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Domingo 25 de Septiembre

Sábado, Octubre 1st, 2011

El día que llegué a Quito remolcado desde Puerto Misahualli, nunca imaginé que la reparación me iba a costar tantísimo tiempo, dinero y quebraderos de cabeza. Lamentablemente, muchas cosas salieron mal. LAMENTABLEMENTE, MUCHAS COSAS LAS HICIERON MAL.

En cuanto conseguí tener el motor desmontado y limpio, lo llevé a la rectificadora para que ellos, supuestos profesionales, después de medir, me informasen de las piezas nuevas necesarias y también de las operaciones a realizar antes de  volver a la carretera.

La idea era que Naranjito viviese a partir de entonces una segunda y muy larga juventud.

No tardé en encargarle a Fran (mi supermecánico argentino vía internet) las piezas requeridas y a los dos días, estas estaban viajando en primera clase rumbo al taller de Citroen Mavesa donde lo esperábamos ansiosos.

Hasta aquí todo bien. O al menos eso creía yo.

Llegaron las piezas. Las llevé a la rectificadora y allí recibí la mala noticia de que faltaba una chaqueta de cigüeñal  que en la primera inspección había sido olvidada.

Menuda cagada!

Solo quedaba volver a  escribir a Fran y esperar una semana para que aduanas me entregase el paquete.

A estas alturas del partido ya me había gastado unos 1300 dólares entre piezas, envíos, aduanas, hotel y el contador seguía corriendo.

Llegó el segundo envío y por fin pudimos empezar a trabajar. La rectificadora montó el cigüeñal y me entregó el motor para que empezase mi parte. David me ayudaba en sus ratos libresynotanlibres y juntos en un momento de inspiración nos dimos cuenta de que el punto de distribución y el calado no coincidian ni de casualidad. Esta vez los geniales rectificadores habían decidido que el piñón del cigüeñal no llevaba una posición exacta por lo que a la hora de colocarlo de nuevo lo habían hecho, como decimos en España, “a boleo”.

Los quería matar pero no tenía tiempo para realizar un buen plan. La solución era complicada. Teniamos que sacar el piñón sin destrozar la chaqueta y colocarlo de nuevo a ojo haciéndolo coincidir con el piñón del árbol de levas y el calado.

Esta vez, cansado ya de tanta desgracia, me llevé el motor a un tornero  de reputación y allí realicé el trabajo más delicado.

De vuelta en casa, en el taller de Citroen Mavesa, esta vez sí me pude definitivamente manos a la obra. Hice todo como el manual y Fran decian y salí a probar el coche. En dos días, aún con algunos ruidos raros y un humo blanco muy feo, estaba listo para salir con destino Colombia.

Lo mejor de este mes de malafortuna, sin lugar a dudas, el equipo mecánico de Mavesa con el que hice muy buenas migas.  Gracias amigos!

Conduje muy nervioso y exaltándome con cada ruido durante las primeras horas de viaje hasta que por fin pasé de pantalla. Entré en “Locombia” y de nuevo me metí en el sueño, en el viaje de mi vida.

En los primeros metros de carretera colombiana conseguí olvidarme de lo sucedidó semanas atrás, cambiando mi energía y mi suerte de un momento para otro.

En el pueblo fronterizo de Ipiales conocí a la familia Pantoja, y junto a ellos pasé un ajetreado día de campaña política haciendo serigrafía en la sede del partido.

Me divertí con esta nueva experiencia y por la mañana debido a mis ganas locas de carretera partí rumbo al cumpleaños de Lola en Cali, visitando por el camino en Santuario de las Lajas,

y la Ciudad Blanca de Popayán.

En Cali nos esperaban Oskar y Lola junto a unos nuevos locos viajeros buenos amigos con los que celebramos el aniversario de Lola y mimamos un poco más a nuestros vehículos…

…en la generosa tienda ASTURIAS, un punto de encuentro obligado para los viajeros motorizados de paso por la ciudad.

El Plan, es pasar un par de días conociendo la ciudad y divirtiéndome con los viejos y con los nuevos amigos antes de continuar camino del norte y del Eje Cafetero. Después de pasar tanto tiempo parado, os podeís imaginar que lo que más quiero es despacito como siempre, recorrer y recorrer los kilómetros que espero pronto me lleven al Mar Caribe, a Panamá, a Centroamérica y al más allá.

Gracias por leer. Por saber esperar. Por animar. Por empujar y por siempre querer más.

Un beso y tres abrazos, Jorge y Naranjito.

(Oskar, Lola y “El Francés” Alain)

(Un servidor junto a Sory y Jorge)