25 de febrero de 2005 a las 2:57
Al prolongado debate sobre si es justo mantener o no la agonía que sufre actualmente el Papa se sumó ayer una nueva circunstancia. La traqueotomía realizada a Juan Pablo II en el Policlínico Gemelli le impedirá hablar durante un período de tiempo indefinido. Los tubos que le han introducido en la garganta para que pueda respirar dificultan su capacidad para comunicarse. De hecho, los médicos ya le han pedido que no intente hablar. El Vaticano mantiene que puede dirigir la Iglesia perfectamente, incluso sin tener voz. «Uno puede expresarse muy bien través de la escritura, y en cualquier caso también puede expresarse con gestos claros», declaró el pasado 8 de febrero el cardenal Mario Francesco Pompedda al periódico La Stampa.
Es indudable que cualquier persona muda es capaz de salir adelante en la vida por sí misma. Sin problema alguno. La sinrazón es que «un Papa mudo no puede celebrar la Eucaristía», según declaró el cardenal argentino Jorge María Mejía, amigo personal del Pontífice. Una situación atípica sin precedentes… Comienza una etapa de silencios papales, pero también de gestos muy explícitos. «Hablará» con sus manos temblorosas y su santa cabeza. Hasta que Dios quiera.
BBC :: ¿Podría dimitir el Papa?
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24 de febrero de 2005 a las 22:24
Doce meses después Italia sigue llorando la muerte del ciclista italiano Marco Pantani por sobredosis de cocaína. Este tipo de noticias impactantes causan repugnancia y tristeza a la vez. Repugnancia por ver a deportistas de élite caer tan bajo. Pasan del estrellato del podio a estrellarse contra el asfalto de la realidad. Un golpe seco y frío que repercute en la mente de miles de chavales que los encumbran como mitos deportivos. Pero estas noticias también son tristes y oscuras. Cuesta pensar en Marco Pantani tumbado en una cama de aquel hotel de Rimini, con 30 kilos de más, aislado del exterior, bufando contra sí mismo, clamando en silencio por ser feliz un minuto más. Da pena pensar en el Pirata como un cuerpo herido, desanimado, sin aire limpio y hasta arriba de polvo blanco. Recurrió a la cocaína como tantos otros deportistas, como tantos maradonas y julios albertos. Prefiero recordarle en sus impresionantes escaladas en el Tour o en el Giro. Prefiero verlo con aquellas pañoletas en la cabeza y haciendo bromas a todo el pelotón. Con sus pendientes y sus excentricidades.
Le exigieron y se exigió demasiado a sí mismo. Sobrepasó el límite físico y del sentido común. En el deporte de élite el dinero y la fama llegan rápido si hay resultados. Lo único que importa es ganar. Lo malo es que algunos, quizá demasiados, lo hacen como sea. Y a costa de lo que sea. La deportividad y entrega de antaño la sustituyen por fármacos y sustancias estimulantes que agitan el sistema nervioso, aceleran los músculos, hierven la sangre y acaban centrifugando el cerebro. Son conejillos de indias de victorias preparadas y muy rentables a corto plazo. Pero también son cabezas de turco cuando dejan de rendir o se desvela su dopaje. Dichosa droga, que todo lo mata y todo lo deshace.
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24 de febrero de 2005 a las 19:12
Tensión informativa :: El Papa, hospitalizado otra vez
El Papa Juan Pablo II, de 84 años, fue ingresado hoy de nuevo en el hospital Agostino Gemelli tras sufrir una recaída que le obligó a estar hospitalizado durante 9 días a principios de este mes y que le causó una crisis respiratoria aguda. Debido a sus dificultades para respirar, ha sido sometido a una operación de traqueotomía que ha durado cerca de 30 minutos. La intervención ha sido satisfactoria, informó el portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls. Sigue la tensión informativa.
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