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Miércoles 9 de Mayo

Escrito por Jorge Sierra
1 de junio de 2012 a las 1:11h

Desde que salí de España hace ya casi cuatro años, unos cuantos lugares del globo se fijaron en mi pensamiento quién sabe por qué extraña razón. Pues bien, México es sin lugar a dudas uno de estos lugares a los que siempre quise llegar y por fin estoy.

¿Mi primera sensación? Mucho mejor incluso de lo que lo había imaginado! ¡Claro que sí, carajo!

Después de correr correr y correr através de Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala sé que aquí será el lugar donde de nuevo me lo tome con calma para poder descansar, conocer, hacer planes, conseguir dinero, echarme una novia, cantar, bailar, saltar, reir, reir y reir.

Eso sí, en cuanto entré al pais, en la aduana, me obligaron a dejar como señal 200 dólares para devolvérmelos una vez salga por la frontera norte con Estados Unidos. No voy a negar que al principio me pareció peligroso y hasta me enfadé con el tipejo bajito y gafoso del banco, pero después, tras unos muchos cuantos Kilómetros, en un puestecito de comida en la carretera, y adornada la escena con el olor y el sabor de mis primeros tacos, llegué a verlo como un ahorro o incluso como una inversión. Al fin y al cabo, fuese como me fuese en este nuevo pais, tendría unos cuantos billetes esperándome a la salida como premio de consolación.

Cuando llegó el cartel que decía”Bienvenidos a Chiapas”, Cha Cha y yo nos miramos para no decir nada y dejar que el positivismo entrase por la ventana abierta acomodándose en la parte trasera del coche entre  la bolsa de la ropa sucia y la maleta de los mapas ya usados. Yo personalmente, llevaba ya tiempo queriendo subirlo a bordo y disfrutar de su compañía.

La misma trade de la mañana en que cruzamos la frontera, nos reunimos en San Cristobal de las Casas con Gabi “El Enano”y Juan “El Uru” para recuperar fuerzas a base de buena comida y cariños varios, y poder llegar así a mi cumpleaños del día 22 como se debe hacer. En condiciones óptimas. Cuando nos conocimos en San Juan del Sur tiempo atrás, hicimos el pacto entre caballeros de compartir tan  especial fecha fuese donde fuese. Cumplimos la promesa, celebramos tan comentada fiesta y me pasé los dos siguientes dias abrazado al water como un auténtico adolescente emo, agonizante, triste y dolorido como hacia años no lo estaba.

Si a alguien se le ocurre la pregunta de si mereció la pena tanto desmadre, me vería obligado a contestar con un rotundo y firme sí. Qué es lo que pasó que compensó tanto dolor y sufrimiento, me lo guardo para el libro que algún día escribiré.

Durante un par de semanas nos dejamos sorprender por las múltiples maravillas de San Cristobal, en especial de su tranquilidad diurna y su locura nocturna; formamos una pequeña y unida familia en el Hostal Katrina donde para no tener que pagar por el alojarme realicé un mural en uno de los muros blancos del interior; y  bebimos tequila, mezcal, posh y mucha cerveza local además de atiborrarnos a tacos, quesadillas y a  los sabrosos chapulines (saltamontes fritos con sal y limón).

Para completar el cóctel del turista perfecto y sentirnos realizados en el plano cultural, visitamos El Cañon del Sumidero y los pueblos indígenas de  Chiapa del Corza y San Juan Chamula.

De esta manera, ya sintiendo que había cumplido con el merecido descanso y con la introducción a la cultura mexicana en todas sus ramificaciones, me alejé de la manada sin imaginarme que a los 15 Km de mi partida, todavía a las afueras de San Cristobal, me encontraría con un viejo amigo motero con el que había compartido hostal y múltiples historias y consejos  en Cartagena de Indias por unos días.

Junto a Lars y su extraño acento viajé hasta Oaxaca por dos largos días en los que se me rompió la chapa que  sujeta el cable del acelerador. Por suerte para el convoy esto sucedió a escasos metros de un pueblo cuyo uno de sus tres habitantes era soldador y con mucha maña y rapidez arregló el desperfecto cobrándome para mi sorpresa, y al igual que había hecho Verónico en mitad de las Salinas Grandes en Argentina, “a voluntad”.

 

Antes de entrar en la hermosa ciudad utilizamos una parada técnica para visitar en Tule un abuelito-árbol de más de 2000 años de edad que nos termino de dar las energias necesarias para visitar la ciudad en un día y continuar cada uno por su camino yo hacia la capital DF y mi genial compañero hacia la frontera norte del pais que blinda con USA.

 

Sé que todo está muy muy muy rápido contado pero con esta apretada entrada, ya casi estoy al día.

 

Un beso y cuatro abrazos, jorge y Naranjito.