Benditos pequeñajos

Infancia, Mundo real

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Se ilusionan por todo. Por lo sorprendente y lo previsible. Por lo que vale algo y lo que vale nada. Se emocionan como nadie ante cualquier novedad porque la toman como un regalo. No saben de dinero ni de precios porque no tienen ninguna unidad de medida en su cabeza. No les hace falta. Sonríen cada vez que se rompe la rutina. Saltan y saltan cuando anuncias algo diferente por absurdo o simple que sea. Gozan de verdad cada descubrimiento, cada plan, cada cosa aprendida. Irradian ilusión y curiosidad desde que se despiertan hasta que nos hacen caer rendidos (literal) con nocturnidad y pleitesía. No paran de vivir y hacer revivir. Inagotables que te agotan, pero te llenan. Mucho. De satisfacciones y agradecimientos. De sinceridad supina en forma de abrazos, besos y requetebesos. Como buenas esponjas que son todo lo absorben y graban. Todo. Retienen cualquier palabra imagen o dato y ponen el ojo o la oreja allí donde no te lo esperas. Su cabeza no para. Tampoco su buen corazón. Su ingenuidad los revela limpios, sin prejuicios, sin complejos. Benditos pequeñajos. Los míos de 5 y casi 7 años, en esa estupenda etapa 100% carpe diem.

LHD :: Las pequeñas cosas


2 comentarios

  1. Antonio Nuñez Tome

    Que bien describes lo que nos dan los hijos, aprovecha cada instante porque dura muy poquito, enseguida crecen.
    Un abrazo querido amigo.

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  2. Muchas gracias, la verdad es que los enanos me inspiraron esta tarde con sus múltiples ocurrencias. Don Antonio, un fuerte abrazo y mucha suerte muchas veces. Bien sabes por qué.

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