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Martes 3 de Mayo

lunes, julio 18th, 2011

Tras Potosí vino Sucre, la verdadera capital del país.

El viaje esta vez y debido al  cansancio acumulado en los últimos días  lo realicé en un autobúsconvistas que después de zigzaguear durante horas entre cañones de diferentes colores y texturas me dejó en en mercado de la ciudad donde enconrtésinbuscar un alojamiento individual sin baño por 3 dólares americanos.

El viaje fue más que divertido probando continuamente todo tipo de comidas frias y calientes dentro del autobús gracias a las nerviosas y ágiles vendedoras ambulantes que aprovechando las paradas de los peajes nos lanzaban los víveres por las ventanillas unas veces con bolsa y otras no esperando siempre recibir dinero como única respuesta.

¡Cómo me puse de grasa!

La mayor de las sorpresas la viví cuando después de despedirme de Oskar y Lola en  Potosí por llevar esta vez caminos diferentes, tras una curva infinita y en mitad de un frondoso bosque de arbustos, aunque un poco desenfocados los vi pasar como una exhalación sabiendo que en algún momento en mi futuro destino los encontraría y podría volver a disfrutar de su amistad y expeiencia viajera.

Lo primero que hice fué visitar el pueblo cercano de Tarabuco,  famoso tanto por su amplio mercado de artesanias como por las extrañas vestimentas y cascos de sus habitantes.

Cuenta la leyenda que cuando el ejército español llegó a la región en 1816, y tras la gran matanza realizada por estos pasando por encima incluso de ancianos mujeres y niños, la guerrilla se levantó en armas  aniqilando al ejército invasor del que solo quedó uno vivo, un niño encargado de tocar el tambor.

Cuando por fin tuve tiempo para recorrer el centro histórico de Sucre,  igual que hace pocos días me sucedió en Potosí, me soprendí hasta el punto de parecerme estar fuera de Bolovia.

Muros blancos y extremadamente limpios, calles adoquinadas organizadas y aparentemente seguras, tantísimas iglesias cada una más espectacular que la anterior, plazas de jardines cuidados y tranquilos, muchos coches caros, alguna minifalda y ni una sola cholita me dieron la bienvenida. La comida má cara de lo habitual y la policía mucho más numerosa.