30 de agosto de 2011 a las 12:28
Vamos como motos. Los precios de las viviendas se han multiplicado por 10 y los vehículos por 4. Por contra, el salario mínimo interprofesional sólo se adaptó al IPC. El siguiente gráfico aporta datos para argumentar y conversar con nuestros mayores sobre el esfuerzo salarial de cada época…

Generado por: Actibva
Vía @pumarola
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29 de agosto de 2011 a las 3:42
Arranca la semana 35, la última de vacaciones para muchos. En cuestión de horas o días millones de españoles volverán a la rutina de la rutina. Volverán a desayunar con malas noticias y, por tanto, con malas pulgas. Se les hablará de esa inmensa chorrada del síndrome postvacacional (si nos oyesen nuestros abuelos…). Intentarán entender por qué una Constitución intocable hasta ahora puede reformarse de forma exprés con un par de cafetitos exprés entre Zapatero y Rajoy. Millones de españoles volverán a la realidad de su trabajo con la incógnita de si tendrán paga extra esta Navidad. O si estarán en su puesto en seis meses. Los cinco millones de parados ni siquiera tendrán el privilegio de temer a perder algo porque lo han perdido todo. Lo suyo es miedo helado. No, no es pesimismo; es realismo.
Viene un otoño-invierno duro como pocos. Tanto en lo social, como en lo laboral, lo económico, lo político y lo psicológico. Tras el terrazeo y el colegueo veraniego vuelve la realidad. La más cruda. Regresan los dichosos reportajes sobre el peso de la mochilita escolar y los golpetazos de las suspensiones de pagos, los EREs y los ya no eres. Preparémonos para esa tormenta perfecta del 2011-2012. Con macrohuelgas incluidas porque los sindicatos despertarán de su gran cinismo. Gritarán en la calle lo que no se atrevieron a gritar en tres años. Cuánta progresía e hipocresía. No, no es pesimismo; es realismo.
El objetivo es que los de siempre salgan perdiendo y los otros de siempre sigan batiendo sus récords de beneficios. Venga, más pobres y más ricos. Y los de más arriba, las encorbatadas marionetas del Rey Dinero, seguirán discutiendo en una campaña electoral que volverá a ser mezquina, hueca y rastrera. Preparémonos para otra dosis de estado de malestar. No, no es pesimismo; es realismo.
Buen lunes.
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22 de agosto de 2011 a las 19:27
Media tarde perdida para intentar activar el servicio web vía móvil de una entidad financiera que se está fusionando y que, por ello, está en pleno proceso de integración tecnológica. La cosa se complica cuando descubres que cada acceso a la web de ese futuro banco requiere una clave que te envían al móvil. Repito, cada vez que accedes a tu banco on line te envían una clave exclusiva… Dicen que por “motivos de seguridad” (a otros bancos accedes on line con tus claves de siempre y punto). El galimatías se duplica cuando descubres que ese mensaje a tu móvil nunca llega ni llegará. El cabreo se triplica cuando conoces la razón, cuando tu operador telefónico superstar te cuenta que tienes una tarjeta SIM (la cuenta principal) y dos micro-SIM (enchufadas al iPhone y al iPad de la empresa) y que los mensajes alfanuméricos (los que me envía el banco para la dichosa clave de acceso) sólo pueden ser recibidos en la tarjeta SIM, la misma que tengo guardada en mi mesilla de noche porque un servidor no está dispuesto a manejar dos móviles. Me niego. Lucho con la operadora pero me dice que no hay forma. Bueno sí; que la única solución es cambiar las tres tarjetas y por tanto mi número de teléfono, a lo que también me niego. Conclusión: quiero ver el saldo de mi cuenta bancaria o sus movimientos y el único recurso que me queda en estos momentos es bajar a verlos a un cajero automático. ¡¡Como en los años 80-90!!
Hoy más que nunca me he acordado de ese número de chorizos/delincuentes informáticos que asaltan y complican a diario nuestra vida digital y real. Me refiero a los que revientan webs y cuentas, obligando a poner tanto filtro de seguridad. Que les den varias veces.
Actualización: Después de varias llamadas y de darle muchas vueltas consigo evitar el dichoso SMS con la clave exclusiva gracias a un acceso seguro desde mi iPhone, previa descarga de una aplicación específica de la entidad financiera. Vamos, se riza el rizo, pero al menos dispondré de esa clave. Lo mejor de todo es que para llegar a la clave final tengo que teclear en el móvil una cifra que me facilita la web cuando accedo a ella. Todo un laberinto propio de tecnoesclavos vecinos de frikilandia. Imagínense semejante complicación para una persona que no domina la tecnocosa. En fin… un fuerte abrazo para esos pocos pacientes lectores que hayan llegado a este párrafo final y hayan entendido el asunto. Unos campeones.
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