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Archivo para agosto, 2011

Estocolmo, verano de 2011 (y II)

Domingo, agosto 14th, 2011

Modelo de ciudad sostenible decíamos, donde los antiguos palacios e iglesias y los más recientes edificios contemporáneos se combinan armónicamente con el agua y los parques urbanos circundantes. A las orillas del “Riddarfjärden”, la sede del majestuoso Ayuntamiento de Estocolmo (el “Stadshuset”), obra de uno de los más importantes arquitectos suecos –Ragnar ÖSTBERG-, es buen ejemplo de lo que decimos. Por cierto que, en la visita a este organismo municipal, nos han informado que el Partido Verde (Miljöpartiet) es el segundo más votado en la ciudad (no me extraña nada) si bien, ahora mismo, está en la oposición ya que gobierna una coalición de partidos conservadores.

La sensibilidad hacia la protección del entorno natural no es reciente, desde  principios del siglo XX la ciudad de Estocolmo ha sido un modelo de ordenación urbanística sostenible. Y es que hasta el “Skogskyrkogåden”, su principal cementerio -diseñado en 1914 por el célebre arquitecto Gunnar ASPLUND– declarado por la UNESCO “patrimonio de la Humanidad”, constituye una bellísima muestra de conjunción de arte y paisaje, en el que la grandiosidad del bosque parece buscar la reconciliación de los muertos con la naturaleza, y en donde reposan -en lugar destacado pero sencillo- las cenizas de la inolvidable estrella cinematográfica Greta GARBO.

Más recientemente, con motivo de la candidatura de Estocolmo a los Juegos Olímpicos de verano de 2004, un antiguo polígono industrial se ha rehabilitado convirtiéndose en uno de los barrios modélicos de la Capital sueca. En efecto, el barrio de “Hammarby Sjöstad” constituye un centro de atención para arquitectos y urbanistas de todo el mundo que vienen aquí para saber cómo es zona residencial en que se ha tratado de mejorar en un 50% los estándares ecológicos reinantes en el campo de la construcción; de cómo se tratan y reutilizan las aguas residuales y los residuos urbanos, y de cómo, a través de un complejo proceso, se genera con todo ello electricidad, agua caliente y calefacción urbana para todo el barrio. Sin descuidar, con todo ello, la variedad y belleza de los edificios, su vegetación y su borde litoral.

Otros numerosos detalles jalonan la sostenibilidad de la “Venecia del Norte”: la promoción de edificios bioclimáticos, el uso de biocombustibles en algunos de los transportes públicos, la preocupación por la eficiencia energética del alumbrado público (es la primera ciudad del mundo en la que su utiliza la tecnología LED en  100%), la recogida automatiza de los residuos, la proliferación de vehículos híbridos, la instalación de electrolineras, etc. También es modélica en las medidas adoptadas sobre lucha contra la contaminación atmosférica, el tráfico y sus niveles de congestión por medio de una tasa que grava la circulación en coche en el centro de la ciudad. De hecho las autoridades pueden enorgullecerse de haber reducido en un 25% las emisiones per cápita de CO2 desde 1990.

Con ocasión del reconocimiento de Estocolmo como primera “Ciudad Europea Verde” en 2010, el jurado valoró especialmente la fijación por las autoridades municipales del ambicioso objetivo de ser una ciudad sin energías fósiles de aquí al año 2050.  En la actualidad, además de su particular “Estrategia contra el cambio climático”, el Ayuntamiento ha aprobado estrategia ambiental para la ciudad (“Green vision from the City Hall”) que comprende seis áreas de actuación: transporte, edificación bioclimática, eficiencia energética, el uso sostenible del suelo y del agua, y gestión de residuos urbanos.

Se me dirá que, al modo de una especie de “síndrome de Estocolmo” de naturaleza ambiental, me he dejado embrujar por los encantos de la ciudad, que me impiden ver sus defectos e incongruencias. Seguro que los tiene, pero sin duda es un placer conocer una ciudad tan hermosa que es, además, paradigma de la sostenibilidad urbana. Algo que –intuimos- sólo es posible gracias a la conjunción de una activa –e imaginativa- iniciativa pública y de una acentuada concienciación social.

Al final de todo, pienso que lo más importante es que -salvando las distancias e idiosincrasias- siempre tenemos mucho que aprender de tan excelentes modelos.

Estocolmo, verano de 2011 (I)

Domingo, agosto 14th, 2011

He tenido la oportunidad –y ¡la suerte!- de pasar algunos días de este verano en Estocolmo. La verdad es que después de haber oído hablar tanto de esta ciudad y de explicar en mis clases de Derecho Ambiental que la política ambiental contemporánea nació en la Cumbre de Naciones Unidas sobre el Medio Humano -celebrada aquí del 5 al 16 de junio de 1972-, tenía muchas ganas de visitarla y conocerla a fondo. Y como primera impresión tengo que afirmar que no me ha defraudado esta urbe de más de 800.000 habitantes, extendida a lo largo y ancho de catorce islas (el llamado “Archipiélago”) en el corazón de Escandinavia, merecedora de la calificación de “Capital Verde Europea” de 2010 (la primera que obtiene este galardón ambiental otorgado por la Unión Europea y que ha obtenido en nuestro país, para el año 2012, Vitoria-Gasteiz).

La primera sorpresa que uno experimenta –ya desde el avión- es que Estocolmo está rodeada de espacios marinos y lacustres (de aquí su denominación de la “Venecia del Norte”), surcados por infinidad de embarcaciones turísticas y los grandes cruceros que comunican este país con el resto de las ciudades del Mar Báltico. Y con todo, es posible bañarse en las –ahora- templadas aguas en muchos puntos de la ciudad sin temor a sufrir los efectos de las aguas residuales; y también –dicen- se pueden pescar salmones. Magnífica gestión de sus aguas urbanas que fue abordada en los años sesenta del siglo XX ya que anterioridad (como tantas otras ciudades) aquellas conformaban casi un estercolero.

Antes de avanzar en mis impresiones sobre una tan ejemplar ciudad -modelo de sostenibilidad- es importante subrayar el gran aprecio de los suecos y suecas por su naturaleza y, al mismo tiempo, su  ingenio tecnológico para abordar, como veremos luego, sus problemas de contaminación. No es casual que uno de los padres de la Ecología, Carlos Linneo (1707-1778) –genial científico y naturalista que puso las bases de las modernas ciencias biológicas- es considerado uno de los grandes héroes nacionales de Suecia.

Segunda apreciación evidente: Estocolmo es una ciudad para recorrer en bicicleta o para caminar. Hay más de 760 kilómetros de carril-bici –y, en paralelo, sendas peatonales- que se extienden en una ciudad cuyo término municipal comprende más de 200 kilómetros cuadrados. Carriles que llegan a los lugares más recónditos del municipio, que cuentan con sus indicaciones y sus semáforos propios… y,  además, los conductores de vehículos de motor respetan religiosamente el deambular de los ciclistas y peatones. Bien es verdad que esta actividad recreativa sólo es posible cuando el tiempo lo permite en estas latitudes donde el frío y la nieve reinan crudamente gran parte del invierno.

Otra clara conclusión: la ciudad de Estocolmo está magníficamente integrada en un conglomerado de zonas verdes y áreas protegidas (seis en concreto). De hecho, el cuarenta por ciento de la ciudad son parques y zonas verdes, y más del 90% de la población vive menos de 200 metros de estos lugares protegidos. Y, lo que es más significativo, el primer “parque nacional urbano” (o “ecoparque”) del mundo se encuentra en el corazón de la ciudad de Estocolmo (denominado Ulriksdal-Haga-Brunsviken-Djurgärden National Urban Park”), más de 2.700 hectáreas que integran este espacio natural protegido desde su declaración por el Parlamento Sueco en 1995.

Navegar en los viejos barcos por los alrededores de Estocolmo y perderse en alguna de sus centenares de islas en un placer visual muy recomendable. Cuántas miles de segundas –y primeras- residencias llenan las accidentadas márgenes del archipiélago que, en ocasiones, nos recuerdan a nuestras rías gallegas. No obstante, ninguna construcción litoral desmerece, a mi juicio, la belleza paisajística de los verdes bosques que pueblan sus riberas y márgenes; solo, si acaso, perturbado por los muchos puentes –antiguos y modernos- que unen las diferentes islas que integran el espacio marítimo-terrestre del distrito de Estocolmo (Stockholm County).

ojd