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Las redes, un «gallinero» necesario

Medios, Periodismo, Redes sociales

Las redes, un «gallinero» necesario

Atropello masivo en Barcelona a plena luz del día. Pánico, gritos y sangre. En segundos empiezan a hervir las redes sociales con imágenes y vídeos espeluznantes sobre un atentado yihadista que enmudece Las Ramblas. Una vez más, Twitter, WhatsApp y Facebook protagonizan los primeros flashes informativos en tiempo real. Los testigos de la infamia del Daesh recurren a sus smartphones para contarnos lo que ven y escuchan. Ciudadanos anónimos convertidos en unidades móviles que comparten el horror terrorista. Comienza la bola de nieve, en este caso de fuego, de la información compartida a la velocidad de la luz. Tuits veraces a pie de calle que compiten con datos no contrastados en un estado de confusión absoluta. Entran rápido en escena los medios informativos, lidiando con la inmediatez, las contradicciones y los vergonzantes bulos. Llegan para poner orden y concierto donde hay histeria digital, ausencia de información oficial y batallones de tuiteros que juegan a ser periodistas. Algunos aportan información crucial, otros ensucian las redes con falsos datos, vídeos o imágenes. El resto, lo leen todo.

Más rigor que nunca

Tras el avance informativo y el apurón inicial, es momento de enfriar la cabeza y beber solo de fuentes oficiales. De pausar tanto acelerón informativo y aparcar esa obsesión de ser los primeros en contarlo todo. Estamos ante un atentado bestial, no ante una pelea de gatitos, y la gente exige con razón más rigor que nunca. En esos momentos de alta tensión informativa resurgen como setas los tuiteros expertos en comunicación y breaking news que aleccionan a profesionales sin haber sudado nunca la gota gorda en una redacción. Ni caso. Hasta los grandes críticos de las redes sociales recurren a ellas cuando aparecen noticias tan impactantes y rompedoras. Esos que las tachan de «gallinero», chapotean luego a escondidas en ellas para leer noticias de última hora, sean aportadas por medios serios o gallináceas anónimas que pasaban por allí.

Sobrevivir a tanta “infoxicación”

Sin duda, las redes son un «gallinero» necesario. Son herramientas digitales que no tienen la culpa de que una pequeña (y ruidosa) parte de los humanos que las manejan sean auténticos irresponsables. El truco para sobrevivir a tanta infoxicación es seguir cuentas de medios, periodistas, organismos e instituciones que aporten contenidos contrastados. Huir de los perfiles con avatares falsos. No compartir contenidos alarmistas o morbosos. Esperar a que los medios hagan balances y análisis de lo que sucede. No reenviar imágenes duras y bulos que aterrizan en nuestro WhatsApp.

Informar, aunque duela

El periodismo está para informar de forma veraz y proporcional sobre lo que sucede, no para ocultar lo que duele e incomoda. El terrorismo refleja la parte brutal de la realidad y las imágenes de Barcelona claro que dolieron. Lo mismo que las fotos en Haití, Alepo o Lesbos que ganaron Premios Pulitzer. O aquellas que enseñaron al mundo el horror del holocausto nazi en Auschwitz o Dachau.

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Artículo publicado hoy en el Suplemento RED de La Voz de GaliciaIlustración: Edgardo Carosía

Entrevista a Javier Errea

Comunicación, Entrevistas, Internet, Medios, Periodismo

Entrevista a Javier Errea

«El periodismo está muy por encima de tanto gurú, tanta moda… y de los propios periodistas»

El periodista y consultor Javier Errea presenta el 17 de diciembre su primer libro El diario o la vida en el que anuncia una «defensa a tiros de los periódicos y el periodismo». Su estreno editorial es una selección con las mejores entradas de los cinco años del blog Erreadas, reunidas en 300 páginas. Otra bitácora convertida en libro. Presidente del Capítulo Español de la Society for News Design (SND) y autor del diseño y rediseño de numerosas publicaciones europeas y americanas, por los que ha recibido gran cantidad de premios, habla claro en esta entrevista en La Huella Digital sobre el presente y el futuro del periodismo, una «función social imprescindible».

CVnz0_iUYAAihS6– Tu primer libro viene a confirmar que, no sólo no han muerto los blogs, sino que el periodismo está más vivo que nunca…
– No sabía que los blogs se habían muerto, o que se decía que habían muerto. ¿Sabes? Me hace gracia tanto pronóstico, sobre todo tanto pronóstico catastrofista. Que si los diarios impresos desaparecerán en 2020 o 2030 o lo que sea, que si los blogs ya no se llevan, que si el periodismo… Hay una necesidad frenética de estar a la última. De demostrar que estamos a la última, enterados. Y si no estás a la última estás muerto. No, ante este tipo de planteamientos me planto. El libro, modestamente, invita a muchos a plantarse de la misma forma. ¿Cómo va a estar muerto el periodismo? ¿A quién se le ha ocurrido semejante bobada? El periodismo está muy por encima de tanto gurú, tanta moda… y de los propios periodistas. Es una función social imprescindible que, de una u otra manera, no se va a dejar de practicar nunca.

– Se divaga mucho sobre el modelo de negocio de los diarios y apenas se debate sobre el modelo de contenidos. ¿Por qué?
– Porque lo difícil son los contenidos. Uno contrata consultores que te dicen cómo debe ser una sala de redacción. O que te rediseñan el periódico, impreso o digital. O que incluso proponen una estructura de secciones más o menos original. Pero los consultores rara vez se meten a trabajar en los contenidos porque los contenidos no responden a una receta ni a una fórmula mágica. Los contenidos, la manera de contar las historias, no es algo que pueda resolver un consultor en visita de médicos. Además, a los propietarios de los medios no les interesa el modelo de contenidos sino monetizar, como se dice ahora, lo que sea y a toda prisa. Hablar de contenidos es para ellos como hablar del sexo de los ángeles. Lo mismo que hablar de calidad. Sienten que es algo etéreo, inasible. Estúpido incluso de puro romántico. Y no se dan cuenta de que precisamente en los contenidos está la única oportunidad de rentabilidad y supervivencia a medio y largo plazo. Es cuestión de convicción: ¿te gusta o no te gusta este oficio? Si no te gusta, si no sientes pasión por él, vete a otra parte. Sobran mercadólogos y contadores (de euros), faltan contadores de historias.

– ¿Cuál es el principal defecto del periodismo actual?
– Creo que ya lo he adelantado en mi respuesta anterior. El principal defecto del periodismo actual es la falta de convicción, que es lo mismo que decir la falta de vocación. Corre por los pasillos de las redacciones una especie de frialdad que estremece. Los periodistas han dejado de ser el corazón de las empresas periodísticas; en el corazón de estas empresas, de los diarios, están ahora administradores, mercadólogos, ingenieros informáticos… Gente que no siente este oficio, a la que no le interesa un comino. Personas dispuestas a renunciar a lo más sagrado con tal de sacar un rendimiento inmediato. Nos falta radicalidad. El periodismo es radical o no es periodismo. También añadiría otro déficit, si me lo permites: la esquizofrenia. Se quiere llegar a todo y a más con los mismos o con menos recursos. Se quiere estar en misa y repicando. Se quiere dar la noticia el primero, dar la alerta en redes, escribir un adelanto para la web y, además, aportar valor añadido al día siguiente en la edición impresa. Así sólo salen engendros. La calidad es imposible con el modelo periodístico que se impone, o que nos quieren imponer.

– ¿Y la principal virtud?
– No lo sé. Lo digo con tristeza. Hay quien dice que las generaciones actuales están mucho mejor formadas que las anteriores. Yo lo dudo. Puede que técnicamente lo estén, pero es que el secreto de las cosas, el de la vida, casi nunca está en lo técnico. Es una mirada pesimista sobre el periodismo, lo reconozco, que además contradice mi proverbial optimismo. Porque siempre me he negado a aceptar los pronósticos, y no precisamente desde una mirada romántica ni ingenua.

– Ante los retos que vive la prensa actual ¿qué les aconsejarías a los grandes directivos de la prensa española?
– Que se olviden de la máquina de hacer billetes. Que se den cuenta de que este oficio nunca estuvo entre lo más rentables, salvo quizá durante la última época antes de la crisis. Que no van a volver a ganar nunca ese dineral. Que este oficio va de otra cosa. Y, desde luego, que se olviden de los aires de grandeza que los ha llevado, en muchos casos, a la ruina. Que vuelvan a buscar en el corazón verdadero del oficio y que confíen en los profesionales honestos y auténticos. Que sepan que por ahí hay espacio, oportunidades, tal vez las únicas. Que no hagan tanto caso a lo que se dice en los congresos de la WAN, que se olviden de varitas mágicas. Que no estén todo el día mirando a derecha e izquierda a ver qué hacen los demás. ¡Ah! Y que de una vez caigan en la cuenta de que Facebook y Google son el enemigo mortal, jamás un aliado. Siento vergüenza cuando veo a los directivos de grandes grupos echarse en brazos de estos gigantes tecnológicos y además ‘vender’ la idea de que los controlan.

– ¿Y a las plantillas de esos medios?
– Son colegas, me da cierto pudor… Preguntarse si de verdad es esto lo que quieren hacer, lo que les gusta. Y formarse, no acomodarse. Buscar la calle y a la gente siempre. Enamorarse de cada historia. Levantarse de la mesa. Salir al encuentro. Escuchar. Tener curiosidad. Luchar contra el escepticismo. Escribir como los ángeles. ¡Qué sé yo!

– En tu libro abogas por «una defensa a tiros de los periódicos y el periodismo». ¿Crees que esta sociedad hiperconectada realmente valora el buen periodismo?
– Estoy convencido. Esta sociedad está hiperconectada relativamente. Hiperconectada… ¿a qué? No, desde luego, a las historias que merecen la pena. Hiperconectada, pero a millones de tonterías que uno encuentra en YouTube y que comparte con los demás por WhatsApp o Facebook. Estamos hablando de periodismo, no de entretenimiento. No podemos pretender competir con YouTube y Facebook porque perderemos siempre, si lo único que nos interesa es el volumen de audiencia. El entretenimiento es otra cosa. Lo que es necesario, y estoy convencido de que esto se va a valorar cada vez más, es desenchufarse para adquirir cierto silencio y perspectiva. Desenchufarse, sí. Que no quiere decir aislarse ni retirarse al desierto y perderse del mundo. El periodismo sirve para entender y entenderse. Esto es así, no es una opinión. Es preciso desenmascarar a tanto charlatán y desmontar tanto mito tecnológico. Valerse de la tecnología, sí, pero para entender y entendernos. Ser imprescindibles sin complejos.

– Por último, ante tanta saturación de noticias, ¿qué dieta informativa aconsejas?
– Lo acabo de decir: desenchufarse. No estar obsesionados con ser los primeros en dar algo o en demostrar a los demás que hemos dado algo. Esta pasarela de vanidades en la que nos hemos montado es realmente bochornosa. Siento vergüenza ajena ante tanta falta de pudor. Estar enterado, estar informado, no significa estar enchufado 24 horas, siete días. Yo me considero una persona bien informada, pero procuro administrar mis tiempos. He renunciado a todo tipo de alertas en el móvil. No estoy en Twitter ni en Facebook: ¡es que no me hacen falta para nada! Hay quien me acusa de dinosaurio digital. No puedo sino sonreírme. ¡Que piensen lo que quieran!

Estúpida forma de cargar las tintas

Internacional, Medios, Religión

No voy a ser políticamente correcto, pero tengo que decirlo: no me gusta nada el humor que practican revistas satíricas como Charlie Hebdo. Leo que en su próximo número, que tendrá una tirada récord de tres millones de ejemplares, volverán a la carga con viñetas de Mahoma. A ver con qué salen esta vez. Será un número especial en memoria de sus trabajadores vilmente asesinados hace unos días por unos terroristas islamistas que hicieron una infamia salvaje en nombre de Alá…

En mi humilde opinión, libertad de expresión no es libertad de intromisión, ni de exclusión, ni de agresión. No es una libertad para herir sensibilidades. Tampoco para insultar. Todo lo contrario. Es una libertad y un derecho a manifestar libre y públicamente, por cualquier medio, una opinión, un pensamiento o proponer una acción. Pero siempre desde un respeto, porque la libertad de uno termina justo cuando empieza la del otro. Y ahí radica el problema: arremeter en lugar de informar. Tampoco el diario Jyllands-Posten calibró hace años la desproporcionada repercusión que iba a tener la publicación de las viñetas del profeta Mahoma con un turbante-bomba. No supo respetar a esa cultura y religión que defiende con sangre sus creencias y siempre se ha sentido víctima de Occidente. Equivocados o no, muchos de ellos son así. Fundamentalistas, fanáticos y excesivamente viscerales. Y lo sabíamos.

Falta de respeto

Si desde muchas redacciones se cuida con detalle el no publicar imágenes ofensivas de menores, editar con prudencia los titulares, mimar los textos y respetar en lo posible a las personas, instituciones y la democracia, no acabo de entender la falta de respeto mostrada por este tipo de publicaciones. Haciendo un mal uso de su libertad de expresión, en mi opinión, siguen golpeando a toda una creencia religiosa que practican cientos de millones de personas. Estamos en tiempos del todo vale y muchos se han olvidado de la deontología periodística, es decir, informar desde la ética. ¿Y que es la ética? En periodismo es, fundamentalmente, respeto a la verdad, a las ideas y a las personas [en este caso a los seguidores del Islam].

«La libertad es el derecho de hacer lo que no perjudique a los demás» (Lacordaire)

Mientras en Occidente resolvemos estas trifulcas mediáticas en los tribunales, en muchos países musulmanes optan por un inaceptable radicalismo y una violencia ciega. No les gusta nuestro humor, y menos el referente a su religión. Por unas viñetas irrespetuosas, el caso Mahoma ha vuelto a saltar por los aires. Estúpida forma de cargar las tintas.

A modo de ejemplo: El N° 1099 de Charlie Hebdo trivializaba sobre la masacre de más de mil egipcios publicando una portada con un musulmán acribillado mientras trataba de protegerse con el Corán. Las palabras son inflamables: «Matanza en Egipto. El Corán es una mierda: no detiene las balas»…

Si esto es humor, si esto no es ofender a una religión con más de 1.500 millones de seguidores, apaga y vámonos.

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Actualización: La portada del próximo número de Charlie Hebdo intenta apaciguar. Ojalá ese tono se mantenga en páginas interiores:

Análisis de Miguel-Anxo Murado :: ¿Todo está perdonado?
El papa Francisco afirma que la libertad de expresión tiene sus límites y no se puede provocar ni ofender a la religión

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Varios medios portugueses publican este post: Aceprensa  > Diário do Distrito

Preocupante conformismo

Comunicación, Medios, Periodismo

La crisis de los medios también es la crisis de una nueva generación que se equivoca dando la espalda a la información.

Que los valientes nuevos medios capten tan pocos socios o suscriptores digitales refleja un preocupante conformismo.

El periodismo que sobrevivirá es el que sea contrapoder todos los días del año. Sin excepciones.

Medios «pequeños» que adelantan a los «grandes»

Comunicación, La Voz de Galicia, Medios, Periodismo, Redes sociales

El Top 50 de Kloutspain* refleja que medios «pequeños» con menos followers en Twitter adelantan a casi todos los «grandes». En la siguiente imagen se ve entre paréntesis el número de seguidores de cada medio y en el recuadro naranja su índice Klout. Un orgullo personal que La Voz de Galicia esté donde está gracias, en buena parte, a la constante interacción de sus fieles lectores y detractores. Muchas gracias a todos.

* Klout analiza más de 400 parámetros distintos de las siete redes sociales más importantes y se asigna una puntuación entre 1 y 100.

¿Fallecer o morir?

Comunicación, Medios, Periodismo

Se FALLECE cuando el cuerpo FALLA.

Se MUERE cuando se acaba la vida POR MÚLTIPLES CAUSAS, especialmente las que son ajenas a nuestro organismo.

Por eso es incorrecto titular que se fallece en un accidente de tráfico. O que se fallece al caer desde un octavo piso. En ambos casos se muere o perece. Otros dos ejemplos:

  • Fallece Muere atropellado por un camión.
  • Fallece (o muere, o perece) de un infarto.

Algo elemental que aprendí hace 25 años cuando empecé en esto del periodismo y que actualmente se saltan la inmensa mayoría de medios.

La Voz es el diario con mayor puntuación en Klout

Comunicación, Medios, Redes sociales

Klout, el medidor de influencia en Twitter y otras redes sociales, coloca a La Voz de Galicia por delante de los principales diarios españoles. En los criterios que rigen los diagnósticos de Klout no se valora el número de seguidores o de mensajes sino la influencia real en la comunidad, tanto de la propia red social como en otras redes. Klout analiza más de 400 variables procedentes de su integración con las redes sociales más populares como Twitter, Facebook o Google+, entre otras. La información que recoge se basa en tres apartados fundamentales:

Alcance real: Es la cantidad de personas reales a las que llegan tus publicaciones. Se eliminan cuentas con poca actividad, robots y spam.

Amplificación: Mide la probabilidad de que el contenido que publicas sea compartido o comentado.

Puntuación en la Red: Si las personas que reaccionan a tus publicaciones son consideradas influyentes, tu puntuación será más alta.

Vía HootSuite, esta es ahora la puntuación Klout de La Voz de Galicia, El País y El Mundo: