Archivo: Ago 2017

Las redes, un «gallinero» necesario

Medios, Periodismo, Redes sociales

Las redes, un «gallinero» necesario

Atropello masivo en Barcelona a plena luz del día. Pánico, gritos y sangre. En segundos empiezan a hervir las redes sociales con imágenes y vídeos espeluznantes sobre un atentado yihadista que enmudece Las Ramblas. Una vez más, Twitter, WhatsApp y Facebook protagonizan los primeros flashes informativos en tiempo real. Los testigos de la infamia del Daesh recurren a sus smartphones para contarnos lo que ven y escuchan. Ciudadanos anónimos convertidos en unidades móviles que comparten el horror terrorista. Comienza la bola de nieve, en este caso de fuego, de la información compartida a la velocidad de la luz. Tuits veraces a pie de calle que compiten con datos no contrastados en un estado de confusión absoluta. Entran rápido en escena los medios informativos, lidiando con la inmediatez, las contradicciones y los vergonzantes bulos. Llegan para poner orden y concierto donde hay histeria digital, ausencia de información oficial y batallones de tuiteros que juegan a ser periodistas. Algunos aportan información crucial, otros ensucian las redes con falsos datos, vídeos o imágenes. El resto, lo leen todo.

Más rigor que nunca

Tras el avance informativo y el apurón inicial, es momento de enfriar la cabeza y beber solo de fuentes oficiales. De pausar tanto acelerón informativo y aparcar esa obsesión de ser los primeros en contarlo todo. Estamos ante un atentado bestial, no ante una pelea de gatitos, y la gente exige con razón más rigor que nunca. En esos momentos de alta tensión informativa resurgen como setas los tuiteros expertos en comunicación y breaking news que aleccionan a profesionales sin haber sudado nunca la gota gorda en una redacción. Ni caso. Hasta los grandes críticos de las redes sociales recurren a ellas cuando aparecen noticias tan impactantes y rompedoras. Esos que las tachan de «gallinero», chapotean luego a escondidas en ellas para leer noticias de última hora, sean aportadas por medios serios o gallináceas anónimas que pasaban por allí.

Sobrevivir a tanta “infoxicación”

Sin duda, las redes son un «gallinero» necesario. Son herramientas digitales que no tienen la culpa de que una pequeña (y ruidosa) parte de los humanos que las manejan sean auténticos irresponsables. El truco para sobrevivir a tanta infoxicación es seguir cuentas de medios, periodistas, organismos e instituciones que aporten contenidos contrastados. Huir de los perfiles con avatares falsos. No compartir contenidos alarmistas o morbosos. Esperar a que los medios hagan balances y análisis de lo que sucede. No reenviar imágenes duras y bulos que aterrizan en nuestro WhatsApp.

Informar, aunque duela

El periodismo está para informar de forma veraz y proporcional sobre lo que sucede, no para ocultar lo que duele e incomoda. El terrorismo refleja la parte brutal de la realidad y las imágenes de Barcelona claro que dolieron. Lo mismo que las fotos en Haití, Alepo o Lesbos que ganaron Premios Pulitzer. O aquellas que enseñaron al mundo el horror del holocausto nazi en Auschwitz o Dachau.

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Artículo publicado hoy en el Suplemento RED de La Voz de GaliciaIlustración: Edgardo Carosía

Lo que nos faltaba: «turismofobia»

Inclasificable

Lo que nos faltaba: «turismofobia»

La última moda de ciertos antisistemas y anticapitalistas es arrear duro contra el turismo. Sin argumentos, sin norte alguno, disparan en el pie de cada economía local sin importarles que en el sector turístico trabajan cientos de miles de españoles (y catalanes y vascos). Esas acciones violentas reflejan que ciertos partidos políticos se están especializando en el no por el no, adoptando una actitud impositora y dictatorial que se les volverá en contra cuando haya que respaldarles en las urnas. Si ya nos pesaba demasiado la penosa imagen internacional que damos con tanta corrupción y cachondeo generalizado, ahora vienen estos iluminados lanzando acciones cavernarias desde los países catalanes y vascos. Por ahora. Afortunadamente sus machadas y pataletas ya causan estupefacción entre sus propios votantes. Entre tanta locura, tanto rebotado, hay esperanza.

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