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Queridos Papá y Mamá

lunes, enero 5th, 2009

 Queridos Papá y Mamá; hasta aquí hemos llegado. Lo siento mucho pero estoy harta y tengo que decíroslo. Vale que tenga siete años pero eso no significa que sea tonta. Esa obsesión repentina que os ha entrado para que no abra la puerta de la alacena, como comprendereis, resulta sospechosa; sobre todo cuando a través de los cristales se ve ese colorido tan particular que, no sé por qué, me recuerda a aquel rollo de papel de regalo medio mugriento que papá bajó del desván hace dos semanas. Ya estoy esperando que lleguen las siete de la tarde para que vengais, con esa cara de pan, a decirme: «Acuéstate temprano que van a venir los reyes». ¿Para qué? ¿Por qué no me dejais acostarme a mi hora? Así por lo menos me quedaría dormida y no tendría que escuchar el tintineo de los adornos del árbol durante la media hora que tardais en colocar los paquetes debajo del árbol. Que tardaron menos tiempo en decidir donde construian el templo de Salomón que vosotros en poneros de acuerdo para determinar si va delante la Barbie o los calcetines. Que esa es otra. ¿Quienes son esos Reyes Magos de los que hablais para tener tanta fijación por el textil? Parecen primos de Amancio Ortega. (2005) un pijama, (2006) los patucos, (2007) un uniforme nuevo para el colegio y el año pasado la trenca esa, que parece confeccionada con la tela que sobró de los uniformes de las SS. Además papá, de ti no me lo esperaba. Tanta banderita tricolor en la bandeja del coche, tanto Himno de Riego en el móvil y ahora te bajas los pantalones ante los primeros barbudos que aparecen. Pero si hablan como Rappel con asma y visten más hortera, si me descuido. A parte, esta mañana cuando veníamos de la cabalgata os fijasteis en la casa del carnicero, Sí, el morenito. Ese que guarda tanto parecido con el Baltasar de todos los años. El mismo que veló a su padre en la trastienda para no tener que cerrar. Pues tenía un curioso letrero en la puerta: «Abrimos cuando pase la cabalgata». ¿Qué pasa? ¿No sabe que los camellos son hervíboros y no le van a asaltar la tienda? En Fin. Y tú mamá. ¿A Quién crees que engañas? ¿Te parece que no se ve a leguas que el tema de la ropita es cosa tuya? Tú que eres tan poco dada a atosigarme con los trapitos. Por cierto, ya que estoy, tengo que decírtelo. Puede que te parezca precioso eso de que vayamos vestidas igual, lo respeto, aunque estoy un poco harta de tener que saltar el plinto con la falda de lentejuelas y creo que a tú salud mental le vendría bien una muñeca Mi Yo. Pero, ¿te acuerdas de aquella vez que la tita Maripaz se compró el mismo vestido que tú para ir a la boda de los gemelos? ¿Recuerdas los comentarios que hiciste respecto a su facilidad para salir a tomar café con un chico diferente cada día? Además, ya que tienes tanta querencia por vestir igual que yo, ¿por qué no te pones el traje ese de bailar muiñeiras que me encasquetas para ir a casa de los abuelos? Teníamos que estar las dos monísimas en el atrio, a la hora de la misa. Eso siempre y cuando podamos cuadrar nuestras agendas. Yo creo que tengo un hueco entre que vuelvo del conservatorio y me paso por las aulas de mecanografía, antes de ir a casa del profesor de inglés nativo, ese con el que me apuntasteis seis días por semana. Que no es por quejarme, pero si los padres de Leonardo da Vinci le hubiesen llevado a tantas actividades extraescolares seguro que La última cena, la hacía de ganchillo y preparaba el mismo la comida. En fin, lo dejo porque sino me caliento y quiero pasar los Reyes en paz. Atentamente; vuestra hija.