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¡Eu non son María Patiño!

jueves, febrero 5th, 2009

La bronca prefabricada de Wyoming a la becaria y el consiguiente linchamiento protagonizado por el integrismo derechista que encabeza Intereconomía TV se ha convertido en la comidilla de la semana. A estas alturas ya deben quedar pocos españoles que no se hayan enterado de la jugadita, al más puro estilo Follonero, que le tendió el doctor Monzón a sus «colegas» de Más se Perdió en Cuba. Lo que ocurre es que aunque la mayoría se han enterado del jaleo catódico, a algunos se les ve un poco despistados en esto de la televisión. Es el caso del presidente del cártel de periodistas madrileños [nótese la animadversión o más bien el hinchazón genital que me producen los gremios] el licenciado Gónzález Urbaneja, quien mostró su «profundo pesar e irritación» por lo que considera «un desprecio y una enorme ignorancia de las reglas de este oficio». ¿Pero vamos a ver? ¿De que oficio? ¿Alguien puede pensar que Jorge Javier Vázquez y Ryszard Kapuściński comparten profesión, que La Noria es lo mismo que Informe Semanal o que El Jueves y The Economist, son el mismo producto? Pues, señor Urbaneja, con todo el respeto profesional que le tengo a usted y a su trayectoria, debo decirle que no. Va siendo hora de que alguien separe de una vez el negocio del entretenimiento de un derecho consitucional como es informar y estar informado. Llegó el momento de que Wyoming, o cualquiera que le pete, pueda pasar por encima del ñoñerío en el que nos ha instalado la corrección política y reirse de quien le de la gana. Quizás así algún día mi madre deje de ponerme de mala leche cada vez que le tengo que repetir que: ¡Eu non son María Patiño!

¿Donde narices está el Estado?

miércoles, diciembre 3rd, 2008

Ayer por la noche vi la tele. Sí, lo reconozco el decodificador pirata del digital ha muerto para siempre y puse Antena 3. ¿Qué se le va a hacer?, todo el mundo comete estupideces. Bueno, el caso es que nada más darle al mando me encuentro a un maromo con una maza en la mano partiendo en pedazos el horno de una cocina. ¡Ya está!, ésta es una de esas historias de «destructoterapia» para quitarse el estrés rompiendo cosas. Ahondando en la agudeza de mi análisis me vinieron varios flashes: “A mi este tío me suena”. “Es el de la ruleta de la Fortuna”. Y así era. Luego me entero de que se llama Jorge Fernández y tirando de Google descubro de que fue Míster España en el 2000. Nada que objetar hasta ahí. Pero, para mi sorpresa,  resulta que el horno pertenece a la humilde casa de una familia valenciana formada por Mari Carmen y Jesús más sus doce hijos, cinco de ellos con fibrosis quística -una complicada enfermedad sin cura que afecta a los pulmones-. Osea que el maromo le está tumbando la casa a estos desgraciados. Pues menuda gracia, para mandarlo a Siberia en calconcillos. Al rato empiezo a comprender. Van a mandar al matrimonio y a su prole de vacaciones a Andorra y mientras tanto le arreglan la casa para que dejen de vivir amontonados y rodeados de humedad. ¡Muy loable, sí señor!

¡¿Pero estamos locos o qué?! ¿En qué clase de república bananera vivimos? ¿Dónde estaba el apoyo social para que esta familia pudiese llevar a cabo una planificación familiar eficiente, o es que aquí somos todos borbones? ¿Dónde estaban los servicios de empleo para darle cobertura a este paisano cuando su trabajo dejó de llegarle para comer? ¿Qué pasa con la sanidad universal y gratuita? ¿Qué ha sido del derecho constitucional a una vivienda digna? ¿Quién se ocupa de los millones de familias en el mundo que viven todavía pero que esta? Ya sé. Seguro que esos deben ser más de Gran Hermano.

Entre tanto, la familia se va a correr por el monte a los Pirineos y su casa la toman cuatro «vendepisos» -disfrazados de tarotistas y con cara de no haber pisado una obra en su vida- que encima se ponen a hacer churros (sí, de los de mojar en el chocolate) mientras una panda de flipados vestidos de butaneros se dedican a derribar muros. Al final, tiran un par de paredes, dan una mano de pintura y le “compran” toda clase de chuminadas a los chavales que, como es natural, sonríen a mandíbula batiente.

Por supuesto, no falta el correspondiente numerito de teléfono [al módico precio de 1,29 + IVA el minuto] para que «usted pueda ser como la familia de Mari Carmen y Jesús». Tampoco se olvidan de exhibir todo tipo de productos: que si la nevera, comprada en la cadena X, llena de leche de la marca Y; la promoción del disco de Amaral y el autobombo de la serie El Internado.

Encima, es una una copia. En fin, para mear y no echar gota.