Martes 10 de Enero
Con la ayuda de Johnattan en el puerto y fuera de el, los planes de cruzar a Panamá se concretaban cada día más.
En algún momento pareció incluso que la salida estaba próxima, pero una vez tras otra me di de frente con la falta de palabra caribeña. Aquí parece norma decir un día que sí, y dos días después echarse atrás sin ningún tipo de explicación.
Tan rápido pasaban los dias que de repente mi economía solo me permitia viajar en Roll on Roll of. Debería correr los riesgos esta vez. La suerte estaba echada.
Una vez tomada esta decisión, todo se debería acelerar o por lo menos aclarar un poco. Y así fue.
Con una empresa local que resultó ser un total desastre inicié los trámites para llegar a tiempo al próximo barco. El único problema, qué hacer mientras tanto.
Esta vez, como siempre suele suceder, la solución llego por si misma.
Manu y Santi, dos argentinos “rebuena onda” que conocí en el puerto de veleros en mis primeros días y que empiezan con una pizzeria en el barrio de Getsemani me ofrecieron trabajar con ellos a cambio de cama en el velero que cuidan (la familia de Johnattan ocupa su apartamento estos dias), comida caliente, unas monedas y un millón de risas al terminar la jornada.
No dudé ni un segundo y pronto me vi en la mejor de las compañías limpiando, pintando, recogiendo, sirviendo y sorprendiendome de la cantidad de clientes que llegaban día a día al estrecho local.
Trabajamos duro y lo pasamos bien.
Fue una experiencia maravillosa que comparti además de con Manu y Santi con la pareja argentina de viajeros Tomás y Lucia, también de paso por Cartagena.
Un gran equipo.
Nos convertimos en una pequeña gran familia y así pudimos disfrutar de unas Navidades divertidísimas sobre el velero del capitán francés que nunca conocí.
El desayuno con jugo de besos, las pinturas, las camisetas sucias como uniforme, el calor de los hornos, las manos en la masa, la falta de Coca Cola fría y la abundancia de cerveza en el local, las esperadas visitas, las idas y las venidas, las caladas sobre las murallas y las noches de plaza con guitarra se convirtieron en un abrir y cerrar de ojos en nuestra dulce condena. Una rutina bárbara.
La que en estos dias estoy conociendo, es la Cartagena de Indias que estaba buscando.
Gracias a todos los nuevos amigos por dejarme hacerlo! Gracias!












