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Archivo para abril, 2012

Economía ¿verde o azul?

Domingo, abril 29th, 2012

A menos de dos meses de la celebración de la Cumbre mundial Rio+20 –adornada con el expresivo subtitulo: “El futuro que queremos” (The future we want)- es evidente que, en plena crisis económica, uno de los temas extrella es el de la “economía verde” (green economy). Así se compueba en el documento “0” en que la economía verde aparece con gran protagonismo “en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza” (cfr. su apartado III).

Pero no todos opinan lo mismo acerca de cuáles deben ser las claves de dicha economía o, más bien, los criterios que deben orientar esa deseada “transición” en el escenario mundial. La Secretaría preparatoria de la Cumbre Mundial señala que “La economía verde ofrece una oportunidad para mejorar la gobernanza del comercio global y el entorno de comercio interior para asegurar que el comercio contribuya positivamente a una economía verde en el contexto de la erradicación de la pobreza y desarrollo sostenible”. Por su parte, la Comisión Europea en su documento preparatorio “Río+20: hacia la economía ecológica y la mejora de la gobernanza” (junio de 2011), afirma que “Río+20 puede marcar el inicio de una transición más rápida y profunda, a nivel mundial, hacia una economía ecológica: una economía que genere crecimiento, cree empleo y erradique la pobreza, conservando el capital natural del que depende la supervivencia a largo plazo de nuestro planeta e invirtiendo en él”. Otros opinan que la “economía verde” no es más que un lavado de cara de los intereses capitalistas que tratan de mantener su dinámica productivista (vid. por ejemplo la web: “no green economy“).

Con relación a estos temas, desde hace unos años venimos siguiendo con gran interés una serie de reflexiones que coinciden en la oportunidad de imitar a la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera. Se trata de la llamada Biomímesis (de bio, vida y mimesis, imitar), también conocida como biomimética o biomimetismo, “es la ciencia que estudia a la naturaleza como fuente de inspiración, nuevas tecnologías innovadoras para resolver aquellos problemas humanos que la naturaleza ha resuelto, mediante los modelos de sistemas (mecánica), procesos (química) y elementos que imitan o se inspiran en ella”. Hace unos años fue el Profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Barcelona, Jorge RIECHMANN, quien publicó una obra con tal título (en la editorial Los Libros de la Catarata, Madrid, 2006).  Pero quien popularizó este término en inglés (biomimicry) ha sido la ambientalista norteamericana Janine M. BENYUS cuya obra pionera (Biomimicry: innovation inspired by nature, Ney York, 1997) acaba de ser publicada en España –bajo el título “Biomímesis. Innovaciones inspiradas por la naturaleza”- por la editorial Tusquets (Barcelona, 2012). La autora -que dirige un Instituto especializado en esta materia- resumen de esta manera el canon de leyes, estrategias y principios que sigue la naturaleza:

La naturaleza cabalga sobre la luz solar.

La naturaleza gasta sólo la energía que necesita.

La naturaleza ajusta la forma a la función.

La naturaleza lo recicla todo.

La naturaleza premia la cooperación.

La naturaleza cuenta con la diversidad.

La naturaleza demanda tecnología local.

La naturaleza frena los excesos desde dentro.

La naturaleza saca partido de las limitaciones.

En una dirección similar se orienta la obra de Gunter PAULI (polifacético empresario y fundador de la “Zero Emissions Research Initiative”) titulada La economía azul. 10 años , 100 innovaciones, 100 millones de empleos” (publicada por Tusquets, Barcelona, 2011). Crítico tanto con el modelo de economía financiera todavía vigente como con la “economía verde” (que, según él, trata de preservar el medio ambiente a costa de grandes inversiones que la vuelven inviable), promueve una “economía azul” que se sirve de conocimiento acumulado durante millones de años por la naturaleza para alcanzar cada vez mayores niveles de eficacia y traducir esa lógica de los ecosistemas al mundo empresarial. Desde la reutilización de los residuos agricolas para generar nuevos productos alimenticios  hasta la imitación de los termiteros para diseñar la nueva arquitectura bioclimática, y así, una larga lista de cien innovaciones inspiradas en la naturaleza que recoge en los apéndices de su obra.

Se cuenta que un inventor suizo, George de MESTRAL, apasionado excursionista, inventó la popular cinta “velcro”, observando como se adherían a sus pantalones algunas semillas en sus paseos. Hoy más que nunca se impone –en lo más profundo de la crisis- eso de la “imaginación al poder” (o mejor, “innovación al poder”). Y si queremos descubrir nuevo nichos de empleo, no dejemos de contemplar la naturaleza, para respetarla y para aprender de ella. Seguro que no nos defraudará.

Movilizate por la Tierra y que no decaigan los ánimos

Domingo, abril 22nd, 2012

Celebramos hoy una nueva edición –las 42ª- del Día de la Tierra, promovida por un Senador estadounidense y activista ambiental Gaylord NELSON, con la idea de crear una conciencia común para proteger nuestro Planeta y tratar de reducir su contaminación y degradación. En este año el lema es “moviliza la Tierra” (“movilízate por la tierra”) y miles de iniciativas en todo el mundo –en particular en las instituciones educativas de todos los niveles- se están desarrollando –y se desarrollarán- en pro de su conservación y protección.

Coincidiendo con esta fecha este blog celebra su segundo aniversario desde su creación y sigo pensando que todavía queda mucho por hacer para avanzar en la buena dirección. Aquí simplemente pretendemos dar algunas claves hacia la sostenibilidad ambiental, aunque soy consciente de que no siempre acierto ya que son muchos y variados los temas y cuestiones que han sido tratados durante este bienio.

La crisis económica sigue su penoso curso, dejando tras de si la inestabilidad de los mercados, el paro y la incertidumbre hacia el futuro. Los indicadores ambientales nos señalan que siguen creciendo los problemas sobre las grandes cuestiones del Planeta: el cambio climático, la disminución de la biodiversidad, la contaminación de las aguas marinas y continentales, etc. Sin embargo no quiero incurrir –como es habitual en esta temática- en un gratuito catastrofismo.

Tenemos por delante la magna Cumbre Rio+20 en Río de Janeiro el próximo mes de junio. Estoy haciendo todo lo posible para estar allí aunque no va ser nada fácil. Me encantaría formar parte de esa multitud de personas, activistas ambientales, ecologistas, políticos, científicos, intelectuales, etc. acudirán a Rio con la esperanza de que, pese a la crisis –o mejor, aprovechando la oportunidad de la crisis- podamos iniciar una nueva etapa histórica que suponga un cambio del modelo productivo actual que nos trae un insostenible consumismo materialista.

Lo sé. Se que este sueño mío todavía se va hacer esperar. Quizá sea una insulsa utopía. Pero intuyo que, tarde o temprano, llegará el momento en que nos pongamos a trabajar en lo que de verdad importa: un mundo mejor en el que los seres humanos serán conscientes de sus limitaciones y de la necesidad de respetar su entorno y sus recursos naturales, y por tal motivo, respetar a los demás seres humanos.

Para conseguir este objetivo es necesario movilizarse. Es preciso actuar ya –como remarca la campaña del Día de la Tierra-. No cabe un inmovilismo egoísta. Fuera todo conformismo derrotista u optimismo insensato. Hay que poner en acción lo mejor de nosotros mismos, promoviendo una tupida red de actitudes solidarias con los seres humanos que hoy pueblan nuestro Planeta y con nuestras generaciones futuras.

En este Año Internacional de la Energía Sostenible para todos, deseo vivamente  que no decaigan nuestras energía para promover la auténtica sostenibilidad.

Se suele decir que “no hay dos sin tres”. Tras estos dos años de blog espero seguir aportando mi humilde colaboración ambiental un año más con la sabia ayuda de mis lectores, los que me animan a continuar y de los que me critican (de los que tanto he aprendido).

Divulgar sobre el cambio climático

Domingo, abril 15th, 2012

Aunque no estén en su mejor momento de su popularidad, resulta de justicia reconocer la labor que siguen prestando algunas entidades financieras de nuestro país sobre el desarrollo de la ciencia y su divulgación. Es el caso de la Fundación BBVA, una entidad que viene desarrollando, desde hace varios decenios, una importante tarea de fomento de la ciencia y de la investigación en varias áreas de conocimiento entre las que se encuentra el medio ambiente, y, más en particular, sobre la conservación de la biodiversidad y sobre el cambio climático. A través de  la financiación de proyectos de investigación, la difusión de publicaciones, la organización de conferencias, así como la concesión de los Premios “Fronteras del Conocimiento” -en sus modalidades de “Ecología y biología de la conservación” y de “Cambio Climático”- la citada Fundación atesora un valioso bagaje de conocimientos que se ponen a disposición del público en general.

Fruto de esta labor de promoción del conocimiento es la reciente publicación de Sergio ALONSO OROZA: ¿Hablamos del cambio climático? (Fundación BBVA, Bilbao 2011). Sobre la base de las conferencias impartidas por este Físico,  Catedrático de Meteorología de la Universidad de las Islas Baleares y miembro del Intergovernamental Panel on Climate Change (IPCC), el autor nos ofrece una obrita de divulgación científica bastante asequible de leer para el común de los mortales. Tras aclararnos en que consiste propiamente el “cambio climático” (“el cambio de clima que está experimentando el planeta desde el inicio de la revolución industrial como consecuencia, en parte, de la actividad humana”), nos explica cómo se hace la ciencia en general y cuál ha sido el desarrollo científico que ha permitido conocer cada vez mejor el muy complicado asunto del clima de nuestra era del  “Antropoceno”. Y al final, el inquietante dato de la actual concentración de CO2 de 385 ppm (partes por millón) en nuestra atmósfera por la intensificación antrópica de los gases de efecto invernadero (GEI).

Como ya sabemos, el más reciente Informe del IPCC (el 4º, publicado en 2007) no duda en afirmar que “la mayor parte del aumento observado del promedio mundial de temperatura desde medidados del siglo XX se debe muy probablemente (con probabilidad de más del 90%) al aumento observado de las concentraciones de GEI antropógenos”.

Una cosa es la historia pasada del cambio climático de la que tenemos muchos datos científicos y otra cosa es la predicción hacia el futuro sobre la que ALONSO OROZA nos ilustra cómo se hacen –con información disponible- las simulaciones del clima en los más potentes ordenadores del mundo mediante muy complejos programas informáticos. Modelos de simulación climática en que se incluyen las más diversos factores sobre los procesos atmosféricos y sus interacciones con los oceános. Unos modelos que se concretan en los famosos SRES “escenarios de emisiones de GEI” entre 2000 y 2100 publicados por el IPCC, y que se mueven entre un aumento de la temperatura media del Planeta entre 2 y 6 grados centígrados.

En la ultima parte de su trabajo el Catedrático de Meteorología de Baleares explica que junto a la observacion del cambio climático y a su proyecciones sobre el clima global del futuro, es preciso trabajar también en ámbitos más reducidos (entornos regionales e incluso locales); es decir, lograr una mayor resolución de los resultados (downscaling) que nos permitan hacer predicciones climáticas para áreas geográficas muy concretas. De hecho el autor nos ofrece los estudios proyectados sobre el futuro clima de las Islas Baleares y sus posibles impactos para el turismo.

Conceptos como el de “vulnerabilidad”, “adaptación”, “mitigación”, etc. forman parte ya del glosario típico de la ciencia del cambio climático y sus efectos. “Los medios de comunicación han jugado un papel muy importante en hacer llegar a los ciudadanos la información sobre cambio climático…” dice el autor, pero yo me atrevo a añadir que ha de ser una información sosegada, que no busca el sensacionalismo –que tanto daño ha hecho en la opinión pública sobre este tema-, sino que se esfuerza por comunicar con la mayor objetividad los datos que nos aportan los científicos. No obstante, es fundamental, a mi juicio, que sean ellos, los científicos, que hagan este esfuerzo de divulgación. Es más, ellos tienen una especial responsabilidad social en esta tarea. E incluso, como hace ALONSO OROZA al final de su libro, deben de recomendarnos a los cidadanos de a pie unos acciones frente al cambio climático que él resume así: “1. Reducir. 2. Desconectar. 3. Reciclar. 4. Ir a pie”.

El Planeta a presión en la “era del Antropoceno”

Sábado, abril 7th, 2012

Los pasados días 26 a 29 de marzo ha tenido lugar en el Capital Hall International Convention Centre de Londres el congreso internacional que ha llevado por título Planet under Pressure: new knowledge towards solutions (aunque todo el mundo ha traducido: “Planeta bajo presión” a mi se suena mejor traducirlo “Planeta a presión”). Más de 3000 participantes –en su mayor parte provinientes del mundo científico- de más de 80 paises se han dado cita en la capital londinense para hablar del estado ambiental del Planeta, de los retos que la Humanidad tiene por delante para su salvaguardia y de las posibles medidas que pueden adoptarse. En realidad esta reunión científica es como un aperitivo de la magna cumbre –más política- que tendrá lugar el próximo mes de junio en Río de Janeiro (conocida como “Rio+20”).

Para los que nos apasiona el medio ambiente hubiera sido un sueño poder estar esos días en Londres con magníficos intelectuales como la reciente premio Nobel de Economía, Elinor OSTROM, cuya antigua –e interesantísima- obra “Governing the commons” me estoy leyendo estos días. Físicos, sociológos, economistas, demógrafos, oceanógrafos y un sinfín de científicos de las más diversas especialidades han estado debatiendo temas tan variados como la seguridad alimentaria, los cambios demográficos, el futuro de las ciudades, el estado de las zonas costeras, la contamimación de los suelos, la geo-ingeniería, la pérdida de biodiversidad… y ¡como no!, el cambio climático. Me ha gustado que, pese al lógico predominio de las ciencias naturales, se han tratado también temas de las ciencias sociales en los que abunda la reflexión sobre la gobernanza de la sostenibilidad global y sobre el tema estrella de la “economía verde”.

Los medios de comunicación nos han regalado algunas de las “perlas” del Congreso: “estamos tan cerca de los límites del Planeta que no tenemos márgen para fallar, hay que actuar ya”; “una buena gobernanza, sobre todo si es global, requiere de imaginación además de liderazgo”; “para liberar la presión en este planeta humanizado hay que cambiar muchas cosas, hay que romper la inercia cultural, política y social”; “la realidad revela que nos gastamos mucho dinero en cosas que no son prioritarias y que, en general, tienen una gran huella ambiental”; “La reinvención de nuestras ciudades es acaso la necesidad más urgente para alcanzar la meta de la sostenibilidad global”,…; y quizá la mejor la pronunciada por Lidia BRITO (copresidenta de la Conferencia y directora científica de la UNESCO –hablando del pretendido chequeo realizado a nuestro Planeta por los científicos: “Y aunque han detectado una alta presión sanguínea, elevados niveles de colesterol y un estilo de vida no saludable, lo cierto es que hay tiempo para dar la vuelta a estas tendencias y seguir la receta para un futuro mejor”.

Y lo de la “era del Antropoceno” es una ocurrencia del premio Nobel de Química, Paul CRUTZEN, que hace una década se refería con esta denominación una nueva fase geológica (aunque propiamente estamos en el “Holoceno”) en la que la acción del hombre está perjudicando seriamente la establidad ecosistémica de nuestro Planeta. Y como vemos ha calado en el mundo científico por su expresividad.

Al final no podía falta una Declaración Final de la cumbre (the “State of the Planet Declaration”). Una llamada urgente a la actuación porque los riesgos que se avecinan son graves y globales y se han acelerado en el último medio siglo. Un cambio de planteamiento que debe pasar por tener en cuenta la interconexión e interdependencia de los aspectos económicos, sociales, culturales y políticas de nuestro mundo. Una apelación a nuestra inapelable responsabilidad en la salvaguardia de nuestro Planeta. La necesidad de un nuevo pacto entre el mundo científico y la sociedad, y entre la investigación y las decisiones políticas. Un serio compromiso con los paises en desarrollo. Una regeneración institucional que permita desarrollar una verdadera gobernanza de la sostenibilidad a nivel mundial. El reconocimiento del valor no monetario de los recursos naturales.

En definitiva, tan importante evento ha sido, a mi juicio, una llamada de atención del mundo científico a los políticos que se reunirán en Rio de Janeiro los días 19 y 20 de junio, de que deben adoptar importantes medidas si no queremos que el “Antropoceno” acaba con nosotros. No obstante, la larvada “soberbia” que suele anidar en muchos planteamientos científicos, ha sido criticada por el Secretario General de Naciones Unidas, Ban KI-MOON, en su mensaje a la Cumbre que comentamos, quien ha aprovechado para decir que los científicos “son, a veces, poco claros y contradictorios y que, a menudo, viven encerrados en sí mismos” sin percibir otros factores ajenos a su concreta investigación. Pero no dudamos que, con una visión más abierta y generosa y con un enfoque más interdisciplinar,  los científicos son imprescindibles para abordar con éxito los inmensos retos que tiene por delante nuestro Planeta.

Carta abierta al pirómano de las Fragas del Eume

Domingo, abril 1st, 2012

No me importa saber ahora si eres hombre o mujer, joven o viejo, rico o pobre,  rural o urbanita, forastero o no, loco o ¿cuerdo? Tampoco mi importa saber por qué lo has hecho, si ha sido por imprudencia, por locura, por ánimo de hacer daño… no me importa. Lo que me preocupa es que tengamos que seguir conviviendo con gente como tú que no valora –¡que desprecia!- esos maravillosos tesoros, cada vez más escasos, que nos ofrece la naturaleza donde podemos reconciliarnos con nosotros mismos. Es lo que tú deberías haber hecho.

No me creo que puedas gozarte al ver cómo en pocas horas –en el fantasmagórico espectáculo del incendio- desparezca un patrimonio que ha tardado siglos, milenios, en configurarse. No es posible pensar que habiendo paseado por los estrechos pero acogedores senderos de la Fraga hayas decidido convertirlos en negros parajes plagados de esqueletos vegetales. No puedo imaginar que habiendo disfrutado de los aromas del bosque y del pacífico rumor del río, hayas preferido acallar su voz que tanto nos descansa. ¿Acaso puedes estar tan torturado que no te importa privar a la Humanidad de estos vitales refugios?

Eres un cobarde que te has prevalido de la magnífica espesura del lugar para esconder tu vergonzoso acto delictivo. Has aprovechado tan acogedora fraga para verter tu odiosa conducta en lo más hondo del corazón verde de Galicia. Sabías que era muy fácil provocarlo, la insólita sequedad de estos meses y el viento han sido tus inocentes aliados.

No te ha importado nada ni nadie, el poner en peligro las vidas humanas de los habitantes de ese precioso Concello de Pontedeume, de Monfero, de A Capelada, de As Pontes y de Cabanas, ni las de los sacrificados miembros de las brigadas anti-incendios. Sólo ha prevalecido lo peor de ti, tu egoismo destructivo.

Nos has robado un inolvidable paraíso y por ello mereces una dura pero justa condena. Por eso deseo vivamente que te encuentren y recibas tu merecido. Y que si tu castigo es la cárcel que allí experimentes lo que significa habernos privado de uno de nuestros espacios de libertad auténtica.

Y, si por desgracia para nosotros y para toda la humanidad, tu delito queda impune, no se te ocurra volver ¡nunca más! –como acostumbran los asesinos- al lugar del crimen, a nuestras queridas Fragas del Eume, por que estoy seguro de que cada uno de sus seres vivos por los que ahora lloramos y hasta las centenarias piedras del Monasterio de Caavaeiro, te lo recriminarán.

Inmersos en la “era de los plásticos”.

Domingo, abril 1st, 2012

Polietileno, polipropileno, cloruro de polivinilo, poliestireno, poliuretano… no son más que algunas de las denominaciones técnicas de los productos plásticos que inundan nuestra vida desde, por lo menos, mediados del siglo XX. Sólo basta echar la mirada a los objetos que pueblan nuestro hogar para comprobar que estos polímeros configuran muchos de bienes que ya resultan imprescindibles en nuestra vida. Los juguetes con que disfrutamos, la ropa que vestimos, la música que escuchamos, los medios de pago que utilizamos (las omnipresentes tarjetas), el cine que visionamos, los coches que conducimos, los móviles con los que nos comunicamos, …, nada sería posible si no es por ese subproducto del petróleo (principalmente) que es el plástico.

Con una ambiciosa pretensión Susan FREINKEL, periodista norteamericana especializada en temas científicos, nos muestra las diferentes perspectivas de este emblemático invento de nuestro mundo moderno en su obra: Plástico. Un idilio tóxico (Ensayo TusQuets Editores, Barcelona, 2012). Nadie duda de las grandes utilidades que los plásticos nos han reportado –y nos reportan- en nuestra vida cotidiana. Y sobre todo el gran negocio que suponen, para un relativamente pequeño número de empresas, las más de 275 millones de toneladas de plástico que se producen cada año (que en los Estados Unidos constituyen la tercera mayor industria manufacturera sólo por detrás de los automóviles y del acero).

Pero junto a las incontestables ventajas, son muchas las incógnitas y riesgos de carácter ambiental –como se encarga de describir con detalle la citada autora- que los plásticos nos suscitan. Quien no ha oído hablar de la famosa “sopa de plástico” que, a modo de vertedero gigante (del tamaño de tres veces España), flota en algún lugar del norte del Oceáno Pacífico. O de la cada vez más frecuente localización de animales marinos (peces y aves) muertos, atiborrados de objetos plásticos. Personalmente cada fin de semana -que tengo el privilegio de pasear por la costa  de mi entorno- indefectiblemente encuentro en las playas, arrastrados por la marea, los más diversos cachivaches plásticos que afean el litoral.

Por encima de este inconveniente estético, más preocupantes son los posibles efectos que pueden tener para la salud el tan denostado por los ecologistas PVC  (cloruro de polivinilo) cuya eliminación por incineración puede liberar dioxinas y furanos, dos de los compuestos químicos más cancerígenos que existen; o el “ftalato”, una sustancia asociada a la anterior modalidad de plástico que podría funcionar como los peligrosos “interruptores endocrinos”; o el “bisfenol A”, principalmente componente del policarbonato, un plástico duro y transparente que se usa para fabricar un sifín de artículos de consumo; etc.

Realmente nos parece una contradicción que nuestra civilización del plástico (el llamado por algunos “plastico-ceno”) se base en un material fácil de trabajar y moldear, de bajo coste de producción, de baja densidad, normalmente impermeables y buenos aislantes eléctricos, resistentes a la corrosión, …, pero que, en su mayor parte, no son fácilmente biodegradables, ni fáciles de reciclar, y que, si se queman, pueden ser muy contaminantes. Justamente los plásticos se han asociado a la cultura del “usar y tirar”, a los miles y miles de millones de bolsas y envases que, en principio, nos han hecho más agradable la vida pero a costa de invadir nuestro Planeta de estos dichosos polímeros cuyo componente principal es el carbono.

Quizá ya sea tarde para eliminar los ingentes restos (que se encuentran en los más recónditos lugares de la Tierra y… del mar) de esta desaforada economía plástica ahora que se comienzan a producir “bioplásticos” (polímeros de base biológica) o “plástico verde” (¿no es acaso una contradicción “in terminis”, un oxímoron?, comenta FREINKEL); ahora que se exige el reciclaje de los residuos  plásticos; ahora que se están comenzado a prohibir o gravar las bolsas.

Es increible la imaginación y la creatividad del ser humano que descubrió, a mediados del siglo XIX, el primer plástico (el celuloide) para sustituir el marfil natural (cada vez más escaso) para la fabricación de las bolas de billar. Lástima que tan brillante invento, extraordinariamente popularizado tras la segunda Guerra Mundial, trajo consigo el insostenible estigma del consumismo y la proliferación de los vertederos –controlados o no- que ahora pretendemos eliminar.

ojd