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Goodbye Bush (I): Besos y Medallas

Escrito por Juan Lado
16 de diciembre de 2008 a las 11:34h

       

                                                                                                                                                                                                      

Estas dos imágenes las unen muchas cosas. En ambos casos se trata de visitas de Estado, los escenarios se corresponden con dos países invadidos, el invitado es el presidente de Estados Unidos y los anfitriones las más altas autoridades de dos naciones desangradas a medias por el imperialismo petrolero y la barbarie terrorista. Pero hay algo que las separa, un factor que las divide hasta el infinito. Es esa diferencia que existe entre la dignidad de los pueblos y la mezquindad de una élites medradas a base de engullir -sin sazonar- los cadáveres de sus hermanos.

Muntazer al Zaidi es un criminal que ha atentado contra el Estado, lo que le ha costado -hasta el momento- un brazo, dos costillas y, con toda probabilidad, el obstracismo de los estomágos agradecidos de unas élites cobijados en la falda de el enemigo. A él no le estará esperando un puesto en el gabinete de comunicación presidencial cuando salga de la cárcel, si alguna vez lo consigue, pero lo aguardará el pueblo que puso en ese par de zapatos toda su rabia. Ellos ya lo consideran un héroe y han salido a la calle a manifestarlo.

Hamid Karzai es el presidente de un país, o del territorio que en algún momento aspiró a serlo. Vive en una realidad palaciega y mantiene encuentros regulares con mandatarios internacionales. Se codea con las altas esferas porque está especializado en tragar los sapos que los amos del mundo le sirven en bandeja. Maneja el descontrol de un narcoestado que le otorga pingues beneficios y se las da de líder tribal. Pero la que debiera ser su gente, esa que ha olvidado, no aplaude la colocación de medallas al invasor. Su pueblo, la historia y puede que hasta Dios, le recordarán como un simple traidor.

Las personas sólo deciden en parte sus actos pero los actos definen del todo a las personas.

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