Archivo: Abr 2006

Futurible

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El DRAE define el término futurible: «Dícese de lo futuro condicionado, que no será con seguridad, sino que sería si se diese una condición determinada»… Si a este término le añadimos la palabra promesa, entonces llegamos a un puedo prometer y prometo sin comprometerme. Este potaje de palabras viene a cuento por algo que me irrita desde hace años: las promesas futuribles son el principal pasatiempo de demasiados políticos, especialmente los que gobiernan en feudos municipales. Y cuanto más pequeños, más mentirosos y embaucadores. Sorprende ver cómo muchos ciudadanos se enorgullecen ante las promesas lanzadas desde los medios y luego pasan por alto el comprobar si éstas se cumplen o no. Los futuribles son el pan nuestro de la información local y la gran agarradera a la poltrona de cierto número de incompetentes. Si las hemerotecas hablaran…

Heroicidad

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Reaparezco por unos minutos. En seis días he vivido en directo lo que realmente es ponerse a parir; he sentido una intensa luz de vida desde una mirada difusa; he tocado unos dedos diminutos que aprietan fuerte cuando hay hambre o soledad; he dado la mano, besado y abrazado a gente de verdad; he sido felicitado en el ciberespacio por conocidos y desconocidos; he confirmado la tremenda utilidad del teléfono móvil e Internet; he abierto cajas y cajas de regalos; he mandado fotos al otro lado del charco; he recordado el estrés del paciente ante tanta visita; he vuelto a cambiar pañales; he sudado nervios; he «dormido» en estado de alerta; he confirmado que las flores hay que ponerlas en vida; he llorado por dentro; he agradecido a ese pedazo de humanos que siempre dan; he visto mamar con amor y dolor; he presenciado que todo lo que se apellide hormonal es un cóctel explosivo… y lo que me queda por ver. Ahora sé que maternidad es sinónimo de heroicidad. Con ma-yús-cu-las.

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La paternidad me llama. Ya está. 3,030 kilitos de vida, una placidez absoluta, una madre que se ha dejado la piel en un parto de infarto y unos ojos como platos que invitan a mirarlos fijamente durante horas. Tardaré un tiempo en volver por aquí. La paternidad [primera] me llama y eso impone. En la salud y en la enfermedad. Y sobre todas las cosas.

Cuando los hechos hablan

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Asistimos cada vez más al periodismo declarativo, a personajes que precocinan los titulares que protagonizan, a famosetes que dicen huir de la prensa y luego se arrodillan ante ella para largar lo que les viene en gana, a políticos que recalientan su lengua cuando olfatean un micrófono. Asistimos a demasiada apertura de comillas, exceso de declaraciones, hartazgo de réplicas. Nos pasamos el día hablando de lo que dijo éste y lo que contestó aquel. Perdemos el tiempo con el boca a boca, dando excesiva importancia a las palabras, a las afrentas y a las promesas incumplidas. Constantes elucubraciones sin ceñirnos a lo palpable. Las palabras se las lleva el viento y la rabiosa actualidad, que a menudo las caduca. Nos olvidamos de los hechos y sus protagonistas. Ignoramos a los que se muerden la lengua porque saben estar y callar. A los personajes anónimos que hablan haciendo. Y hacen sin hablar. A todas horas.

• «Manejar el silencio es más dificil que manejar la palabra» (Georges Clemenceau)

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Mala salida. Fernando Alonso derrapa claramente al hablar de su equipo Renault: «Nunca me han ayudado en los años que llevo aquí. Todos conocen lo sucedido en algunas carreras y las conversaciones por radio. Este año tampoco espero demasiado del equipo». Hasta hoy lo consideraba un chico inteligente y precavido, pero veo que cae de bruces al atacar al equipo que le ayudó a conseguir un Mundial y siete victorias en Fórmula 1. Su bravata la suelta ahora tras firmar con McLaren para el 2007. Una mala salida que no gusta nada a la afición.

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Atentados ortográficos. La RAE define una errata como «equivocación material cometida en lo impreso o manuscrito». Unas son fugaces, como el propio periodismo, y otras son estáticas, luciendo sus faltas en carteles públicos. Si quieres ver erratas con mayúsculas, prepárate. Vía Microsiervos llego a esta curiosa recopilación en Flickr de textos mal escritos. En algún caso, como dice Alvy, son «auténticos atentados ortográficos».