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Lunes 10 de Septiembre

Escrito por Jorge Sierra
11 de octubre de 2012 a las 10:32h

La esperada “vuelta a casa” nada tuvo que ver,  en realidad, con esa fantasía creada Kilómetro a Kilómetro  a lo largo y ancho del Planeta.

El problema fue, básicamente, que los planes no salieron como debían. El barco que portaba a Naranjito   se retrasó considerablemente por lo que no me quedó más remedio que ir a casa y esperar, rompiendo así la magia de la llegada por carretera junto a mi querido compañero de aventuras.

Se perdió así gran parte de la emoción, de la alegría y de los nervios.  Yo, personalmente, me veía  llegando a la Torre de Hércules subido triunfante  a mi Naranja Rocinante y siendo esperado por familiares y amigos. Pelos de punta, alguna que otra lágrima, besos con abrazo, fotos, muchas sonrisas.

No quiero decir que no haya sido emotivo.  Ni que no agradezca de todo corazón a todos los que me acompañaron (e incluso me escoltaron Vespa en mano) en ese momento, no. Lo que quiero decir es que habiendo visto, charlado e incluso salido de cañas con la mayoría, la foto oficial de FIN DE VIAJE, a los pies del monumento más internacional de la ciudad, fue casi que un mero trámite para cerrar un ciclo rodeado de la mejor compañía posible. Era algo que había que hacer simple y llanamente.

En cualquier caso, como todos os imaginareis,  lo más difícil llega ahora. Vivir con los pies quietos, sobre una cama con baño de agua caliente, con la nevera llena y con mi Citroen  parado en algún lugar  y alejado de la lluvia que no tardará en llegar.

¿Tardaré en conseguir aburguesarme de nuevo? ¿Me escaparé a la primera de cambio?

¿Cuántas veces me habrán preguntado  a lo largo de estos 4 años de carretera sobre mis planes de futuro una vez llegase a casa?  ¡No exagero si os digo que miles! Y tampoco exagero si os digo que nunca supe qué responder ante semejante interrogante. Y ahora, de repente, recién llegado,  me veo ante esa situación que siempre esquivé, ese problema que tan poco sentido tenía cuando estaba en la carretera y que de un día para otro, estando ya de nuevo en el punto de partida, se ha convertido en la mayor de mis prioridades. Decidir qué es lo que quiero hacer con mi vida ahora.

Son miles las posibilidades, o millones o infinitas, pero debo decantarme por una. Por un solo camino que siempre puede y debe cambiar. Debo decantarme, escoger Mi Camino. Escoger quién quiero ser, quién quiero llegar a ser.  A dónde quiero llegar. Qué es lo que quiero ver y de dónde quiero aprender.

¡Pero qué tarea más difícil y atractiva y  emocionante! Es hora, de nuevo, de volver a reinventarme.

El Viaje de mi Vida, como ya os había dicho en alguna entrada pasada, no termina; simplemente debo escoger hacia dónde girar. Hacia el camino de tierra y polvo que va hacia la derecha o la pista asfaltada y rota que se pierde a  mi izquierda, o quizás, por qué no, saltar y correr campo a través en cualquier dirección hasta que alguna inesperada sorpresa (valga la redundancia) me convenza de que estoy ante la solución.

Mis últimas “palabras” antes de decidir que giro le doy al blog para que  este siga vivo, que sean las siguientes:

“ORGULLOSO DE MI, Y DE TI,NARANJITO. VUELTA AL MUNDO CONSEGUIDA”

 

 

P.D.: Los dos primeros comentarios de esta (para mi) triste  entrada, me han obligado a añadir unos párrafos a la publicación inicial.

Además quisiera robar a Manu Boedo la frase de su filósofo, y usarla como final esta vez:

 “Cuando te acercas un paso hacia la utopía  esta se aleja un paso, cuando te acercas dos pasos, esta se aleja dos pasos. Para eso sirve la utopía, para caminar”

definitivamente voy a comprobarcómo me sientan las viejas botas, ¡y de nuevo a caminar!

Gracias por viajar conmigo. Gracias!