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Antoni GAUDÍ: el genial arquitecto de la naturaleza

30 de Abril de 2017 a las 11:58

Con motivo de la invitación que, recientemente, se mi hizo por la “Asociación Catalana de Municipios” para pronunciar una conferencia en Barcelona sobre “los municipios y la sostenibilidad” (tema del que trataré en la siguiente entrada de mi blog), tuve la oportunidad de visitar el “Templo Expiatorio de la Sagrada Familia”, el monumento más visitado de España, con más de 4,5 millones de visitantes en 2016. Aunque ya lo había visitado fugazmente hace más de una década, en esta ocasión tuve la oportunidad de contemplar con reposo la obra cumbre del genial arquitecto catalán, Antoni GAUDÍ (Reus, 25 de junio de 1852 – Barcelona, de junio de 1926).

Máximo representante del modernismo catalán, aunque con un estilo personal único, la obra de GAUDI se ha ido agigantando a lo largo del tiempo y por todo el Planeta, particularmente, desde el año 2002 declarado “Año Internacional Gaudí” –coincidente con el 150 aniversario de su nacimiento-. Desde 1956 con la creación de la “Cátedra Especial Antonio Gaudí” en la Escuela Superior Técnica de Arquitectura de Barcelona (denominada “Real Cátedra” desde 1998), son ya muy numerosos los estudios que han analizado la obra arquitectónica del genial arquitecto. Además, entre 1984 y 2005, siete de sus obras han sido declaradas por la UNESCO como “patrimonio de la Humanidad”.

Como es especialmente destacado por los todos los estudios de las obras de GAUDÍ, su nuevo lenguaje arquitectónico y su inconfundible estilo –naturalista, orgánico- está inspirado en la naturaleza. Desde su vivencia de infancia en su tierra natal (Riudoms o Reus en Tarragona) disfrutó de su contacto con la naturaleza. Su perspicaz y penetrante mirada del entorno natural que le rodeaba, le permitió estudiar con profundidad las formas orgánicas y anárquicamente geométricas de la naturaleza. Ya arquitecto, el joven GUADÍ buscó un lenguaje para plasmar esas formas orgánicas regladas en sus proyectos arquitectónicos: el paraboloide hiperbólico, el hiperboloide, el helicoide y el conoide, son recurrentes motivos de inspiración en todas sus obras. Desde 1915 en que se dedicó casi exclusivamente al diseño y construcción de su obra maestra de la Sagrada Familia (aunque el inicio de las obras se remonta a 1882).

En mi vista al museo de la basílica de la Sagrada Familia –consagrada para el culto católico por el Papa Benedicto XVI en 2010- que se encuentra en el subsuelo, pregunté en su tienda de recuerdos por alguna obra explicativa de la relación de GAUDÍ con su principal fuente de inspiración: la naturaleza. Pude adquirir una obrita de divulgación escrita (traducida a varias lenguas) por Jordi CUSSÓ I ANGLÈS titulada “Disfrutar de la naturaleza con Gaudí y la Sagrada Familia” (Editorial Milenio, Lleida, 2010). Pero para profundizar en la obra del genial maestro es imprescindible manejar las obras de BASSEGODA NONELL y de GIRALT-MIRACLE. No obstante, una de las mejores explicaciones que he encontrado sobre la inspiración de GAUDÍ en la naturaleza es el trabajo de Gustavo GARCÍA GABARRÓ titulado “Acercarse a Gaudí”, contenido en la obra colectiva “La cátedra de Antoni Gaudí. Estudio analítico de su obra” (Universidad Politécnica de Cataluña, 1998).

Son muy expresivas algunas de sus más famosas: “el gran libro siempre abierto y que hay que hacer el esfuerzo de leer es el de la Naturaleza; lo otros libros han sido extraídos de éste”; “el arquitecto del futuro se basará en la imitación de la naturaleza, porque es la forma más racional, duradera y económica de todos los métodos”…. Y cuando se le preguntó cuál era su tratado de arquitectura favorito él contestó mirando por la ventana: “ese árbol que crece ahí fuera, ese es mi mejor libro de arquitectura”. Un claro ejemplo del “biomímesis” (o imitación de la naturaleza) de la obra de GAUDÍ es la “Planta Noble de la Casa Batlló” con el reiterado uso de espirales que representan el movimiento del agua y del aire en la naturaleza en forma de remolinos y torbellinos, simbolizando la constante regeneración de la naturaleza.

La originalidad consiste en retornar al origen”, resume con frase de Antoni GAUDÍ su inspiración en la naturaleza (en el apartado “ad hoc” del museo bajo la basílica). Uno de sus discípulos, PUIG BOADA, explica el sentido de este pensamiento: “la Creación continúa incesantemente por mediación de los hombres, el hombre no crea: descubre y parte de ese descubrimiento. Los que buscan las leyes de la naturaleza para formar nuevas obras, colaboran con el Creador; los copistas no colaboran. Por eso la originalidad consiste en volver al origen”.

Hay muchos detalles en la obra de GAUDÍ que reflejan un profundo amor a la naturaleza como manifestación de la Creación obrada por el “Supremo Hacedor” en quien creyó fervientemente hasta el final de su vida. Además de las resonancias de su arquitectura con la geología, la botánica y la zoología (disfruté mucho identificando el “bestiario gaudiano” en la fachada del “Nacimiento”), hay un detalle significativo como el recurso constructivo y decorativo del “trecandis” (convertido hoy en bandera y símbolo del modernismo): el uso de azulejos, trozos de cerámica, vajillas, vidrio, etc., a modo de actividad de reciclaje, con los que recubría sus edificios, consiguiendo así el sorprendente efecto de una nueva composición más viva e interesante. Y, de otra parte, nos llama la atención cómo valoraba el entorno: “GAUDÍ fue urbanista y paisajista, procurando siempre ubicar sus obras en el entorno más adecuado, tanto natural como arquitectónico”.

Como expresa uno de los contenidos de la página web de la “Fundación Antoni GAUDÍ”, su arquitectura “se relaciona con su entorno de una manera viva, interactuando armónicamente con los agentes naturales y culturales. Es además una arquitectura donde se manifiestan infinidad de recursos inspirados por leyes naturales, en una búsqueda constante del equilibrio, reflejo de su pensamiento profundamente ecológico”. Y, por este motivo, puede afirmarse con toda justicia que “el conjunto de la obra y el pensamiento de Antoni GAUDÍ los convierten en uno de los precursores de la arquitectura sostenible”.

Pienso volver a disfrutar de tan sublime experiencia, para contemplar de nuevo esta bellísima obra arquitectónica –que tiene prevista su conclusión en 2026-, maravillosa simbiosis entre naturaleza y arquitectura. No es de extrañar que este singular monumento atraiga la atención de millones de visitantes de todas las partes de mundo. Se trata, a mi juicio, de una magistral lección de armonía, de cómo es preciso –y urgente- conjugar, con tanto amor y delicadeza, el ser humano y la naturaleza. ¿Naturaleza en el arte o el arte de la naturaleza? Da lo mismo.

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Migrantes sin tierra y refugiados sin asilo

26 de Diciembre de 2016 a las 0:50

bauman_9788449332715Asistimos en los últimos años a una lamentable catástrofe humanitaria. No es en África ni en Asia, es en “nuestra casa común europea”, a cuyas puertas centenares de miles de personas tratan de acceder a costa de sus vidas. De hecho, sólo este año 2016 -que está a punto de concluir- más de 5.000 personas, hombres, mujeres y niños, han muerto ahogados en el “Mare Nostrum”. Lo más triste del asunto es que ya nos hemos acostumbrado a semejante tragedia sin que los gobiernos la aborden con eficacia y… sobretodo con humanidad. Como expresa Zygmunt BAUMAN, en su último ensayo, el genial cronista de nuestro mundo, toda esa masa (?) de seres humanos que escapan de las guerras y situaciones de miseria, son como “Extraños llamando a la puerta”. ¿Qué hacer? “La realidad actual –dice el sociólogo polaco- no admitirá soluciones fáciles y rápidas, y si se considera aplicar soluciones así, no será posible hacerlo sin exponer el Planeta –este domicilio conjunto/compartido nuestro- a amenazas a largo plazo más catastróficas aún que las que plantea nuestro momento de apuro presente conjunto/compartido…”.

Quizá BAUMAN se está refiriendo a un fenómeno que está cobrando gran relevancia en los últimos decenios: la llamada “migración climática” o, mas ampliamente, la migración por razones ambientales. “Refugiado ambiental” (denominación que se debe al ambientalista norteamericano Lester BROWN), “eco-refugiado”, “migrantes ambientales”… llámese como se quiera pero todo parece indicar que va a ser una triste realidad en nuestro siglo XXI. Incluso la “Organización Internacional para las Migraciones” (OIM) –la principal organización intergubernamental en el ámbito de la migración- se ha preocupado de definir a estos migrantes como las “personas o grupos de personas que, por razones imperiosas de cambios repentinos o progresivos en el medio ambiente que afectan negativamente a la vida o las condiciones de vida, se ven obligados a abandonar sus hogares habituales, o deciden hacerlo, ya sea de forma temporal o permanentemente, y que se mueven ya sea dentro de su país o hacia el extranjero”. La OIM (creada en 1951) trabaja, desde comienzos del 2000, en ayudar a reducir la vulnerabilidad de las poblaciones expuestas a factores de riesgo ambiental, presta asistencia a las poblaciones que se desplazan a raíz de desastres y del cambio ambiental; y consolida las capacidades de los gobiernos y otros interlocutores para que hagan frente al reto que constituye la migración por motivos ambientales.viz_approvedtheatlasofenvironmental-migration

A principios de este año, la OIM y el Instituto de Estudios Políticos de Paris (Sciences Po Paris) presentaron la publicación “The Atlas of Environmental Migration”, elaborado por D. IONESCO, D. MOKHANACHEVA y F. GEMENNE, expertos en migración y medio ambiente. Por primera vez se recogen en una publicación los conocimientos, investigaciones y estudios existentes en todo el mundo relativos a los vínculos entre migración, el medio ambiente y el cambio climático. Origen del fenómeno, sus puntos de ubicación geográfica, su carácter forzoso o voluntario,… (en su primer capítulo); factores y causas que lo motivan: inundaciones, tormentas, sequías, temperaturas extremas, incendios, degradación de los ecosistemas, elevación del nivel del mar… (a lo largo de su capítulo segundo), desafíos y oportunidades: desarrollo, adaptación, urbanización, seguridad, protección de los derechos humanos (en el tercer capítulo); y, finalmente, la “Gobernanza y políticas” desarrolladas al respecto (en su cuarto y último capítulo), hacen de esta publicación una muy atractiva (acompañada de un gran número de gráficos e infografías) para quien accede por primera vez a este emergente problema internacional.

wegc3knrRecientemente la activa Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES) organizó en Madrid, el pasado 22 de noviembre de 2016, un Simposio sobre Migraciones Climáticas. En esta reunión de expertos se puso de manifiesto, de una parte, que las migraciones por el calentamiento global son ya una realidad y un verdadero desafío para la Comunidad Internacional, pero de otra parte, que el derecho internacional humanitario vigente no protege a los damnificados por este tipo de migraciones. El mismo Romano Pontífice, el Papa FRANCISCO denunciaba en 2015, en su Encíclica “Laudato Si” que “es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna” (LS, 25).

Es preciso y urgente cubrir, por lo tanto, esta laguna en el Ordenamiento internacional mediante nuevas regulaciones como la que propuso en 2008 mi amigo el Profesor francés, de la Universidad de Limoges, Michel PRIEUR con su proyecto de Convención Internacional sobre el estatus de las personas desplazadas por motivos ambientales. Por su parte, el también Profesor y amigo, Fernando LÓPEZ RAMÓN, uno de los más prestigiosos ambientalistas de nuestro país –quien intervino en el citado Simposio de ECODES- pese a reconocer que “existe un importante sector académico que manifiesta discrepancias significativas sobre la exclusiva y determinista relación entre cambio climático y migraciones”, defiende, con fundamento en el principio de solidaridad colectiva, que “antes eventos irresistibles de fuerza mayor” en que “no cabe invocar no fronteras ni soberanías estatales”, ha de afirmarse un “derecho a la migración catastrófica trasnacional como contenido esencial del derecho humano al libre desplazamiento”.

Afortunadamente en las negociaciones del Acuerdo de Paris sobre el cambio climático fue un avance para abordar en el futuro –en el marco del cambio climático- la migración y la movilidad humanas, y la reciente reunión COP22 de Marrakech ha vuelto a ser tratado este importante asunto. Ya en 1990 el Panel Intergubernamental del Cambio Climático declaró que una de las más relevantes consecuencias del calentamiento global será el de las migraciones, con millones de personas desplazadas por la erosión de la línea costera, por sus inundaciones y por graves sequías. Y, luego el ecologista británico Norman MYERS, reconocido por su trabajos sobre los refugiados ambientales, ha escrito que en la década de los 90 del siglo XX existían unos 25 millones de refugiados ambientales y que en 2050 podrían llegar a los 200 millones.refugeesmigrants-thumb-news

Conscientes de que no es fácil distinguir en muchos casos los migrantes y/o refugiados ambientales de los que no lo son, en todo caso defendemos una protección integral que basada en la “solidaridad intergeneracional” (y pensando también hacia el futuro, en una “solidaridad intergeneracional”) para tantos cientos miles de personas que huyen de la muerte. No podemos –¡no queremos!- permanecer insensibles ante tan grave y acuciante problema. En su luminoso ensayo Zygmunt BAUMAN cita al Papa FRANCISCO en su llamada a “extirpar de nuestros corazones esa parte de Herodes que en ellos late; roguemos al Señor que nos dé la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad de nuestro mundo, de nuestros propios corazones y de todos aquellos que, desde el anonimato, toman decisiones sociales y económicas que abren la puerta a situaciones trágicas como ésta”.

Quizá el momento actual, en que muchos celebramos en nacimiento del Niño-Dios –que fue refugiado forzoso en Egipto-, nos permita implicarnos, del modo que sea, sin escurrir el bulto, en la solución de este emergente problema planetario. Con estos sentimientos, a todos os deseo unas muy felices Navidades.

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“La respuesta es verde”: a la vuelta del CONAMA 2016

5 de Diciembre de 2016 a las 1:40

ynof0d7jLos pasados días 28 de noviembre a 1 de diciembre, tuvo lugar en el Palacio de Congresos de Madrid, la 13ª edición del Congreso Nacional de Medio Ambiente (CONAMA-2016). Desgraciadamente sólo estuve día y medio en Madrid, y, como se pueden imaginar apenas pude disfrutar de una pequeña parte de las 140 actividades (grupos de trabajo, sesiones técnicas, actividades especiales, etcétera) desarrolladas a lo largo de los cuatro días de su duración. Me alegró ver allí mucha gente joven, estudiantes universitarios, que llenaban, bulliciosos, las salas del Palacio de Congresos.

Como siempre en los CONAMA, junto con las jóvenes generaciones, se podían ver, en armónica convivencia, una variopinta mezcla de encorbatados representantes del sector empresarial y de las Administraciones Públicas con destacados activistas de grupos ecologistas y de ONGs ambientalistas. Esta vez los responsables de la organización podían identificarse por los artilugios de comunicación que llevaban ajustados a sus cabezas.

Por lo que a mi respecta, aunque inicialmente presenté un avance de comunicación sobre “urbanismo sostenible” -que, finalmente, no pude concluir por mi apretada agenda de trabajo-, me mostré especialmente interesado por los temas de “renovación urbana”, uno de los nueve “ejes” del CONAMA-2016. Y, en particular, mi asistencia prioritaria lo fue a la sesión organizada por la Asociación para la Sostenibilidad y el Progreso de las Sociedades (ASYPS) –asociación a la que pertenezco desde su fundación gracias a la invitación de mi amigo Luis JIMENEZ HERRERO– dedicada a la “Resiliencia y sostenibilidad urbana: experiencias prácticas de adaptación al cambio climático”. En esta interesante sesión se presentó el nuevo libro del ex–Director de la Oficina de Sostenibilidad de España, titulado: Hacia ciudades y territorios inteligentes, resilientes y sostenibles. Gestión y gobernanza para la gran transición urbana, que contó con la presencia del Presidente del CONAMA y del Colegio Oficial de Físicos, Gonzalo ECHAGÜE. También se presentaron algunos avances del proyecto RESURBE, a cargo del Profesor Jordi MORATO, coordinador de la Cátedra UNESCO de Sostenibilitat de la Universidad Politécnica de Catalunya.image001

Por mi dedicación a los temas marinos no dejé de asomarme un ratito a la mesa redonda que tenía lugar a pocos metros sobre “Espacios Marinos Protegidos” en la que, intervenía, entre otros mi buen amigo, Antonio GARCÍA ALLUT, Presidente de la Fundación Lonxanet. Ésta era una de las actividades vinculadas con el eje de la “biodiversidad” del CONAMA. Tampoco perdí la oportunidad de asistir a la Sala París del Palacio de Congresos donde tuvo lugar la interesante sesión sobre “Transición energética a un modelo eficiente y descarbonizado” en la que se expusieron las experiencias de varios países europeos en dicha transición y que contó con la intervención –entre otros- del prestigioso especialista en economía de la energía, Pedro LINARES, titular de la Cátedra BP de Energía y Sostenibilidad de la Universidad Pontificia de Comillas (al que sigo en su sugerente blog).

La “Cumbre de Paris” que se había celebrado, justo, hace un año estuvo presente en todas las sesiones del “eje” sobre “energía, eficiencia y cambio climático”. En esta central temática, una de las noticias más relevantes la anunció en la inauguración del CONAMA la Ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel GARCÍA TEJERINA, sobre la inminente puesta en marcha del proceso para aprobar la “Ley sobre Cambio Climático”. Mucho me hubiera gustado asistir a otras actividades relacionadas con otros de los “ejes” del CONAMA: “movilidad”, “desarrollo rural”, “biodiversidad”, “agua”, “calidad ambiental”, “residuos” y “economía y sociedad”.

Finalmente, para que se vea lo bien que aproveché mi breve estancia en el CONAMA-2016, no dejó de llamarme la atención la creciente implantación de la “economía circular” en diversos actos del Congreso, relativos al agua, a los residuos, a la “bioeconomía”, etcétera. También me pareció muy oportuna la inclusión de varias sesiones sobre el “sector agroalimentario”, sobre sus interesantísimas relaciones con el medio ambiente y la sostenibilidad, hasta el punto de que he decidido dedicar la siguiente entrada de este blog a esta temática. Lo que siento es que no pude presenciar –ni degustar- el “show cooking” ofrecido por uno de los restaurantes de Vitoria (capital verde europea en 2012) en la zona del CONAMA denominada la “Manzana Verde”.

portadilla-no8En la planta tercera del Palacio de Congresos, donde estaban los expositores de diversas empresas e instituciones, publicas y privadas, conocí la existencia de la muy sugerente –y magníficamente maquetada- publicación denominada “Ballena Blanca. Revista de medio ambiente y economía”, iniciada en noviembre de 2014 y que ya cuenta con 8 atractivos números.

Pese a todas las incertidumbres que presenta en estos momentos el futuro del medio ambiente, el haber asistido una vez más al CONAMA me llena de un cierto optimismo. Los debates generados a lo largo del mismo, con la participación de muy diferentes sectores de la sociedad (empresas, Administraciones, universidades, sociedad civil), suponen un muy fructífero fundamento para construir –de forma colaborativa- la nueva sociedad y economía que se precisa en estos comienzos del siglo XXI. No sé si la respuesta de futuro a tantos retos ambientales será exclusivamente verde –como propone el lema del CONAMA-2016-. Lo que no me cabe ninguna duda es que, pinte como pinte el futuro, habrá que verdearlo.

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Disfrutar –y aprender- con la Geodiversidad

12 de Agosto de 2016 a las 10:50

GeolodiaLogoNunca hubiera imaginado pudiera disfrutar tanto con la geología. Animado por un amigo, asistí hace varios meses a un “geolodía”, una actividad divulgativa de este particular campo de las Ciencias de la Tierra, promovida por los geólogos, consistente en un excursión que se celebra –desde el año 2005 en España- simultáneamente en varios puntos de la geografía para mostrar a los asistentes a observar con “ojos geológicos” el entorno en que vivimos. Coordinada por la “Sociedad Geológica de España”, con la colaboración de la “Asociación Española para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra” y el Instituto Geológico Minero, dichas excursiones se convocan con antelación y aquí, en Galicia, he podido comprobar el enorme éxito de concurrencia pública. En la que tuvo lugar a mediados del pasado mes de mayo, guiada por el célebre Profesor VIDAL ROMANÍ de mi Universidad de A Coruña en el impresionante macizo granítico del monte de O Pindo –que cuenta con más de trecientos millones de años de antigüedad- nos reunimos más de un centenar de personas. Más recientemente, organizados por el municipio de Cedeira y magníficamente guiadas por el joven geólogo Francisco CANOSA, he podido disfrutar de nuevo de una de las varias “georutas” de la zona como la de las alucinantes “playas de arenas negras” (de más de 400 millones de años de existencia y únicas en el mundo) que están al pie de uno de los acantilados más altos de Europa, los de Herbeira, muy cerca del popular y pintoresco santuario de San Andrés de Teixido, situados en el citado municipio del norte de la provincia de A Coruña.

Georuta con el geólogo Francisco Canosa

Georuta con el geólogo Francisco Canosa

Para alguien como yo que, desde niño, soy amante de la naturaleza, ha sido un verdadero descubrimiento valorar como se debe la importancia y funcionalidad de la geología en el conocimiento y protección del medio ambiente. Hablar de “geodiversidad” o “diversidad geológica” es remitirse propiamente –como se recoge en el art. 3º de la Ley española 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad– a la “variedad de elementos geológicos, incluidos rocas, minerales, fósiles, suelos, formas del relieve, formaciones y unidades geológicas y paisajes que son el producto y registro de la evolución de la Tierra” (mientras que la “biodiversidad” se refiere a los “organismos vivos”, a sus especies y a los ecosistemas que los albergan). Y, desde otras perspectiva, el “patrimonio geológico” –según la misma norma jurídica- está compuesto por el “conjunto de recursos naturales geológicos de valor científico, cultural y/o educativo, ya sean formaciones y estructuras geológicas, formas del terreno, minerales, rocas, meteoritos, fósiles, suelos y otras manifestaciones geológicas que permiten conocer, estudiar e interpretar: a) el origen y evolución de la Tierra, b) los procesos que la han modelado, c) los climas y paisajes del pasado y presente y d) el origen y evolución de la vida”.

¿Por qué es importante proteger el patrimonio geológico? En primer lugar, se trata de un bien común que es parte de la riqueza natural del Planeta y que debemos de preservar de su destrucción para que las generaciones futuras puedan disfrutarlo como nosotros. Además, en este patrimonio natural se contiene la “memoria de la Tierra”: los “lugares de interés ecológico” (LIG) nos proporcionan una rica información sobre la evolución y funcionamiento de nuestro Planeta, nos permiten identificar la riqueza geológica del territorio y nos ayudan a enfocar la conservación y divulgación de este patrimonio tanto para el público especializado como para la sociedad en general. Una vez más el “Consejo de Europa” se había adelantado a aprobar la Recomendación (2004) 3 sobre “Conservación del patrimonio geológico y de áreas de especial interés geológico”, llamando a la organizaciones internacionales, instituciones científicas y ONGs a que cooperaran en el campo de la conservación del patrimonio geológico.

image2España cuenta con un valioso patrimonio geológico y de hecho, en la citada Ley 42/2007, al regular el “Inventario español del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad” se remite al Anexo VIII de dicho texto legal donde se recoge un listado mínimo del “inventario de lugares de interés geológico representativo”, con ocho de las unidades geológicas más representativas en España y veintiún “contextos geológicos de relevancia mundial”. El Instituto Geológico y Minero -en el marco del “Proyecto Global Geosites”, promovido por la “Unión Internacional de las Ciencias Geológicas” y con el co-patrocinio de la UNESCO, que pretende realizar un inventario mundial de los elementos más sobresalientes del Planeta- ha identificado, hasta el momento 144 Lugares de Interés Geológico (16 de ellos en Galicia) en nuestro país.

La “geoconservación” constituye uno de los objetivos que oriental nuestro legislación básica de protección de la naturaleza y, con este fin, se contempla –en la repetida Ley 42/2007- la declaración de “Geoparques” o “parques geológicos” o “territorios delimitados que presentan formas geológicas únicas, de especial importancia científica, singularidad o belleza y que son representativos de la historia evolutiva geológica y de los eventos y procesos que las han formado” (aunque, también pueden serlo los lugares que destacan por sus valores arqueológicos, ecológicos o culturales relacionados con la gea). Los “geoparques” sugieron a comienzos de la década de los años noventa del siglo pasado en Europa, siendo Francia, Alemania, Grecia y España los socios fundadores. Tras la creación de la “Red de Goeparques Europeos” (“European Geoparks Network”) en junio de 2000, poco tiempo después la UNESCO auspició este programa, extendiéndolo a todo el mundo con la “Red mundial de geoparques” (“World Geoparks”). En la actualidad son un total de 111 geoparques a lo largo de 22 naciones (diez en España).GGN-logo-300x214

Volviendo al comienzo de este comentario. Como se demuestra por la referida iniciativa de los “geolodías” en España, existe un gran potencial turístico en relación con el patrimonio geológico y la “geodiversidad”. En algunos países, como es el caso de Australia, ha merecido recientemente la atención del Gobierno, viendo al “geoturismo”, a los “geoparques” y a las “georutas” como una gran oportunidad para su desarrollo turístico. Oir hablar a los geólogos de los millones de años (como acostumbran) a lo largo de los cuales se han ido configurando, pacientemente, los elementos geográficos de nuestros paisajes naturales, quizá nos ayuden a reflexionar sobre la necesidad de evitar o minimizar los graves impactos que, en brevísimos plazos de tiempo, somos capaces de infligir al Planeta, dilapidando así nuestro rico patrimonio geológico.

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Océanos de vida… plástica

8 de Junio de 2016 a las 8:54

6a00d8341d883053ef01156fc8992b970c-800wiCelebramos hoy el día internacional de los océanos y este año 2016, como el anterior, bajo el lema: “unos océanos sanos, un planeta sano”. Pero, como se pone de manifiesto en una de las web que divulgan el “World Oceans Day”, en boca del cantante Jack JOHNSON, la contaminación por plástico en uno de los más graves problemas para los océanos. De aquí la llamada para “subirnos a la ola del cambio (#WaveForChange) y, por tal motivo reducir el uso del plástico.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 14 orientado a la “conservación y utilización sostenible de los océanos, los mares y los marinos para el desarrollo sostenible”, persigue -entre otros muchos objetivos para el 2025-, “prevenir y reducir de manera significativa la contaminación marina de todo tipo, en particular la contaminación producida por actividades realizadas en tierra firme, incluidos los detritos marinos y la contaminación por nutrientes”. Y, como se sabe por muy abundantes y diversos estudios la acumulación de plásticos en determinadas zonas de los océanos es muy preocupante.S_SDG_Icons-01-14

A título de ejemplo, es muy interesante el estudio el proyecto de investigación “IMPACTA” liderado por Víctor Manuel LEÓN LEÓN del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en colaboración con otros centros del investigación (entre ellos, mi Universidad de A Coruña, bajo la dirección de la profesora Soledad MUNIATEGUI y directora del Master en que tengo el honor de participar) sobre el impacto de los “microplásticos” en los ecosistemas marinos. En particular, el citado proyecto se propone caracterizar la distribución de contaminantes y microplásticos en sedimentos costeros de la Ría de Vigo y del Mar Menor, y de la plataforma de la costa atlántica y mediterránea”. En el blog adjunto a este proyecto se recogen datos muy interesantes: como que “hay 5 trillones de piezas de plástico flotando en nuestros océanos”, que “el número global de piezas de plástico flotante es de 5.250 billones con un peso de 268.940 toneladas”, que “en 2050 habrá más plásticos que pescado en el océano”, etcétera.

Hace unos meses se hacía público en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) un estudio –titulado: “The new plastics economy. Rethinking the future of plastics”- realizado con el apoyo la Fundación Ellen MacArthur y la empresa McKinsey sobre los enormes costes ambientales derivados de la producción y el uso del plástico, con un impacto de sus residuos calculado en 37.000 millones de euros anuales, frente a unos beneficios anuales de entre 24.000 y 36.000 millones de euros. En el mismo estudio se destaca la gran amenaza que dichos residuos supone para la biodiversidad de los océanos. Por tal motivo, el informe propone una rigurosa aplicación de los principios de la economía circular sobre los plásticos, incrementando su reciclado, su reutilización, aumentando la biodegradabilidad de sus materiales, etc.

oFKWLqEe.1.0Releyendo uno de mis favoritos libros sobre cuestiones marinas, el magnífico ensayo del profesor de Conservación Marina en la Universidad de New York, Callum ROBERTS, titulado “Océano de Vida. Como están cambiando nuestros mares” (publicado al castellano por la Alianza Editorial en 2012). Ningún problema que afectan actualmente a nuestros mares y océanos escapa a este experto -que recibió el Premio Rachel Carson de Medio Ambiente-: la sobrepesca, la proliferación de especies exóticas e invasoras, la contaminación química de las aguas, el “ruido marino”, …, y, por supuesto, los plásticos (que analiza en su capítulo 10º sobre “la edad del plástico”). Después de describir gran número de evidencias sobre la contaminación plástica de las agua marinas, de cuándo comenzaron a invadir las corrientes marinas, sobre los lugares donde persisten las “islas” de plásticos, de los plásticos que flotan y de los que se depositan en los fondos marinos, de su consumo accidental por muchas especies animales marinas, de los peligrosas sustancias que contienen algunos plásticos (como el “bisfenol A” y los “ftalatos”), de sus dimensiones microscópicas, … “Los océanos –concluye su Capítulo 10º- se están ahogando en plástico y lo seguirán haciendo en los próximos cien años, incluso aunque dejemos de verter plásticos hoy mismo. Pero nunca es tarde para empezar la limpieza”._visd_0000JPG01HE4

Como bien saben mis lectores, me encanta semejante optimismo por parte de alguien como Callum ROBERTS que claramente nos ha demostrado su profundo conocimiento de los océanos, sin dejar de poner el dedo en la llaga de tantos problemas que inundan el medio marino. Qué mejor manera de celebrar, con esperanza, este “Día de los Océanos” -que tanto me gusta porque coincide con el cumpleaños de mi querida sobrina María (a la que dedico esta reflexión)- con las palabras que cierran su brillante obra: “Algunas de las historias de este libro son descorazonadoras, y la situación empeorará si mantenemos ciegamente el rumbo actual. Pero estoy muy animado por los esfuerzos realizados en los últimos diez años. La gente se ha dado cuenta de la expansión de la influencia humana por los océanos y bajo la superficie, y se están llevando a cabo incontables esfuerzos para rectificar el daños. Nunca he visto tanto compromiso y tanta energía para superar un problema, desde la aldea más humilde hasta las salas de Naciones Unidas. Por eso soy optimista. Podemos cambiar, Podemos revertir nuestros impactos sobre la biosfera. Podemos vivir junto la naturaleza salvaje. La alternativa es la autodestrucción”.

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Acabar con la “maldición de los recursos” y el “paradigma extractivista”

2 de Noviembre de 2015 a las 1:19

 

logoFIDAconmexicoAcabo de volver de Puerto Rico donde he participado en el Congreso de Internacional de Derecho Administrativo organizado por Foro Iberoamericano de Derecho Administrativo (FIDA). En la caribeña ciudad de San Juan de Puerto Rico, capital de este Estado Libre Asociado a los Estados Unidos de América, hemos concurrido profesores de Derecho Público de más de veinte países de Iberoamérica.

Entre los núcleos temáticos del Congreso estaba el relativo a las “políticas ambientales y energéticas” en Latinoamérica. En este apartado he presentado una ponencia relativa a la respuesta del Derecho Ambiental frente a la conflictividad social existente en esta Región ante las explotaciones mineras. “Piquiá de Baxio” en Brasil, “San José del Progeso” y “Magdalena de Teitipac” en México, “Parque Nacional Yasuni” en Ecuador, “Comunidad Nueva Esperanza” en Honduras, “Lote petrolero nº 116” en la amazonia del Perú, son algunos de los casos de una extensa lista de conflictos sociales originados por actividades extractivas en las que, por lo general, son afectados pueblos indígenas.

De la alta conflictividad ambiental en latinoamérica informan diversos organismos como el “Observatorio de Conflictos Mineros en América Latina” (OCMAL), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano, o el Proyecto internacional “Environmental Justice Organisations, Liabilites and Trade (EJOLT). En el último informe de 2015 de la EJOLT, de los 346 conflictos ambientales existentes en todo el mundo –los relacionados con las actividades mineras- 222 casos se situan en la Región Latinoamericana (casi el 65%). Este problema se ha venido denominando “la maldición de los recursos” en virtud de la cual se produce la paradoja consistente en que el crecimiento de los países fuertemente dependendientes de la comercialización de sus materias primas –como el el caso de los países iberoamericanos- no está en consonancia con el potencial de sus recursos naturales.u-m-students-compile-list-of-top-ecological-conflicts-in-us-history-orig-20140319

Consciente de la importancia de este problema ha tomado cartas en el asunto la “Comisión Económica para América Latina y el Caribe” (CEPAL) que, en enero de este año 2015, organizó la celebración en Santiago de Chile de una Mesa de Alto Nivel “Hacia una visión de la gobernanza de los recursos naturales para la igualdad en América Latina y el Caribe”. Con motivo de dicha reunión la Secretaria Ejecutiva del CEPAL, Alicia BÁRCENA, tras destacar la extraordinaria riqueza de los recursos naturales que alberga América Latina, destacó la necesidad de “poner en el centro de la agenda de políticas públicas” de Hispanoamérica “la gobernanza de los recursos naturales (…) para lograr un desarrollo sostenible e inclusivo”, “superar el paradigma extractivista” para lo cual se requiere que los países de la región construyan “los pactos y consensos políticos necesarios para que los Estados puedan captar y canalizar eficientemente la inversión de las rentas de sus recursos hacia el logro de sus metas de desarrollo sostenible e inclusivo”.

Tuve la oportunidad de conversar en el Congreso de Puerto Rico con mis colegas de varios de los países más afectados (como Perú, Ecuador o Brasil) por la referida “maldición de los recursos”. Como siempre, las cosas se ven de diferente manera desde dentro de los respectivos países pero de lo que no cabe la menor duda de que es urgente promover soluciones ya que, en algunos de los conflictos, se producen muertes de personas y graves injusticias con poblaciones pobres. Ciertamente asuntos tan mediáticos como “Caso Chevrón” en Ecuador, han propiciado la reacción de las empresas mineras promoviendo buenos códigos de conducta como el llamado “Estandar” de la “Extractive Industries Transparency Initiative” (EITI) (publicada a principios de este año 2015) o la “Good Practice Guide: Indigenous Peoples and Mining” promovida por el “International Council on Mining & Metals” (cuya segunda edición es de este año 2015).

el estandar eitiSin restar importancia a este tipo de iniciativas –que los juristas denominamos “soft law”- en mi ponencia defendí la aplicación efectiva de los instrumentos jurídicos ya vigentes como el “Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo” (OIT), aprobado en 1989, relativo a los “pueblos indígenas y tribales en países independientes” donde se consagra entre otros derechos el derecho de estos pueblos al consentimiento libre, previo e informado de los proyectos mineros que afectan al territorio en el que viven. Derecho que luego fue reconocido por la “Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indigenas” de 2007. También, con relación a las poderosas empresas mineras extranjeras que suelen operar en los países de Iberoamérica, sus Estados de origen deberían de perseguir, en su caso, la responsabilidad ambiental de dichas empresas cuando no lo hacen en los países donde desarrollan su actividad.

Con mis colegas latinos hablamos de la importancia de aplicar de forma efectiva las normas e instrumentos de Derecho Ambiental que existen en casi todos los países: evaluación de impacto ambiental, autorizaciones ambientales, planificación territorial, responsabilidad, etc. Porque el problema no estriba, por lo general, en la falta de normativa sino en su escasa o nula ejecución. Y, en cuanto a la impugnación por parte de los afectados ante los Tribunales Judiciales, no siempre se facilita o resulta expedito el acceso a la justicia por falta de medios económicos suficientes.

Con un colega de Perú

Con un colega de Perú

En todo caso, en mi intervención enfatizé acerca de la importancia de los medios preventivos (como el relativo a la evaluación del impacto ambiental) y de lo que, a mi juicio, es lo más prioritario como es el acceso a la información y de la participación de los afectados por las actividades mineras a los procedimientos desarrollados con motivo de su proyecto, puesta en marcha y ejecución. Estoy convencido que si se promoviera la transparencia pública y la participación social –que se manifiesta en la estrategia del “bottom-up” (de “abajo arriba”)- se solucionarían (o, al menos, se minimizarían) muchos de los problemas ocasionados en buena parte de los proyectos extractivos. A fin de cuentas son los seres humanos, habitualmente los más pobres y desposeídos, los que más sufren las desastrosas consecuencias del “paradigma tecnocrático dominante” (en palabras del Papa Francisco en su Encíclica “Laudato Si”).

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Para que nadie se quede atrás: la nueva “Agenda para el Desarrollo” después de 2015.

12 de Octubre de 2015 a las 20:50

Objetivos_de_Desarrollo_SostenibleHan pasado desapercibido para mucha gente pero, a mi juicio, son cruciales para promover el desarrollo futuro de los próximos decenios. Me refiero a los llamados “Objetivos de Desarrollo Sostenible” (ODS) que fueron aprobados por la Asamblea General al final de la “Cumbre de Desarrollo Sostenible” que tuvo lugar en la sede de Naciones Unidas los pasados días 25 al 27 de septiembre, todo ello en el marco de la “Agenda para el desarrollo después de 2015” que se inicia con los palabras “Transformar nuestro mundo” y que se proyecta hasta el 2030.

Los ODS vienen a reemplazar –o más bien potenciar- los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” (ODM) fijados por Naciones Unidas con motivo de la “Declaración del Milenio” aprobada el 8 de septiembre de 2000. Tales objetivos –un total de ocho- se proponían ambiciosas metas para el desarrollo hasta el año 2015: “erradicar la pobreza extrema y el hambre” (al menos hasta la mitad entre 1990 y 2015), “lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer”, “reducir –en dos terceras partes (entre 1990 y 2015)- la mortalidad infantil”, “mejorar la salud materna” (reducir en tras cuartas partes, entre 1990 y 2015, la mortalidad materna), “combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades graves”, “garantizar la sostenibilidad del medio ambiente” (por ejemplo, reducir a la mitad para 2015 la proporción de personas sin acceso sostenible alagua potable y a servicios básicos de saneamiento), y “fomentar la asociación mundial para el desarrollo” (mayor cooperación entre los países y, en particular una mayor solidaridad de los países desarrollados para con los países pobres”. Según un Informe de Naciones Unidas publicado en 2014 algunos de los objetivos se han cumplido (como el de la reducción de la extrema pobreza o la mejora en el acceso del agua potable) pero todavía quedan muchos objetivos prioritarios por cumplir (en particular con relación a la sostenibildiad del medio ambiente).

La nueva “Agenda para el desarrollo” –elaborada a lo largo de dos años de consultas públicas y de múltiples negociaciones entre los países- recoge 17 Objetivos y 169 metas de carácter integrado e indivisible que abarcan todas las esferas del desarrollo sostenible: los aspectos económicos, sociales y ambientales. Se trata de un ambicioso “plan de acción en favor de las personas, el Planeta y la prosperidad” orientado bajo la idea fundamental de “erradicar la pobreza en todas sus formas y dimensiones… requisito indispensable para el desarrollo sostenible”. Un “plan de acción” que tiene que ser implementado por todos los países –desarrollados y en vías de desarrollo- mediante una “alianza de colaboración”. Los países reunidos en la Asamblea General de Naciones Unidas declaran con bella expresión –al aprobar la “Agenda”- que “al emprender justo este viaje, prometemos que nadie se quedará atrás”.ods

“La presente Agenda –reza en su apartado 5- tiene un alcance y una importancia sin precedentes. Todos los países la aceptan y se aplica a todos ellos, aunque teniendo en cuenta las diferentes realidades, capacidades y niveles de desarrollo de cada uno y respetando sus políticas y prioridades nacionales. Estos Objetivos y metas son universales y afectan al mundo entero, tanto a los países desarrollados como a los países en desarrollo, son de carácter integrado e indivisible y conjugan las tres dimensiones del desarrollo sostenible”. La Agenda va dibujando un futuro de un mundo “sin probreza, hambre, enfermedades…”, en el que “sea universal el respeto de los derechos humanos y la dignidad humana”, en el que “cada país disfrute de un crecimiento económicos sostenido, inclusivo y sostenible y de trabajo decente para todos”, un mundo en el que “la humanidad viva en armonía con la naturaleza”…

Son inmensos los desafíos de nuestro mundo actual (pobreza, desigualdades, crisis humanitarias y desplazamientos forzados de población, agotamiento de los recursos naturales, cambio climático -que se define como “uno de los mayores retos de nuestra época y sus efectos adversos menoscaban la capacidad de todos los países para alcanzar el desarrollo sostenible”-…, pero “nuestra época –dice la “Agenda”- ofrece inmensas oportunidades”.

Junto a la erradicación de la pobreza y reducción del hambre y la seguridad alimentaria, nada queda fuera de la nueva Agenda del Desarrollo: la sanidad y el bienestar, la educación de calidad, la igualdad de géneros y entre los países, el crecimiento económico y la promoción del trabajo, el acceso a energías asequibles, el desarrollo de infraestructuras resilientes, la industrialización inclusiva y el fomento de la innovación, las ciudades y los asentamientos humanos. También son muy ambiciosos los objetivos propiamente ambientales: el acceso universal al agua y su gestión sostenible, la garantía de pautas de consumo y de producción sostenibles; la aplicación de medidas urgentes para combatir el cambio climático; la utilización sostenible de los océanos, mares y recursos marinos; la protección, restauración y promoción de la utilización sostenible de los ecosistemas terrestres y su biodiversidad biológica. Y además de todo lo anterior, como instrumentos horizontales –que abarcan todos los temas específicos- la facilitación del acceso a la justicia y la creación de “instituciones eficaces, responsables e inclusivas en todos los niveles”, así como el fortalecimiento de los medios de ejecución de la Agenda y de la propia Alianza mundial.

61PIQBvML4L._SX258_BO1,204,203,200_Estamos, en definitiva ante una ambiciosa “hoja de ruta” para tratar de lograr la tan deseada “sociedad del desarrollo sostenible” donde todo está relacionado: economía, sociedad, medio ambiente. No sé valorar si estamos ante una utopía irrealizable. La reciente obra de Jeffrey SACHS, titulada: “The Age of Sustainable Development” (Columbia University Press, 2015) nos ofrece un apasionante panorama en que todas las piezas parecen encajar y en la que los retos parecen meridianos aunque gigantescos. Por otra parte, constituye un magnífica introducción a buena parte de los grandes temas abordados en la nueva Agenda para el Desarrollo. No obstante, nos consta que su autor ha participado muy activamente en su redacción.

“¿Es posible el desarrollo sostenible?” se pregunta –en el último apartado de su último capítulo de la referida obra- el Director del Earth Institute de la Universidad de Columbia. Frente a escépticos y agoreros de malos augurios, el Profesor SACHS acude a los grandes de ejemplos de avances muy importantes (“breakthrough”) en la historia de la Humanidad como el fin de la esclavitud o los movimientos para el logro de los derechos civiles como los promovidos por Mahatama GANDHI y Martin Luther KING. Y, finalmente, con palabras del Presidente John F. KENNEDY, pronunciadas en plena “guerra fría” -con el fin de resolver de forma pacífica los problemas con la antigua Unión Soviética- apelando a “nuestros comunes intereses”: “que nuestro básico punto de unión es que todos vivimos en el mismo pequeño Planeta; que todos respiramos el mismo aire; que todos queremos el mejor futuro para nuestros hijos; que todos somos mortales”.

Como saben mis queridos lectores, yo también soy optimista y confío en la innata solidaridad del ser humano. Pero necesitamos para ello, como demuestra la historia, auténticos líderes capaces de sacrificarse por el bien de la Humanidad. Los “Objetivos del Desarrollo Sostenible” están muy claros, ahora hace falta la voluntad política para aplicarlos, empezando por nosotros mismos.

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New York: “Greening the Big Apple” (y III)

24 de Agosto de 2015 a las 22:31

gotham-unbound-9781476741284_hrA punto de terminar mi estancia en la “Gran Manzana” –y en los Estados Unidos-, descubro en el “bookstore” de la Universidad de Columbia (situada al norte del “Central Park”) un voluminoso estudio sobre la historia ambiental de la ciudad de New York escrita por Ted STEINBERG, Profesor de Historia y Derecho de la “Case Western Reserve University” de Cleveland, titulada Gotham Unbound. The ecological history of greater New York (recientemente publicada en 2015 por la editorial Simon & Schuster). El apelativo “Gotham” para referirse a New York aunque aparezca en los cómics y películas de Batman, en realidad cuenta con más de un siglo de historia cuando el conocido escritor neoyorkino Washington IRVING comenzó a utilizar dicho término -que significa en anglosajón “Ciudad de la Cabra”- en 1807 en su periódico satírico “Salpicon”, inspirado en un antiguo cuento popular de Inglaterra. Por el contexto de este cuento bien podría equivaler a “ciudad de locos”.

Gotham Unbound” (premiado con el “2015 Prose Award for US History”) es una monumental historia de la ciudad de New York y su entorno natural, desde el descubrimiento en 1609 de “Mannahatta” por navegante inglés Henry HUDSON hasta el huracán mortífero huracán “Sandy” en octubre de 2012 que ocasionó graves daños –personales y materiales- en la costa este de los Estados Unidos y en el Caribe. Un apasionante relato del incesante desarrollo urbanístico de una ciudad que transformó marismas y bancos de mariscos en una jungla de gente, asfalto y acero. En el último capítulo de este libro, sobre el futuro de New York, el autor pone de manifiesto las incertidumbres que se ciernen sobre la “Gran Manzana” con respecto a las previsibles consecuencias derivadas del cambio climático y, en especial, lo relativo a la elevación del nivel del mar. Como señala uno de los comentarios al libro por parte del escritor Mike DAVIS, estamos ante una “revelación”: “en este caso del mundo de agua que Nueva York fue una vez y que gracias al calentamiento global puede llegar a ser de nuevo.”photo-grid-1

Los riesgos sobre el futuro de la “Big Apple” son tan evidentes que el nuevo “Plan de Sostenibilidad” de New York (“One New York: The Plan for a Strong and Just City”: OneNYC) –que hemos venido comentando en las anteriores entradas de este blog- contempla un apartado relativo a los desafíos a los que está sometida la ciudad en el futuro, como el relativo al cambio climático, con un “plan de resiliencia”. En el Capítulo del OneNYC “nuestra ciudad resiliente” se afirma entre otras cosas: “Nuestros barrios, la economía y los servicios públicos están preparados para resistir y salir fortalecidos de los impactos del cambio climático y otras amenazas del siglo 21”; “Como una ciudad resiliente, Nueva York será capaz de responder a los eventos adversos como el huracán Sandy, ofrecer funciones y servicios básicos a todos los residentes, y salir fortalecidos como comunidad, con el objetivo de evitar –para el año 2050- el desplazamiento a largo plazo de los hogares y puestos de trabajo. Gracias a la reforma de la ciudad: con la renovación de edificios privados y públicos para ser más eficientes en uso de la energía y más resistentes a los impactos del cambio climático; con la adaptación de las infraestructuras del transporte, las telecomunicaciones, el agua y la energía con el objetivo de soportar eventos climáticos severos; y a través del fortalecimiento de nuestras defensas costeras contra las inundaciones y la subida del nivel del mar. Fortaleceremos casas, negocios, organizaciones basadas en la comunidad, y los servicios públicos para reducir los impactos de eventos disruptivos y promover una recuperación más rápida”.

51fgMV6CVYL¿Es realista este plan o encubre un loco proceso de urbanización –de Gotham- en contra de los procesos naturales que traerá consigo con bastante probabilidad el cambio climático? ¿Es acaso la inercia de una mega-ciudad que se resiste a admitir los límites inexorables trazados por la naturaleza? ¿es producto de una soberbia cortoplacista cegada por el increíble dinamismo de poder económico y financiero albergado en Manhattan?

El tiempo nos dirá si es errado el planteamiento diseñado por el nuevo “plan de sostenibilidad” de New York. Pero, al menos, existe un plan ante tan formidables desafíos, algo que pocas ciudades del mundo pueden lucir. No obstante, algo me dice ante retos tan profundos, la filosofía del Plan es acertada: las autoridades de la “Big Apple” cuentan con la participación y colaboración de sus ciudadanos e instituciones y esto es, a mi juicio, una de las mayores garantías de su éxito.

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New York: “Greening the Big Apple” (I)

25 de Julio de 2015 a las 4:45

IMG_1963De nuevo retomo la redacción de este blog tras varias semanas de transición, desde la finalización de mi estancia en Berkeley hasta el comienzo, ahora, de una corta temporada en la ciudad de New York. Atrás quedan tantos recuerdos de las amistades forjadas en California, de los maravillosos paisajes de la costa (“West Coast”) y de las “Sierras”, del estimulante ambiente intelectual del Campus de Berkeley, de las benignas condiciones climáticas de la Bahía de San Francisco,… En fin, inolvidable experiencia que marcará para siempre mi trayectoria personal y profesional.

Reconozco que el cambio ha sido bastante radical. De vivir en una tranquila ciudad de unos 100.000 habitantes a aterrizar en la ciudad más poblada de los Estados Unidos -que es la aglomeración urbana número 11 del Planeta (con casi 22,000.000 de seres humanos)- la vida –digamos- te cambia un poco. Además tengo la suerte –o quizá, más bien, la desgracia- de vivir en pleno “Midtown” de Manhattan donde se cumple a la letra el dicho sobre la ciudad de New York (conocida también como “Big Apple”) de que es “la ciudad que nunca duerme”. También se dice que un año en Manhattan es –debido al estrés- como vivir tres en un lugar tranquilo.

Ciudad global” –o cosmopolita- por antonomasia, no cabe duda de que mantiene su influencia mundial en el mundo financiero (plasmado en el poderoso “Wall Street”), en los medios de comunicación, en la vanguardia del arte, etc. Esta “megalópolis” es como el Mundo en pequeño, donde personas de todo tipo de razas y pueblos se cruzan y deambulan en sus pobladas calles y avenidas. Podría afirmarse que pocas ciudades del mundo tienen una tan rica “biodiversidad cultural y humana”. Si a esto se añade que es una de las urbes más visitadas del mundo, como más de 40 millones de turistas nacionales y extranjeros cada año, pues resulta que estamos ante una ciudad extraordinariamente interesante (como se suele decir, “uno de los lugares que hay conocer antes de morir”).X33110- NYC

Como he hecho en otras ocasiones no he podido evitar indagar las características y circunstancias ambientales de esta sorprendente ciudad. Muchas son las cuestiones sobre su sostenibilidad ambiental, desde su impresionante densidad de población (de 10.194 hab/Km2) –modelo de “ciudad compacta”-, su incesante tráfico urbano, su constante alto nivel de ruido ambiente, su inmensa huella ecológica, su delicado emplazamiento costero –que le conllevó importantes daños catastróficos con motivo del huracán “Sandy” en 2012-, y una largo etcétera. En las siguientes entradas de este blog intentaré comentar algunas de estas cuestiones y, particularmente, de cómo las está abordando la actual municipalidad metropolitana de New York, con un sistema de gobierno liderado con por Alcalde –Bill de Blasio, del partido demócrata (109 “Mayor of the New York City”)- y un “Consejo de la Ciudad” (“City Council” compuesto por 51 miembros, correspondientes a los cinco Distritos de los cinco “boroughs”: Bronx, Brooklyn, Manhattan, Queens y Staten Island), cuyo presupuesto asciende a 70.000 millones de dólares (superior, por ejemplo, al de Suiza) y que emplea a 250.000 personas.

El pasado mes de marzo de 2015 fue presentado por Bill de Blasio el nuevo “Plan de sostenibilidad” de la ciudad de New York, bajo el título: “One New York: The Plan for a Strong and Just City”, que recoge un sugerente programa de actuación pública colaborativa en los aspectos de la sostenibilidad, recuperación y resiliencia. Con objetivos ambiciosos como la limpieza del ambiente atmosférico, plantación de cerca de un millón de arboles, implantación de varios millones de metros cuadrados de paneles solares, importante reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (que, de hecho, son muy inferiores a la media norteamericana), etc. Dentro de diez años New York cumplirá sus cuatrocientos años de existencia y sus autoridades locales quieren convertirla en la ciudad más sostenible del mundo.

Justamente en estos días -21 y 22 de julio- Bill de Blasio a asistido en Roma a la reunión de alcaldes de las sesenta y cinco ciudades más importantes del mundo (Madrid incluida), convocada por el Papa Francisco a través de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociale. En su inauguración en Papa ha destacado la importancia de las ciudades para promover el cambio que propone en su Encíclica “Laudato Si”. Y es que no debe olvidarse que más de la mitad de la población mundial reside ya en áreas urbanas. También en estos días el Alcalde de la “Big Apple” ha comentado la posibilidad de reducir la flota de taxis privados (de la controvertida empresa Uber) que operan aquí (hasta 21.000), lo cual supondría, según él, importantes beneficios para el tráfico neoyorkino y la reducción de la contaminación.

Tiempo habrá para hablar de estos asuntos. Ahora, como suelo incluir, en otras entradas de este blog, un breve comentario de la bibliografía disponible. No hace falta acudir a la más importante librería de New York –la famosa librería de segunda mano, Strand, situada en la confluencia de la Brooklin con la 12 St.- para caer en la cuenta de que el interés despertado por la “Gran Manzana” no sólo se nota en el mundo cinematográfico sino también en la larguísima relación de monografías, ensayos y trabajos desarrollados sobre diferentes aspectos del medio ambiente neoyorquino. La lista de títulos es interminable: sobre su biodiversidad (New York cuenta con 113 Km2 de espacios verdes, entre ellos el “Central Park”, el más visitado de los Estados Unidos), sobre su pionero sistema de abastecimiento y gestión de sus aguas urbanas, sobre los efectos que puede conllevar el cambio climático, sobre la lucha por la justicia ambiental en las zonas más pobres de la ciudad (el caso del “Bronx”), sobre la recuperación de las aguas portuarias, sobre la gestión del ruido urbano, sobre su peculiar regulación y planificación urbanística, sobre la gestión de sus residuos, y un largo etcétera.

51cuPLtStxL._SX380_BO1,204,203,200_En todo caso, desde una perspectiva más general hay varios trabajos recientes que me han llamado la atención. El ensayo de Betsy McCully, City at the Water’s Edge: A Natural History of New York (Rivergate Books, 2006), contiene una apasionante historia del crecimiento de la más universal ciudad de los Estados Unidos a costa de la naturaleza. El libro colectivo dirigido por el biólogo John WALDMAN: Still the Same Hawk, Reflections on Nature and New York (editado por Fordham University Press en 2012) incluye once ensayos acerca de la relaciones entre el medio ambiente y la realidad pasada, presente y futura de New York. El ensayo de Steven COHEN titulado: Sustainability Management: lessons form and for New Yors City, America and the Planet (Columbia University Press, 2011), nos muestra una sugerente visión de este analista y consultor de la EPA, desde la visión de la gran ciudad, acerca de la compatibilidad entre el crecimiento económico y la conservación “intacta” del Planeta. Finalmente, Eric SANDERSON, director de “Landscape Ecology and Geographic Analisys” en el “Living Landscape Program” de la “Conservation Society” del Zoo del Bronx, nos invita a imaginar en su libro titulado Mannahatta: a natural History of New York (Abrams, 2013) cómo era el Manhattan que descubrieron los primeros exploradores europeos.

¿Conseguirá New York llegar en 2050 lo que desean sus actuales gobernantes: ser la ciudad más sostenible del mundo? El tiempo lo dirá. No obstante, es sorprendente su capacidad de recuperación ante las crisis que ha sufrido y su extraordinario dinamismo. Pocas ciudades cuentan con tantos recursos –económicos, científicos y humanos- para lograrlo.

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“Fracking-landia” (y II)

20 de Abril de 2015 a las 8:22
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Helen Slottje, Goldman 2014

El “GOLDMAN Environmental Prize –también conocido como el “Premio Nobel Verde”- es un prestigioso premio que se concede anualmente (desde 1990) por la Fundación GOLDMAN –fundada por Richard N. GOLDMAN y su esposa (descendiente del famoso Levi STRAUSS), matrimonio afincando en San Francisco- a los que un Jurado internacional considera mejores defensores de la naturaleza y del medio ambiente en los cinco continentes. Helen SLOTTJE ha sido la ganadora del premio del año 2014, correspondiente a la zona geográfica de América del Norte.  Esta aguerrida abogada viene desarrollando, desde hace una década, una incansable campaña –“pro-bono” (un tipo de asistencia juridica voluntaria y sin remuneración monetaria por el bien del interés publico)- en la zona norte del Estado de Nueva York contra las compañías del petróleo y del gas, promoviendo la aprobación de ordenanzas locales que prohíben el “fracking” en el ámbito de sus jurisdicciones. El area de trabajo de esta abogada corresponde además a la región de los “Finger Lakes” donde se encuentra la “Marcellus Shale”, el mayor depósito de gas de esquisto conocido en los Estados Unidos hasta el momento.

Aunque encomiable labor juridical de Helen SLOTTJE contra el “fracking” parece haber sido efectiva en algunos casos, lo cierto es que la autorización para la exploración y explotación de los pozos e instalaciones del “fracking” corresponde generalmente a la competencia de los Estados de la República Federal, quienes tienen la capacidad de decisión fundamental para su autorización, con preferencia (“preemption”) a las regulaciones y determinaciones locales sobre el uso del territorio.  De hecho son varios los Estados –como Pennsylvania, Ohio y el mismo Nueva York- los que han aprobado leyes para limitar la capacidad de los entes locales para aprobar ordenanzas urbanísticas que prohiben la “fracturación hidráulica”.

En el mundo académico, en campo del derecho ambiental, está de actualidad la polémica doctrinal (“fracking and federalism”) acerca de a quién debe corresponder la competencia principal para controlar estas actividades. Predomina la posición –común a los grupos ecologistas- que defiende mayores poderes sobre las actividades del “fracking” para el Gobierno Federal y para la Environmental Protection Agency (EPA) y, por supuesto, la eliminación de las excepciones existentes para la aplicación de ciertas leyes ambientales (como las relativas al agua potable) en las actividades del “fracking”. A esta posición se suman las ideas en defensa de la autonomía democracia local que ha proliferado en algunas zonas de explotación del “sheil gas”. Por cierto que los grupos “antifracking” son muy activos y ha unido sus esfuerzos en varias organizaciones como “Save the Water Table”, “Shales Shock”, US Water Alliance, etcétera.

En el lado opuesto están los intereses de la industria explotadora del gas, defendidos con muchos recursos económicos por la poderosa “Pennsylvania Independent Oil and Gas Association” (PIOGA) que reúne a casi mil miembros procedentes de las diferentes actividades implicadas en el negocio del “fracking”. Apoyan a los Estados que defienden sus competencias estatales por tratarse -según ellos- de las Administraciones públicas más y mejor conocedoras de las circunstancias geográficas y ambientales de sus territorios. Y ciertamente, las reglamentaciones estatales sobre esta actividad minera han proliferado considerablemente en los últimos años. No obstante, Estados como el de California –que se enorgullece por ser uno de los más avanzados de la Federación en las políticas ambientales- aprobó en septiembre de 2013 la regulación llamada “SB-4 Oil and gas: well stimulation” (que entrará en vigor el 1 de enero de 2015) que, si bien no prohibe el “fracking” (como reclamaban los ecologistas) establece muchas medidas de seguridad y de transparencia par las empresas petroleras. También algunas ciudades de California como Los Ángeles y Berverly Hills se han puesto a la cabeza de la inciativa para prohibir –o al menos aprobar una moratoria- sobre esta actividad minera en sus respectivos términos municipales.

Un breve apunte comparativo respecto de España. En nuestro país, a diferencia del modelo norteamericano, es la Administración del Estado la que tiene la “sartén por el mango” a la hora de las autorizaciones de la “fracturación hidráulica” (favorable, aunque no sin cautelas) y han sido varias las Comunidades Autónomas (Cantabria, Navarra, La Rioja, Andalucía…) las que han aprobado normas legislativas prohibiendo el “fracking” en sus respectivas Comunidades, si bien el Tribunal Constitucional ha declarado en varios casos la inconstitucionalidad de dichas leyes. Mi buen amigo y colega de la Universidad de la Rioja, el profesor René SANTAMARÍA ha criticado muy recientemente con agudeza el contenido de esta jurisprudencia.

Volviendo a los Estados Unidos, el Gobierno del Presidente OBAMA se ha mostrado en los últimos meses reacio a facilitar la expansión del negocio de la “fracturación hidráulica” con su omposición la proyecto “Keystone” de oleoducto desde Canadá (que comentamos en otra reciente entrada de este blog). En el pasado mes de marzo los demócratas han impulsado en el Congreso un paquete de medidas sobre el “fracking” (“Frack Pack”) para exigir a los Estados desde la legislación federal mayores controles y garantías ante los posibles riesgos para la salud y el medio ambiente. Lo cual ha originado una rápida oposición por parte de los Republicanos que, con semejantes medidas, ven peligrar los numerosos puestos de trabajo vinculados con la explotación del “sheil gas” (según algunos medios, cerca de un millón). Y, del mismo modo, se ha opuesto frontalmente la industria petrolera.

Es también muy reciente –el 26 de marzo de 2015- la nueva normativa aprobada –y publicada en el “Federal Register”- por el Departamento del Interior del Gobierno Federal relativa a la regulación para “Support Safe, Resposible Hydraulic Fracturing Activities on Public and Tribal Lands”, que establece más exigentes requisitos que los previstos en la mayor parte de las legislaciones de los Estados para autorizar el “fracking” en los tierras de competencia de la Federación. Aunque en los últimos diez años, solo el 5% de los pozos para extracción del “gas de esquisto” fueron realizados en las tierras de la Federación, al menos se trata de una medida ejemplar que marca la dirección en favor de una “fracking” como mayores garantías para la salud y el medio ambiente.

A todo lo anterior hay que añadir que en los Estados Unidos no existe la propiedad pública del subsuelo (el llamado “dominio publico minero” vinculado a la riqueza nacional) de manera que el propietario del la superficie puede desarrollar la actividad extractiva que desea a cambio del pago de una compensación económica una vez que se le conceda la autorización por la autoridad competente que, como hemos visto, es generalmente la Administración correspondiente del Estado.

Nos guste o no, todo parece indicar que la industria del “fracking” tiene un futuro bastante prometedor, aquí en los Estados Unidos (de hecho casi el 40% del gas que se consume procede del “fracking”) y, posiblemente, en otros países del mundo. Puede que se trate, como algunos plantean, de una nueva “burbuja económica” pero de lo que no cabe la menor duda es que, cuando suba el precio del petróleo (que tarde o temprano subirá), la extracción por “fracturación hidráulica” será más competitiva y una tentación dificilmente resistible para aquellos países que tienen una gran dependencia energética del exterior (como es el caso de España). Que, desde luego, la ansiada economía “hipocarbónica” (o pobre en CO2 procedente de los gases de efecto invernadero) puede sufrir un fatal retraso es harto probable.

A lo que no se puede renunciar es, en mi opinion, a la aprobación e implantación de una normativa rigurosa en cuanto a la evaluación de los riesgos de la actividad de extracción del “gas pizarra”. Cada territorio tiene sus peculiaridades que han de tenerse con cuenta (no vale “café con leche para todos”). Lo mismo que habrán de asegurarse las medidas de prevención ante los potenciales –y reales- impactos de esta actividad, así como el mantenimiento de exigentes regímenes de responsabilidad ambiental. Hemos de aprender de la experiencia estadounidense, como lo hicimos en su momento con la recepción –a través del Derecho Comunitario- de técnicas de protección ambiental, pero no de forma acrítica y, mucho menos, del modelo productivista del recalcitrante “lobby petrolero”.

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