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Economía ¿verde o azul?

Escrito por Javier Sanz
29 de abril de 2012 a las 20:38h

A menos de dos meses de la celebración de la Cumbre mundial Rio+20 –adornada con el expresivo subtitulo: “El futuro que queremos” (The future we want)- es evidente que, en plena crisis económica, uno de los temas extrella es el de la “economía verde” (green economy). Así se compueba en el documento “0” en que la economía verde aparece con gran protagonismo “en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza” (cfr. su apartado III).

Pero no todos opinan lo mismo acerca de cuáles deben ser las claves de dicha economía o, más bien, los criterios que deben orientar esa deseada “transición” en el escenario mundial. La Secretaría preparatoria de la Cumbre Mundial señala que “La economía verde ofrece una oportunidad para mejorar la gobernanza del comercio global y el entorno de comercio interior para asegurar que el comercio contribuya positivamente a una economía verde en el contexto de la erradicación de la pobreza y desarrollo sostenible”. Por su parte, la Comisión Europea en su documento preparatorio “Río+20: hacia la economía ecológica y la mejora de la gobernanza” (junio de 2011), afirma que “Río+20 puede marcar el inicio de una transición más rápida y profunda, a nivel mundial, hacia una economía ecológica: una economía que genere crecimiento, cree empleo y erradique la pobreza, conservando el capital natural del que depende la supervivencia a largo plazo de nuestro planeta e invirtiendo en él”. Otros opinan que la “economía verde” no es más que un lavado de cara de los intereses capitalistas que tratan de mantener su dinámica productivista (vid. por ejemplo la web: “no green economy“).

Con relación a estos temas, desde hace unos años venimos siguiendo con gran interés una serie de reflexiones que coinciden en la oportunidad de imitar a la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera. Se trata de la llamada Biomímesis (de bio, vida y mimesis, imitar), también conocida como biomimética o biomimetismo, “es la ciencia que estudia a la naturaleza como fuente de inspiración, nuevas tecnologías innovadoras para resolver aquellos problemas humanos que la naturaleza ha resuelto, mediante los modelos de sistemas (mecánica), procesos (química) y elementos que imitan o se inspiran en ella”. Hace unos años fue el Profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Barcelona, Jorge RIECHMANN, quien publicó una obra con tal título (en la editorial Los Libros de la Catarata, Madrid, 2006).  Pero quien popularizó este término en inglés (biomimicry) ha sido la ambientalista norteamericana Janine M. BENYUS cuya obra pionera (Biomimicry: innovation inspired by nature, Ney York, 1997) acaba de ser publicada en España –bajo el título “Biomímesis. Innovaciones inspiradas por la naturaleza”- por la editorial Tusquets (Barcelona, 2012). La autora -que dirige un Instituto especializado en esta materia- resumen de esta manera el canon de leyes, estrategias y principios que sigue la naturaleza:

La naturaleza cabalga sobre la luz solar.

La naturaleza gasta sólo la energía que necesita.

La naturaleza ajusta la forma a la función.

La naturaleza lo recicla todo.

La naturaleza premia la cooperación.

La naturaleza cuenta con la diversidad.

La naturaleza demanda tecnología local.

La naturaleza frena los excesos desde dentro.

La naturaleza saca partido de las limitaciones.

En una dirección similar se orienta la obra de Gunter PAULI (polifacético empresario y fundador de la “Zero Emissions Research Initiative”) titulada La economía azul. 10 años , 100 innovaciones, 100 millones de empleos” (publicada por Tusquets, Barcelona, 2011). Crítico tanto con el modelo de economía financiera todavía vigente como con la “economía verde” (que, según él, trata de preservar el medio ambiente a costa de grandes inversiones que la vuelven inviable), promueve una “economía azul” que se sirve de conocimiento acumulado durante millones de años por la naturaleza para alcanzar cada vez mayores niveles de eficacia y traducir esa lógica de los ecosistemas al mundo empresarial. Desde la reutilización de los residuos agricolas para generar nuevos productos alimenticios  hasta la imitación de los termiteros para diseñar la nueva arquitectura bioclimática, y así, una larga lista de cien innovaciones inspiradas en la naturaleza que recoge en los apéndices de su obra.

Se cuenta que un inventor suizo, George de MESTRAL, apasionado excursionista, inventó la popular cinta “velcro”, observando como se adherían a sus pantalones algunas semillas en sus paseos. Hoy más que nunca se impone –en lo más profundo de la crisis- eso de la “imaginación al poder” (o mejor, “innovación al poder”). Y si queremos descubrir nuevo nichos de empleo, no dejemos de contemplar la naturaleza, para respetarla y para aprender de ella. Seguro que no nos defraudará.

Movilizate por la Tierra y que no decaigan los ánimos

Escrito por Javier Sanz
22 de abril de 2012 a las 10:09h

Celebramos hoy una nueva edición –las 42ª- del Día de la Tierra, promovida por un Senador estadounidense y activista ambiental Gaylord NELSON, con la idea de crear una conciencia común para proteger nuestro Planeta y tratar de reducir su contaminación y degradación. En este año el lema es “moviliza la Tierra” (“movilízate por la tierra”) y miles de iniciativas en todo el mundo –en particular en las instituciones educativas de todos los niveles- se están desarrollando –y se desarrollarán- en pro de su conservación y protección.

Coincidiendo con esta fecha este blog celebra su segundo aniversario desde su creación y sigo pensando que todavía queda mucho por hacer para avanzar en la buena dirección. Aquí simplemente pretendemos dar algunas claves hacia la sostenibilidad ambiental, aunque soy consciente de que no siempre acierto ya que son muchos y variados los temas y cuestiones que han sido tratados durante este bienio.

La crisis económica sigue su penoso curso, dejando tras de si la inestabilidad de los mercados, el paro y la incertidumbre hacia el futuro. Los indicadores ambientales nos señalan que siguen creciendo los problemas sobre las grandes cuestiones del Planeta: el cambio climático, la disminución de la biodiversidad, la contaminación de las aguas marinas y continentales, etc. Sin embargo no quiero incurrir –como es habitual en esta temática- en un gratuito catastrofismo.

Tenemos por delante la magna Cumbre Rio+20 en Río de Janeiro el próximo mes de junio. Estoy haciendo todo lo posible para estar allí aunque no va ser nada fácil. Me encantaría formar parte de esa multitud de personas, activistas ambientales, ecologistas, políticos, científicos, intelectuales, etc. acudirán a Rio con la esperanza de que, pese a la crisis –o mejor, aprovechando la oportunidad de la crisis- podamos iniciar una nueva etapa histórica que suponga un cambio del modelo productivo actual que nos trae un insostenible consumismo materialista.

Lo sé. Se que este sueño mío todavía se va hacer esperar. Quizá sea una insulsa utopía. Pero intuyo que, tarde o temprano, llegará el momento en que nos pongamos a trabajar en lo que de verdad importa: un mundo mejor en el que los seres humanos serán conscientes de sus limitaciones y de la necesidad de respetar su entorno y sus recursos naturales, y por tal motivo, respetar a los demás seres humanos.

Para conseguir este objetivo es necesario movilizarse. Es preciso actuar ya –como remarca la campaña del Día de la Tierra-. No cabe un inmovilismo egoísta. Fuera todo conformismo derrotista u optimismo insensato. Hay que poner en acción lo mejor de nosotros mismos, promoviendo una tupida red de actitudes solidarias con los seres humanos que hoy pueblan nuestro Planeta y con nuestras generaciones futuras.

En este Año Internacional de la Energía Sostenible para todos, deseo vivamente  que no decaigan nuestras energía para promover la auténtica sostenibilidad.

Se suele decir que “no hay dos sin tres”. Tras estos dos años de blog espero seguir aportando mi humilde colaboración ambiental un año más con la sabia ayuda de mis lectores, los que me animan a continuar y de los que me critican (de los que tanto he aprendido).

Divulgar sobre el cambio climático

Escrito por Javier Sanz
15 de abril de 2012 a las 10:02h

Aunque no estén en su mejor momento de su popularidad, resulta de justicia reconocer la labor que siguen prestando algunas entidades financieras de nuestro país sobre el desarrollo de la ciencia y su divulgación. Es el caso de la Fundación BBVA, una entidad que viene desarrollando, desde hace varios decenios, una importante tarea de fomento de la ciencia y de la investigación en varias áreas de conocimiento entre las que se encuentra el medio ambiente, y, más en particular, sobre la conservación de la biodiversidad y sobre el cambio climático. A través de  la financiación de proyectos de investigación, la difusión de publicaciones, la organización de conferencias, así como la concesión de los Premios “Fronteras del Conocimiento” -en sus modalidades de “Ecología y biología de la conservación” y de “Cambio Climático”- la citada Fundación atesora un valioso bagaje de conocimientos que se ponen a disposición del público en general.

Fruto de esta labor de promoción del conocimiento es la reciente publicación de Sergio ALONSO OROZA: ¿Hablamos del cambio climático? (Fundación BBVA, Bilbao 2011). Sobre la base de las conferencias impartidas por este Físico,  Catedrático de Meteorología de la Universidad de las Islas Baleares y miembro del Intergovernamental Panel on Climate Change (IPCC), el autor nos ofrece una obrita de divulgación científica bastante asequible de leer para el común de los mortales. Tras aclararnos en que consiste propiamente el “cambio climático” (“el cambio de clima que está experimentando el planeta desde el inicio de la revolución industrial como consecuencia, en parte, de la actividad humana”), nos explica cómo se hace la ciencia en general y cuál ha sido el desarrollo científico que ha permitido conocer cada vez mejor el muy complicado asunto del clima de nuestra era del  “Antropoceno”. Y al final, el inquietante dato de la actual concentración de CO2 de 385 ppm (partes por millón) en nuestra atmósfera por la intensificación antrópica de los gases de efecto invernadero (GEI).

Como ya sabemos, el más reciente Informe del IPCC (el 4º, publicado en 2007) no duda en afirmar que “la mayor parte del aumento observado del promedio mundial de temperatura desde medidados del siglo XX se debe muy probablemente (con probabilidad de más del 90%) al aumento observado de las concentraciones de GEI antropógenos”.

Una cosa es la historia pasada del cambio climático de la que tenemos muchos datos científicos y otra cosa es la predicción hacia el futuro sobre la que ALONSO OROZA nos ilustra cómo se hacen –con información disponible- las simulaciones del clima en los más potentes ordenadores del mundo mediante muy complejos programas informáticos. Modelos de simulación climática en que se incluyen las más diversos factores sobre los procesos atmosféricos y sus interacciones con los oceános. Unos modelos que se concretan en los famosos SRES “escenarios de emisiones de GEI” entre 2000 y 2100 publicados por el IPCC, y que se mueven entre un aumento de la temperatura media del Planeta entre 2 y 6 grados centígrados.

En la ultima parte de su trabajo el Catedrático de Meteorología de Baleares explica que junto a la observacion del cambio climático y a su proyecciones sobre el clima global del futuro, es preciso trabajar también en ámbitos más reducidos (entornos regionales e incluso locales); es decir, lograr una mayor resolución de los resultados (downscaling) que nos permitan hacer predicciones climáticas para áreas geográficas muy concretas. De hecho el autor nos ofrece los estudios proyectados sobre el futuro clima de las Islas Baleares y sus posibles impactos para el turismo.

Conceptos como el de “vulnerabilidad”, “adaptación”, “mitigación”, etc. forman parte ya del glosario típico de la ciencia del cambio climático y sus efectos. “Los medios de comunicación han jugado un papel muy importante en hacer llegar a los ciudadanos la información sobre cambio climático…” dice el autor, pero yo me atrevo a añadir que ha de ser una información sosegada, que no busca el sensacionalismo –que tanto daño ha hecho en la opinión pública sobre este tema-, sino que se esfuerza por comunicar con la mayor objetividad los datos que nos aportan los científicos. No obstante, es fundamental, a mi juicio, que sean ellos, los científicos, que hagan este esfuerzo de divulgación. Es más, ellos tienen una especial responsabilidad social en esta tarea. E incluso, como hace ALONSO OROZA al final de su libro, deben de recomendarnos a los cidadanos de a pie unos acciones frente al cambio climático que él resume así: “1. Reducir. 2. Desconectar. 3. Reciclar. 4. Ir a pie”.

El Planeta a presión en la “era del Antropoceno”

Escrito por Javier Sanz
7 de abril de 2012 a las 13:54h

Los pasados días 26 a 29 de marzo ha tenido lugar en el Capital Hall International Convention Centre de Londres el congreso internacional que ha llevado por título Planet under Pressure: new knowledge towards solutions (aunque todo el mundo ha traducido: “Planeta bajo presión” a mi se suena mejor traducirlo “Planeta a presión”). Más de 3000 participantes –en su mayor parte provinientes del mundo científico- de más de 80 paises se han dado cita en la capital londinense para hablar del estado ambiental del Planeta, de los retos que la Humanidad tiene por delante para su salvaguardia y de las posibles medidas que pueden adoptarse. En realidad esta reunión científica es como un aperitivo de la magna cumbre –más política- que tendrá lugar el próximo mes de junio en Río de Janeiro (conocida como “Rio+20”).

Para los que nos apasiona el medio ambiente hubiera sido un sueño poder estar esos días en Londres con magníficos intelectuales como la reciente premio Nobel de Economía, Elinor OSTROM, cuya antigua –e interesantísima- obra “Governing the commons” me estoy leyendo estos días. Físicos, sociológos, economistas, demógrafos, oceanógrafos y un sinfín de científicos de las más diversas especialidades han estado debatiendo temas tan variados como la seguridad alimentaria, los cambios demográficos, el futuro de las ciudades, el estado de las zonas costeras, la contamimación de los suelos, la geo-ingeniería, la pérdida de biodiversidad… y ¡como no!, el cambio climático. Me ha gustado que, pese al lógico predominio de las ciencias naturales, se han tratado también temas de las ciencias sociales en los que abunda la reflexión sobre la gobernanza de la sostenibilidad global y sobre el tema estrella de la “economía verde”.

Los medios de comunicación nos han regalado algunas de las “perlas” del Congreso: “estamos tan cerca de los límites del Planeta que no tenemos márgen para fallar, hay que actuar ya”; “una buena gobernanza, sobre todo si es global, requiere de imaginación además de liderazgo”; “para liberar la presión en este planeta humanizado hay que cambiar muchas cosas, hay que romper la inercia cultural, política y social”; “la realidad revela que nos gastamos mucho dinero en cosas que no son prioritarias y que, en general, tienen una gran huella ambiental”; “La reinvención de nuestras ciudades es acaso la necesidad más urgente para alcanzar la meta de la sostenibilidad global”,…; y quizá la mejor la pronunciada por Lidia BRITO (copresidenta de la Conferencia y directora científica de la UNESCO –hablando del pretendido chequeo realizado a nuestro Planeta por los científicos: “Y aunque han detectado una alta presión sanguínea, elevados niveles de colesterol y un estilo de vida no saludable, lo cierto es que hay tiempo para dar la vuelta a estas tendencias y seguir la receta para un futuro mejor”.

Y lo de la “era del Antropoceno” es una ocurrencia del premio Nobel de Química, Paul CRUTZEN, que hace una década se refería con esta denominación una nueva fase geológica (aunque propiamente estamos en el “Holoceno”) en la que la acción del hombre está perjudicando seriamente la establidad ecosistémica de nuestro Planeta. Y como vemos ha calado en el mundo científico por su expresividad.

Al final no podía falta una Declaración Final de la cumbre (the “State of the Planet Declaration”). Una llamada urgente a la actuación porque los riesgos que se avecinan son graves y globales y se han acelerado en el último medio siglo. Un cambio de planteamiento que debe pasar por tener en cuenta la interconexión e interdependencia de los aspectos económicos, sociales, culturales y políticas de nuestro mundo. Una apelación a nuestra inapelable responsabilidad en la salvaguardia de nuestro Planeta. La necesidad de un nuevo pacto entre el mundo científico y la sociedad, y entre la investigación y las decisiones políticas. Un serio compromiso con los paises en desarrollo. Una regeneración institucional que permita desarrollar una verdadera gobernanza de la sostenibilidad a nivel mundial. El reconocimiento del valor no monetario de los recursos naturales.

En definitiva, tan importante evento ha sido, a mi juicio, una llamada de atención del mundo científico a los políticos que se reunirán en Rio de Janeiro los días 19 y 20 de junio, de que deben adoptar importantes medidas si no queremos que el “Antropoceno” acaba con nosotros. No obstante, la larvada “soberbia” que suele anidar en muchos planteamientos científicos, ha sido criticada por el Secretario General de Naciones Unidas, Ban KI-MOON, en su mensaje a la Cumbre que comentamos, quien ha aprovechado para decir que los científicos “son, a veces, poco claros y contradictorios y que, a menudo, viven encerrados en sí mismos” sin percibir otros factores ajenos a su concreta investigación. Pero no dudamos que, con una visión más abierta y generosa y con un enfoque más interdisciplinar,  los científicos son imprescindibles para abordar con éxito los inmensos retos que tiene por delante nuestro Planeta.

Carta abierta al pirómano de las Fragas del Eume

Escrito por Javier Sanz
1 de abril de 2012 a las 23:51h

No me importa saber ahora si eres hombre o mujer, joven o viejo, rico o pobre,  rural o urbanita, forastero o no, loco o ¿cuerdo? Tampoco mi importa saber por qué lo has hecho, si ha sido por imprudencia, por locura, por ánimo de hacer daño… no me importa. Lo que me preocupa es que tengamos que seguir conviviendo con gente como tú que no valora –¡que desprecia!- esos maravillosos tesoros, cada vez más escasos, que nos ofrece la naturaleza donde podemos reconciliarnos con nosotros mismos. Es lo que tú deberías haber hecho.

No me creo que puedas gozarte al ver cómo en pocas horas –en el fantasmagórico espectáculo del incendio- desparezca un patrimonio que ha tardado siglos, milenios, en configurarse. No es posible pensar que habiendo paseado por los estrechos pero acogedores senderos de la Fraga hayas decidido convertirlos en negros parajes plagados de esqueletos vegetales. No puedo imaginar que habiendo disfrutado de los aromas del bosque y del pacífico rumor del río, hayas preferido acallar su voz que tanto nos descansa. ¿Acaso puedes estar tan torturado que no te importa privar a la Humanidad de estos vitales refugios?

Eres un cobarde que te has prevalido de la magnífica espesura del lugar para esconder tu vergonzoso acto delictivo. Has aprovechado tan acogedora fraga para verter tu odiosa conducta en lo más hondo del corazón verde de Galicia. Sabías que era muy fácil provocarlo, la insólita sequedad de estos meses y el viento han sido tus inocentes aliados.

No te ha importado nada ni nadie, el poner en peligro las vidas humanas de los habitantes de ese precioso Concello de Pontedeume, de Monfero, de A Capelada, de As Pontes y de Cabanas, ni las de los sacrificados miembros de las brigadas anti-incendios. Sólo ha prevalecido lo peor de ti, tu egoismo destructivo.

Nos has robado un inolvidable paraíso y por ello mereces una dura pero justa condena. Por eso deseo vivamente que te encuentren y recibas tu merecido. Y que si tu castigo es la cárcel que allí experimentes lo que significa habernos privado de uno de nuestros espacios de libertad auténtica.

Y, si por desgracia para nosotros y para toda la humanidad, tu delito queda impune, no se te ocurra volver ¡nunca más! –como acostumbran los asesinos- al lugar del crimen, a nuestras queridas Fragas del Eume, por que estoy seguro de que cada uno de sus seres vivos por los que ahora lloramos y hasta las centenarias piedras del Monasterio de Caavaeiro, te lo recriminarán.

Inmersos en la “era de los plásticos”.

Escrito por Javier Sanz
1 de abril de 2012 a las 10:09h

Polietileno, polipropileno, cloruro de polivinilo, poliestireno, poliuretano… no son más que algunas de las denominaciones técnicas de los productos plásticos que inundan nuestra vida desde, por lo menos, mediados del siglo XX. Sólo basta echar la mirada a los objetos que pueblan nuestro hogar para comprobar que estos polímeros configuran muchos de bienes que ya resultan imprescindibles en nuestra vida. Los juguetes con que disfrutamos, la ropa que vestimos, la música que escuchamos, los medios de pago que utilizamos (las omnipresentes tarjetas), el cine que visionamos, los coches que conducimos, los móviles con los que nos comunicamos, …, nada sería posible si no es por ese subproducto del petróleo (principalmente) que es el plástico.

Con una ambiciosa pretensión Susan FREINKEL, periodista norteamericana especializada en temas científicos, nos muestra las diferentes perspectivas de este emblemático invento de nuestro mundo moderno en su obra: Plástico. Un idilio tóxico (Ensayo TusQuets Editores, Barcelona, 2012). Nadie duda de las grandes utilidades que los plásticos nos han reportado –y nos reportan- en nuestra vida cotidiana. Y sobre todo el gran negocio que suponen, para un relativamente pequeño número de empresas, las más de 275 millones de toneladas de plástico que se producen cada año (que en los Estados Unidos constituyen la tercera mayor industria manufacturera sólo por detrás de los automóviles y del acero).

Pero junto a las incontestables ventajas, son muchas las incógnitas y riesgos de carácter ambiental –como se encarga de describir con detalle la citada autora- que los plásticos nos suscitan. Quien no ha oído hablar de la famosa “sopa de plástico” que, a modo de vertedero gigante (del tamaño de tres veces España), flota en algún lugar del norte del Oceáno Pacífico. O de la cada vez más frecuente localización de animales marinos (peces y aves) muertos, atiborrados de objetos plásticos. Personalmente cada fin de semana -que tengo el privilegio de pasear por la costa  de mi entorno- indefectiblemente encuentro en las playas, arrastrados por la marea, los más diversos cachivaches plásticos que afean el litoral.

Por encima de este inconveniente estético, más preocupantes son los posibles efectos que pueden tener para la salud el tan denostado por los ecologistas PVC  (cloruro de polivinilo) cuya eliminación por incineración puede liberar dioxinas y furanos, dos de los compuestos químicos más cancerígenos que existen; o el “ftalato”, una sustancia asociada a la anterior modalidad de plástico que podría funcionar como los peligrosos “interruptores endocrinos”; o el “bisfenol A”, principalmente componente del policarbonato, un plástico duro y transparente que se usa para fabricar un sifín de artículos de consumo; etc.

Realmente nos parece una contradicción que nuestra civilización del plástico (el llamado por algunos “plastico-ceno”) se base en un material fácil de trabajar y moldear, de bajo coste de producción, de baja densidad, normalmente impermeables y buenos aislantes eléctricos, resistentes a la corrosión, …, pero que, en su mayor parte, no son fácilmente biodegradables, ni fáciles de reciclar, y que, si se queman, pueden ser muy contaminantes. Justamente los plásticos se han asociado a la cultura del “usar y tirar”, a los miles y miles de millones de bolsas y envases que, en principio, nos han hecho más agradable la vida pero a costa de invadir nuestro Planeta de estos dichosos polímeros cuyo componente principal es el carbono.

Quizá ya sea tarde para eliminar los ingentes restos (que se encuentran en los más recónditos lugares de la Tierra y… del mar) de esta desaforada economía plástica ahora que se comienzan a producir “bioplásticos” (polímeros de base biológica) o “plástico verde” (¿no es acaso una contradicción “in terminis”, un oxímoron?, comenta FREINKEL); ahora que se exige el reciclaje de los residuos  plásticos; ahora que se están comenzado a prohibir o gravar las bolsas.

Es increible la imaginación y la creatividad del ser humano que descubrió, a mediados del siglo XIX, el primer plástico (el celuloide) para sustituir el marfil natural (cada vez más escaso) para la fabricación de las bolas de billar. Lástima que tan brillante invento, extraordinariamente popularizado tras la segunda Guerra Mundial, trajo consigo el insostenible estigma del consumismo y la proliferación de los vertederos –controlados o no- que ahora pretendemos eliminar.

El agua es un derecho, no es mercancía pero tampoco debe ser gratis

Escrito por Javier Sanz
22 de marzo de 2012 a las 22:08h

Cuando estamos padeciendo –aquí en Galicia- una de las mayores sequías que recuerdan los viejos del lugar, es refrescante celebrar hoy el Día Mundial del Agua, promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) y vinculando este año 2012 el agua y la seguridad alimentaria. Que el uso del agua para el consumo humano es algo prioritario frente a otras utilidades es muy claro, así se plasma en el art. 60 de la vigente Ley de Aguas al establecer en el orden de preferencias de usos en la concesión de aprovechamientos, en primer lugar el “abastecimiento de población” (al que siguen “regadíos y usos agrarios”, “usos industriales para producción de energía eléctrica”, etc.). La disponibilidad de agua para la alimentación, la higiene y la salud es una prioridad absoluta en nuestro país y han de ser las políticas municipales –en virtud de su obligación legal de abastecimiento- las encargadas de garantizar su efectividad. Lo que no se reconoce en España es el derecho subjetivo a exigir una determinada dotación de agua.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en España el consumo promedio de agua (facturada) se situó en 2001 en 165 litros por habitante y día (o 60 m3/año). Lo cual parece superar el mínimo recomendado por nuestra legislación: “La dotación de agua deberá ser suficiente para las necesidades higiénico-sanitarias de la población y el desarrollo de la actividad de la zona de abastecimiento, como objetivo mínimo debería tener 100 litros por habitante y día” (art. 7, párrafo segundo del Real Decreto 140/2003, de 7 febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano).

Si abrimos nuestra mirada al resto del mundo el panorama es bastante preocupante. La falta de agua es una de las principales causas de las hambrunas y de la malnutrición, y la falta de disponibilidad de agua potable (hay 800 millones de personas en el mundo que no la tienen) es una de los más importantes motivos de mortalidad infantil en el mundo. A lograr una mejor gobernanza del agua se ha dedicado el 6º Foro Mundial del Agua, que se acaba de celebrar en Marsella los pasados días 12 a 17 de marzo. Han sido muy intensos estas jornadas, con la asistencia de más de 20.000 personas procedentes de más de 170 paises y en representación de gobiernos, parlamentos, entidades locales, organizaciones no gubernamentales, etc. Tras los cinco Foros de diagnóstico y debate -celebrados en la referida ciudad francesa- sobre los grandes problemas internacionales relativos al agua, la sexta edición (bajo el lema “Tiempo de soluciones“) ha estado orientada hacia varios compromisos y prioridades de acción: “Garantizar el bienestar de todos” (garantizar el acceso al agua para todos y el derecho al agua, Mejorar la higiene y la salud gracias al agua…), “Contribuir al desarrollo económico” (equilibrar los diferentes usos del agua mediante una administración integrada, armonizar agua y energía…), “Mantener el planeta azul” (mejorar la calidad de los recursos hídricos, ajustar las presiones y las huellas de las actividades humanas en el agua…).

Hay interesantes documentos que pueden consultarse en la web del Foro Mundial del Agua como la “Declaración Ministerial” -a la que Bolivia no se ha adherido- proclamada el pasado 13 de marzo y que sin duda servirán de pauta para la Conferencia de Rio+20 en junio próximo. Pero no han faltado críticas por parte del Foro Alternativo Mundial del Agua (FAMA) celebrado a la par que el 6º Foro, acusándo a este de haber sido promovido por las sociedades multinacionales y el Banco Mundial que pretenden apropiarse de la Gobernanza mundial del agua. El “agua no es mercancía” es el gran lema del Foro Alternativo.

Estamos de acuerdo que el agua -que es un bien de todos y un bien de extraordinaria importancia para nuestra subsistencia- no debe ser apropiado por los intereses privados para hacer un magro negocio, particularmente cuando y donde es escasa. Pero al mismo tiempo, estoy convencido que, al menos en nuestro país, la única manera de gestionar adecuadamente nuestros recursos hídricos -que son limitados- debe de hacerse bajo mecanismos financieros en los que se repercuta -de forma proporcionada- al consumidor lo que cuesta extraer, depurar, almacenar y transportar tan valioso y vital patrimonio natural. Solo así se podrá racionalizar su consumo.

Legitimidad democrática y control de riesgos ambientales

Escrito por Javier Sanz
18 de marzo de 2012 a las 11:42h

Los pasados días 15 y de 16 de marzo han tenido lugar en Ferrol las XVII Jornadas sobre Filosofía y Metodología Actual de la Ciencia bajo el título “Tecnología, Valores y Ética”. Desde mediados de los años noventa del pasado siglo, el Profesor Wenceslao J. GONZÁLEZ, Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia, viene organizando en la Universidad de A Coruña, con la colaboración de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia en España, una de las reuniones científicas más prestigiosas de nuestro país en esta materia. Resulta impresionante la variedad y profundidad de los temas abordados en estas reuniones científicas a la están invitados algunos de los más prestigiosos expertos del mundo. Además los ricos contenidos de estos eventos pueden consultarse en la Colección Gallaecia, una colección de libros colectivos –que contienen las ponencias y comunicaciones presentadas en dichas Jornadas- promovida por la propia Universidad de A Coruña bajo la dirección del citado Profesor.

Atraido por el gran nivel de los ponentes y su excelente organización, pese a no acostumbrar a relacionarme con el mundo filosófico, me inscribí en esta nueva edición de las Jornadas, aunque sólo pude asistir a la celebrada el pasado viernes 16 de marzo. Por la mañana el Profesor Brian BALMER (del University College London) trató del control de las armas biológicas y químicas y el interesante dilema del “uso dual” de la investigación en torno a sustancias químicas y agentes biológico, una temática que, por supuesto, no sólo implica un enorme riesgo y una catastrófica amenaza para la salud humana sino para el medio ambiente en su conjunto. A continuación intervino el Profesor Vicente BELLVER, Profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia, un viejo amigo que elaboró una excelente tesis doctoral sobre los fundamentos filosóficos sobre el derecho humano al medio ambiente, aunque en esta ocasión disertó sobre cuestiones éticas relacionadas con la biotecnología. Por la tarde, varias comunicaciones se presentaron sobre la común de las tecnologías de la información y comunicación. Finalmente, la Dra. Helena JERÓNIMO (del Centro de Investigación en Economía y Sociología Organizacional de la Universidad Técnica de Lisboa) desarrolló en inglés una ponencia titulada “Riesgos tecnológicos y valores ecológicos”.

Como pueden imaginarse, mi máximo interés estaba concentrado en esta última ponencia de la profesora portuguesa (Dra. por la Universidad de Cambridge) especializada en temas relacionados con riesgos industriales y contaminación ambiental. El objeto de su disertación se centró en una viva polémica que tuvo lugar en Portugal -y que la autora estudió en un interesante trabajo titulado Queimar a incerteza- por la decisión del gobierno luso de incinerar residuos industriales en plantas cementeras, y que provocó uno de los más importantes conflictos ambientales de nuestro país vecino, que se prolongó durante casi una década (entre mediados de los noventa y mediados de primer decenio de nuestro siglo). Ante la creciente oposición de la cidadanía de las poblaciones en que estaba previsto que se desarrollase semejante actividad contaminante, el Gobierno acudió a la opinión de los expertos que informaron favorablemente a la implantación de dichas actividades potencialmente contaminantes.

El informe de los expertos –seleccionados por el Gobierno de la República Portuguesa- no aplacó las protestas y, además, a la contestación de los vecinos potencialmente afectados y a los grupos ecologístas, se unieron varos profesores e investigadores de la prestigiosa Universidad de Coimbra (en cuyo entorno geográfico iba a ser puesta en marcha una de la programadas incineradoras). La lección que se quiere extraer en esta ponencia, por parte de sus autores, es (si no le he interpretado mal) es posible –y conveniente, añado yo- encontrar las mejores soluciones técnicas y científicas a un problema ambiental (como de la incineración de residuos en cementeras) sin eludir la legitimación democrática de la decisiones, teniendo muy en cuenta la participación y el bienestar de la ciudadanía. Por lo tanto, la solución de un problema ambiental no debe de limitarse a prever y diseñar los instrumentos técnicos más eficaces sino que siempre debe de contarse con la ciudadanía para lograr el mayor consenso sociales posible.

Estoy muy de acuerdo con la tesis expuesta por la Profesora JERÓNIMO, y me pareció muy ejemplar la implicación de los científicos y expertos universitarios de la ya citada Universidad de Coimbra (que actuaron con gran efectividad de contra-expertos). Se trata, a mi juicio, de una valiente llamada a la responsabilidad ética de los científicos y expertos en la defensa del medio ambiente y de la sostenibilidad de la sociedad industrial.

Soy consciente de que la ciencia no es siempre neutral (y está más plagada de incertidumbres de lo que pensamos) y de que hay muchos expertos “de parte”. Pero quienes tenemos el privilegio de trabajar en el mundo científico (con toda modestia lo digo) no podemos renunciar a denunciar las prácticas que deterioran nuestros ecosistemas y, sobretodo, aportar nuevas soluciones, soluciones más sostenibles. Es nuestra grave pero apasionante responsabilidad para con la sociedad a la que gustosamente nos debemos.

¿Qué pescado debo comer?… para evitar al desaparición de la pesca salvaje

Escrito por Javier Sanz
11 de marzo de 2012 a las 11:14h

Reconozco que desde que vivo en Galicia (recién acabo de cumplir mis veinticinco años aquí) me he ido aficionando al pescado, al buen pescado, yo que me calificaba de impenitente carnívoro. Pero lo cierto es que, aún en esta querida “terra galega”,  cada vez es más dificil encontrar pescado “autóctono”. La globalización económica y el mercado internacional -promovido por las grandes multinacionales de la pesca industrial- pemiten diponer en nuestra dieta de especímenes de peces procedentes de los más alejados espacios marinos. Y, como yo, gran parte de los ciudadanos del Planeta valoramos cada vez más la proteínas que nos proporcionan el pescado; así, el consumo anual por persona en el mundo ha aumentado de forma estable, pasando de una media de 9,9 Kg en la década de los 60 a 16,4 Kg en 2005.

Esta creciente demanda de pescado en todo el mundo ha propiciado –como señala la FAO- que el 80% de las pesquerías del mundo están riesgo debido a la excesiva presión o esfuerzo pesquero (dentro de este porcentaje, el 52% de los recursos pesqueros están completamente explotada, el 19%, sobreexplotados y el 8% han sido agotados). En 2006, la producción pesquera mundial conjunta de pesca y acuicultura alcanzó los 144 millones de toneladas, constituyendo la acuicultura una tercera parte del suministro mundial de productos pesqueros (pero casi la mitad del suministro de peces comestibles).

Ante el incremento de consumo de pescado en el mundo resulta muy oportuno el ensayo publicado por Paul GREENBERG, bajo el título Cuatro peces. El futuro de los últimos alimentos salvajes (RBA divulgación, Barcelona 2012). Este periodista estaunidense –consumado aficionado a la pesca deportiva desde su infancia- hace un fascinante y detallado relato sobre las cuatro especies de peces que predominan en la dieta de los norteamericanos: el salmón, la lubina, el bacalao y el atún. Cada uno de los capítulos en los que se estructura esta investigación –que no tiene pretensiones científicas pero que, a mi juicio, acierta con algunas de las más importantes claves sobre la gestión sostenible de las torturadas pesquerías- parte de la experiencia personal (de pescador aficionado) del autor y va describiendo con gran agudeza los problemas (de sobrepesca, fundamentalmente) a los que se ha llegado en cada una de las especies pesqueras y como, en ocasiones, se ha intentado paliar con la domesticación de las especies salvajes, es decir, mediante la piscicultura.

Como señala el autor, cuando la gente conoce la triste realidad de la sobreexplotación de los recursos pesqueros suele hacerse la pregunta que encabeza este comentario: ¿qué pescado debo comer?, como si fuera la solución para reorientar nuestro insaciable apetito marino y evitar el colapso de las valiosas pesquerías.

Por encima de los interesantes detalles y peripecias del “rey salmón”, del “pescado de los días de fiesta (la lubina), del “plebeyo bacalao” o del “último bocado (el atún)” –siguiendo la terminología del autor- me parecen extraordinariamente importantes y acertadas las recomendaciones que se vierten en el estudio para mejorar nuestras relaciones, las de los seres humanos para con los delicados recursos pesqueros: “los términos –en palabras de GREENBERG- de una paz justa y duradera entre el ser humanos y los peces”. Objetivos de una paz justa y duradera que se pueden resumir en los siguientes puntos: la “reducción drástica de la pesca” y el “fomento de un nuevo sector artesanal de pescadores-ganaderos respetuosos que sepan gestionar las pesquerías además de capturarlas”; la “conversión de importantes partes de los ecosistemas en reservas pesqueras”; la “protección de la parte baja de la cadena alimentaria”; elegir muy bien las especies pesqueras que interesa domesticar (eficientes, no destructoras del sistema salvaje, en cantidad limitada, adpatables y aptas para el policultivo); etc.

Cuando estaba leyendo estas conclusiones no he podido menos que, inmediatamente, volver la mirada a Galicia donde, desde hace casi una década, se había llegado a idénticos planteamientos, que más recientemente han acabado implantándose con éxito en varios lugares de nuestra costa. Me refiero a las reservas marinas de interés pesquero de “Os Miñarzos”, en Costa da Morte (creada en 2007) y la de la “Ría de Cedeira” (creada a comienzos de 2009). Y en esta tarea –y en su extensión a otros lugares- están trabajando muy eficazmente los expertos de la Fundación Lonxanet, con mi buen amigo Antonio GARCÍA ALLUT a la cabeza.

“Tenemos que llegar a comprender que comer pescado salvaje es, ante todo, un privilegio” acaba diciendo Paul GREENBERG en la obra que comentamos. Este privilegio lo podemos disfrutar todavía los que tenemos el privilegio de vivir en Galicia, pero, quizá, no por mucho tiempo, salvo que seamos capaces de aplicar medidas valientes en la gestión de nuestros ecosistemas marinos. Y es que, no en vano, afirma el repetido autor (unas páginas antes): “El futuro del crecimiento de la humanidad depende en gran medida de cómo gestionemos los mares y océanos”.

La incierta pero necesaria alternativa de las energías renovables

Escrito por Javier Sanz
4 de marzo de 2012 a las 11:29h

Fue estupendo asistir el pasado miércoles a la conferencia “Tendencias energéticas globales y lecciones para España” de Carmen BECERRIL (Presidenta de Acciona Energía), celebrada en la sede de A Coruña de la Fundación Barrié. Me alegró comprobar que los juristas –y la Sra. Becerril lo es- podemos llegar a decir cosas interesantes también en temas -como este de la energía- que parecen alejados de nuestras pretendidas ansias pleiteadoras. También intuía que la Presidenta de Acciona Energía nos hablaría de las energías renovables, tema tan oportuno en un año como el 2012 declarado, como ya sabemos, por Naciones Unidas como Año Internacional de la Energía Sostenible para todos. Y, además, cuando apenas ha pasado un mes de la publicación del Real Decreto-Ley 1/2012, de 27 de enero por el que, entre otras cosas, se procede a la suspensión, con carácter indefinido, de los incentivos económicos (las famosas “primas”) para nuevas instalaciones de energías renovables.

Datos, muchos datos. Estadísticas, gráficos, progresiones… Primero del mundo mundial: el 81% de la energía en nuestro Planeta depende de los combustibles fósiles; el drama de los 1.300 millones de seres humanos que carecen de acceso a la electricidad; el imparable crecimiento de la demanda energética (en especial de los países emergentes). Y a todo esto, añádase que la progresión del cambio climático (provocado en gran parte por las externalidades de nuestro vigente modelo energético) es imparable y, por lo pronto, nadie nos libra (a nosotros y más bien a las generaciones futuras) de un mínimo de 2 grados centigrados más de media a lo largo de presente siglo XXI.

Y, por supuesto, no podían faltar mútiples alusiones a la crisis económica (que en los países de la OCDE ha estancado la demanda energética), a la crisis geopolítica del norte de África (que está generando considerables incrementos en el precio del petróleo), a la crisis de la energía nuclear tras Fukushima (que ha paralizado o ralentizado muchos proyectos de nuevas centrales en todo el mundo).

A nivel de España los datos son muy inquietantes: una tasa de dependencia energética de más del 80% (muy por encima de la medio de la Unión Europea que es del 54%); importamos casi el 100% del petróleo y gas que consumimos, lo cual supone más del 75% de nuestro déficit de la balanza de pagos;… mejor no seguir.

Todo ello –magníficamente expuesto por la Sra. BECERRIL- para “traer el agua a su molino (de viento, claro está)”: sobre las excelencias de las energías renovables. Que nos mantienen al margen de los problemas geoestratégicos del abastecimiento de los combustibles fósiles, que nos proporcionan la ansiada autonomía energética, que no producen gases de efecto invernadero, que sus inversiones revierten en gran parte a la riqueza nacional, etc. Una impresionante panoplia de atractivas y sostenibles razones ante las que nadie se puede resistir para afiliarse al “club de las –tradicionalmente llamadas- energías alternativas”.

Lo cierto es que hoy –según los datos aportados por la Presidenta de Acciona Energía- el tanto por ciento de energías renovables para la producción de energía eléctrica no pasa del 25% a escala mundial (en España es del 13,2%, lejos todavía del 20% que se ha propuesto la Unión Europea para el 2020). La clave para el despegue definitivo de las energías renovables sería lograr su almacenamiento (en España la empresa Sener está trabajando en esta línea).

Y también es cierto que el formidable desarrollo en España (y en otros países) de las energías renovables ha sido gracias a los incentivos económicos (las “primas”) o subvenciones que han recibido y que, ahora el citado Real Decreto-Ley 1/2012, viene a suspender para las futuras instalaciones. Pero frente a la habitual crítica de que las energías renovables “nos venía costando cara”, la Sra. Becerril se defiende que dichos incentivos del Gobierno no son el principal causante del actual “déficit tarifario” de nuestro sistema eléctrico; del recibo de la luz que recibe el ciudadano sólo el 8% es para destinarlo al pago de la primas de las renovables (aunque, la factura –no se puede ocultar- sube al 15% si incluimos la cara “solar fotovoltáica”).

Me gusta mucho esto de las energías renovables e indudablemente que es el futuro de una sociedad en que tenderá a “autoabastacerse” (a pequeña y a gran escala); pero me temo que –desgraciadamente- todavía va a pasar mucho tiempo en que tengamos que contar con los sucios combustibles fósiles (incluido el “shale gas” o “gas de pizarra”). Y, en sustitución de los incentivos a las renovables –tan denostados- quizá la fórmula la apuntaba (en el posterior debate que siguió a la conferencia) el Profesor Xavier LABANDEIRA (Director de Economics for Energy) , pueda ser la de la fiscalidad ambiental (aunque ahora en lo más profundo de la crisis nadie quiere hablar de más impuestos).

Al final de todo me ha encantado el genial graffiti (inventado, parece ser, durante la crisis del “corralito argentino”) con que ha concluido su exposición la Presidenta de Acciona Energía: “¡Basta de hechos!, ¡queremos promesas!”. Queremos ya energía sostenible pero… ¡para todos!

ojd