar a la mujer. En esa línea, se sustituye en ocasiones los profesores por el profesorado, los alumnos por el alumnado, los aficionados por la afición, los beatos por la beatería, los clientes por la clientela, los españoles por la población española… lo cual es aceptable hasta que se cae en el uso excesivo o en absurdos, como el de ver tras la niñez al conjunto de niños y niñas, cuando ese sustantivo solo da nombre a una etapa de la vida.
Si bien esta fórmula recorta las posibilidades expresivas del español y llega a afear el discurso, no agrede la naturaleza del idioma como el empleo de la arroba para aplicar simultáneamente el masculino y el femenino a una palabra (los italian@s) o fórmulas como los/las italianos/as o los italianos y las italianas. Esta última ha calado con gran fuerza en muchos políticos y sindicalistas, que siguen recurriendo a ella pese a la reciente publicación del análisis Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, donde el profesor y académico Ignacio Bosque critica esos excesos desde el sosiego y la prudencia, pese a lo cual ha sido objeto de desaforados ataques.
Aquí hay muchos ciudadanos, pero poca ciudadanía.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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Cuando «fiscal» no es ‘fiscal’

14 de abril de 2012 a las 5:00

Cuando el Gobierno presentó un ajuste presupuestario de 27.300 millones de euros, algunos medios de comunicación hablaron de «el mayor ajuste fiscal de la democracia». Lo cierto es que el conjunto del ajuste no es fiscal, sino presupuestario, pues consiste en una serie de medidas recogidas en los Presupuestos Generales del Estado que afectan a los gastos y a los ingresos.
El adjetivo presupuestario se aplica a lo relativo al presupuesto. Fiscal es lo que se refiere al fisco o a los impuestos. En español se está usando continuamente fiscal por presupuestario por influencia del inglés, idioma donde fiscal se aplica a lo relativo a la administración de las finanzas públicas, y más específicamente a los impuestos. En los documentos de la Unión Europea se traduce fiscal policy como ‘política presupuestaria’ y como ‘política fiscal’, según los casos, aunque también puede tener los sentidos de ‘política económica’ y de ‘política monetaria’. Y quien tiene que meter el concepto de presupuestario en el escaso espacio de un título de periódico siente la irresistible atracción de la brevedad de fiscal, a veces sin reparar en los daños colaterales que puede causar.
Un caso que ejemplifica el problema es el del Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria (Treaty on Stability, Coordination and Governance in the Economic and Monetary Union), que suele abreviarse en Pacto Presupuestario, pacte budgétaire en francés, cuya forma inglesa, Fiscal Compact, genera el espurio Pacto Fiscal.
Otros idiomas distinguen, como el español, entre presupuestario y fiscal. Así, política presupuestaria es politique budgétaire en francés y política orçamental en portugués, lenguas donde fiscal significa lo mismo que en español (redução fiscal o desagravamento fiscal, dégrèvement fiscal = desgravación fiscal). Incluso el inglés tiene un adjetivo más específico que fiscal con el significado de presupuestario, budgetary, pues allí los presupuestos del Estado son el budget.

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Escrito por Francisco Ríos Comentar
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