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¿Deberían los ríos tener acceso a los Tribunales? o la “custodia fluvial”.

2 de Abril de 2017 a las 19:52

En 1972 el Juez estadounidense Cristopher STONE publicó un ensayo titulado “Sould Trees have Standing? Toward Legal Rights for Natural Objects” (es decir, “deberían los árboles tener acceso a los Tribunales? Hacia los Derechos de los Objetos de la Naturaleza”). Este escrito jurídico tuvo lugar con motivo del famoso caso “Sierra Club vs. Morton” en el que la pionera asociación ecologista “Sierra Club” se opuso judicialmente a la construcción de un parque de atracciones de Disney en el seno del “Mineral King Valley”, conocido por sus centenarios secuoyas. Este alegato constituye una las primeras manifestaciones a favor de que la naturaleza (y sus recursos naturales) sean sujeto –no sólo objeto- de derechos susceptibles de ser exigidos ante los jueces y tribunales.

Este famoso caso viene a cuento ya que, hace pocos días, ha trascendido a los medios de comunicación la aprobación por el Parlamento de Nueva Zelanda de una Ley en la que se reconoce al río Whanganui (el tercero más largo del país, sito en la Isla Norte) el estatus de persona jurídica. Desde hace más de 160 años los indígenas “maoríes” –etnia polinesia que habita en la islas de ese país insular- venían reclamando ante las autoridades el reconocimiento de dicha curso fluvial como una entidad viva. La Ley incluye una compensación económica a la minoría que habita en el parque natural que lleva el mismo nombre que su río de más de 70 millones de euros. La estrecha y ancestral vinculación entre el citado río y los indígenas maoríes se refleja en el dicho “Yo soy el río y el río es yo”. Para los que habitan a lo largo de las márgenes de este río de 290 kilómetros, es algo sagrado. Por cierto, que esa “sacralidad” de los ríos es una constante desde los primeros tiempos de la humanidad y en casi todas las culturas y religiones como pone de relieve Nick MIDDLETON, en su obra “Rivers: a Very Short Introduction” (Oxford University Press, 2012).

Pocos días después de esta llamativa noticia, el 21 de marzo, tuvimos noticia también de que un Tribunal del norte de la India (la Corte Suprema de Uttaranchal en el Estado de Uttarakhand) acaba de reconocer los mismos derechos legales como persona a los ríos Ganges y Yamuna, que también se consideran sagrados por mil millones de indios. En su decisión jurisdiccional los jueces del Tribunal indio mencionaron el caso del río Whanganiu. En este caso, la Corte de justicia nombró a tres funcionarios que actuarán como custodios legales y responsables de proteger los ríos y sus afluentes. Además, una agresión cometida contra la calidad de las aguas del río equivaldrá a la cometida con una persona física.

Con estos supuestos se reproduce una vez más la larga polémica acerca de la conveniencia de atribuir -o no- de derechos subjetivos a los naturaleza, si bien la discusión se ha desarrollado principalmente en torno los “derechos de los animales” (con influentes valedores como los promotores de la “deep ecology” y con la figura destacada de Peter SINGER, autor de la obra “Animal Liberation”, publicada en 1975). Más recientemente, las nuevas Constituciones políticas de Ecuador (2008) y de Bolivia (2009) llevan a cabo un “giro biocéntrico” con la expresa previsión de “derechos de la naturaleza” (por ejemplo, con el reconocimiento del “derecho de la naturaleza o Pachamama”).

En el magnífico ensayo del filosofo y jurista belga François OST, titulado “Naturaleza y Derecho. Para un debate ecológico en profundidad” (publicado en España por Ediciones Mensajero, en 1996), se desarrolla una aguda crítica a las posturas extremas que han dominado en el campo del Derecho la relación entre los seres humanos y la naturaleza. De una parte, la “naturaleza como objeto” que ha sido fruto de la modernidad occidental y que ha propiciado la explotación indiscriminada de los recursos naturales (con la sacralización de la propiedad privada). Y, de otra parte, como reacción a la anterior postura, la “naturaleza como sujeto”, lo que lleva al reconocimiento de derechos subjetivos a la misma, en su conjunto, o algunos de sus aspectos. Desde la lectura de dicha luminosa obra, todavía no alcanzo a ver la utilidad de aplicar la tesis del reconocimiento de derechos subjetivos a la naturaleza, sea en lo relativo a los animales, vegetales o minerales. Con muchos otros juristas soy de la opinión de que para defender la naturaleza –y confieso que me considero un apasionado defensor- no hace falta apoyarse, como dice, OST en un pretendido “igualitarismo de las especies” sino más bien “en el desarrollo de las capacidades ética de la especie humana”. A mi juicio, hay que cargar la mano en los deberes y obligaciones de los seres humanos en la protección de la naturaleza (siguiendo la línea de pensamiento de Aldo LEOPOLD –de una “ciudadanía biótica inspirada en una ética del suelo”, de Hans HONAS -y su “principio de responsabilidad”-, o, más recientemente, en los planteamientos de Papa FRANCISCO –sobre una “ecología integral”- en su Encíclica “Laudato Si”).

A propósito de la protección de los ríos, se viene hablando –desde hace pocos años- en el mundo jurídico-ambiental y de la conservación de la biodiversidad de la “custodia fluvial”. Se trata de una prometedora figura de protección que, siguiendo la filosofía de la “custodia del territorio” (un conjunto de estrategias e instrumentos, nacidos en Norteamérica, que pretenden implicar a los propietarios y usuarios del territorio en la conservación y el buen uso de los valores y los recursos naturales, culturales y paisajísticos), se trata de aplicar con parecidos cometidos sobre las cuencas fluviales. En las dos recientes obras jurídicas –promovidas por la “Red ECOVER”- que he tenido el honor de coordinar, con la participación de buena parte de los mejores ius-ambientalistas de nuestro país, se recogen los retos actuales de esta nueva figura de protección, con un completo análisis de sus fortalezas y debilidades, así como de interesantes conclusiones y propuestas al respecto (véase las obras “Derecho Ambiental para una Economía Verde” y “Derecho Ambiental en tiempo de crisis”, ambas publicadas en 2016).

Son, en este momento, muchas las iniciativas de “custodia fluvial” que se han puesto en marcha por parte de varias entidades de conservación (Fundación Biodiversidad), por Confederaciones Hidrográficas (Duero, Júcar, etc.), así como por varios programas de protección de los ríos (de forma destacada, aquí en Galicia, el “Proxecto Ríos”; también el proyecto “Limne”). Incluso, la Administración General del Estado la ha incluido en la “Estrategia Nacional de Restauración de los Ríos” desde 2006.

Como señala la experta Elisa PEREZ DE LOS COBOS, quien destaca los beneficios que reporta para la protección de la biodiversidad esta novedosa figura de la “custodia fluvial”: “Se trata de una herramienta innovadora que implica a las Administraciones públicas con competencias en la planificación y gestión de los sistemas hídricos, a las entidades de custodia, y a los propietarios privados y usuarios de los ríos, como regantes y pescadores. De este modo, se rompe con el paradigma tradicional que hace descansar la responsabilidad de conservar el medio ambiente únicamente en la Administración. Se trata ahora de una responsabilidad compartida entre todos los afectados”.

Como en el caso del neozelandés río Whanganui, del muy popular río indio del Ganges o de los maravillosos “mil ríos” de Galicia, son los seres humanos los que tienen en sus manos las claves de la protección de tan valiosísimos ecosistemas fluviales. Es posible que todavía esté por llegar un nuevo sistema jurídico de protección de la naturaleza de las generaciones actuales y futuras (incluso sobre la base del reconocimiento efectivo de innovadores “derechos de la naturaleza” que todavía desconocemos). No obstante, estoy convencido que la solución que se formule, no podrá dejar de contar, nos guste o no, con la insustituible –e inexcusable- actuación humana. Por lo pronto, la figura de la “custodia fluvial” me parece un gran acierto para implicar a los seres humanos en la protección de los ríos.

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Insostenibles externalidades de la macro-industria agroalimentaria

12 de Marzo de 2017 a las 2:36

Alertado por mi buen amigo Luis GARCÍA -uno de los mejores conocedores del mundo rural en Galicia-, tuve conocimiento de la impactante noticia sobre el proyecto de macrogranja de 20.000 vacas que se pretende implantar en Soria, que utilizaría tanta agua como la que consume la ciudad de Soria y que generaría más del doble de los residuos orgánicos de toda la Comunidad de Castilla y León. Esta información ha tenido un amplio eco en los medios de información y, particularmente, en el sector agroalimentario. Del sector agro-ganadero destaco la opinión de Andoni GARCÍA ARRIOLA (miembro de la ejecutiva de la “Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos” (COAG) del País Vasco) para quien semejante proyecto genera unos graves impactos, tanto a nivel social y económico como ambiental; “la sustitución del modelo social y sostenible en la ganadería y en la agricultura por un modelo industrial –señala GARCÍA ARRIOLA– es un proceso silenciado que se está llevando a cabo desde hace muchos años y la reconversión brutal del campo lo pone de manifiesto”; prueba de ello es que “en el Estado español han desaparecido desde el año 2000 un 70% de las explotaciones lácteas”; y, seguidamente, el mismo autor, hace una llamada a la reflexión acerca del “modelo de producción lácteo, agrario y alimentario” en nuestro país: sobre la necesidad de vincular la producción a la tierra, sobre la promoción de nuevos modelos sostenibles de producción, transformación y comercialización local, sobre la interrelación de la producción de leche con la calidad y la sostenibilidad… También el Consejo sectorial lácteo de Cooperativas Agro-alimentarias de España ha puesto de manifiesto que sólo dicha macro-granja supondría un incremento de la producción láctea en España del 2,5%, lo cual desestabilizaría todavía más el mercado de la leche, con una nueva caída de precios y el cierre de granjas (muchas de ellas bajo un modelo familiar muy arraigado y ligado al territorio); incluso, se destaca, se pondría en peligro el cumplimiento de España de sus compromisos sobre mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero.

Consciente de las profundas transformaciones que ha sufrido el sector agro-ganadero en los últimos decenios en la Unión Europea (en virtud de las sucesivas reformas de la Política Agraria Común (PAC), hasta la reciente reforma de 2014-2020), es claro que el modelo del futuro pasa por una mayor competitividad de la agricultura pero, en especial, se trata de estimular el desarrollo del medio rural -y, con él, la gestión sostenible de los recursos naturales-, un desarrollo territorial equilibrado y el ofrecimiento de oportunidades a las nuevas generaciones de agricultores y ganaderos de menos de 40 años.

Cavilando sobre estas inquietudes del mundo rural que, aquí en Galicia, son muy palpables, ha caído en mis manos un fundado alegato contra la gran industria ganadera. Se trata de la obra titulada La carne que comemos. El verdadero coste de la ganadería industrial (que se acaba de publicar en 2017 por Alianza editorial), cuyo autor es el británico Philip LYMBERY, director ejecutivo de la organización internacional para el bienestar animal “Compassion in World Farming” (CIWF). Este activista es muy conocido por su incansable lucha para lograr la prohibición legal de las jaulas en batería para las gallinas y las jaulas para terneras en la Unión Europea. Además en 2014 publicó –en colaboración del Isabel OAKSHOTT– otro libro titulado “Farmagedón”, en la misma línea de crítica a la ganadería industrial, elegido por TIMES como uno de los libros del año. “La carne que comemos” –que incluye un capítulo del popular ambientalista José Luis GALLEGO, sobre el “consumo responsable” en España- se divide en cinco capítulos -muy atractivamente maquetados-, ilustrado con buenas fotos y completas infografías, donde se narran experiencias del todo el mundo y aderezado de un rico aparato bibliográfico. Tras explicar, en la “Introducción”, que en el Planeta se crían cerca de 70.000 millones de animales de granja al año (de los que dos tercios se producen en granjas industriales) que consumen un tercio del total de los cereales producidos en el mundo, en el Capítulo 1º (“Naturaleza”) se pone de relieve los grandes impactos que las macro-granjas producen sobre el medio ambiente (estiércol, polución atmosférica y contaminación de las aguas, degradación de los suelos, reducción de la biodiversidad, efectos negativos de los pesticidas y fitosanitarios, etc.). En el Capítulo 2º (“Salud”) se hace un repaso de enfermedades y de las posibles vinculaciones de las granjas industriales con la salud humana: el abuso de los antibióticos a los animales, las “superbacterias” y los microbios que amenazan con convertirse en pandemias, niveles de colesterol y grasas saturadas con que se alimentan a los animales… ¿Quién no recuerda la “crisis de las vacas locas”? en Europa, a finales del siglo XX. El Capítulo 3º (“Por qué importan los animales”) relativo a su reivindicación sobre el “bienestar animal” (con sus “cinco libertades”) se puede resumir en la siguiente frase: “Hacinados en pésimas condiciones y llevados más allá de sus límites naturales, se les suele tratar como si fueran sólo máquinas antes de matarlos. Pero son criaturas sintientes que sufren dolor y miedo” (se refiere los 50.000 millones que viven en granjas industriales). El Capítulo 4º (“Recursos”) se plantea todos los problemas que se avecinan en el futuro ante la expansión de la agricultura intensiva, para la producción de cereales y soja, que va a exigir el incremento de granjas industriales; monocultivos que van a producir desplazamientos masivos de personas y de ingentes recursos de un agua dulce cada vez más escasa. No falta en este capítulo una mirada crítica al “abuso de la tecnología de los cultivos genéticamente modificados” y a la “clonación” de animales con los potenciales riesgos que albergan. Finalmente, en el Capítulo 5º, “Las soluciones”: el consumidor como “pieza clave” (las etiquetas importan y “hay que saber lo que se compra”), reducción del escandaloso desperdicio del tercio de la comida que producimos, promoción de granjas mixtas de cultivos y animales, “hay que restaurar el vínculo crucial entre los animales de granja y la tierra para mejorar la sostenibilidad del suelo”, …

Me ha gustado mucho la exposición –clara y ordenada- de LYMBERY quien con su libro añade una lúcida obra a la muy extensa literatura de ensayos, libros y alegatos contra el actual sistema industrial agroalimentario. Este texto puede inspirar a la gobernantes que hayan de decidir si se autoriza o no la mega-lechería en Soria. Lo mismo que esas otras palabras, tan atinadas para este supuesto que nos ocupa, como las del Papa FRANCISCO, en el nº 129 de su Encíclica “Laudato Si: “Para que siga siendo posible dar empleo, es imperioso promover una economía que fa­vorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial. Por ejemplo, hay una gran variedad de sistemas alimentarios campesinos y de peque­ña escala que sigue alimentando a la mayor parte de la población mundial, utilizando una baja pro­porción del territorio y del agua, y produciendo menos residuos, sea en pequeñas parcelas agríco­las, huertas, caza y recolección silvestre o pesca artesanal. Las economías de escala, especial­mente en el sector agrícola, terminan forzando a los pequeños agricultores a vender sus tierras o a abandonar sus cultivos tradicionales. Los in­tentos de algunos de ellos por avanzar en otras formas de producción más diversificadas termi­nan siendo inútiles por la dificultad de conectarse con los mercados regionales y globales o porque la infraestructura de venta y de transporte está al servicio de las grandes empresas. Las autoridades tienen el derecho y la responsabilidad de tomar medidas de claro y firme apoyo a los pe­queños productores y a la variedad productiva. Para que haya una libertad económica de la que todos efectivamente se beneficien, a veces pue­de ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero. Una liber­tad económica sólo declamada, pero donde las condiciones reales impiden que muchos puedan acceder realmente a ella, y donde se deteriora el acceso al trabajo, se convierte en un discur­so contradictorio que deshonra a la política”. Más claro, agua.

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Migrantes sin tierra y refugiados sin asilo

26 de Diciembre de 2016 a las 0:50

bauman_9788449332715Asistimos en los últimos años a una lamentable catástrofe humanitaria. No es en África ni en Asia, es en “nuestra casa común europea”, a cuyas puertas centenares de miles de personas tratan de acceder a costa de sus vidas. De hecho, sólo este año 2016 -que está a punto de concluir- más de 5.000 personas, hombres, mujeres y niños, han muerto ahogados en el “Mare Nostrum”. Lo más triste del asunto es que ya nos hemos acostumbrado a semejante tragedia sin que los gobiernos la aborden con eficacia y… sobretodo con humanidad. Como expresa Zygmunt BAUMAN, en su último ensayo, el genial cronista de nuestro mundo, toda esa masa (?) de seres humanos que escapan de las guerras y situaciones de miseria, son como “Extraños llamando a la puerta”. ¿Qué hacer? “La realidad actual –dice el sociólogo polaco- no admitirá soluciones fáciles y rápidas, y si se considera aplicar soluciones así, no será posible hacerlo sin exponer el Planeta –este domicilio conjunto/compartido nuestro- a amenazas a largo plazo más catastróficas aún que las que plantea nuestro momento de apuro presente conjunto/compartido…”.

Quizá BAUMAN se está refiriendo a un fenómeno que está cobrando gran relevancia en los últimos decenios: la llamada “migración climática” o, mas ampliamente, la migración por razones ambientales. “Refugiado ambiental” (denominación que se debe al ambientalista norteamericano Lester BROWN), “eco-refugiado”, “migrantes ambientales”… llámese como se quiera pero todo parece indicar que va a ser una triste realidad en nuestro siglo XXI. Incluso la “Organización Internacional para las Migraciones” (OIM) –la principal organización intergubernamental en el ámbito de la migración- se ha preocupado de definir a estos migrantes como las “personas o grupos de personas que, por razones imperiosas de cambios repentinos o progresivos en el medio ambiente que afectan negativamente a la vida o las condiciones de vida, se ven obligados a abandonar sus hogares habituales, o deciden hacerlo, ya sea de forma temporal o permanentemente, y que se mueven ya sea dentro de su país o hacia el extranjero”. La OIM (creada en 1951) trabaja, desde comienzos del 2000, en ayudar a reducir la vulnerabilidad de las poblaciones expuestas a factores de riesgo ambiental, presta asistencia a las poblaciones que se desplazan a raíz de desastres y del cambio ambiental; y consolida las capacidades de los gobiernos y otros interlocutores para que hagan frente al reto que constituye la migración por motivos ambientales.viz_approvedtheatlasofenvironmental-migration

A principios de este año, la OIM y el Instituto de Estudios Políticos de Paris (Sciences Po Paris) presentaron la publicación “The Atlas of Environmental Migration”, elaborado por D. IONESCO, D. MOKHANACHEVA y F. GEMENNE, expertos en migración y medio ambiente. Por primera vez se recogen en una publicación los conocimientos, investigaciones y estudios existentes en todo el mundo relativos a los vínculos entre migración, el medio ambiente y el cambio climático. Origen del fenómeno, sus puntos de ubicación geográfica, su carácter forzoso o voluntario,… (en su primer capítulo); factores y causas que lo motivan: inundaciones, tormentas, sequías, temperaturas extremas, incendios, degradación de los ecosistemas, elevación del nivel del mar… (a lo largo de su capítulo segundo), desafíos y oportunidades: desarrollo, adaptación, urbanización, seguridad, protección de los derechos humanos (en el tercer capítulo); y, finalmente, la “Gobernanza y políticas” desarrolladas al respecto (en su cuarto y último capítulo), hacen de esta publicación una muy atractiva (acompañada de un gran número de gráficos e infografías) para quien accede por primera vez a este emergente problema internacional.

wegc3knrRecientemente la activa Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES) organizó en Madrid, el pasado 22 de noviembre de 2016, un Simposio sobre Migraciones Climáticas. En esta reunión de expertos se puso de manifiesto, de una parte, que las migraciones por el calentamiento global son ya una realidad y un verdadero desafío para la Comunidad Internacional, pero de otra parte, que el derecho internacional humanitario vigente no protege a los damnificados por este tipo de migraciones. El mismo Romano Pontífice, el Papa FRANCISCO denunciaba en 2015, en su Encíclica “Laudato Si” que “es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna” (LS, 25).

Es preciso y urgente cubrir, por lo tanto, esta laguna en el Ordenamiento internacional mediante nuevas regulaciones como la que propuso en 2008 mi amigo el Profesor francés, de la Universidad de Limoges, Michel PRIEUR con su proyecto de Convención Internacional sobre el estatus de las personas desplazadas por motivos ambientales. Por su parte, el también Profesor y amigo, Fernando LÓPEZ RAMÓN, uno de los más prestigiosos ambientalistas de nuestro país –quien intervino en el citado Simposio de ECODES- pese a reconocer que “existe un importante sector académico que manifiesta discrepancias significativas sobre la exclusiva y determinista relación entre cambio climático y migraciones”, defiende, con fundamento en el principio de solidaridad colectiva, que “antes eventos irresistibles de fuerza mayor” en que “no cabe invocar no fronteras ni soberanías estatales”, ha de afirmarse un “derecho a la migración catastrófica trasnacional como contenido esencial del derecho humano al libre desplazamiento”.

Afortunadamente en las negociaciones del Acuerdo de Paris sobre el cambio climático fue un avance para abordar en el futuro –en el marco del cambio climático- la migración y la movilidad humanas, y la reciente reunión COP22 de Marrakech ha vuelto a ser tratado este importante asunto. Ya en 1990 el Panel Intergubernamental del Cambio Climático declaró que una de las más relevantes consecuencias del calentamiento global será el de las migraciones, con millones de personas desplazadas por la erosión de la línea costera, por sus inundaciones y por graves sequías. Y, luego el ecologista británico Norman MYERS, reconocido por su trabajos sobre los refugiados ambientales, ha escrito que en la década de los 90 del siglo XX existían unos 25 millones de refugiados ambientales y que en 2050 podrían llegar a los 200 millones.refugeesmigrants-thumb-news

Conscientes de que no es fácil distinguir en muchos casos los migrantes y/o refugiados ambientales de los que no lo son, en todo caso defendemos una protección integral que basada en la “solidaridad intergeneracional” (y pensando también hacia el futuro, en una “solidaridad intergeneracional”) para tantos cientos miles de personas que huyen de la muerte. No podemos –¡no queremos!- permanecer insensibles ante tan grave y acuciante problema. En su luminoso ensayo Zygmunt BAUMAN cita al Papa FRANCISCO en su llamada a “extirpar de nuestros corazones esa parte de Herodes que en ellos late; roguemos al Señor que nos dé la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad de nuestro mundo, de nuestros propios corazones y de todos aquellos que, desde el anonimato, toman decisiones sociales y económicas que abren la puerta a situaciones trágicas como ésta”.

Quizá el momento actual, en que muchos celebramos en nacimiento del Niño-Dios –que fue refugiado forzoso en Egipto-, nos permita implicarnos, del modo que sea, sin escurrir el bulto, en la solución de este emergente problema planetario. Con estos sentimientos, a todos os deseo unas muy felices Navidades.

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Alexander Von HUMBOLDT y el fascinante descubrimiento de la biodiversidad

12 de Octubre de 2016 a las 9:52

220px-avhumboldtSiempre me ha cautivado la personalidad de este polifacético científico berlinés nacido en la segunda mitad del siglo XVIII, cuyo nombre ha servido para denominar, a lo largo y ancho del mundo, accidentes geográficos, ríos y corrientes marinas, especies animales (100) y vegetales (300), espacios naturales, localidades, avenidas, calles, universidades y centros de investigación, y un extenso etcétera. Además, es considerado el “padre de la geografía moderna universal”, inventor de las “infografías” y de las expresiones científicas “isotermas”, “isodinámicas” o “jurásico”, y, quizá, el primer ser humano que ascendió un monte de más de 6.000 (El volcán “Chimborazo” en Ecuador). Con una extraordinaria pasión por conocer la naturaleza del Planeta, ninguna realidad física resultaba indiferente para su inagotable curiosidad científica: la zoología, la ornitología, la climatología, la geografía, la sismología y vulcanología, la oceanografía, la geología, la mineralogía, la astronomía, la climatología… pero sin olvidar las ciencias humanas (antropología, etnografía).

Incansable viajero, obtuvo en su primer gran viaje por América del Sur y América Central –gracias a un pasaporte español- la rica materia prima para su extensa obra. Por cierto, que fue A Coruña –la ciudad en la que tengo la fortuna de vivir- donde embarcó, a principios de 1799, a bordo de la corbeta “Pizarro” con destino a América. El propio HUMBOLDT –que no desaprovechaba ni un minuto de su tiempo- anotaría en su diario: “Coleccionamos las plantas que habíamos recogido en los hermosos valles gallegos, no visitados por ningún naturalista; estudiamos las algas y los moluscos que la marea del Noroeste arrojaba en grandes cantidades al pie de las rocas acantiladas”. Como escritor prolífico, fruto de sus viajes por América son treinta volúmenes publicados entre 1805 y 1832 –entre los que destacan sus cinco volúmenes de la obra titulada “Ensayo político sobre el reino de Nueva España”-; luego escribiría su obra más conocida –“Cosmos”- con cinco volúmenes publicados entre 1845 y 1858, casi hasta el año de su muerte en 1859, con noventa años de edad.1507-1

Enterado de la publicación en castellano de la espléndida biografía de Alexander Von HUMBOLDT por la historiadora alemana Andrea WULF -que lleva por título: La invención de la naturaleza. El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt (editorial Taurus, 2016)- no he parado hasta conseguirla y reconozco que la he leído con cierta compulsión. Son, sin embargo, muchos los trabajos biográficos disponibles sobre el genial científico: sólo en lengua castellana pueden verse los estudios de FRAGA VÁZQUEZ, MELÓN Y RUIZ DE GORDEJUELA, MINGUET y PUIG-SAMPER o, más recientemente, el ensayo de J. FERNÁNDEZ PÉREZ: Humboldt. El descubrimiento de la naturaleza (publicado por la Ed. Nivola, Madrid, 2002) y la obra colectiva coordinada por CUESTA DOMINGO y REBOK: Alexander Von Humboldt. Estancia en España y viaje americano (publicada en 2008 por la Real Sociedad Geográfica y el CSIC).

Pocas vidas tan ricas como la de este “Shakespeare de las Ciencias”: de Johann Wolfgang GOETHE (el poeta más grande de Alemania) fue gran amigo y admirador; con Simón BOLIVAR (el gran libertador iberoamericano) compartió su espíritu combativo contra el colonialismo; al igual que Thomas JEFFERSON (tercer Presidente norteamericano y uno de sus padres fundadores) puso las bases para la unión entre política y naturaleza; intercambió sus conocimientos con grandes científicos francés de su época (el químico, GAY-LUSSAC; el naturalista LAMARK, el astrónomo LAPLACE); el escritor norteamericano Edgar ALLAN POE le dedicó un poema; Julio VERNE utilizó sus descripciones; Charles DARWIN fue su acérrimo seguidor y reconoció el influjo de HUMBOLDT en sus obras; incluso el zoólogo alemán Ernst HAECKEL –que creó el término “ecología”- bebe en sus fuentes… Incluso se percibe algo de su influencia en el “Art Nouveau”.

walden_thoreauComo señala la Andrea WULF, es muy clara la influencia de las obras de Alexander en los más relevantes precursores del conservacionismo y ecologismo en los Estados Unidos del siglo XIX: desde Henry David THOREAU –cuya fundamental obra “Walden” es, según dicha autora, la respuesta de este autor a la obra “Cosmos” del científico prusiano-, hasta John MUIR (el “padre de los parques nacionales de los Estados Unidos”), pasando por el filósofo trascendalista Ralph Waldo EMERSON y George PERKINS MARSH, autor de la influyente obra: “Man and Nature”. Y, esa influencia no ha dejado de ejercer su influjo: “Los ambientalistas, ecologistas y escritores de naturaleza de hoy en día –afirma la misma autora- tienen sus raíces firmemente plantadas en la visión del naturalista del siglo XIX, aunque muchos no hayan oído hablar de él. HUMBOLDT es el padre fundador”.

Pero el científico más famoso de su tiempo (posteriormente, en el siglo XX, silenciado por ser alemán), con la gran habilidad para hacer de la ciencia algo accesible y popular (a mediados del siglo XIX había vendido 40.000 ejemplares de su obra “Cosmos”), no pasará a la historia por un invento particular y concreto sino más bien por su genial intuición –gran descubrimiento- sobre qué es y cómo funciona la naturaleza: “un todo interconectado”, “interrelación perpetua”, “todo es interacción y reciprocidad”, “una totalidad viva, no un conglomerado muerto”; por su amor a “un mundo que late lleno de vida”, y por ser el primer pensador que tomó conciencia de la destrucción que, ya en su época, el ser humano estaba ocasionando en el Planeta (con intuición del “cambio climático” incluido) y fue beligerante contra tal conducta. Una combinación de conocimiento científico, calidez de sentimiento y fuerza imaginativa capaz de entusiasmar a tan diversos autores.978-84-9085-909-4

Gracias a la inspiración de autores como el genial Alexander VON HUMBOLDT se ha abierto paso, a lo largo del siglo XIX, una nueva conciencia ambiental que luego fructificará, a partir de la segunda mitad del siglo XX en un verdadero cambio de paradigma. Un nuevo paradigma de protección de la naturaleza que se ha concretado, como describe mi amigo, paisano y colega, el Profesor Juan-Cruz ALLÍ TURRILLAS, -en su magnífico libro “La Protección de la Biodiversidad. Estudio jurídico de los sistemas para la salvaguarda de las especies naturales y sus ecosistemas” (Editado por Dykinson, 2016)- en un tupido marco jurídico de salvaguardia de ese rico concepto de la biodiversidad que comprende desde el material genético hasta los espacios naturales y las especies naturales protegidas.

Parece que las últimas palabras que pronunció Alexander antes de su fallecimiento -en Berlín un 6 de mayo de 1859- fueron: “¡Qué gloriosos son esos rayos de sol, parecen un reclamo del Cielo a la Tierra!”. No cabe duda de que la obra de VON HUMBOLDT sigue iluminando con vigorosos  destellos a quienes compartimos la pasión por la naturaleza.

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Controversias taurinas

18 de Septiembre de 2016 a las 11:58

scale-phpCoincidiendo con mi visita, por primera vez, a la ciudad histórica y monumental de Toro, en la provincia de Zamora, era noticia de portada en los medios de comunicación la celebración en Tordesillas del “Toro de la Peña” -sustituto del famoso “Toro de la Vega”- y los enfrentamientos entre los animalistas y los partidarios de este tradicional espectáculo taurino que allí tenían lugar. Como es sabido el torneo del “Toro de la Vega” es un evento taurino de origen medieval, consistente en la persecución y caza de un toro bravo por decenas de picadores y lanceros, en la cual se trata de alancear a la res hasta la muerte después de haber sido soltada cerca de la plaza del pueblo y conducida por los corredores y aficionados hasta la vega del río Duero. El conflicto público -que se viene produciendo desde hace unos años entre aficionados y animalistas- ha ido ganando notoriedad pública (en 2014 hubo una treintena de heridos como consecuencia de los enfrentamientos) ha terminado con la intervención del parlamento autonómico (las Cortes de Castilla y León), el 8 de junio de 2016, convalidando un Decreto-Ley 2/2016 del ejecutivo castellano-leonés por el que se prohíbe la muerte de las reses de lidia en presencia del público en los espectáculos taurinos y tradicionales en dicha Comunidad Autónoma.

Pese a que en el “nuevo” festejo taurino del “Toro de la Peña” ya no estaba permitido la muerte pública del toro (y, de hecho la Guardia Civil se encargó de retirarlo –previo anestesia del morlaco con un dardo- una vez que terminó el encierro), esto no dejó de congregar la presencia en Tordesillas de detractores de esta fiesta taurina.

Tengo que confesar aquí que, desde que tuve noticia del referido espectáculo taurino, nunca me había atraído esta ancestral costumbre. Como navarro de nacimiento y pamplonica de adopción, acostumbrado a los encierros sanfermineros y a las corridas de toros en la Plaza, la tradición del “Toro de la Vega” en la que un grupo indeterminado de lanceros persiguen al toro hasta su muerte (salvo las excepciones previstas en su reglamentación específica), públicamente, en mitad del campo, me producía bastante desasosiego. Qué diferente de mi experiencia personal en los encierros de Pamplona donde a los toros los miramos con respeto y temor, con la admiración de ver evolucionar por el pavimento unos soberbios animales –con su magnífica estampa- de más de 600 kilogramos, de su bravura, de sus impresionantes bufidos, y de la valentía de los mozos que, con gran habilidad y mucho riesgo personal, los conducen hacia los corrales de la plaza. Y luego, por la tardes, en mis poco frecuentes asistencias a las corridas de toros en la Plaza, no dejaba de sorprenderme ese duelo entre el torero y el toro, desigual sin duda, pero de tú a tú, entre el ser humano y el animal.9788491351597

En mi reciente visita a Pamplona para visitar a mis familiares, tuve la fortuna de visitar a mi amigo y colega de la Universidad Pública de Navarra, el Profesor José ALENZA GARCÍA, quien muy amablemente me regaló un libro dirigido por él que se acababa de publicar con el título “Derecho Sanferminero. El derecho de los Sanfermines y de otras fiestas locales” (publicado por la editorial Thomson Reuters Aranzadi, 2016). En uno de los capítulos de esta ingeniosa obra colectiva –en la que se analizan diferentes cuestiones jurídicas vinculadas con tan populares fiestas- se recoge el trabajo de mi buen amigo, el profesor José ESTEVE PARDO, de la Universidad de Barcelona. En ésta sugerente colaboración titulada “El toro de lidia en el debate sobre los derechos de los animales” se pone de manifiesto el radical cambio que, en las dos últimas décadas, se ha producido en el tratamiento jurídico de los animales con la tendencia hacia la subjetivación de la naturaleza promovida por la orientación ecológica del Derecho; pero también se realiza una aguda crítica sobre la inconsistencia de atribuir derechos subjetivos a los animales en lo que el autor denomina “el nuevo antropocentrismo radical” con la aparición de “personas, supuestos expertos, y colectivos que se erigen, se autoerigen en portavoces de la naturaleza y de los derechos de los animales”; y, es que como, el mismo señala: “lo cierto es que tenemos un ordenamiento y un sistema jurídico absolutamente antropocéntrico” en el que los animales nunca pueden tener derechos. Pero todo lo anterior, es perfectamente compatible con los “deberes de los seres humanos” para con los animales pues “la especie humana es la única capaz de preocuparse por las otras especies, de conocerlas, de clasificarlas, de atenderlas, de protegerlas”. Finalmente el Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Barcelona, pone de manifiesto como en el caso del toro de lidia –que ahora nos ocupa- es “el único animal que logra escapar (al “cerco antropocéntrico”) y el que más ha conseguido a acercarse a la condición de sujeto (en nuestro sistema jurídico) en toda la cultura de la modernidad”, “ningún animal ha desarrollado tal fuerza ordenadora sobre su propio jurídico que se erige en protagonista, en sujeto central. El toro pone a cada cual en su sitio”.

En efecto, es verdaderamente impresionante la regulación que ha existido en los temas taurinos en España desde la Edad Media hasta nuestros días, tal como se desprende de la documentadísima obra de otro buen amigo y colega, el profesor salamantino Dionisio FERNÁNDEZ DE GATTA, publicada en 2015 bajo el título “Derecho y Tauromaquia. Desde las prohibiciones históricas a su declaración como Patrimonio Cultural” (que también recibí recientemente como regalo de su autor). Se trata de una apasionante historia en la que, entre la tolerancia y la regulación de las fiestas y festejos taurinos, también han existido muchos supuestos de limitaciones y prohibiciones (por razones y motivos muy diferentes) hasta llegar a la más reciente prohibición de las corridas de toro en la Comunidad Autónoma de Cataluña (cuya legalidad o, mejor, su constitucionalidad es puesta en entredicho por este autor).

5356_______Desde luego que es muy destacable el trabajo de difusión de su ideario de los grupos animalistas en contra de los espectáculos taurinos (el “Partido Animalista”, PACMA, obtuvo más de 286.000 votos –para el Congreso de los Diputados- en la últimas elecciones generales de 2016) que han calado en muchos estratos de nuestra sociedad. Pero, nuestro juicio, por muy legítimas que sean las opiniones de estos grupos –subrayando el injusto sufrimiento que se inflinge a los animales en dichas actividades festivas, con una larga tradición en España- no pueden atenderse unilateralmente sin tener en cuenta que, en dichas actividades, hay en juego otros legítimos derechos derivados de la libertad empresa, libertad de expresión artística, etc.

En otro reciente libro colectivo –dirigido por el Director de la Fundación Santillana, Basilio BALTASAR– sobre “El Derecho de los animales” (publicado en 2015 por la editorial Marcial Pons), en el que participan muy destacados intelectuales (algunos de ellos los máximos exponentes en nuestro país de defensa de dichos derechos), se contiene un magnífico trabajo por otro de mis amigos y colegas, el profesor de Derecho Administrativo de la Universidad de Valencia, Gabriel DOMENECH PASCUAL, titulado “Colisiones entre bienestar animal y derechos fundamentales”. En el mismo se describe los muy interesantes supuestos de conflictos jurídicos producidos en España y en otros países de nuestro entorno sobre algunos derechos fundamentales (libertad religiosa, libertad científica, libertad artística, etc.) y las normas de protección de los animales (sobre sacrificios rituales, experimentación científica, espectáculos taurinos). Tras analizar escrupulosamente el ordenamiento jurídico español –que es “esencialmente antropocéntrico”- y, aún reconociendo que la protección del bienestar animal es un fin plenamente legítimo, las limitaciones que del mismo pueden derivar para el ejercicio de los derechos fundamentales no siempre son posibles si no se quiere desproteger dichos derechos de los ciudadanos que tienen un mayor valor jurídico que el del bienestar animal. Y, que, en todo caso, para proceder a una válida limitación de aquellos es preciso someterlo a los principios de proporcionalidad y de legalidad sino no quiere incurrir, tal restricción, en una arbitrariedad. Para ponderar el equilibrio entre los diferentes bienes jurídicos, la forma más respetuosa en el sistema democrático es encomendar tal tarea al legislador.

En el caso que nos ocupa –del “Toro de la Vega o de la Peña”- la decisión de prohibir la muerte del toro en el referido espectáculo, pese a haberse aprobado –por razones de urgencia- por el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, se ha requerido su convalidación por el Legislativo autonómico de esta Comunidad. “El ordenamiento jurídico –dice la Exposición de Motivos del referido Decreto-Ley 2/2016no puede ser ajeno a la realidad y a la ética social de cada momento histórico. Consecuentemente, en la actualidad, es imprescindible acomodar a las exigencias de la sociedad actual algunos aspectos de estos espectáculos que, si bien encontraron acogimiento favorable en otras sociedades históricas, hoy se encuentran confortados con la voluntad y sensibilidad que se manifiesta de manera reiterada y creciente…”.1433237679

Me parece magnifico toda la –extensa y detatallada- normativa desarrollada hasta el momento sobre el bienestar animal (proveniente de la Unión Europea), para condenar y perseguir el maltrato animal, y, por supuesto, la promulgada para proteger a los animales en peligro de extinción. Y, además, puedo compartir la nueva normativa castellano-leonesa para prohibir la muerte del “Toro de la Vega” en el torneo celebrado con motivo de la Patrona de Tordesillas. Pero en muchas de las propuestas de los grupos animalistas veo serias dificultades para prosperar en el marco jurídico de nuestro país (salvo, claro está, que sufra una honda transformación), como la del reconocimiento de derechos a los animales. En el caso del toro de lidia, la aplicación de sus medidas supondría acabar con la misma existencia de dicho animal. Pero lo cierto es que, por diferentes motivos, la tradicional popularidad de los espectáculos taurinos parece que está decayendo y ello pese a que el Estado se haya apresurado a aprobar la Ley 18/2013 para la regulación de la tauromaquia como “patrimonio cultural”.

Proteger a los animales es inexcusable deber del ser humano para salvaguardar la naturaleza que generosamente nos reporta tantos bienes y servicios. Pero entiendo que esta exigencia no debe aplicarse a cualquier precio, sino que hay que conjugarla –sabia y delicadamente- con los derechos legítimos de los ciudadanos en el marco de un antropocentrismo responsable.

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Por un futuro sostenible en América Latina

30 de Julio de 2016 a las 0:41

9788499424422Entre la enorme pila de libros que esperan mi lectura este verano, hay uno que me ha interesado particularmente: el escrito bajo el título: “La sociedad compartida. Una visión para el futuro global de América Latina” (publicado en España por la editorial Península en mayo de 2016) por Alejandro TOLEDO, quien fue presidente de Perú entre 2001 y 2006 y, previamente, doctor en Economía por la prestigiosa Universidad de Stanford. Actualmente, como presidente del Centro Global para el Desarrollo y la Democracia, con sedes en Lima, Madrid y Washington DC, el ex Presidente peruano, viene desarrollando un importante labor de promoción de la democracia y autosuficiencia económica de los países en desarrollo y, en especial, de los países de Latinoamérica.

Partiendo del extraordinario progreso económico experimentado en gran parte de los países latinoamericanos durante las dos últimas décadas, el profesor TOLEDO analiza los desafíos que tiene por delante América latina, que, según su opinión se encuentra hoy en una “encrucijada”: “una combinación de trabajo duro, planeamiento y situaciones afortunadas nos condujo a un lugar donde tenemos una oportunidad histórica para dar un gigantesco salto hacia delante”. Pensando en el 2050 el autor de “La sociedad compartida” sueña en que la región pueda ser “líder mundial en desarrollo humano, desarrollo económico e igualdad de oportunidades”. ¿Cómo lograrlo? Es lo que se expresa a lo largo del libro de amena lectura y adobado de mucha información económica y de la ciencia política del desarrollo.

Crecimiento económico, equidad, acceso universal a la educación, calidad democrática, lucha contra la corrupción, sociedad inclusiva, mejora de las instituciones públicas… son algunas de las claves de ese esperanzado futuro que nos dibuja el autor (pese a las enormes obstáculos y carencias que todavía existen, pero que no dejan de señalarse). Y, ¿cómo no?, en su omnicomprensivo planteamiento, está el reto del “desarrollo sostenible”. Un desarrollo estrechamente vinculado a la “lucha contra la pobreza” y a la “reducción de la desigualdad”. Y una “economía diversa construida sobre las mentes de nuestros pueblos, en lugar de hacerlo sobre los commodities, una región que goce de un desarrollo sostenible basado en la responsabilidad social y económica y en la innovación tecnológica”.fotonoticia_20160529090540_800

En esta “macrovisión” de la situación social y económica de América Latina hay una especial referencia a los recursos naturales: “hemos sido bendecidos –o maldecidos, depende de cómo se vea (escribe el autor)- con abundantes recursos naturales. Digo quizá maldecidos porque, como resultado de nuestro acceso a ganancias fáciles mediante nuestros recursos naturales, tendemos a ignorar la necesidad de invertir en nuestra gente. Ahora sabemos cómo en el largo plazo el conocimiento y las capacidades de nuestros ciudadanos será lo más importante para la salud de nuestra sociedad que los recursos naturales…”. Una serie de factores endógenos y exógenos, sitúan a Latinoamérica en un “momento histórico único” y, entre los primeros, destaca el autor, el de la “exuberante diversidad que aloja”, “aproximadamente un tercio de la totalidad del capital biológico en el mundo, junto con los servicios ecológicos que vienen con el, se encuentran en América latina”.

Son extraordinarios los desafíos sociales, económicos, tecnológicos y políticos que señala el ex mandatario peruano en su ensayo, pero limitándonos al relativo al desarrollo sostenible, encontramos en su Capítulo 6º (“Adoptando el desarrollo sostenible”) algunas medidas necesarias para alcanzarlo y para no “perder nuestra oportunidad de construir un futuro sostenible”. Sin duda que con la naturaleza eminentemente “extractiva” de muchas de los economías latinoamericanas se explica, como nos dice el autor, la actual sobrecarga de sus recursos naturales y la grave degradación de sus ecosistemas, hasta el punto de suponer “una amenaza para el crecimiento económico futuro y la sostenibilidad ambiental”. Ello no es por “ausencia de normas y reglamentos, sino más bien yace en nuestra debilidad institucional para hacer valer las leyes que ya hemos aprobado”. Y, por tal motivo, es preciso y urgente un cambio de enfoque –propone TOLEDO– en muchos de los sectores económicos: una producción agrícola y ganadera sostenible (con mayor inversión en investigación y tecnología, aumentando la productividad y competitividad) pero sin poner en peligro la seguridad alimentaria de la Región; una pesca y acuicultura sostenible, que defienda la pesca tradicional y artesanal, que mejore el cumplimiento de las normas, que aplique las tecnologías de la información y comunicación como herramientas para facilitar una información adecuada y oportuna; un “manejo forestal sostenible” que eviten la desforestación de grandes masas de bosques –tan necesarias, por otra parte, como sumideros de CO2- y que respeten los derechos de las comunidades indígenas; etcétera.

portada-venas-abiertas-america-latinaSin duda, uno de los grandes desafíos de Latinoamérica es lograr una “mayor sostenibilidad en la extracción de los recursos no renovables”. Ya destacamos en otra ocasión en nuestro blog la enorme conflictividad socio-ambiental de la minería en América Latina. El profesor peruano con una perspectiva, a mi juicio, más ponderada que la reflejada en la muy conocida obra “Las venas abiertas de América” del escritor uruguayo GALEANO, tras poner de manifiesto las enormes riqueza de minerales que albergan los países latinoamericanos y el acentuado crecimiento de los inversiones extranjeras en el sector minero, señala algunos de las medidas y mecanismos que han de implementarse en la Región para reducir la conflictividad social que vienen originando y la enorme degradación ambiental que generan. Así, por ejemplo, la necesidad de llevar a cabo estudios de impacto ambiental y social de las concesiones mineras, la aplicación efectiva de la “Convención sobre los Pueblos Indígenas y Tribales” (de la Organización Internacional del Trabajo nº 169), una mejor compresión del proceso de consultas en las mismas, de un fortalecimiento de la participación de los gobiernos nacional y subnacionales, etcétera.

Siguiendo en el capítulo de la “minería sostenible”, el futuro pasa por asegurar que “los recursos lleguen a las comunidades locales donde tienen lugar la minería y la extracción”. En el Capítulo 9º de libro que estamos comentando, su autor hace una interesante propuesta sobre nuevos modelos extractivos “a la vena” que prevén una participación activa de las comunidades locales en decidir cómo utilizar los recursos monetarios provenientes de las industrias extractivas. Pero también, no pueden perderse de vista soluciones tan imaginativas como la “Iniciativa Yasuní-ITT” en Ecuador para mantener enterrado parte del petróleo en el subsuelo para conservar el ambiente y luchar contra el calentamiento global, que cita como ejemplo TOLEDO.

Cómo “revertir las debilidades de las instituciones de América Latina y para que estas puedan ofrecer resultados cuantificables y tangibles”, es uno de los retos más acuciantes. También debe cambiarse radicalmente la relación de Latinoamérica en el contexto mundial, saliendo del círculo vicioso frente al “impacto de los mercados internacionales y a la vulnerabilidad asociada a la exportación de commodities”, afirma el Presidente del “Centro Global para el Desarrollo y la Democracia”. No obstante, estoy totalmente de acuerdo con el Profesor TOLEDO en que la principal clave del futuro está la inversión en el “capital humano”, en su formación y en aprovechar toda la potencialidad que tiene la juventud latinoamericana.

La colaboración para la prevención y mitigación del cambio climático, así como la prevención de desastres naturales es cada vez frecuente en las conferencias intergubernamentales de la Región. También son muy importantes los esfuerzos internacionales –como la “iniciativa para la transparencia de las industrias extractivas” (ITIE)- para mejorar la gestión social y económica de los recursos naturales.eed26aaf-c5f2-4de3-b26b-59d7eb3e37ff

Al igual que Alejandro TOLEDO –extraordinario conocedor de la realidad socioeconómica latinoamericana- mostrándonos en su “Sociedad compartida” algunos interesantes caminos para alcanzar ese futuro sostenible de América Latina, nos parece oportuno traer aquí a colación, para concluir este comentario, la reflexión de otra gran personalidad latinoamericana –y ahora también universal-: “Necesitamos una política que piense con visión amplia, y que lleve adelante un replanteo integral, incorporando en un diálogo interdisciplinario los diversos aspectos de la crisis. Muchas veces la misma política es responsable de su propio descrédito, por la corrupción y por la falta de buenas políticas públicas. Si el Estado no cumple su rol en una región, algunos grupos económicos pueden aparecer como benefactores y detentar el poder real, sintiéndose autorizados a no cumplir ciertas normas, hasta dar lugar a diversas formas de criminalidad organizada, trata de personas, narcotráfico y violencia muy difíciles de erradicar. Si la política no es capaz de romper una lógica perversa, y también queda subsumida en discursos empobrecidos, seguiremos sin afrontar los grandes problemas de la humanidad. Una estrategia de cambio real exige repensar la totalidad de los procesos, ya que no basta con incluir consideraciones ecológicas superficiales mientras no se cuestione la lógica subyacente en la cultura actual. Una sana política debería ser capaz de asumir este desafío” (Papa FRANCISCO en la Encíclica Laudato Si, nº 197).

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Océanos de vida… plástica

8 de Junio de 2016 a las 8:54

6a00d8341d883053ef01156fc8992b970c-800wiCelebramos hoy el día internacional de los océanos y este año 2016, como el anterior, bajo el lema: “unos océanos sanos, un planeta sano”. Pero, como se pone de manifiesto en una de las web que divulgan el “World Oceans Day”, en boca del cantante Jack JOHNSON, la contaminación por plástico en uno de los más graves problemas para los océanos. De aquí la llamada para “subirnos a la ola del cambio (#WaveForChange) y, por tal motivo reducir el uso del plástico.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 14 orientado a la “conservación y utilización sostenible de los océanos, los mares y los marinos para el desarrollo sostenible”, persigue -entre otros muchos objetivos para el 2025-, “prevenir y reducir de manera significativa la contaminación marina de todo tipo, en particular la contaminación producida por actividades realizadas en tierra firme, incluidos los detritos marinos y la contaminación por nutrientes”. Y, como se sabe por muy abundantes y diversos estudios la acumulación de plásticos en determinadas zonas de los océanos es muy preocupante.S_SDG_Icons-01-14

A título de ejemplo, es muy interesante el estudio el proyecto de investigación “IMPACTA” liderado por Víctor Manuel LEÓN LEÓN del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en colaboración con otros centros del investigación (entre ellos, mi Universidad de A Coruña, bajo la dirección de la profesora Soledad MUNIATEGUI y directora del Master en que tengo el honor de participar) sobre el impacto de los “microplásticos” en los ecosistemas marinos. En particular, el citado proyecto se propone caracterizar la distribución de contaminantes y microplásticos en sedimentos costeros de la Ría de Vigo y del Mar Menor, y de la plataforma de la costa atlántica y mediterránea”. En el blog adjunto a este proyecto se recogen datos muy interesantes: como que “hay 5 trillones de piezas de plástico flotando en nuestros océanos”, que “el número global de piezas de plástico flotante es de 5.250 billones con un peso de 268.940 toneladas”, que “en 2050 habrá más plásticos que pescado en el océano”, etcétera.

Hace unos meses se hacía público en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) un estudio –titulado: “The new plastics economy. Rethinking the future of plastics”- realizado con el apoyo la Fundación Ellen MacArthur y la empresa McKinsey sobre los enormes costes ambientales derivados de la producción y el uso del plástico, con un impacto de sus residuos calculado en 37.000 millones de euros anuales, frente a unos beneficios anuales de entre 24.000 y 36.000 millones de euros. En el mismo estudio se destaca la gran amenaza que dichos residuos supone para la biodiversidad de los océanos. Por tal motivo, el informe propone una rigurosa aplicación de los principios de la economía circular sobre los plásticos, incrementando su reciclado, su reutilización, aumentando la biodegradabilidad de sus materiales, etc.

oFKWLqEe.1.0Releyendo uno de mis favoritos libros sobre cuestiones marinas, el magnífico ensayo del profesor de Conservación Marina en la Universidad de New York, Callum ROBERTS, titulado “Océano de Vida. Como están cambiando nuestros mares” (publicado al castellano por la Alianza Editorial en 2012). Ningún problema que afectan actualmente a nuestros mares y océanos escapa a este experto -que recibió el Premio Rachel Carson de Medio Ambiente-: la sobrepesca, la proliferación de especies exóticas e invasoras, la contaminación química de las aguas, el “ruido marino”, …, y, por supuesto, los plásticos (que analiza en su capítulo 10º sobre “la edad del plástico”). Después de describir gran número de evidencias sobre la contaminación plástica de las agua marinas, de cuándo comenzaron a invadir las corrientes marinas, sobre los lugares donde persisten las “islas” de plásticos, de los plásticos que flotan y de los que se depositan en los fondos marinos, de su consumo accidental por muchas especies animales marinas, de los peligrosas sustancias que contienen algunos plásticos (como el “bisfenol A” y los “ftalatos”), de sus dimensiones microscópicas, … “Los océanos –concluye su Capítulo 10º- se están ahogando en plástico y lo seguirán haciendo en los próximos cien años, incluso aunque dejemos de verter plásticos hoy mismo. Pero nunca es tarde para empezar la limpieza”._visd_0000JPG01HE4

Como bien saben mis lectores, me encanta semejante optimismo por parte de alguien como Callum ROBERTS que claramente nos ha demostrado su profundo conocimiento de los océanos, sin dejar de poner el dedo en la llaga de tantos problemas que inundan el medio marino. Qué mejor manera de celebrar, con esperanza, este “Día de los Océanos” -que tanto me gusta porque coincide con el cumpleaños de mi querida sobrina María (a la que dedico esta reflexión)- con las palabras que cierran su brillante obra: “Algunas de las historias de este libro son descorazonadoras, y la situación empeorará si mantenemos ciegamente el rumbo actual. Pero estoy muy animado por los esfuerzos realizados en los últimos diez años. La gente se ha dado cuenta de la expansión de la influencia humana por los océanos y bajo la superficie, y se están llevando a cabo incontables esfuerzos para rectificar el daños. Nunca he visto tanto compromiso y tanta energía para superar un problema, desde la aldea más humilde hasta las salas de Naciones Unidas. Por eso soy optimista. Podemos cambiar, Podemos revertir nuestros impactos sobre la biosfera. Podemos vivir junto la naturaleza salvaje. La alternativa es la autodestrucción”.

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Historias mínimas –pero aleccionadoras- de Chernobil y… Fukushima

1 de Mayo de 2016 a las 12:03

voces-de-chernobilEl pasado martes 26 de abril se cumplía el treinta aniversario de la mayor catástrofe nuclear jamás ocurrida (la más grave en la “Escala Internacional de Accidentes Nucleares”: su nivel 7): la explosión del reactor nº 4 (tipo RBMK-1000) de la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, situada a 3 kilómetros de la ciudad de Prypiat y a 18 kilómetros al noroeste de la ciudad de Chernobil, ambas pertenecientes a la actual Ucrania. Con este motivo he vuelto a releer estos días los sobrecogedores testimonios reunidos magistralmente por la escritora bielorrusa, Svetlana ALEXIEVICH, en su obra titulada “Voces de Chernobil. Crónica de futuro” (publicado el Grupo Editorial Penguin Random House, 2015). Como es sabido esta periodista ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 2015, quien, según el Jurado, “su obra polifónica” es “un monumento al valor y al sufrimiento en nuestro tiempo”.

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Svetlana Alexievich

En la citada obra se recogen más de medio centenar de “monólogos” que son testimonios de quienes vivieron de primera mano los acontecimientos de Chernobil: desde la esposa de un bombero fallecido poco después de la catástrofe, hasta de residentes en la zona contaminada, pasando por algunos de los “liquidadores” de la central destruida, personal médico que atendió a las víctimas, periodistas, políticos, investigadores, evacuados de la ciudad de Prypiat, profesores, etcétera-. Casi veinte años ha tardado la autora bielorrusa en acopiar tan impresionantes reflexiones de los protagonistas de Chernobil. Como cuenta ella misma: “un año después de la catástrofe, alguien me preguntó: “todos escribe. Y usted que vive aquí, en cambio no lo hace. ¿Por qué?”; no quería escribir una obra rutinaria, descubrió que tras Chernobil había un enigma que había que descifrar. “¿Qué es lo que realmente había sucedido? (…) Sencillamente, ya no bastaba con los hechos, aspirabas a asomarte a lo que había detrás de ellos, a penetrar en el significado de lo que acontecía. Estábamos ante el efecto de la conmoción, Y yo estaba buscando a esa persona conmocionada. Esa persona anunciaba nuevos textos”.

“Con las personas para las cuáles Chernobil representa –como sigue diciendo Svetlana– el principal contenido de su vida, cuyo interior y cuyo entorno, y no sólo la tierra y el agua, están envenenados con Chernobil. Estas personas contaban, buscaban respuestas. Reflexionábamos juntos. A menudo tenían prisa, temían no llegar a tiempo, y yo aún no sabía que el precio de su testimonio era la vida”. Y, tras revelarnos el sentido de su trabajo periodístico, concluye: “un destino construye la vida de un hombre, la historia está formada por la vida de todos nosotros. Yo quiero contar la historia de una manera que no se pierdan los destinos de los hombres… ni de un solo hombre”.

Inevitablemente esta “historia mínima” de Chernobil, me llevó inevitablemente a otra de las catástrofes nucleares recientes como es el caso de Fukushima y, en particular, a rememorar la también sugerente obra de un profesor jubilado y bloguero, Takashi SASAKI quien, bajo el título “Fukushima. Vivir el desastre” (publicada en 2013 por editorial Satori), narra, a modo de diario, su vida y reflexiones sobre el devastador terremoto y tsunami que provocó –el 11 de marzo de 2011- el accidente de la central nuclear de Fukushima Daiichi, situada a 25 kilómetros de su vivienda. Los problemas de los suministros en su “ciudad fantasma”, la desesperante actitud del gobierno en los primeros mementos de la catástrofe, sus ocupaciones cotidianas, la sonrisa de su pequeña nieta Ai, la solidaridad de quienes habían decidido quedarse… nada pasa desapercibido para este damnificado por la catástrofe. Todo lo cual le obliga, además, a plantearse problemas más profundos.

fukushima-vivir-el-desastreCon toda frescura, este abuelo de setenta y un años, recoge, junto a incisivos comentarios del momento -como el siguiente: “Creo recordar que la primera vez que se habló de desmantelar la central fue cosa de una semana después del accidente. No puedo librarme de la sospecha de que por esas fechas, TEPCO (empresa eléctrica responsable de la central nuclear), que aspiraba a volver a poner en funcionamiento las instalaciones, solo tomaba pequeñas medidas para salir del paso y salvar las apariencias” (marzo de 2011)- verdaderas reflexiones de gran enjundia -como esta: “en Japón, todos los mecanismos sociales están hechos esmeradamente y de una forma que los hace muy seguros. Esto incluye también a los seres humanos, porque es grato poder decir que la seguridad ciudadana está, quizás, al nivel más alto del mundo. No, no era mi intención ponerles pegas a estos hechos. Lo que quiero decir es que Japón está concebido de una forma tan cómoda y segura,, que ante las cosas que no entran en las previsiones estamos totalmente indefensos” (abril de 2011)-. Y, en cuanto a la proverbial unidad del pueblo japonés, se atreve a afirmar, “(…) con ocasión del gran terremoto, hemos tomado conciencia de lo desunidos que estábamos, y de que esa distancia que nos separaba no va a poder ser acortada como no sea mediante un esfuerzo mutuo” (abril de 2011).

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Takashi Sasaki y su esposa

A estas alturas se han escrito “toneladas” de páginas -y bits- sobre ambos eventos catastróficos: exhaustivos informes técnicos, sesudos artículos científicos (en cuanto a un análisis comparativo de los impactos ambientales recomiendo el publicado por la revista “Science of the Total Environment”), apasionados alegatos en contra y a favor de la energía nuclear, innumerables colaboraciones periodísticas, hasta “comics”. Y, por supuesto, como era de esperar, con motivo de los aniversarios (20º, 25º, 30º…; 5º en el caso de “Fukushima”) se reabre, una y otra vez, el tan manido “debate nuclear”. Por mi parte, confieso que estoy un poquito cansado de tanta parafernalia mediática. Posiblemente, en la futura política energética (a corto y medio plazo) no podamos prescindir todavía de una porción nuclear en el “mix energético” -salvo que los alemanes nos convenzan de que es posible el “apagón nuclear” antes del 2030-, necesitados como estamos de “descarbonizar” cuanto antes la economía, para lograr los objetivos del “Acuerdo de París”.

En todo caso, me gustaría reivindicar aquí a quienes tengan en sus manos los hilos de la política energética (organismos internacionales, gobiernos, industrias, “lobbies”, analistas, etc.) que no pierdan de vista que tras esas decisiones –y sobre sus posibles consecuencias- están personas de carne y hueso como las que se cuentan en las obras de Svetlana ALEXIEVICH y Takashi SASAKI. Por encima de estadísticas, estudios, análisis hay personas, con nombres y apellidos, que sufren y padecen muchas veces las irresponsabilidades que quienes ejercen el poder. Ojalá no se cumpla el oscuro presagio con que concluye Svetlana una de sus reflexiones sobre Chernobil: “En Chernobil se recuerda ante todo la vida “después de todo”: los objetos sin el hombre, los paisajes sin el hombre. Un camino hacia la nada, unos cables hacia ninguna parte. Hasta te asalta la duda de si se trata del pasado o del futuro. En más de una ocasión me ha parecido estar anotando el futuro”.

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Ante la crisis climática-ambiental

20 de Marzo de 2016 a las 21:14

LIBRO_CRISIS_TEMATICA_AMBIENTALAlgo tendremos que hacer. No nos vamos a quedar de brazos cruzados. ¿Qué es muy poco lo que podemos hacer frente a la crisis ambiental? Pero, muchos pocos puede ser mucho. Y, los gestos como el de ayer -en que se celebró, un año más, la iniciativa de WWF “60+”, “La hora del Planeta-, con un apagón voluntario, es un buen motivo para valorar la importancia del ahorro energético y, al mismo tiempo, para disfrutar de la belleza de “un cielo oscuro”.

Justo en estos días ha caído en mis manos el libro del economista ambiental y ensayista vasco Antxón OLABE EGAÑA titulado: Crisis climática-ambiental. La hora de la responsabilidad (publicado en 2016 por la Galaxia Gutemberg). Se trata de un interesante ensayo ambientalista de este experto en cambio climático –que, además, promueve el sugerente blog “Punto de inflexión”- sobre la vigente “desestabilización de las funciones de soporte de la biosfera”, sobre las causas –y efectos- de la “crisis climática-ambiental” experimentada en la nueva época geológica en que vivimos (llamada “Antropoceno”) y sobre las posibles soluciones. Todo esto aderezado de un rico aparato bibliográfico.

En este libro -que pretende ofrecer una visión interdisciplinar del “cambio global”- se sigue el “modelo F-P-E-I-R”, es decir, Fuerzas (motrices), Presiones, Estado (del medio ambiente), Impactos y Respuestas. Aunque, como señala el autor, “las respuestas a los problemas ambientales de alcance global no han funcionado de forma satisfactoria porque se han abordado desde un marco de referencia que ha dejado de lado las fuerza motrices”. A lo largo de la Primera Parte se hace un recorrido histórico desde la aparición del “homo sapiens”, de su adaptación al medio natural, de la puesta en marcha de la civilización con el inicio de la agricultura, …, hasta las Revoluciones Industriales y la intensificación de las fuerzas motrices, intensificadas a partir de la segunda mitad del siglo XX, que “están provocando un cambio en el estado de la biosfera”.

En la Segunda Parte, se hace un completo análisis de los principales problemas ambientales (cambio climático, pérdida de la biodiversidad, contaminación química, desertificación, sequías, erosión del suelo, etc.) que nos han abocado a la presente “crisis ecológica”. Una crisis que no es consecuencia ineludible de la naturaleza humana (frente a visiones más pesimistas del ser humano) pero que tiene su origen en la “idea de separación y dominio del hombre respecto a la naturaleza”, enfatizada desde los comienzos de la Edad Moderna de la civilización europea occidental e impulsada posteriormente por el desarrollo económico experimentado por la primera Revolución Industrial, a mediados del siglo XVIII. Todo este proceso nos lleva, en palabras de OLABE EGAÑAhacia un futuro incierto y peligroso” y la comunidad científica alerta sobre la “urgencia de actuar ante las amenazas identificadas”. Siguiendo el estudio de ROCKSTRÖM, se explica que se han sobrepasado los “umbrales críticos” varios de los subsistemas del “sistema Tierra” –la pérdida de diversidad biológica, la alteración del ciclo del nitrógeno y el cambio climático- y, en otros, se está a punto de superarlos (acidificación de los océanos, disponibilidad de agua potable, cambios en el uso del suelo y el ciclo del fósforo).

Particularmente interesante me parece la Tercera Parte del libro que comentamos, donde se recogen los fundamentos filosóficos, económicos y políticos sobre los que el autor basa sus propuestas para superar la actual “crisis climática-ambiental”. Hay, en primer lugar, una responsabilidad moral hacia las generaciones venideras y una justicia climática que obliga a los países desarrollados para ayudar a los países en desarrollo y que pone en entredicho la legitimidad de los Estados para disponer sin límites los bienes comunes de todos los pueblos y naciones del mundo. Desde la perspectiva económica, se propone la acción de “desacoplamiento del crecimiento económico de las presiones y los impactos ambientales”, “integrar los umbrales críticos de la biosfera en el desarrollo económico”, promover “una transición energética basada en el ahorro, la eficiencia y las energías renovables”; “es la hora de desarrollar una síntesis inteligente entre la Economía y Ecología” pero sin necesidad de incurrir en las tesis del “decrecimiento sostenible” (por no ser realista, según el autor). A este respecto, aprovecho para decir que me gustó la crítica del autor (recogida en la revista “Política Exterior”) a la tan citada obra de la activista Naomi KLEIN: Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima (publicado en 2015 por la editorial Paidós) en el sentido de que “el dilema real que nos enfrentamos no es tanto capitalismo o clima (como defiende KLEIN), sino energías fósiles versus energías limpias”; aparte de la limitada visión –de esta periodista canadiense- al problema del cambio climático en los Estados Unidos, que no tiene en cuenta la interesante experiencia de la Unión Europea.9788449331022

Tras identificar algunos de los predecesores (THOREAU, MUIR), las diferentes tendencias y los más destacados hitos, que se han desarrollado a lo largo del último medio siglo en el “movimiento ambiental” (conservacionismo, ecofeminismo, justicia ambienta, ecología política, ecología profunda, etc.), se pone de manifiesto su contribución para transformar la comprensión de la relación entre los seres humanos, las sociedades y el medio natural. Dicho movimiento sigue siendo muy importante para promover una amplia alianza entre todos los sectores de la sociedad (comunidad científica, tradiciones religiosas, pueblos, ciudades y regiones, etc.), una “alianza en defensa del clima y por la preservación de la biosfera”. En este sentido el economista vasco destaca el acierto y oportunidad de la encíclica “Laudato Si” del Papa FRANCISCO ya que “ha situado en el centro del debate el desafío moral con que nos confronta este grave problema” (el cambio climático).

Finalmente, en el apartado de las “Instituciones y políticas” el economista OLABE EGAÑA propone reformular las instituciones internacionales y transnacionales desde la perspectiva de la “preservación de las funciones vitales de la biosfera”, así, por ejemplo, crear una nueva agencia independiente en el sistema de Naciones Unidas: la “Organización Mundial del Medio Ambiente” que sustituya el vigente PNUMA. O, igualmente una mayor responsabilización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ante la crisis climática. También, se destaca la aprobación de la “Carta de Custodia de la Biosfera” de las Naciones Unidas, a modo de “contrato social” en el que se formalice con carácter normativo el acceso y utilización de los bienes comunes preservándolos de sus “umbrales críticos”.

En su conjunto comparto el diagnóstico y las propuestas del autor del ensayo que estamos comentando por su visión esperanzada (“construir la esperanza” es el título de su penúltimo capítulo), de que todavía estamos a tiempo de recuperar la vital armonía entre el ser humano y el mundo biológico, asumir nuestra labor de custodiar la biosfera. Además veo algunos puntos de confluencia entre la tesis de OLABE EGAÑA -de aprovechar esa interesante corriente de “resistencia desde la sociedad civil” que ha cristalizado en “una amplia red de relaciones plural, creativa, policéntrica, dinámica, comprometida…”- con la de KLEIN – que reclama para la lucha contra el cambio climático un movimiento social que impulse el necesario cambio de cosmovisión (siguiendo la estela de otras movimientos históricos como el abolicionista, de igualdad de derechos, etc.)-. Pon encima de otras fuerzas de transformación (económica, tecnológica…), la social nos parece primordial.

Sin pretender enmendar la plana al economista, me parece que no estaría mal convencer a los países desarrollados de aplicar cierto “decrecimiento sostenible” para que los países desarrollados puedan llegar a sus mínimos vitales de crecimiento. Y, en la parte institucional, me parece que el planteamiento del autor es demasiado optimista con la labor de las organizaciones internacionales; visto el resultado del reciente “Acuerdo de Paris” –sin dudar de la importancia de las iniciativas mundiales- pienso que el futuro de la buena senda hacia una “sociedad descarbonizada” está en la propia responsabilización de las instancias políticas nacionales, regionales y locales, y a la necesaria implicación de la sociedad civil en tan colosal tarea.

Mesa redonda sobre el Acuerdo de Paris, con Xavier Lavandeira y María Garcia

Mesa redonda sobre el Acuerdo de Paris, con Xavier Lavandeira y María Garcia

Como nos comentaba recientemente el Profesor Xavier LAVANDEIRA (Director del Instituto de Regulación Climática del Instituto Europeo de Florencia) –en una mesa redonda que organizamos sobre el “Acuerdo de Paris” en mi Universidad de A Coruña-, la política del cambio climático del futuro constituye “un proceso complicadísimo y lleno de incertidumbres”, en el que hay que procurar realizar una “transición inteligente” hacia una economía baja en carbono y que debe pasar por la desideologización que ha sufrido dicha política hasta el momento actual (en especial en los Estados Unidos). En cualquier caso, me quedo con el subtítulo de la obra de OLABE EGAÑA: es ¡“La hora de la responsabilidad”!

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Escrito por Javier Sanz Comentar
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¿La última oportunidad? Pensando en la próxima Cumbre de París

4 de Octubre de 2015 a las 9:52

NicholasSternBookCVR_175pxHace pocos días Nicholas STERN, el famoso economista británico –autor del Informe sobre las graves consecuencias económicas del cambio climático, hecho público en 2006, que lleva su nombre- ha afirmado que nuestra generación es la última capaz de frenar, si quiere, el calentamiento global. Más recientemente, el mismo autor ha publicado libro que lleva por título: “¿Por qué estamos esperando? La logica, la urgencia y la promesa de la lucha contra el cambio climático, (Mit Press, 2015). En este nuevo libro el autor sostiene que los costes del cambio climático van a ser mucho mayores de lo que había calculado en su Informe (hasta un 20% del PIB si no se adoptara ninguna medida). Contiene una llamada a líderes empresariales, a los responsables de las ciudades y a los jóvenes para que presionen a los políticos con el fin de adoptar decisiones para luchar contra el cambio climático.

El economista destaca de cara al futuro, en las próximas décadas, tres factores fundamentales que determinarán los retos que se avecinan: primero, un profundo cambio estructural en la economía global, con un fuerte crecimiento en el mundo en desarrollo y en el proceso de urbanización; segundo, el más rápido progreso técnico que el mundo jamas haya visto; y tercero, un período crítico para la acción climática, porque las concentraciones de gases de efecto invernadero ya están en niveles muy peligrosos. Ante esta perspectiva puede elegirse entre no hacer nada –seguir igual- o promover un cambio basado en la innovación y en la cooperación internacional. Esta segunda opción nos proporcionará, según el mismo autor, un crecimiento sostenible a largo plazo y un considerable avance en la lucha contra la pobreza. Como el Papa Francisco en su Encíclica “Laudatio Si, STERN se queja de la falta de voluntad política y el cortoplacismo de los actuales gobernantes para actuar con la urgencia requerida.

En todo caso, su conclusión –previa apelación a los responsables políticos- es bastante esperanzadora: “estamos en un punto notable de la historia. Tenemos la oportunidad de combinar los profundos cambios estructurales en la economía mundial y un cambio tecnológico extraordinario por un lado, con una rápida transición hacia una economía baja en carbono en el otro. Podemos encontrar al mismo tiempo una forma mucho más atractiva para crecer y desarrollarse, superar la pobreza y reducir radicalmente los graves riesgos del cambio climático. Debemos decidir y actuar o la oportunidad se perderá. El momento es ahora”, y termina con la pregunta que encabeza su estudio: “¿Por qué estamos esperando?”

Con Teresa Ribera y Xavier Labandeira (Director de la Escuela de de Regulación Climática del Instituto Europeo de Florencia)

Con Teresa Ribera y Xavier Labandeira (Director de la Escuela de de Regulación Climática del Instituto Europeo de Florencia)

Con la mirada puesta en la Cumbre de Paris, el próximo mes de diciembre, fueron muy esclarecedoras las ideas expuestas sobre dicho evento por Teresa RIBERA –ex Secretaria de Estado para el Cambio Climático y actual directora del prestigioso Institute for Sustainable Development and International Relations (IDDRI) con sede en Paris- en la inauguración de una nueva edición del Master en Gestión del Desarrollo Sostenible de la Universidad de Vigo, en el que tengo el placer de impartir docencia desde hace varios Cursos.

En efecto, para que prospere con éxito la “XXI Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático” de Paris -con el principal objetivo de llegar a un acuerdo internacional sobre el clima previsto para después de 2020- se hace preciso que concurran, según la experta española, varios argumentos. De una parte, una visión de conjunto de los problemas del desarrollo y una estrategia a largo plazo (2050 y 2100). Por otro lado, aunque es clave la implicación de los grandes emisores (China, Estados Unidos y la Unión Europea: responsables del 46% de las emisiones totales) más importante es que los acuerdos que surjan en la Cumbre sean aceptados y apoyados por la mayoría de la Comunidad Internacional; debe de tratarse de una agenda –hacia la transición de una economía baja en carbono- que implique a todos los países, afirmó RIBERA, “sin que valgan atajos” (por ejemplo,que unos pocos países se pongan de acuerdo). Hay que fijar metas concretas, generar confianza entre los países, no limitarse a aplicar sólo las medidas propias de la política climática (mitigación, adpatación) sino reorientar todas las políticas pública hacia dicha tarea, dejar atrás los recursos fósiles…. En cuanto al “pilar financiero”, los 100.000 millones de dólares previstos han de estar disponibles para los países en desarrollo para que puedan acometer sus estrategias de adaptación, fortaleciendo la resiliencia de su economía y de sus sistemas sociales y naturales.

arton7510Por lo que se refiere a los actores (“stakeholders”) no basta con las contribuciones de los países que están presentando sus propio planes de lucha contra el cambio climático sino que, cada vez resulta más relevante el papel de los entes locales, regionales y sub-estatales, de las empresas y multinacionales, así como el paternariado público-privado en muchas de las acciones que se adopten.

En el debate posterior a la intervención de la Directora del IDDRI uno de los asistentes le preguntó si la Cumbre de Paris es la última oportunidad que tiene la Humanidad para abordar con éxito el problema del calentamiento global. Ella respondió que sí, en una dirección, por lo tanto, similar a la mantenida por el Prof. STERN. Quizá sea, en efecto, la última oportunidad, pero de lo que no me cabe la menor duda es que hay suficientes argumentos científicos y éticos para actuar con premura y que esperar -¿a qué?- no es una opción razonable. Por no decir suicida.

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Escrito por Javier Sanz 1 Comentario
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